Taehyung salió corriendo junto al menor hasta salir del instituto, poco importándoles que aún no terminaban las clases y que todos los miraban estupefactos.
Durante el trayecto, ninguno se dirigió la palabra. Solo sus manos entrelazadas hablaban por ellos, transmitiendo el miedo, el arrepentimiento, la confusión... y el amor. Taehyung no dejó de mirar el rostro destrozado de Jungkook mientras lo guiaba. Su llanto silencioso y su quijada apretada le hacían sentir el alma comprimida.
Porque aunque su corazón estuviera hecho trizas, aún quería besarlo y susurrarle que todo estaría bien.
—¿Q-qué hacemos aquí? —preguntó el menor, con voz temblorosa, al llegar a la puerta de la casa de Taehyung.
—Vamos a aclarar las cosas de una buena vez —respondió el platinado, deteniéndose.
Jungkook tragó saliva. El tono serio de Tae le provocó escalofríos. No quería perderlo, pero sabía que no tenía derecho a evitarlo.
—¿De qué... hablas? —preguntó sin levantar la mirada.
—¿Por qué mierda hiciste eso, Jungkook? —la voz de Taehyung se quebró.
—Tenía miedo... —murmuró el menor.
—¿Miedo? ¿Y por miedo decidiste usarme? —su voz era dura, pero temblorosa.
Jungkook respiró hondo.
—No lo entenderías... Estás rodeado de personas que te aceptan tal y como eres. Yo... no tenía eso.
—Eso no significa que yo no haya sufrido al declararme homosexual, Jungkook —replicó Taehyung, suavizando un poco la mirada.
—Nunca dije que no. Solo... sé que tu familia y tus amigos te aman por quien eres. La mía... no tanto.
—¿Tus amigos te obligaron a jugar conmigo? —susurró Tae, su garganta cerrándose.
El menor negó despacio.
—Fue idea de todos, incluso mía. Estábamos tan acostumbrados a reírnos de esas cosas... que parecía normal.
Taehyung cerró los ojos, una lágrima escapando sin permiso.
—Me lastimaste. Me hiciste creer que eras el amor de mi vida.
—Y lo soy —respondió Jungkook, casi en un susurro.
—No digas eso. No puedes decirlo después de todo.
—Estoy arrepentido, Tae. Más de lo que puedes imaginar. No tienes idea del asco que me da mirar atrás.
—Eso no borra el daño, Jungkook. Yo lloré por ti cada noche pensando que eras diferente.
—Y lo soy ahora. ¡Lo soy porque tú me cambiaste! —gritó, y sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez—. Quiero demostrarte que no todo fue mentira.
—No puedo perdonarte ahora. No estoy listo para eso.
—Lo entiendo —dijo el menor, con voz rota—. Pero te esperaré.
—El problema... —Taehyung lo miró, frágil pero firme— es que yo no sé si quiera esperarte a ti.
Jungkook sintió que el mundo se desmoronaba. Aun así, con manos temblorosas, se atrevió a tocar el rostro del mayor, acariciando su mejilla.
—Perdóname —susurró.
Taehyung lo miró, sus ojos vidriosos pero llenos de amor.
—No soporto verte sufrir. Maldita sea... —murmuró con el corazón latiendo a mil—. Y lo peor es que te sigo amando.
—Yo también te amo más de lo que puedes creer —contestó Jungkook, aferrándose a esa esperanza.
Ambos se acercaron. Sus frentes se rozaron primero, como si sus almas buscaran reconocerse. Luego, con un titubeo lleno de ternura, Taehyung comenzó a dejar besos suaves en el rostro del menor, tocándolo como si fuera de cristal.
El aire se llenó de su perfume. Todo se sentía familiar. Dolorosamente familiar.
Jungkook cerró los ojos, dejando escapar un suspiro quebrado. Había añorado esa cercanía con cada fibra de su cuerpo.
—Tú sacas lo mejor de mí, Taehyung. Sin ti... no soy nada.
—Te necesito como no imaginas —susurró el rubio.
Y entonces sus labios se encontraron.
No fue un beso perfecto, sino uno cargado de cicatrices, de memorias rotas y promesas rotas. Pero también fue un beso sincero, uno que necesitaban para sobrevivir un poco más.
Jungkook lloró contra los labios de su amado. Taehyung lo sostuvo fuerte, tan fuerte como podía sin romperse otra vez.
Porque dolía. Dios, cómo dolía.
Se separaron apenas para respirar. Jungkook lo miró como si fuera todo su universo.
—Gracias por... por no empujarme lejos.
—No lo hago por ti. Lo hago porque mi corazón no quiere soltar el tuyo todavía —admitió el mayor, con la voz baja.
Caminaron al interior de la casa y se abrazaron en la cama de Taehyung. Jungkook se acurrucó en su pecho como un niño perdido, mientras el mayor le acariciaba el cabello con paciencia.
—¿Y ahora qué somos? —preguntó el menor, con miedo en la voz.
—Dos idiotas que se aman, pero que no saben cómo seguir —respondió el mayor, dejando un beso en su frente.
El silencio los envolvió por unos minutos. Solo sus respiraciones, sus lágrimas y el leve latido del corazón del otro les hacía sentir que aún estaban vivos.
—Hagamos todo bien esta vez, ¿sí? —susurró Tae, con la voz cansada.
—¿Me darás otra oportunidad? —preguntó Jungkook, levantándose de golpe, esperanzado.
Taehyung lo miró a los ojos. Su expresión era tan frágil como hermosa.
—No lo sé. Pero sí quiero que estés aquí ahora.
El menor lo abrazó de inmediato.
—No te volveré a hacer daño. Te lo prometo.
—Más te vale, Jeon Jungkook... porque eres lo más importante en mi mundo —murmuró Taehyung mientras escondía el rostro en su cuello.
—Y tú... tú eres todo lo que conforma el mío —contestó con una voz apenas audible.
[ 🖤 ]
Esa noche durmieron abrazados, sin hablar más, sin aclarar más. Solo dejándose sentir.
Jungkook se quedó despierto durante horas, acariciando los nudillos de Taehyung, besando su cabello mojado por el sudor del llanto, pidiéndose perdón en silencio.
Taehyung, aunque dormía, aún sollozaba entre sueños. Su cuerpo temblaba como si recordara lo vivido.
Y Jungkook, ahí, lo acunó con amor. Porque sabía que si alguna vez iba a ser perdonado, no sería con promesas. Sería con hechos.
Y desde esa noche, juró que iba a cambiar.
Por él.
Por los dos.
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Play with me
FanfictionTodo comenzó como un simple juego. Jungkook acepta el reto de conquistar al dulce e inocente Taehyung para después romperle el corazón. Parece una misión sencilla... hasta que el chico de sonrisa encantadora y personalidad única comienza a derribar...
