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Era un nuevo día, y Taehyung almorzaba junto a Baekhyun durante el descanso. El pelirrojo evitaba su mirada a toda costa; estaba avergonzado, dolido, y terriblemente confundido.

Taehyung lo observaba con tristeza. Todavía sentía un nudo en la garganta desde su última conversación, y aunque quería arreglarlo, sentía que cada palabra que pronunciaba solo hería más. No pedía mucho, solo deseaba que las cosas volvieran a la hermosa amistad que compartían: esa conexión tan pura, llena de confianza, apoyo y cariño incondicional.

—Lamento haber reaccionado así la otra vez, Baekkie. Sé que te hice daño... y si ya no quieres ser mi mejor amigo, lo entenderé —susurró con sinceridad, jugando nervioso con sus dedos—. Solo quiero que sepas que te aprecio muchísimo, y... lamento no poder verte como tú me ves.

Baekhyun sintió un pinchazo en el corazón. ¿Cómo seguir ignorando la realidad? Fue ingenuo al pensar que podría tener una oportunidad con Taehyung. Lo que compartían era valioso, pero claramente no correspondía a lo que su corazón deseaba.

—TaeTae, no digas eso. Yo también te quiero, y no me importa si no es igual. Siempre estaré para ti, siempre te voy a proteger, y siempre voy a querer que seas feliz... aunque no sea conmigo —respondió con una sonrisa forzada, pero cargada de sentimiento.

Pero su corazón, a pesar de su discurso maduro, suplicaba a gritos un poco más. Solo un segundo de esos labios que tanto había admirado en silencio. Solo un instante en el que todo fuera mutuo.

Impulsado por una mezcla de emoción y desesperación, Baekhyun se levantó de su asiento, se inclinó hacia él, tomó el rostro de Taehyung entre sus manos y lo besó.

El platinado se tensó de inmediato.

El beso fue brusco, apresurado, lleno de una necesidad que no compartía. Taehyung sintió repulsión al no encontrar nada familiar en el gesto. No había calidez, no había ternura, solo una insistencia que lo hizo sentir invadido.

—Siempre estaré para ti, Taehyungie... no dejaré que te alejes otra vez, ¿sí? —murmuró Baekhyun, quebrado, mientras lo besaba una vez más con rudeza.

Algunos estudiantes se detuvieron al ver el momento, pero fue Yoongi quien notó la incomodidad en la escena y alertó con un toque de hombro a Jungkook, que justo iba a morder su hamburguesa.

—Jungkook-ah... ese idiota se está comiendo a tu dulce de miel —señaló con la barbilla.

Jungkook dejó la hamburguesa, se limpió las manos y, sin decir palabra, se levantó. Sus ojos se oscurecieron al ver a Baekhyun presionando a Taehyung, sus labios invadidos, sus ojos llenos de lágrimas.

—No lo llames "presa", idiota —masculló con los puños apretados—. No seas imbécil.

Pero justo cuando se disponía a intervenir, Taehyung lo hizo primero.

—¡No te vuelvas a acercar a mí! —gritó con lágrimas en los ojos mientras empujaba con fuerza a Baekhyun.

El pelirrojo quedó congelado, incapaz de procesar el daño que acababa de causar. Había cruzado un límite imperdonable.

Taehyung temblaba. Sus labios hinchados, una pequeña herida sangrante en la comisura, los ojos vidriosos y las mejillas marcadas por los dedos. Era una imagen dolorosa... y Baekhyun solo pudo mirar cómo se alejaba, completamente roto.

Una enferma sonrisa se dibujó en su rostro mientras tocaba sus propios labios, todavía embriagado por el contacto. Taehyung le encantaba... en cualquier estado.

[ 🖤 ]

Jungkook corrió detrás de Taehyung. Lo encontró recargado contra la pared de un pasillo vacío, sollozando, la respiración agitada. El corazón se le oprimió al verlo así: tan pequeño, tan vulnerable, tan maltratado.

—Bonito... —susurró mientras se agachaba frente a él—. Ya te dije que no llores por quien no merece tus lágrimas.

