| Epílogo |

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No es la sonrisa, no es el beso, no es la mirada. Es quien te sonríe, quien te besa, quien te mira. Siempre la magia está en esa persona.

La playa se extendía ante ellos como un lienzo infinito, una paleta de colores que se transformaba lentamente mientras el sol moría en el horizonte. La arena fría entre los dedos de Jungkook le recordaba la realidad, pero su corazón latía con la calidez de un sueño hecho realidad. Era un momento que parecía suspendido en el tiempo, una pausa dorada en medio del caos que había sido su vida hasta ese día.

Jungkook caminaba con pasos tranquilos, dejando que el murmullo de las olas y el canto lejano de gaviotas calmaran las ansias que se habían acumulado en su pecho. Años de espera, de angustia, de miedo y esperanza, todo se condensaba en ese instante.

Y entonces, sintió el abrazo. Un abrazo firme, cálido, que le envolvió el cuerpo y el alma. Taehyung estaba detrás de él, sus brazos fuertes pero delicados, su presencia tan real que le hizo respirar con un alivio que no sabía que necesitaba.

Jungkook cerró los ojos un instante, dejándose mecer por el tacto de su amor. Había esperado tanto para tener ese contacto, para sentir que no estaba solo, para tener a alguien que lo amara con una fuerza que no le diera miedo.

Taehyung giró su rostro hacia él, y sus ojos se encontraron como dos estrellas que se habían perdido en la oscuridad pero que ahora brillaban con más intensidad que nunca.

—Creí que estabas dormido en la cabaña, mi amor —dijo Taehyung con una voz suave, acariciando los rizos oscuros de Jungkook.

—Desperté hace poco, porque no estabas —respondió Jungkook con una sonrisa tímida, alzando el mentón para mirarlo a los ojos.

Taehyung rio, una risa ligera que fue como música para Jungkook, quien respondió con un puchero infantil.

—Quería ver el atardecer, flojo.

—¡También yo! ¡Pudiste despertarme, bobo! —replicó Jungkook, frunciendo el ceño con picardía.

Taehyung no pudo evitar sonreír aún más, inclinándose para besar la frente de Jungkook. En ese instante, el mundo entero desapareció y sólo quedaron ellos dos, un oasis de calma y amor en medio de todas las tormentas.

Jungkook se acurrucó en el cuello de Taehyung, encontrando refugio en ese abrazo. El latido fuerte y constante del corazón de su amado era la melodía más hermosa que podía escuchar.

Pero había un silencio que los envolvía, un peso invisible que hacía que el alma de Taehyung temblara. Sus hombros se tensaron y una lágrima solitaria rodó por su mejilla antes de que comenzaran a caer en cascada.

—No sé cómo agradecerte todo lo que hiciste por mí —dijo entre sollozos—. Gracias por esperarme, por no rendirte nunca. Por creer en nosotros cuando yo no podía hacerlo.

Jungkook lo sostuvo con más fuerza, sintiendo las lágrimas recorrer su propio rostro.

—Cada noche deseaba que despertaras, Tae. El solo imaginar perderte me rompía en pedazos —susurró—. Te amo con todo lo que soy.

Taehyung levantó la mirada, encontrando en los ojos de Jungkook un faro de esperanza, un refugio invencible.

—Me amaste cuando nadie más lo hizo —confesó con la voz quebrada—. Me ayudaste a no caer en la oscuridad que casi me consume.

Jungkook rozó sus labios contra los de Taehyung en un beso tierno, lleno de promesas.

—No estás solo. Estamos todos contigo, y siempre lo estaremos —aseguró, acariciando su rostro con la punta de los dedos.

Se separaron un poco, pero la distancia no existía entre ellos. Taehyung tomó las manos de Jungkook y las apretó con fuerza, como si de ese contacto dependiera su vida.

—No quiero estar con nadie más —murmuró—. Solo contigo.

—Ni yo —respondió Jungkook, sonrojado—. Te amo con toda mi alma.

Con lentitud, empezaron a despojarse de sus ropas, con la delicadeza de quienes saben que cada toque es un acto sagrado. Sus cuerpos se reconocieron después de tanto tiempo, explorando cada curva, cada cicatriz, cada suspiro.

Jungkook besó cada centímetro de piel que encontró, sus manos trazando rutas de fuego por la espalda de Taehyung. El mayor suspiró, dejando que el placer lo inundara, dejando que el dolor y la distancia se borraran por fin.

Los gemidos suaves de Taehyung eran como música que Jungkook había esperado años para volver a escuchar. Cada movimiento, cada caricia, cada roce era un grito silencioso de amor, de reencuentro, de vida.

Cuando la pasión los envolvió, sus cuerpos se unieron en un baile eterno, un lenguaje que sólo ellos podían comprender. Jungkook movía sus caderas con ritmo firme, mientras Taehyung respondía con suaves gemidos y apretaba sus manos contra la arena.

El aire estaba cargado de deseo, pero también de ternura. Jungkook besó el cuello de Taehyung, bajando lentamente, deteniéndose en su pecho, donde depositó pequeños besos que hacían que el mayor temblara de emoción.

En un momento de silencio compartido, Taehyung levantó la cabeza, sus ojos buscaban a Jungkook, y en ellos brillaba todo el amor que no podía expresar con palabras.

—Gracias por cumplir mi sueño —susurró—. Gracias por estar aquí conmigo, ahora.

Jungkook sonrió con lágrimas en los ojos y respondió con un beso profundo, un beso que selló su promesa eterna.

Cuando la noche cayó y las estrellas comenzaron a brillar, Jungkook se levantó con cuidado, tomó una pequeña caja roja que había escondido bajo la almohada y se arrodilló junto a Taehyung.

—Hay algo que quiero preguntarte —dijo con nerviosismo.

Taehyung lo miró, su corazón latiendo desbocado, incapaz de contener la emoción.

—¿Quieres compartir tu vida conmigo? —preguntó Jungkook, abriendo la caja para revelar un anillo que brillaba con intensidad bajo la luz de la luna.

Los ojos de Taehyung se llenaron de lágrimas, y con voz temblorosa, apenas un susurro, respondió:

—Sí. Sí, quiero.

Jungkook deslizó el anillo en el dedo de Taehyung y sellaron ese momento con un beso lento, profundo y lleno de promesas. Sus almas parecían unirse para siempre, entrelazadas en un lazo que ningún tiempo ni circunstancia podría romper.

Se quedaron abrazados bajo el cielo estrellado, sintiendo la plenitud de un amor que había vencido todas las adversidades. Sus cuerpos cansados pero felices, sus corazones latiendo al unísono, su futuro finalmente comenzando a escribirse.

[ 🖤 ]

Gracias por todo el amor que le dieron a esta pequeña historia cliché. Los amo mucho, y estoy en proceso de otra historia llamada "Love alarm" que estoy segura y amarán.

¡Gracias por todo! 🤍

Play with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora