13/03/1944
Los ánimos en mi casa no estaban muy alegres. Mi madre llevaba sin hablar desde que mi padre entró por la puerta en esa silla de ruedas, solo se metió en su dormitorio y no salió. Laura más que lo vio entrar por la puerta, salió ella. Juan intentó hablar con papá y mamá pero ambos se encontraban reacios y se fue a hacer un trabajo. Francisco se quedó vigilándonos a Isaías y a mí mientras termina unos informes. Y bueno, papá se encerró en su despacho con su botella de vino preferida.
—Por tu cabezonería, tus hijos y yo tendremos que buscarnos la vida para poder seguir viviendo —escucho que grita mamá.
—Sabías que eso podía pasar Sara. Es mi trabajo —escucho que le responde papá.
—¿Cómo te la apañaste de salir dañado en una guerra que no era nuestra? —mamá está desesperada —Ya la pasamos bastante mal con la guerra civil.
—Cayó una maldita bomba demasiado cerca cuando nos íbamos y volcó el camión. Ya te lo expliqué.
—Eras militar, ahora no sé qué pretendes hacer con tu maldita vida en una silla de ruedas. Los discapacitados no tienen privilegios de ningún tipo en esta vida.
—¿Preferías que no volviese nunca? —le replica papá.
Francisco mira hacia arriba con el ceño fruncido cuando el silencio se extiende.
—Tengo que salir a buscar trabajo. Esta noche nos vemos —escucho los tacones de mamá bajar por la escalera y yo le tiendo el cochecito a Isaías.
Me levanto cuando lo coge y corro hacia mamá.
—Adela, te quedas con tu hermano —se agacha y me da un beso en la frente —Pórtate bien hasta que vuelva.
—Quiero ir contigo. Me aburro aquí en casa —me quejo.
—Mañana salimos si quieres al campo. Hoy no puedes venir conmigo —veo como se pone una chaqueta y se encamina hacia la puerta —Francisco, cuida a tus hermanos —le pide y veo como él asiente.
De nuevo se queda la casa sumida en un silencio cuando mamá sale por la puerta.
Laura aparece a la hora por la puerta con toda la cara manchada de negro.
—¿Qué pasó Laura? —se levanta Francisco al ver su cara.
—Solo lo he dejado con Javi —se pasa la mano por debajo de los ojos.
—¿Por qué? —le pregunto mirando hacia arriba para poder mirarle a los ojos.
—Adela —se agacha hasta estar a mi altura —No confíes nunca en un hombre. Solo en Francisco, Juan e Isaías.
—Pero Javi me llevaba al campo —me quejo.
—No eras la única mi vida —me acaricia la mejilla y se pone derecha.
—¿Con quién? —escucho que dice mi hermano y al girarme, lo veo furioso con los puños apretados.
—¿Importa? —se encoge de hombros Laura como si nada —No vale la pena. Todo el compromiso a la basura —me fijo en su mano y veo que es cierto que ya no lleva el anillo.
A la noche, mamá volvió con un trabajo de costurera en un pequeño negocio del centro. Cuando se enteró de la ruptura del compromiso, se enfadó mucho con Laura. Francisco seguía enfadado con Javi y Juan se le unió. A papá le dio igual.
Por primera vez, vi a mis padres con otros ojos.
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80 días
Teen FictionEl tiempo puede ser considerado algo poético para muchos autores, puede resultar una pesadilla para aquellos que quieren conocer el secreto de la inmortalidad pero no lo hacen, puede ser un alivio para los que desean que ciertos momentos pasen un po...