Dice la leyenda que una noche de luna llena nacerá una niña con una marca de una luna y un sol en su cuello. Esta niña será la elegida para ser la portadora de un gran poder: el poder del dragón de la luz, el tigre dorado y el lobo sagrado. No solo...
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Esos nueve meses fueron como un infierno para mí. Era insoportable lidiar con las constantes cambios de humor de mi mamá, además de su interminable apetito. Si algo aprendí en todo ese tiempo fue una lección importante: jamás, pero jamás, le digas 'gorda' a una embarazada. Solo recordarlo me hace estremecer... De hecho, es mejor que se los cuente.
Todo sucedió un día, después de haber terminado mi entrenamiento...
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Hikari llegó agotada del entrenamiento, pero el hambre que sentía era aún mayor. Sin pensarlo, fue directo a la cocina en busca de algo que comer... pero para su sorpresa, estaba vacía. Ni siquiera una brisa de vida parecía haber pasado por ahí.
—¡¿EH?! ¿Cómo puede estar vacía? ¡Estaba llena cuando me fui! — con una mezcla de incredulidad y frustración.
Su madre, Akane, apareció en la puerta, con una expresión tranquila.
—¿Por qué tanto grito, Hikari?
—¡Mamá! ¡Alguien nos robó la comida! ¡Estaba llenísima cuando me fui! —dijo, señalando el refrigerador vacío—. ¡Mira, no hay nada!
Akane se rascó la cabeza, como lo haría Naruto, con una sonrisa nerviosa.
—No nos robaron, Hikari. Me la comí yo... es que tenía mucha hambre, jeje. Recuerda que como por dos.