CAPITULO 5

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(NARRA ANA)

Entré en el baño sin saber muy bien para qué. Estaba enfadada por lo que acababa de ver, pero sabía que no podía reprocharle nada a Miriam, así que, cuando vi que la gallega todavía estaba en uno de los cubículos, me di la vuelta para volver a irme y así evitar hacer o decir una tontería.

-Hola Ana- escuché a la gallega cuando ya tenía la mano en el pomo. Me giré y la vi parada, un poco indecisa.

-Miriam, ¿qué tal? No sabía que estabas aquí- estábamos las dos quietas, sin saber muy bien como saludarnos, desde fuera la situación se vería ridícula. Me acerqué y le di dos besos, el ambiente se había vuelto un poco incómodo.

-¿Habéis llegado hace mucho?- ¿en serio estaba fingiendo que no me había visto? Contrólate Ana, la noche acaba de empezar.

-Bueno llevamos ya un rato aquí, te he visto antes pero estabas muy entretenida y no he querido molestar- soy una pota bocazas, la mirada de la gallega en seguida se endureció.

-No molestas, pero eso ya lo deberías de saber- rio amargamente- bueno voy para afuera, ahora te veo.
Genial Ana, acabas de llegar y ya la estás liando. Salí directa a la barra, necesitaba alcohol.

Estaba tomándome una copa con Cris cuando vi que se acercaban Mery y Julia a saludar.

-Ana, que de tiempo. ¿Cómo te va todo?- le di un abrazo a la del pelo corto.

-Muy bien chicas, ¿ustedes qué tal?- dije abrazando también a Julia, porque la verdad es que la chica no tenía culpa de nada, ella ni siquiera sabe la historia de Miriam y mía.

-Pues genial, teníamos muchas ganas de veros, cuando Naima nos contó el plan nos hizo mucha ilusión.

Estuvimos charlando un buen rato, hasta que Mimi vino a decirnos que fuésemos a bailar.
Miriam me estaba ignorando, pero además no se molestaba ni en ocultarlo. Sinceramente no creo que fuera para tanto, le había hecho un comentario, un poco fuera de lugar, pero un simple comentario. Estaba teniendo una actitud de niña chica.

(NARRA MIRIAM)

Sé que me estaba comportando como una niñata, pero me jode mucho que, después de una semana sin vernos y de todo lo que habíamos hablado, lo primero que me diga la canaria sea esa mierda. Por lo menos Julia, de momento, no había vuelto a sacarme a bailar, aunque seguía desnudándome con la mirada cada dos por tres.

Fui a pedirme la enésima copa de la noche, porque la situación estaba empezando a hartarme y necesitaba un descanso.

-Dos gintonics, bien cargados, por favor- escuché la voz de Ana detrás mía. La morena se sentó en el banquito de al lado y me pasó mi copa cuando el camarero se la dio, pero sin girarse a mirarme.

-Gracias- dije poniendo dos dedos en su barbilla para girarle la cara.

-Perdón por lo de antes, no sé por qué lo he dicho.- dijo ya mirándome a los ojos.

-Las dos sabemos perfectamente por qué lo has dicho Ana, pero a estas alturas deberías de saber que no tienes que preocuparte por eso.

-Lo sé, además, tampoco somos nada como para que tengas que darme explicaciones, ¿no?- eso me ha dolido. Ana ha cambiado la cara en cuanto lo ha dicho, sé que no lo ha dicho con mala intención, pero no puedo evitar que me joda.

-Tienes razón, las dos somos completamente libres de hacer lo que queramos- dije levantándome para irme, porque en realidad tenía razón, no éramos novias, pero yo creía que teníamos algo, por lo menos esa es la idea que me traje del fin de semana. Ana me agarró el brazo y me giré, esperando que me dijese algo.

-Tenía ganas de verte.-suspiró.

-Yo también las tenía- mi voz sonó un poco triste.

Me fui con el resto, porque no me apetecía seguir hablando con Ana.

-¿Todo bien?- me preguntó Julia cuando me vio llegar.

-Todo genial- le acaricié el brazo en señal de agradecimiento.

-¿Puedo hacerte una pregunta Miriam?- joder, porque todo el mundo tiene la puta manía de pedir permiso para preguntar algo. Asentí con la cabeza, la pelirroja parecía no estar muy convencida, pero aún así se acercó a mi oído.

-¿Hay algo entre Ana y tú?- guau, si que es directa esta chica. Miré hacia Ana, que seguía donde le había dejado antes y me acerqué a Julia para contestarle.

-No, absolutamente nada- dije recordando lo que me acaba de decir la canaria. Quería preguntarle a la bailarina que por qué me había hecho esa pregunta, pero en realidad no estaba segura de querer escuchar la respuesta, así que le sonreí y empecé a bailar, intentando así terminar la conversación.

No me había dado cuenta en que momento Julia y yo nos habíamos pegado tanto, pero ahora mismo tenía sus brazos alrededor de mi cuello y su rodilla entre mis piernas. Me estaba encendiendo mucho, la chica además de estar buenísima bailaba de una manera que enloquecería a cualquiera. Nuestras bocas estaban cada vez más cerca y, quizás, si no estuviésemos rodeada de gente y si Ana no existiese en mi vida, le hubiese empotrado contra la pared allí mismo. Pero no podía hacerle eso a la morena, por muy enfadada que estuviera con ella, así que tiré de la poca lucidez que me quedaba y me separé de Julia.

-Lo siento Julia, no puedo…

-Antes no has sido sincera, ¿no?- no había reproche en su voz, todo lo contrario.

-No, no lo he sido perdóname.

-No, perdóname tu a mí, no quiero entrometerme en una relación, y menos en la de dos personas a las que le tengo tanto cariño. Anda, ve a buscar a tu chica, porque si ha presenciado esto no debe estar muy contenta.

Le di un abrazo y me giré para buscar a Ana, rezando porque no hubiese visto nada.

-Está en el baño- escuché que me decía Mimi, que no parecía muy contenta- no me voy a meter en lo vuestro, pero por favor, no os hagáis daño.

Me fui al baño corriendo y cuando entré supe que la había cagado.

PROMESAS (IN)CUMPLIDAS   Donde viven las historias. Descúbrelo ahora