Capítulo Siete dedicado a:
Me sentía... frustrada, por primera vez en los últimos tres años había decidido retomar mi vida social y un idiota me estropeaba todo, tal vez era una señal del universo para recordarme que estaba condenada a ser miserable por el resto de mis días.
Mack estaba equivocado si creía que obtendría lo que quería de mí, y no era por cuestión de orgullo o por hacerme la inalcanzable, pero mi corazón pertenecería por siempre a una sola persona, independientemente de mi padre, mi hermano o Samy yo no podía dejar entrar a nadie más, como dije no era cuestión de sentirse inalcanzable, si no de pura lealtad y luto por alguien a quien nunca tendría de vuelta.
Me deslicé lentamente en la puerta de mi apartamento tras ingresar en él, lancé las sandalias hacía un lado, coloque mis codos sobre mis rodillas, me solté el cabello dejando que cayera libremente a ambos lados y me cubrí la cara con mis brazos, un casi imperceptible sollozo escapó de mis labios, quise maldecir a gritos a todo cuanto existiera cuando sentí mis ojos cristalizarse ante los inminentes recuerdos que me arrastraban al mismo pozo oscuro del que me costó tanto salir. No sabía cómo detener el cataclismo de emociones que me embargaban y de pronto un temblor se apoderó de mi cuerpo, pero sin importar que No iba a llorar. No lo haría sin importar cuanto me costara, no quería regresar a la oscuridad, aún tenía a Samantha y mi Padre, ellos no merecían estar preocupados por mí de nuevo, no cuando ellos pensaban que ya lo había superado, el asunto es que, «cosas» como esas no se superan, sí, tal vez se aprende a seguir adelante, pero eso no significa que se vaya sino al contrario, se quedan contigo. Por siempre.
****
Toc, toc, toc.
Había tenido una pésima noche, y encima me despertaban cuando por fin había conseguido un estado de sueño decente, quizá las personas normales simplemente caen en los brazos de Morfeo al poner su cara sobre una almohada, pero era simple, yo no era una persona normal. No logré pegar un ojo en toda la noche por culpa de los recuerdos, eso y la dificultad que tuvo tragarme las ganas de llorar como una niña pequeña.
Me levante con desgana y a regañadientes importándome muy poco mi aspecto, muy dispuesta a mandar al carajo a cualquier ser vivo que se encontrara en mi puerta.
Me quedo petrificada al abrir la puerta.
–Creo que un saludo no me vendría mal –Me lanzó a sus brazos y él me recibe estrechándome con fuerza, lo extrañaba tanto.
–Hola –Susurro enterrando mi rostro en su pecho puesto que es mucho más alto que yo –Quiero decir, buen día general Gales.
Suprimo una sonrisa colocándome en pose militar, él me sonríe antes de ingresar a mi casa.
–Te llamé para avisar que vendría, pero fue directo a buzón de voz –Me comente, recordándome que sigo sin encontrar mi celular.
–Lo siento, no sé dónde lo dejé y debió quedarse sin batería.
Él le resta importancia y me pregunta por Sam en cambio, como no tengo idea de dónde está le digo que salió temprano, vamos al salón y lo dejo que se acomode en el sofá mientras yo corro a la cocina a preparar café para ambos.
Mientras espero a que esté listo, regreso a la sala y me siento junto a él, poco tiempo después estamos ambos con una taza de café en la mano poniéndonos al día puesto que no lo veía desde navidad.
– ¿Cómo va la universidad? –Pregunta antes de darle un sorbo al café.
Hago un resumen de como van mis clases, anécdotas con maestros y la locura del inicio de semestre, amo tener a mi padre aquí, me hace dejar de lado mi estado deplorable de anoche, algo que nadie más puede hacer, o al menos algo que solo mi hermano y mi padre conseguían.
Se siente como ser una niña simplemente acurrucada a su lado viendo una película, siendo una niña no se sabe lo que era necesitar a mi madre conmigo por querer un simple abrazo de ella, o sentir la ausencia de un hermano, tampoco tener el vacío de haber perdido a una pieza que en ese entonces formaba parte de mi vida y sobre todo una parte de una misma. Cuando me daba cuenta de que no había dejado ninguna de esas cosas atrás era abrumador notar lo jodida que estaba mi vida, toda yo.
Me aferré más a los brazos de mi padre que se había quedado dormido casi al final de la película a la cual no había prestado la más mínima atención, lágrimas queriendo mojar mis mejillas. Después de cientos de cavilaciones la conclusión siempre era la misma... El pasado seguía siendo mi presente.
――――――――――――――――――――――
—Ángel_Infernal
ESTÁS LEYENDO
Pedazos
RomanceNo dejaba de decirme que tal vez podía intentarlo, y a la vez una gran parte de mi pedía huir, las preguntas constantes en mi cabeza, se preguntaba si alguien, incluso él ¿Sería capaz de amarme con lo rota que estaba? ¿Sería alguien capaz de amar...
