Daño

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Mackenzie pov
Salí del baño, no sin antes ponerme una sudadera. No quería que nadie supiese lo que había hecho, porque entonces empezarían con sus discursos sobre la vida, que si la vida es hermosa y debemos empezar a valorarla. Y no solo no quería escucharlo si no que ahora mismo de lo único que tengo ganas es de morirme. No fui lo capaz de clavar me la cuchilla lo suficientemente dentro como para suicidarme, pero tampoco fui capaz de dejar de hacerme cortes durante un buen rato. Y aún así no había llegado a sentir un dolor físico tan grande como el que sentía, psíquica y sentimentalmente.
Todos dicen que enamorarse es hermoso, pero en realidad, es una mierda. Solo sirve para que le rompas el corazón a otras personas o para que sean ellas quienes te lo rompan a ti. Supongo que siempre he sido muy cínica, esperando que la vida me regalase un príncipe azul con el que tener una relación de ensueño; pero eso no ocurrió y dudo que vaya a ocurrir a estas alturas.
En cuanto entré en el salón vi a mi madre y a mi hermana tumbadas en el sofá muy acurrucadas, pero ocupando todo el espacio disponible, por lo que decidí sentarme en el sillón. Nunca me había dado cuenta hasta ahora de que solo podía tumbar me con mi madre en el sofá cuando Maddie no estaba, porque a pesar de que el sofá tiene una capacidad de tres personas, ellas nunca me hacen ningún hueco para que me pueda poner a su lado. Supongo que hasta en una familia hay prioridades, pero, ¿qué me esperaba siendo hermana de Maddie Ziegler? ¿Atención? Lo llevaba claro.
Solo soy el segundo plato de todo el mundo.
Intenté poner toda mi atención en la televisión. Estaban viendo otra vez el último capítulo de Stranger Things. En ese momento me sentí mal por Sadie, porque ella era el segundo plato de la serie, a pesar de haberse vuelto mucho más famosa; algunos siguen menospreciando la por haber llegado después. Aunque estoy segura de que ella no lo ve de ese modo, y me alegro, porque una vez empiezas a ver el baso medio vacío, ya no hay retorno, ya no ves las cosas ni blancas ni grises, solo negras.
Volví a intentar sumergirme en el capítulo a pesar de que ya me lo sabía casi de memoria. Porque solo quería olvidar. Olvidar y evadirme de todo.
Ya casi había terminado el episodio cuando mi madre me pregunta:
-¿Mackenzie, no tienes calor con esa sudadera?- Genial, había pasado delante de sus narices y llevaba aquí un montón de tiempo y acababa de enterarse de que tenía la sudadera puesta.
-Lo cierto es que estoy perfecta así.
Mentira.
-¿No tendrás fiebre?
-Puede, pero me encuentro bien.
Mentira.
-Bueno pero si mañana sigues así te llevaré al médico.
¿Y arriesgarme a que me vean mis cortes? Jamás. Lo último que quiero es seguir dando lástima. Aún así asentí.
Decidí subir a mi cuarto y me encerré en él, aunque antes de cerrar la puerta Maliboo entró en la habitación, frotándose contra mis piernas, cariñosamente.
-Bueno, al menos tú si me quieres, Mali.
Y la cogí en brazos para estrujarla y achucharla contra mi, y eso me recordó a cuando mi madre me achuchaba de esa forma, y los ojos se me llenaron de agua. Hacía tanto que no me abrazaba así, y mientras tenía que soportar ver como se los daba a Maddie mientras le decía lo orgullosa  que se sentía de ella, y no pude evitar llorar cuando me di cuneta de que ya no me daba besos de buenas noches, de esos que se dan en la frente por si es él último; y que yo tanto añoraba. Mientras pensaba todo esto acurruqué aún más fuerte contra mi, aunque de manera delicada, a Maliboo, como si soltarla supusiese con ello que las pocas ganas de vivir que me quedaban se esfumasen del todo. Pero la solté. Y sentí que un vacío inmenso se instalaba en mi interior quemándolo todo.
Y de pronto ya no le encontraba sentido a nada. Ya no le encontraba sentido a mi existencia.
Nunca antes me había sentido tan rota, tan inútil, inservible. Tan buena para nada. Y eso consiguió que no dejase de pensar en todos esos comentarios de odio que veo todos los días en instagram hacia mi. Todos esos "no eres un buen ejemplo a seguir", " te ves como una prostituta", "no haces nada bien", " ¿de verdad esperas que alguien te quiera?". Y este último pensamiento ahondó hasta lo más hondo de mi ser y echó raíces allí. Nunca antes un comentario me había echo tanto daño.
Porque nunca pensé que llegaría a sentirse tan real.
Sentía que en estos momentos una nube negra cubría todo mi cielo, pero lo peor es aje sentía que jamás se iría.
Maliboo volvió a acercase a mi y empezó a darme besitos en las manos, que ahora estaban mojadas por haber estado llorando sobre ellas. Intentaba que el echo de que Maliboo estuviese tan pendiente de mi me hiciese estar mejor. Pero era inútil. No dejaba de pensar en especial en mi madre, en todo lo que yo la quería, y lo lejana que la sentía ahora mismo.
No aguanté más, bajé a Maliboo de mi regazo y me encerré por segunda vez en baño. Abrí el cajón y ahí estaba la cuchilla, aún tenía algún que otro rastro de sangre, pero nada comparado con todo lo que se manchó segundos después. Y esta vez, clavé un poco más fuerte el filo frío, sobre mi piel, y las lágrimas caían como nunca en mi vida habían caído. Están cansada de todo y de todos, de intentar dar siempre lo mejor de mi y que nunca fuese suficiente. Levanté mi camiseta mostrando mi abdomen e hice lo mismo en esa zona, hasta que se me fueron las pocas fuerzas que me quedaban y tuve que tirar la cuchilla al suelo, para luego sentarme contra la puerta mientras sollozaba con el alma en pena.
Cada vez me sentía menos viva.

Brenzie a better ship name?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora