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15/04/1950

Relamo mis labios y me ajusto el vestido.

—Vamos Adela —entra Cristina en mi dormitorio.

—Ya voy —le digo atándome el lazo detrás de la cabeza.

Ella se aparta de la puerta para que salga con su barriga de 8 meses y deja que baje yo antes.

—Hola —saludo a mis hermanos presentes que al parecer se encuentran discutiendo algo. Ellos callan ante mi presencia.

—Móntate en el coche, ahora vamos —me pide un Juan bastante molesto.

—Ya no soy una niña Juan, creo que quiero enterarme de las cosas —le reprocho.

—Es una orden. Llévala con Isaías —y sé que las últimas palabras han ido dirigidas para Cristina.

—Venga Adela, que allí también están Teresa y tus sobrinos —me coge de la mano y tira de mí. Yo me rehúso a moverme y la pobre Cristina en estado avanzado, no puede hacer mucha fuerza.

—Si está Laura, ¿por qué no puedo estar yo? —me parecía injusto, ambas éramos mujeres.

—Se me está agotando la paciencia —se lleva la mano al puente de la nariz.

—Adela, fuera, ya —habla ahora Francisco también enfadado. Laura aprieta sus rojos labios en una fina línea.

—Sois idiotas y os odio. Los peores hermanos del mundo —me suelto de la mano de Cristina y corro hacia afuera ignorando el llamado de ésta última.

Me monto en el coche dando un portazo y al otro lado me encuentro con Isaías mirándome.

—Una mujer no puede dar portazos —eleva una ceja en mi dirección.

—Un niño no me toca las narices —espeto cruzándome de brazos y mirando por la ventana que casualmente da a nuestra casa.

—¿Qué te pasa? —exclama molesto. Y le miro durante un instante antes de volver la mirada hacia el otro lado de nuevo.

—Que las personas te engañan. Fingen ser de una manera que no son. Y yo me lo creí todo —ya no solo hablo de mis hermanos, sino también de mis padres.

—¿De qué hablas? —inquiere dubitativo.

—De nada Isaías, de nada —murmuro.

***

Me bajo del coche ignorando el hecho de que Francisco haya sido el que me ha abierto la puerta. Estoy molesta con ellos.

—Adela —llegan a mí corriendo los dos gemelos con casi dos años ya. Apenas saben hablar pero mi nombre sí.

—¿Qué os pasa mis reyes? —me agacho hasta estar a sus alturas.

—Mamá —señala al fondo.

—Lo sé. ¿Os quedáis con Cris? —les pregunto y veo como ellos la buscan con la mirada. Yo se la señalo para que vaya. Ella se encuentra hablando con el cura junto Teresa.

Cuando veo que corren hacia ella y que los ve. Yo me incorporo.

—Eres una buena hermana Adela —me giro hasta ver a mis dos hermanos mayores de 28 y 27 años.

—Dejadme tranquila —les señalo con el dedo antes de darme media vuelta y caminar hacia la dirección en la que sé que está mi madre.

—Mamá —entro en la habitación y la veo con un vestido por debajo de las rodillas blanco pomposo —Ya están todos aquí —le informo mientras no puedo quitar los ojos de ella. ¿Así luciría cuando se casó con papá?

Tengo un sabor amargo en la boca. Cristóbal no es un buen hombre, lo sé. Me molestó que mi madre volviera a encontrar un hombre y que ahora se fuera a casar con él. Sobre todo porque lo único que tiene ese hombre es dinero y chicas, ni guapo ni inteligente. Pero eso no le importa a mi madre. Ya me explicó que ella no puede tirar de la casa y que tiene que haber un hombre en ella que la manejase. Mis hermanos pequeños eran demasiado pequeños y los mayores ya habían hecho su vida y tenían una casa que manejar y controlar.

—De acuerdo —se volvió a tocar el moño por décima vez en estos 15 segundos.

—Estás bien. No te preocupes mamá —le sonrío a pesar de que es lo único que no quiero hacer en este momento.

—Lo sé. Pero debo de estar perfecta para mi esposo, no bien —me aclara y yo asiento fingiendo que comprendo su punto.

—Me voy, seguramente Isaías me esté buscando —le aviso.

—Bien —ni se gira a mirarme.

Desde la muerte de mi padre, todo había cambiado. Ya no me trataba igual y me ignoraba. Mis hermanos se fueron y cuando volvieron solo estaban pendiente del nacimiento de los gemelos. Ya no podía salir y solo trabajaba después de ir a dejar a los pequeños en el colegio. Mi vida con tan solo 12 años había cambiado para mal.

Cuando salgo, veo que mis hermanos hablan con Cristóbal. Él es nuestro nuevo padre y hay que empezar a manejar cosas.

—Adela, ven —me han visto y quieren que vaya. ¿Por qué ahora y no antes? ¿No que era pequeña? ¿No que soy mujer? —Adela —repite de nuevo mi nombre Juan ahora algo más molesto. Yo cumplo y me acerco. Eso es lo que me enseñó mamá. Una mujer debe obedecer.

—¿Sí? —pregunto cuando llego al lado de Francisco.

—Cristóbal y mamá se irán un par de días a la casa de campo que tiene él en Bilbao. Te quedarás conmigo junto Isaías. Los gemelos se irán con Laura —me cuenta Juan.

—¿Y Francisco? —al menos quería estar con Cristina, una mujer que sí me caía muy bien. Con Teresa ya nos llevamos mejor pero no es lo mismo que con la mujer de Francisco.

—Tengo que ir a Sevilla una semana y Cristina está muy embarazada como para encargarse de ti —me aclara Francisco. Yo asiento.

—Puedes irte —me habla Cristóbal. Yo lo miro con mala cara antes de irme al banco que me corresponde.

—Hola Adela —me giro y me encuentro con Alfonso. Está sentado detrás con sus padres. Él tiene tres años más pero eso parece no importarle a pesar de que todos me digan que soy una niña.

—Hola. No te había visto —le sonrío. Alfonso era muy guapo y atento. Él no es como Cristóbal ni mis hermanos, él es diferente.

—Me di cuenta. ¿De qué hablábais tus hermanos y tú? —cuestiona con curiosidad.

—No hablábamos, me informaban de hechos en los que no tengo ni voz ni voto —aprieto mis labios molesta.

—Eso cambiará algún día. Te lo prometo —pone su mano sobre la mía y yo me la quedo viendo unos segundos antes de buscar su mirada. Me sonrojo al ver esa mirada tan intensa.

—Adela. Ponte bien —Laura interrumpe nuestro momento y yo me disculpo con la mirada antes de volverme en el banco y sentarme con mi hermana, la cual ya tiene 25 años —Él no es para ti —me susurra con la cabeza bien recta y con su hija en el regazo. Me inclino un poco y a su lado veo a Javier con Mauro encima y diciéndole cosas sobre lo que está pasando. Lo felices que eran hace años y cómo lo arruinó él haciendo a Laura infeliz y amargada. Mi hermana era diferente. Él me la quitó de las manos.

La música empieza y nos tenemos que poner de pie. Mi madre entra con una sonrisa y yo aprieto la falda de mi vestido por lo bajo. ¡Qué bajo ha caído esta familia!

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⏰ Última actualización: Oct 07, 2018 ⏰

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