Dice la leyenda que una noche de luna llena nacerá una niña con una marca de una luna y un sol en su cuello. Esta niña será la elegida para ser la portadora de un gran poder: el poder del dragón de la luz, el tigre dorado y el lobo sagrado. No solo...
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El viaje hasta Konoha fue un verdadero infierno. Pasamos por mucha hambre, ya que era un trayecto de una semana. Kaori y yo, con la escasa comida que logramos conseguir a través de la pesca y algunas frutas no venenosas, se lo dábamos a nuestros hermanos. Al principio, tuvimos que colarnos en un barco, ya que no llevábamos dinero para pagarlo. Estuvimos en ese barco por tres días, sin comida ni agua. Fue realmente difícil, pero apenas bajamos, corrimos en busca de algo para comer. Debo admitir, sin sentirme nada orgullosa, que al principio tuvimos que robar para conseguirlo.
Después del viaje en barco, Kaori y yo corríamos para llegar más rápido a la aldea. El problema era que no teníamos la resistencia suficiente para correr más de un día entero, y sumando el hecho de que llevábamos a nuestros hermanos, era sorprendente que no nos desmayáramos en el camino. La fatiga era un enemigo constante, tanto física como mentalmente. Habían pasado varios días desde la masacre, y no teníamos noticias de nuestros padres. A veces, trataba de aferrarme a la esperanza de que quizás no sabían a dónde nos dirigíamos. Pero sabía que el primer lugar donde irían a buscarnos sería Konoha.
La posibilidad de que ellos estuvieran muertos me resultaba insoportable, a pesar de que era lo más probable. Casi no hablábamos durante el camino, ni siquiera nuestros hermanos; quizás también por el hambre que nos consumía.
Ahora mismo estábamos caminando, ya que no podíamos correr más. Mi vista comenzaba a nublarse y mi caminar se volvía inestable. A lo lejos, pude ver la entrada de Konoha, un destello de esperanza en medio de la desesperación. Pero a unos metros de poder pisar la entrada, empecé a cerrar lentamente mis ojos, sintiendo cómo la oscuridad me envolvía. La última imagen que retuve fue la de mis hermanos, agarrados con fuerza entre mis brazos, mientras mi cuerpo se rendía ante la fatiga.
Fue entonces cuando sentí una mano cálida en mi hombro, que me hizo regresar brevemente de ese abismo. Con un esfuerzo sobrehumano, levanté la vista y vi a Kaori, sus ojos reflejando la misma determinación que yo deseaba sentir.
—¡Hikari! No te rindas. ¡Estamos tan cerca! —me dijo, su voz entrecortada por el cansancio, pero llena de vida.
Y eso fue lo ultimo que escuche antes que viera todo negro