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25/04/1948

Escucho los gritos en la habitación de mi madre. El bebé está naciendo. Observo a Francisco caminar de un sitio a otro mientras su esposa lo intenta relajar, porque sí, Francisco se casó hace unos meses con Cristina. Después de todo ella volvió de América en busca de mi hermano y volvieron a salir, sí, habían roto en el año anterior y ella se había ido. Ese pelo castaño por debajo de los hombros se convirtió en una melena rubia por la cintura. 

Juan entra de repente por la puerta captando nuestra atención. Teresa entra con él de la mano y la pequeña Ana en el otro brazo de Teresa. No me acerco a mi hermano. Sigo enfadada con él por mentirme con el tema de Vanesa cuando le pregunté. De Vanesa, Laura me contó que se encontraba ahora en París con su marido Fernando y esperando trillizos. 

Me siento en el sofá al lado de Cristina que sujeta mi mano con una sonrisa. Balanceo mis pies e intento aislarme del ruido que se escucha en ese habitación. La ausencia de mi padre se notó las primeras semanas, conforme pasaron los días...él se quedó en un simple recuerdo. Mamá parecía verse más libre y feliz aunque Francisco me aseguraba que lo hacía por sus hijos y que ella en el fondo le seguía doliendo el abandono de su marido. Me dijo eso porque me estaba enfadando con mamá. ¿Cómo poder estar feliz habiéndote quedado viuda? 

Llantos se hicieron presente en el sonido haciendo que mis dos hermanos respiraran tranquilos y que Javier, desde el sillón mostrara una sonrisa. Mauro y Natalia no se enteraban de nada pero hasta ellos parecían haber notado la tensión liberada. 

—Gemelos —sale Laura de la habitación algo llena de sangre y con dos bebés en sus brazos. Juan me cogió en brazos a pesar de mi enfado y los tres nos acercamos. Una pena que Isaías se encontrara en este momento en casa de su amigo Joaquín. Pero al ver la cara de esos dos niños rojos, se me pasó todo el enfado posible. Esos dos de ahí eran mis hermanitos. Debía de cuidar de ellos siempre a capa y espada. Todo a pesar de ser una simple chica. 

La abuela me dijo que no podía entrar a ver a mamá porque necesitaba descansar así que me conformé con esos dos cuerpecitos rechonchos y rojos.  

  —¿Cómo se llaman? —pregunta Cristina cuando los observa en los brazos de su marido. 

—Andrés y Álvaro —susurra mi hermano sin poder apartar la mirada de ellos dos. Bienvenidos a la familia hermanitos.  

80 díasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora