Nos miramos por un largo momento hasta que decido romper el momento incómodo.
–Hola... –Lo saludo torpemente, moviendo la mano de manera insegura.
Pero él de repente ve a todas partes como si buscara algo con insistencia y al no encontrarlo se vuelve hacia mí y se me acerca, tomándome de los hombros para que lo mirara.
– ¿Ha venido alguien contigo? –Pregunta con tono ansioso, en voz baja para que solo yo escuchara.
– ¿Qué? ¿Por qué...? ¿De qué estás hablando? –Intento preguntar algo coherente, pero tengo que detenerme y sacudir la cabeza para re acomodar mi ideas
–Es importante, Ter –Parpadeo confundida, pero al ver su seriedad asiento, dejándole continuar – ¿Ha venido alguien contigo?
–No, estoy sola, pero... –Hago una pausa y lo invito a sentarse para que se tranquilice – ¿Qué es lo que pasa? ¿Algo está mal?
Mack desvía la mirada llevándose una mano a la nuca, rascándose con nerviosismo –Bueeeeeno, es que... –Me mira y suspira, frotándose los ojos como si la mera idea de hablar le provocara un gran esfuerzo.
Me quedo callada pacientemente, esperando que hable sin presionarle.
– ¿Recuerdas... –Dice de repente, con la mirada en cualquier parte como si evitara mirarme a la cara, justo cuando creí que ya no diría nada –que te hable de mi hermano?
Lo miro y le doy un leve asentimiento.
–Claro, lo recuerdo.
–Bueno, en torno a ese tema, hay... muchas cosas que tengo que resolver –Se revuelve el cabello, dejando que los mechones largos le cubran la cara –Por decirlo de alguna manera, claro.
Toma mi mano de forma distraída y empieza a jugar con mis dedos –Luego de esa mañana en el techo, no sé que clase de impulso o especie de epifanía tuve que terminé buscando un maldito terapeuta...
Se interrumpe y deja de mirar a la nada para verme a los ojos esta vez.
–Mack... –Intento decir algo, pero no me deja continuar.
–El caso es que, para ser franco, me avergüenza un poco admitir que estoy viniendo a terapia, no se lo he contado a nadie –Lo veo tan vulnerable mientras dice esto que aprieto su mano sin darme cuenta.
–Está bien, tranquilo, no se lo diré a nadie, Mack –Le sonrío y echo la cabeza hacia atrás, soltando una risita involuntaria por la ironía –Igual estamos en el mismo barco, no quería que nadie supiera que vendría aquí hoy.
Cuando volteo a mirarlo él me está sonriendo y su sonrisa es casi infantil, me llena de calidez al mirarlo, de repente extiende hacia mí su dedo meñique.
Lo miro arqueando una ceja con una mirada interrogante.
–Es para sellar nuestro pacto de silencio –Me río, pero igual llevo mi meñique al suyo en respuesta y los estrechamos –Ya que arreglamos el tema de la confidencialidad, ¿Puedo preguntar algo?
Asiento, pero un poco insegura sospechando a donde va la cosa –Tú dirás ¿Qué quieres saber?
– ¿Tú, por qué estás aquí? –Abro la boca, pero el levanta la mano, agregando algo más –No tienes que contestar, lo siento, son cosas personales después de todo.
Quiero contestar, pero la secretaria me llama y le pido a Mack que me espere un momento mientras me acerco.
La mujer de la recepción me indica que llene un formulario con mis datos y me programa una cita para la próxima semana, debo haber entendido algo mal sobre ser atendida hoy, pero no le doy muchas vueltas y anoto la fecha en mi teléfono para no olvidarlo.
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Pedazos
RomanceNo dejaba de decirme que tal vez podía intentarlo, y a la vez una gran parte de mi pedía huir, las preguntas constantes en mi cabeza, se preguntaba si alguien, incluso él ¿Sería capaz de amarme con lo rota que estaba? ¿Sería alguien capaz de amar...
