cap 3

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Tras haber rescatado a sus alfas decidieron emprender la huida, ya que aún no planeaban quedar de adorno en una habitación o como una máquina de criar cachorros.

Salieron corriendo sin que los alfas pudieran hacer algo para detenerlos, solo tomaron lo necesario para tener una vida cómoda mientras encontraban algún trabajo, en el que pudieran desempeñar las habilidades que tenían.

Meses después.

Al ser su pareja destinada, conocían bien el aroma de aquellas alfas. Ese día los dos omegas decidieron ir de compras a llenar la despensa y que todo lo que les hacía falta fuera cubierto.

En el trascurso de las compras, iban comiendo golosinas y dulces que las jóvenes demostradoras les daban a probar, pero el destino volvía a jugar con ellos de una manera que no imaginaron.

Venían comiendo helado de vainilla, el cual penetro sus sentidos ya que la vainilla era un aroma fuerte, aparte de que venían distraídos platicando de unas cuantas prendas que habían comprado, las cuales ocultaban bien las armas debajo de la ropa. También platicaban de los artefactos que habían comprado para hacer los nuevos objetos que venderían en el mercado negro para diferentes mafias, eran productos novedosos que en cuatro meses había resultado un completo éxito.

Chocaron con dos personas que al instante reconocieron por el aroma. ─menta, canela. ─dijeron al unísono los chicos caminando más rápido, ya que las pesadas bolsas no los dejaban correr.

─ ¡metes las cosas como puedas a la cajuela y nos vamos de aquí!

─si. ─ contesto el rubio concentrado en llegar al auto lo más rápido que podía. Apunto de arratonar el auto, cierto alfa se puso enfrente del auto, era obvio que aunque quisiera, no iba poder arrollar a su alfa y menos después de aquel aroma a manzana y canela que a veces no lo dejaba dormir.

─ ¡quitate del paso o te atropello Michaels! ─dijo el azabache con el ceño fruncido.

─ ¡solo queremos conocerlos, vamos chicos! ─aun en medio del paso, los conductores de atrás comenzaban a hacer fila y a molestarse, el joven de ojo azul tenía que decidirse rápido si no quería que la policía se involucrara.

─ ¡ya deja que entren, estas armando un desastre allá atrás! ─dijo Trancy con cierta preocupación.

─ ¡no voy a dejar que entren a nuestro auto! ¡Que nos sigan en el suyo! ─dijo el azabache con el ceño fruncido.

─ ¡ya oyeron chicos, sígannos en su coche! ─dijo Trancy algo serio, ya que sabía que había sido culpa del alfa de ojos obscuros.

Ya en la casa de los omegas, él no estaba nada contento de que las alfas estuvieran ahí, pero no quedaba de otra, aparte su omega, estaba que saltaba de felicidad por aquella situación. ─« ¡¿Por qué no te callas y te quedas en paz?!» ─pensaba de mala gana hacia su omega.

Al entrar a la casa, nada de lo que había ahí adentro olía a ellos, parecía como si dos betas comunes y corrientes vivieran ahí.

─ ¿Por qué nada de aquí huele a ustedes? ─pregunto Sebastián mientras veía todo de arriba abajo admirando todo lo que su vista se encontraba.

─por precaución, no podemos ser descuidados, sabemos lo que somos y lo que implica ser lo que somos. ─Trancy explico, volteando a ver a Ciel el cual al parecer quedo satisfecho con la respuesta que había dado su hermanito.

No le había quedado de otra a Ciel, más que comenzar a cocinar para todos. ─Trancy... cariño. ¿Puedes llevar nuestros juguetes al taller? ─dijo con una sonrisa mientras la comida se calentaba en la estufa.

amor inesperadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora