CAPITULO DUODECIMO
Cuando me desperté estaba en una posición lamentable, una pierna fuera de la cama y con los brazos extendidos, me desperté por pura casualidad a las 9:10, aunque mi alarma había sonado a las nueve en punto, me levante lo más rápido que pude y me prepare antes de que llegara Tomas.
-¡Ángeles!- grito mama- Tomas llego.
-Ahora bajo- le dije.
Baje las escaleras y el estaba ahí, con unos jean rotos y una remera de los Rolling stones, yo también me había puesto unos jeans rotos casi del mismo color, pero más ajustados que los suyos.
-¿A dónde vamos?- me pregunto.
-Y vas a ver- le dije- hoy mi mama tiene el día libre y se ofreció a llevarnos.
-Que bien- dijo él.
-¿Nos vamos ya mama?- pregunte.
-Si, vamos- agarro su cartera y salimos de la casa.
-¿Por qué no me decís a donde vamos?- me atajo Tomas en la puerta.
-En menos de 15 minutos vas a saber- le dije
-De acuerdo- dijo resignado y subimos al vehículo.
Tardamos exactamente 15 minutos en llegar al lugar, cuando Tomas se dio cuenta de todo me miro con la boca abierta.
-¿En serio Ángeles? ¿De verdad hablaste con tu primo?
-Si- le dije emocionada- y nos vamos a tirar ahora mismo dese allá arriba.
-Increíble- dijo mirando el cielo donde no había más que nubes.
-Voy a buscar a Gastón- dije- ¿venís conmigo?
-Si claro.
-Yo les espero debajo de aquel techo- dijo mama- así los podre ver.
-Dale ma, nos vemos en un rato- le dije.
Busque a Gastón con la mirada y lo vi sentado en una silla a la sombra de una avioneta, al lado de el había lo que parecían las ropas y las mochilas para saltar, lo salude y me devolvió el saludo con la mano.
-Vamos- le dije a Tomas jalándolo del brazo.
-Buenos días- dijo Gastón cuando llegamos junto a él.
-Buen día Gastón- le conteste- el es Tomas.
-Hola- dijeron los dos al mismo tiempo y se apretaron las manos.
-Bueno- dijo Gastón- ¿quieren empezar ya?
-Si- dije.
-Esta bien, pero primero tenemos que mostrarles algunas técnicas, yo me tiro contigo y mi compañero con Tomas ¿De acuerdo?
-Si- volví a decir.
Después de habernos mostrado todas las formas de seguridad para que no pasara nada de lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento, nos pusimos los trajes de protección y las mochilas. La ciudad se veía hermosa desde 1500 metros de altura, trataba de no pensar en nada y solo dejarme llevar. Mire a Tomas y parecía asustado.
-¿Estás bien?- le pregunte.
-Si, claro- dijo tratando de sonreír.
-Va a ser divertido- le dije tratando de ocultar mi nerviosismo.
-Las alturas me asustan un poco- dijo- pero voy a estar bien.
-Les va a encantar- dijo el piloto de la avioneta.
-Seguro que si- conteste.
-Creo que ya estamos a buena altura- dijo.
-¿Ya?- pregunte con tono asustado.
-Si, ya- dijo Gastón
-Bien- asentí.
-¿Quién va primero?
-Yo- dije, mire a Tomas y el asintió.
-Entonces voy a sujetarme a vos antes de abrir la puerta.
-De acuerdo- dije. Cuando abrió la puerta sentí como el viento me empujaba muy fuerte y casi no podía respirar, me ataje del borde de la puerta y mire abajo, era algo increíble, nada comparado cuando lo miras desde la ventana del avión.
-¡Cuando cuente tres!- grito Gastón-¡UNO!... ¡DOS!... ¡TRES!
Saltamos, sentía que por cada uno de mis poros entraba la adrenalina como fuego, grite con todas mis fuerzas y unos segundos después el viento me tiro para arriba y parecía estar volando, no escuche gritar a Tomas, pero si lo vi con los brazos y piernas extendidas y acercándose a nosotros, caímos cientos de metros hasta que abrimos los paracaídas y la velocidad disminuyo un poco, vi a mama cerca de la pista, parecía una hormiga, el suelo crecía y crecía bajo nuestro, grite tantas veces y tan fuerte que probablemente me quedaría sin voz. La cara pálida de Tomas había desaparecido, cuando lo vi estaba sonriendo y disfrutando de la vista, se veía absolutamente toda la pequeña ciudad en la que vivíamos. Me agarro de una mano sin que yo me diera cuenta a la apretó fuerte. Cerré los ojos y me deje llevar.
-Ángeles- grito Gastón en mi oído- vamos a aterrizar, y me vas a ayudar, ¿de acuerdo?
Yo solo asentí, aunque me dijo que lo ayude el hizo prácticamente todo el aterrizaje, que es más difícil de lo que parece, con la sensación de que te puedes caer en cualquier momento mientras corres, unos segundos después de nosotros bajaron Tomas con su acompañante, cuando paro del todo alzo los brazos y grito muy fuerte.
-¡Increíble!- dijo exasperado- nunca hice nada parecido.
- No se puede comparar- dije sonriendo, me dio un escalofrío muy fuerte y toda la adrenalina se fue.
-¿Les gusto?-pregunto el compañero de Gastón.
-Si- dije, Tomas me agarro del hombro y me abrazo de costado- probablemente la mejor sensación de toda mi vida.
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