CAPITULO UNDECIMO
Dicen que cerramos los ojos cuando rezamos, lloramos, soñamos y besamos, porque las mejores cosas no se ven, sino que se sienten y están en el corazón. Yo lo hacía muy seguido, ya sea para tranquilizarme y porque estaba muy tranquila y quería sentir sin poder ver, conectarme con la paz y dejarme llevar.
Habían pasado ya dos semanas enteras sin hacer absolutamente nada diferente, solo la rutina de casi todos los días, no salí en los fines de semana que habían pasado, solo estaba en casa o iba junto a Maia, ella pasaba mucho tiempo con Agustín, pero no por eso nos alejamos, yo también pase tiempo con Tomas aunque solo después del Ingles.
Esa tarde estaba en mi patio recostada por un árbol que mis padres plantaron cuando nací, así que creció conmigo, me gustaba mucho su sombra, y siempre que podía iba ahí. Pronto empezaría la universidad y luego trabajar, eso no me molestaba, lo que no quería era olvidar. Los buenos momentos, mis amigos, mis sueños. Cerré los ojos, trate de concentrarme en el sonido de las hojas moviéndose con el viento y pase los dedos atravez del largo césped que estaba sin cortar en mi patio.
Cuando abrí los ojos vi a mama en la ventana de la cocina señalando el reloj y diciendo "tarde", me levante y fui a buscar mis cosas del ingles y Salí de casa. Cuando llegue a una esquina me distraje y choque con alguien.
-¿Otra vez?
-Tomas me asustaste- le dije
-Bueno, para la próxima atende tu camino- se puso a mi costado- ¿vamos?
-¿Qué yo atienda mi camino?- le dije mientras cruzábamos la calle- no soy la única que no atiende.
- Esta bien, ya entendí- dijo sonriendo.
-Eso creí- lo mire, nuestras miradas se cruzaron por un segundo, o quizá menos, pero yo volví a mirar al frente antes de sentirme incomoda.
Caminamos un rato en silencio. Justo antes de llegar al instituto escuche que me llego un mensaje, y lo leí.
-Hola prima, estuve averiguando sobre lo que me preguntaste el domingo y te conseguí un lugar mañana a las 9:30.
-¡Qué bueno! Ahí voy a estoy, ¿puedo llevar a alguien?- le respondí.
-Si, no hay ningún problema.
-Gracias Gastón, no vemos.
-Cuando quieras Ángeles.
Por lo visto estaba sonriendo porque tomas me miraba raro, o algo así.
-¿Por qué tanta felicidad?
-Ya vas a saber -le dije aun sonriendo- mañana pasa por casa a las 9:15, puntualmente.
-¿Cómo?- me pregunto sorprendido.
-Ya escuchaste, y no me preguntes nada más.
-Pero...
-Pero nada.
-¡Ángeles!
-Nada.
-Bien- dijo resignado
-Qué fácil es callarte- dije riendo mientras seguía caminando y lo dejaba atrás.
-Sos muy rara- me dijo levantando las manos en señal de indignación, pero luego se rio y me alcanzo acelerando el paso.
La clase de ingles fue más aburrida que nunca, el profesor se había enfermado y nos quedamos con una profesora bastante amargada-seguramente solterona- que nos mando a hacer un relato sobre nuestra semana, y yo tuve que hacer dos páginas de prácticamente lo mismo, como no tenía mucho que contar lo termine antes que los demás.
-Los que ya hayan terminado el relato completen sus libros hasta la página 54- dijo la profesora.
-¿Las diez páginas?-pregunto un compañero del fondo.
-Y sin protestar- le dijo seriamente.
Completamos todas las paginas justo a tiempo para la hora de la salida, me dolían la manos de tanto escribir, solo esperaba que el profesor estuviera sano para el lunes.
-¿Qué hacemos?- me pregunto Tomas.
-No sé, depende de vos.
-Hmm- puso cara de estar pensando- ¿puedo llevarte a conocer a un amigo?
-Claro- dije encogiendo los hombros.
-Entonces vamos- sonrió y empezó a caminar.
Cuando llegamos a la casa no entramos ahí, si no que en un galpón que estaba dentro del terreno, Tomas entro sin golpear y me dijo con señas para que pasara.
-¿Jonathan?- pregunto en voz alta.
-¡Eh!- contesto alguien en el fondo- ¿Tomas?- pregunto mientras se acercaba.
-Tanto tiempo que no nos vemos amigo- dijo Tomas y se dieron unas palmaditas de saludo en la espalda.
-Pensé que te habías olvidado de mi- dijo Jonathan sonriendo.
-Por supuesto que no- dijo Tomas- ah, te presento a Ángeles.
-Mucho gusto Ángeles- me dijo saludando con la mano.
-Igualmente-le conteste.
-Y bueno, a que has venido- dijo volviéndose nuevamente hacia Tomas.
-Solo quería que Ángeles te conozca, además hace mucho que no nos veíamos.
-Que bueno- dijo- vengan les quiero mostrar algo.
Lo seguimos hasta donde había estado cuando llegamos, había cartas, botellas, pañuelos, y muchas cosas más. Parecía un lugar para jugar póker o algo parecido.
-No es lo que estas pensando- me dijo- es para hacer magia.
-Oh- dije sorprendida.
-¿Te muestro un truco?
-Si- le conteste asintiendo.
-¿Alguno de ustedes me presta el celular?
-Acá tenes el mío- dijo tomas.
-Gracias- dijo y agarro una de las botellas de la mesa- pongan atención, lo he practicado mucho y espero que salga bien.
-No rompas mi celular ni nada parecido.
-No te preocupes amigo- dijo sonriendo mientras sostenía un objeto en cada mano, puso cara de mucha concentración y golpeo ambos objetos uno contra otro.
-Pero que...
-¿Esta adentro de la botella?
-Si- dijo Jonathan con orgullo y me paso para que la sostenga.
-Increíble- dijo Tomas.
-Ahora lo sacare- agarro de nuevo a botella, la sacudió y el celular estuvo en su mano sin que nos diéramos cuenta- acá esta- y se lo paso a Tomas.
-Supongo que por esto no te vi todo este tiempo- dijo- ¿practicas estas cosas mucho tiempo?
-Bastante- contesto él.
Estuvimos un rato más en la casa de Jonathan hasta que oscureció y le pedí a Tomas que me acompañara a mi casa, por suerte no estábamos muy lejos, porque ya tenía hambre y estaba un poco cansada. Llegamos a la puerta de casa y saque mi llave para abrirla.
-Te espero mañana a la mañana puntualmente- le dije.
-Acá voy a estar- me contesto.
-Entonces nos vemos.
-Nos vemos- me dijo y me sonrió.
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