Le acarició las mejillas con ternura, y el mayor cerró los ojos al contacto, buscando refugio en ese gesto.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad.

Tae asintió apenas, pero su cuerpo temblaba. Se lanzó a sus brazos y lo rodeó con fuerza, escondiendo su rostro en su pecho.

—No me siento bien con esto, Jungkookie... —murmuró, con la voz ahogada.

Jungkook lo rodeó también, envolviendo su pequeña cintura con firmeza, acariciando su rostro con la nariz. Sus dedos viajaron por su espalda, transmitiéndole calma.

—¿Qué te hizo? ¿Estás herido? —preguntó, apretándolo un poco más contra sí.

—Acabo de perder a mi mejor amigo —sollozó—. Él me prometió que nunca me haría daño. Y ahora... ahora me siento tan sucio, tan usado. Me engañó para besarme, Jungkookie... no fue justo.

—Bonito... no llores por él. Ese tipo no merece nada de ti. Te juro que si me dejas, yo mismo me encargo de que no te vuelva a mirar.

Se sentaron juntos en el piso, Taehyung entre sus piernas, envuelto en sus brazos. El mundo parecía alejado de ese pequeño rincón donde solo existían ellos.

—Me gusta mucho estar contigo, porque... porque contigo me siento seguro —susurró Tae, acariciando su mejilla.

Jungkook lo miró, los ojos grandes y temblorosos.

—También me gustas, Tae. Digo... me gusta estar contigo —se corrigió rápidamente, sonrojándose.

Taehyung rió bajito y acarició su rostro con ternura.

—Tonto... —murmuró, antes de que Jungkook besara el lunar de su nariz.

Ese pequeño gesto bastó para que sus labios se encontraran en un beso lento, dulce, lleno de calma. Fue un beso sincero, puro, sin juegos ni travesuras. Solo ellos, consolándose el alma.

Y aunque ninguno lo dijo en voz alta, ambos sabían que estaban empezando a depender del otro. Jungkook lo sentía: si pasaba un solo día sin una mirada, sin una sonrisa de Tae... todo perdía sentido.

Y lo peor de todo era que empezaba a olvidar que esto era un juego.
Uno en el que, si no tenía cuidado, el corazón que iba a terminar roto... sería el suyo.

[ 🖤 ]

Baekhyun se encerró en el baño más alejado del pasillo central. Sus pasos eran torpes, el temblor en sus manos incontrolable. Cerró la puerta con fuerza, apoyó la frente contra el frío espejo y trató de regular su respiración, pero no lo logró.

¿Qué hiciste...?

Su reflejo lo miraba con desprecio. Tenía los ojos enrojecidos, los labios hinchados, y los dedos todavía ardían por haber tocado la piel de Taehyung sin permiso.

—Soy un imbécil... —susurró.

Golpeó el lavamanos con fuerza. Una, dos, tres veces. La rabia no lo dejaba en paz, pero esta vez no era contra Jungkook ni contra nadie más. Era contra sí mismo.

¿De qué sirvió? ¿Lo sentiste tuyo por un segundo? ¿Y a qué precio?

Recordó los ojos de Tae, tan asustados. La manera en que lo empujó, sus gritos llenos de dolor. La sangre en sus labios. Las lágrimas.

"No te vuelvas a acercar a mí", le había dicho. Y Baekhyun sabía que esta vez no era una amenaza. Era un adiós definitivo.

Apretó los ojos con fuerza. ¿Cómo había llegado a esto? Si él solo quería protegerlo. Si siempre había sido su lugar seguro... ¿por qué lo había traicionado de esa manera?

—Fui yo quien prometió no lastimarte... —murmuró, sintiendo cómo su voz se rompía.

Y lo había hecho.
Lo había arruinado todo.

Abrió el grifo, se lavó el rostro tratando de borrar las marcas de la culpa, pero no había agua suficiente para quitarse la sensación de asco que lo cubría por dentro.

Porque por más que lo negara...
Su ángel ya no lo miraría igual.
Y él, Baekhyun, tendría que vivir con eso.

Play with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora