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✦ Quédate con quien te bese el alma, la piel te la puede besar cualquiera.

Era fin de semana y la tarde se deslizaba con calma en la casa de Jungkook. En la sala, frente al televisor, Taehyung estaba cómodamente instalado entre las piernas de Jungkook, quien le acariciaba el cabello largo y sedoso. Los mechones platinados del mayor aún conservaban ese tinte grisáceo que poco a poco se desvanecía con las lavadas, dejando destellos brillantes al sol que entraba por la ventana.

—¿Debería pintarlo? —preguntó Tae mientras rozaba con sus dedos los mechones que caían sobre su frente.

Jungkook soltó una risa suave y nasal, una de esas risas que siempre le derretían el corazón.

—Me gustas con todos los colores, así que la decisión es toda tuya —respondió con una sonrisa dulce, depositando un beso cálido en su frente.

El menor tomó el rostro del platinado con delicadeza, girándolo hasta quedar frente a frente. Taehyung se acomodó en su regazo, hundiendo el rostro en el cuello de Jungkook, disfrutando no solo de la calidez, sino también del aroma embriagador de su loción favorita.

—¿Ya te dije que tu loción me vuelve loco? —susurró Tae, con la voz baja, casi como un secreto.

Jungkook sonrió con picardía.

—¿Ah, sí? —murmuró, mientras lamía con suavidad el lóbulo de la oreja del mayor.

Con movimientos lentos, empezó a acariciar la espalda de Taehyung por debajo del suéter lila, sus dedos explorando la piel con un tacto que hizo que el mayor se estremeciera. El platinado mordió con fuerza su labio inferior, conteniendo un jadeo apenas audible cuando Jungkook apretó con posesión su cintura.

Los dedos del menor descendieron hasta el contorno de las caderas de Tae, explorando con pequeños apretones que hicieron que el aire se cortara por segundos. Su recorrido continuó, llegando hasta la zona más íntima, donde la piel temblaba ante el contacto suave de los dedos.

Jungkook se detuvo un momento, admirando el rostro de Tae, tan lleno de deseo y vulnerabilidad, con mejillas teñidas de un rosado encantador. Con un gesto decidido, volvió a besarle con pasión, sus lenguas entrelazándose en perfecta sincronía, elevándolos a un mundo donde no existía nada más que ellos dos.

Sus manos siguieron explorando, bajando lentamente hasta el pecho del mayor, donde dejaron pequeños besos que pronto se convirtieron en marcas tímidas y difíciles de borrar. La cercanía de sus cuerpos hacía que sus partes íntimas rozaran con urgencia, una invitación silenciosa a dejar de contenerse.

Ya no podían esperar más.

Con un suave movimiento, Jungkook cargó a Taehyung en brazos y se dirigió a su habitación. La puerta se cerró detrás de ellos con un leve clic, y la cama se convirtió en el escenario de un deseo contenido.

Jungkook quedó encima de Taehyung, tomando su cuello con firmeza pero sin perder la pasión, como si quisiera marcarlo con cada beso y caricia. Sus labios atacaron las clavículas marcadas, dejando leves señales que el mayor aceptó con gemidos entrecortados, apretando los cabellos oscuros de Jungkook con desesperación contenida.

Con una mano, el menor acarició el bulto que se asomaba por el bóxer del platinado, disfrutando morbosamente de los gemidos acelerados que llenaban la habitación y dibujaban una melodía perfecta en sus oídos.

Taehyung tomó la cabeza de Jungkook y lo atrajo para un beso fugaz, disfrutando de cómo su lengua jugaba con la del otro mientras se deshacían de las prendas incómodas que les impedían estar completamente libres.

Finalmente, se recostaron juntos, desnudos, y se miraron a los ojos, dejando que la respiración acelerada fuera el preludio de lo que estaba por venir.

El roce de sus cuerpos, los suspiros y gemidos, la sensación de piel contra piel los sumergió en un paraíso prohibido, lleno de sensaciones intensas y difíciles de describir.

Jungkook separó lentamente las piernas de Taehyung y comenzó a besar las zonas descubiertas con reverencia, mientras el mayor jugaba con sus manos, dejando pequeños rasguños inconscientes en su espalda y besando sus lóbulos, jadeando cerca de su oído.

El deseo creció hasta que ambos quedaron completamente desnudos, y Taehyung, con un movimiento juguetón de caderas, rozó su miembro con el de Jungkook, provocando un gemido grave y el aumento del deseo.

Jungkook continuó explorando con besos y caricias, sin poder apartar la mirada de los ojos intensos de Tae, de esas manos suaves que lo torturaban, y de la voz que murmuraba su nombre entre gemidos.

Se detuvo un instante para contemplar su rostro: labios temblorosos, pupilas dilatadas, mejillas encendidas en carmín... Era una visión que aceleraba su corazón y le hacía sentir que tocaba el cielo.

Le acarició el rostro una última vez antes de capturar sus labios en un beso dulce y cálido.

—Eres tan perfecto, bebé —susurró Jungkook, con la respiración entrecortada.

—Me encantas —respondió Taehyung con una sonrisa pícara, embistiendo suavemente con las caderas.

El deseo se volvió insoportable.

Jungkook tomó dos de sus dedos y los puso en la boca de Taehyung, sintiendo cómo la humedad aumentaba su propio dolor y deseo.

Estaba listo para comenzar, pero antes depositó un beso tierno en la frente del mayor.

Con paciencia, introdujo el primer dedo, después el segundo, y finalmente, con cuidado, hasta tres, mientras hacía movimientos circulares que provocaron jadeos desesperados y apretujones de sábanas.

—Esto tal vez duela. Si te lastimo, házmelo saber, bebé —pidió Jungkook, con el corazón acelerado.

Taehyung lo miró con ojos brillantes, asintiendo con confianza.

—Okey. E-estoy listo —tartamudeó, con la respiración agitada.

Con cuidado, Jungkook separó las piernas de Tae y se posicionó entre ellas, tomando sus caderas para acercar su miembro a la entrada. Lentamente, se introdujo, calmando el dolor con besos suaves y palabras tiernas.

Después de un tiempo, pudo ingresar completamente, sonriendo cuando el rostro de Taehyung se transformó de dolor en placer.

Sus manos exploraban el cuerpo del mayor, mientras sus dedos se cerraban alrededor del miembro del castaño, moviéndose al ritmo de gemidos y suspiros que se mezclaban con la respiración agitada.

Taehyung fue el primero en correrse, seguido poco después por Jungkook, aún dentro de él, sintiendo cómo el mundo se desvanecía para dar paso solo a ese momento.

Cuando sus respiraciones se calmaron, Jungkook atrajo a Taehyung para un último beso profundo, mordiendo suavemente su labio y sonriendo cuando el otro dejó paso a su lengua.

—Me siento en el cielo cuando estoy contigo, bebé —susurró Jungkook, acariciándolo y recostándolo en su pecho.

—Eres tan perfecto, mi amor. En serio, estoy muy enamorado de ti, Jungkookie —admitió Tae con sinceridad.

Y en ese instante, el corazón de Jungkook se encogió hasta casi desaparecer.

¿Cómo podía un ángel estar enamorado de alguien como él?

Play with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora