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Hikari estaba frente a un pez, tratando de curarlo. Llevaba tres días intentando hacerlo, pero se le dificultaba bastante. Ahora tenía cuatro años y había mejorado notablemente su control del chakra y sus conocimientos. También había comenzado a practicar taijutsu para mejorar sus reflejos. Pasó muchos meses leyendo sobre ninjutsu, genjutsu y ninjutsu médico, además de investigar varios jutsus de su clan y del clan de su madre.

Al principio, los padres de Hikari se concentraron más en desarrollar su mente, empleando ejercicios que la hacían sentir acorralada para que pudiera superarlos. A través de todo el conocimiento que adquirió y de su instinto de supervivencia, buscaban convertirla en una gran estratega en el futuro. Sin embargo, eso no significaba que no hiciera nada físico; cada teoría también tenía su práctica.

Con su padre, practicaba el taijutsu del clan, que se enfocaba en dar en los puntos vitales del cuerpo para inmovilizar al oponente. Era muy diferente al de los Hyuga, que cortaba el flujo de chakra. El taijutsu Yukihira tenía como objetivo incapacitar sin necesidad de usar los ojos; un simple toque en puntos cruciales podía hacer que su oponente perdiera la movilidad de un brazo o una pierna, o incluso que quedara inmovilizado por un minuto. Este taijutsu podía ser mortal si se aplicaba en puntos críticos como el corazón o las vías respiratorias.

Con su madre, practicaba ninjutsu médico y también taijutsu, pero este último requería más fuerza bruta. En su entrenamiento, aprendía a defenderse y atacar sin pensar en los puntos de inmovilización, lo que se asemejaba al taijutsu que todos conocían. Además, estudiaba sobre venenos y las curas necesarias para contrarrestarlos.

Con su tío, Hikari se enfocaba en el manejo de espadas, resistencia y velocidad. Él era el más duro de todos, sin mostrar compasión durante el entrenamiento, aunque, de alguna manera extraña, Hikari sabía que le quería.

Kenzo le había dicho que antes de practicar magia, debía tener una buena resistencia, y su tío la estaba ayudando en eso. Definitivamente, a Kenzo le encantaba verla sufrir, y no lo negaba.

Así había pasado Hikari ese año, con entrenamientos que a veces la llevaban al borde del cansancio. Su padre no aprobaba que la llevaran al límite; a pesar de lo terca que podía ser, insistía en que debía descansar y disfrutar de la vida como cualquier niño. Se aseguraban de llevarla al parque a jugar, pasar tiempo en familia y convivir con niños de su edad.

Esta parte de su vida era crucial para Hikari, ya que le permitía no perderse en la locura del entrenamiento. Las risas y los juegos en el parque la hacían sentir viva, recordándole que la infancia también era un regalo. Estos momentos de alegría y libertad le brindaban un equilibrio necesario entre la disciplina del entrenamiento y la despreocupación de ser una niña. Disfrutar de las pequeñas cosas se convirtió en una forma de fortalecer su espíritu, asegurando que, a pesar de las exigencias que la rodeaban, nunca perdiera su esencia.

Hikari Yukihira ( Sasuke Y Tu)  EditandoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora