Dice la leyenda que una noche de luna llena nacerá una niña con una marca de una luna y un sol en su cuello. Esta niña será la elegida para ser la portadora de un gran poder: el poder del dragón de la luz, el tigre dorado y el lobo sagrado. No solo...
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—¡Vamos, Hikari! ¡Tú puedes, te falta poco! —animó Haruka, observando con atención cada movimiento de su hija. Sin embargo, por un momento, se perdió en sus pensamientos, contemplando la imagen de su pequeña, de apenas tres años, entrenando con tanto esfuerzo. No solo era la heredera del clan, sino que también llevaba sobre sus hombros una responsabilidad mucho más grande.
Desde el principio, Hikari había demostrado una inteligencia y habilidad sorprendentes, así como una madurez que desafiaba su corta edad. Pero, a pesar de su orgullo, un dolor punzante se instaló en su pecho al darse cuenta de que su hija no podía disfrutar de su niñez como deberían hacerlo los niños de su edad.
La presión de ser especial, de ser la elegida, parecía consumirla poco a poco. Haruka deseaba que pudiera reír, jugar y explorar sin el peso de la responsabilidad, pero sabía que el destino ya había trazado un camino que no podía evitar.
"¿Es justo?" se preguntó, sintiendo una mezcla de orgullo y tristeza.
—S-si... —respondió Hikari, respirando entrecortadamente, sintiendo cómo la ansiedad se mezclaba con la determinación en su pecho.
La pequeña Hikari miraba fijamente el árbol frente a ella, centrándose en las marcas que la desafiaban. La distancia entre ellas se sentía como una montaña insuperable.
"Al menos hay más distancia entre la última marca." Hikari apretó los dientes. "¡Bien, esta es la definitiva!"
Envió chakra a sus pies y corrió hacia el árbol, sus pasos seguros mientras superaba la última marca.
—¡Lo logré! —exclamó, una sonrisa de alegría iluminando su rostro, pero esta se desvaneció al instante—. "Mierda."
Antes de caer, logró marcar el árbol, haciendo una voltereta para aterrizar de pie. Se levantó lentamente, observando la última marca que había dejado atrás, una prueba de su esfuerzo.
—Bien, ya has pasado de la mitad del árbol. Es un gran avance. Mejor descansamos por hoy y mañana sigues —dijo Haruka, acariciando el cabello de su hija con ternura.
—No, definitivamente lo haré hoy —respondió Hikari, frunciendo el ceño, sus ojos fijos en el enorme árbol que aún tenía que escalar.
"Terca como su madre," pensó Haruka, con un suspiro. "No debí elegir el árbol más grande del bosque." Recordó con preocupación la última vez que había vuelto a casa llena de moretones.
—Al menos descansa un momento, o tu madre me matará si vuelves toda lastimada... otra vez —añadió, rodeado por un aura azul al recordar ese episodio.
—Oka-san es sobreprotectora conmigo —respondió Hikari, soltando una pequeña risa.
—Eres nuestra única hija, obvio que vamos a ser sobreprotectores contigo. Aunque tu madre lo es más y también es más aterradora cuando se enoja —dijo Haruka, un escalofrío recorriéndole la espalda al recordar la mirada de su esposa en esos momentos. —No le digas que te dije eso.