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Taehyung cerró los ojos con suavidad, dejando que la tenue luz del amanecer se colara por la ventana y acariciara su rostro. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al sentir el abrazo cálido y firme de Jungkook rodeándolo por la cintura. Sus pupilas brillaron al contemplar al pelinegro que dormía a su lado: piel tibia, mejillas teñidas de un delicado carmín, labios entreabiertos que aún conservaban el rastro de un sueño dulce, y ese cabello desordenado que hacía que Tae suspirara como un tonto enamorado.

Con cuidado, estiró una mano para acariciar la mejilla del menor. El contacto fue suficiente para que Jungkook abriera los ojos lentamente, regalándole una sonrisa cómoda y confiada. Taehyung se acercó para depositar un beso casto en sus labios, admirando lo perfecto que se veía en esa posición, tan vulnerable y hermoso.

Un rugido de hambre interrumpió sus pensamientos. Tae recordó lo mucho que Jungkook comía y decidió que preparar el desayuno sería un buen modo de devolverle un poco de ese cariño que siempre le brindaba. Se levantó despacio, pero se tensó al sentir un fuerte agarre en su brazo. Volteó y vio al menor con los ojos cerrados y labios ligeramente hinchados. Sonrió satisfecho, alejando la mano con suavidad para poder levantarse.

En la cocina, abrió la nevera y frunció el ceño: casi no quedaban alimentos saludables. Con un gesto de resignación, tomó las llaves del auto de Jungkook y se dirigió al supermercado más cercano. Mientras caminaba entre los pasillos llenos de productos enlatados y empaquetados, una voz familiar lo hizo detenerse.

—¿Kim Taehyung? ¡Espera! —llamó un pelinegro emocionado.

El corazón de Tae se aceleró, un nudo se formó en su garganta. Intentó ignorar la llamada, sus manos apretaron los ingredientes con fuerza. Pero la voz volvió a sonar, esta vez más cerca.

—¡Taehyung-ssi!

Un toque en el hombro lo obligó a girar. Al hacerlo, se encontró con los ojos cálidos y la sonrisa sincera de Minho, su ex novio. Apenas había cambiado: solo el color de cabello y algunos detalles, pero la esencia seguía intacta.

—H-hola, Min —saludó nervioso.

El mayor lo abrazó con fuerza, envolviéndolo en un cálido apretón.

—No sabes cuánto te extrañé, osito. Han pasado años y sigues igual de hermoso.

Las piernas de Tae temblaron y su corazón latió con fuerza ante el apodo y la ternura de Minho.

—E-es un gusto verte de nuevo —respondió con una media sonrisa.

Minho acarició sus mejillas, notando lo delgado que se veía.

—¿Te estás alimentando bien? Estás muy flaquito, osito.

—Me va bien, gracias —respondió mirando al suelo, sintiendo un torbellino de emociones.

—Necesitamos vernos más —confesó Minho, apretando suavemente sus manos—. No imaginas cuánto me haces falta.

Taehyung asintió con una sonrisa triste.

—¿Está todo bien? —preguntó Minho, acariciando su mejilla con preocupación—. Sabes que puedes contarme lo que sea.

El platinado apartó la mirada, nervioso.

—No es nada, de verdad —mintió.

Minho no insistió, pero sacó su teléfono.

—Pásame tu número, ¿sí?

Tae dudó, pero finalmente anotó su contacto y apretó los labios.

—¿Por qué tan nervioso? —preguntó Minho con una sonrisa.

Play with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora