Ya habían pasado casi dos semanas luego de lo ocurrido con Daniel; y no habían tenido ningun contacto verbal y mucho menos físico. Daniel se la pasaba todo el día con Rachel, ella no se le despegaba ni por un segundo, parecía una pulga incrustada en la piel de un pobre cachorro, y para desgracia de Helena ese cachorro era Daniel.
Era la hora de entrada, y Helena se había atrasado un poco, así que iba por los pasillos sin peinar y con libros y hojas en las manos. Ya había sonado el timbre hace unos cinco minutos, lo que indicaba que la primera hora de clases había comenzado, y Helena seguía vagando por los pasillos como una loca, al dar vuelta por una esquina se tropezó con alguien y al alzar su mirada vió que era Daniel.
- Algunas cosas nunca cambian. -Sonrió.
- Daniel, basta. -Exclamó mientras se agachaba a recoger sus cosas.
- Te ayudo. -Daniel se agachó y recogió las hojas que habían salido volando.
- Gracias. -Le sonrió.
- Me gusta verte sonriente; te ves preciosa.
-No inventes Daniel, ni siquiera me he peinado hoy y parezco una loca. -Dijo entre risas.
- Te ves hermosa, al menos para mí.
Cuando Dani terminó de pronunciar esas palabras el corazón de Helena empezó a latir de manera muy acelerada. La verdad ella quedó sorprendida, de ver todo el efecto que tenía Daniel sobre ella.
- Tu, yo, esta tarde con un par de lápidas... ¿Qué dices?.
- Hele... ¿Qué dices?. -Enarcó una ceja.
- Que me acompañes a visitar a mis padres. -Rió.
- ¿De verdad? Creí que me odiabas.
- Bueno...Dijiste que querías ser mi amigo, ¿No?.
- Sí, lo he dicho.
- Bueno, te doy el beneficio de la duda. -Sonrió.
- Paso por tí a las 5:00 pm, ¿Esta bién?.
- Está excelente. -Sonrió y ambos entraron retrasados a la clase, por lo que tuvieron que explicarle al curso lo dado la clase anterior como castigo.
El resto del día fué más calmado y lo común, Rachel convertida en la sombra de Daniel y Helena la burla de todos.
Al final de la jornada, cada uno se fué a su casa por su lado.
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Daniel llegó a su casa con una sonrisa de oreja a oreja y ese día luego de meses sin hacerlo, se duchó escuchando música Rock y cantando las letras, o más bien gritando como un pobre animalillo agonizando.
Luego de cantar y cantar, se colocó una camisa negra, que le quedaba ajustada y unos jeans oscuros.
- Mamá, saldré y no se a que hora regrese. -Le informó a su madre que se encontraba haciendo la cena para su familia.
- ¿Dónde vas, hijo?. -Dijo saliendo de la cocina amasando algo con sus manos.
- Iré con Helena. -Hizo una sonrisa triunfadora.
- Suerte, mi amor.-Le dió un beso en la frente a su hijo y lo dejó ir.
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Mientras, Helena se colocaba uno de sus vestidos para funerales, era totalmente negro, corto y ajustado a la cintura; se soltó el cabello que le caía hasta la cintura y se puso unos tacones negros, no muy altos.
Sonó la bocina de un auto.
Helena al oir el vehículo abrío instantaneamente la puerta y salió, Daniel al verla quedó deslumbrado por tal belleza; cada día se enamoraba más de ella.
Helena subió al auto.
-Hola...Te ves, preciosa. -Dijo Daniel tartamudeando.
- Gracias. - Sonrió y cerró la puerta.
- ¿Lista?. -Embosó una sonrisa.
-Sip.
- ¿Puedo saber por qué veremos a tus padres?.
-Bueno, hoy cumplen tres meses de muertos y no quería estar sola. -Susurró.
Daniel sonrió de lado y arrancó el vehículo. En el camino se la pasaron cantando y medio bailando algunas canciones de The Beatles, también platicaron muy a gusto el uno con el otro.
Al poco rato Daniel aparcó el carro frente al cementerio y ambos chicos bajaron del auto. Empezaron a buscar las lápidas, se tardaron unos cinco minutos para encontrarlas. Cuando ya estaban allí, ambos se sentaron en el pasto junto a aquellos objetos de cemento.
- Helena.. ¿Puedo saber la historia completa de lo sucedido con tus padres?.
- Claro, solo si prometes que no me vas a tener lástima.
-No lo haré. -Le dedicó una de sus hermosas sonrisas
- Bueno, mira...Fué un viernes, ese día era el torneo de Porrismo en la escuela, creo ya haberte dicho que yo era la más popular, incluso, Rachel era mi mejor amiga y mi popularidad la opacaba...En fin, cuando estaba en el coliseo de la escuela. -Hizo una pausa. -Recibí una llamada en la que me dijeron que había un ensayo sorpresa en el patio trasero de la escuela y fuí. -Apretó los ojos para contener las lágrimas. - Un tipo me metió en su camioneta y me llevó a una casa en la cual trató de violarme. -Se secó las lágrimas rápidamente. - El muy tarado me dejó sola en la sala un momento mientras buscaba un poco de soga para amarrarme, al parecer se le hacía dificil abusar de mi...Agarré el teléfono fijo y como no tuve tiempo de explicarle, solo le dije que necesitaba ayuda; y como él no sabía para que era, siguió el GPS de mi celular y llevó a mi madre..Y bueno ya te debes imaginar lo que pasó. -Comenzó a llorar. - Yo los maté.
- No, no, no. Helena, tu no los mataste; entiende, eres una victima, no eres culpable de nada. La culpa la tiene ese imbésil que trató de hacerte daño. - Se acercó a ella, la abrazó y le besó el cabello.
- ¿Sabes? Te agradezco el que hayas venido conmigo. -Sonrió a medias.
- Haría todo por tí, Helena. -Le colocó el mechón de cabello detrás de la oreja.
- Tus ojos azules...Hacen que me pierda en ellos. -Dijo mirandolo fijamente.
- Yo me pierdo en cada centímetro de tí.
- ¿Me llevas a mi casa?.
-Claro.
- Entonces... ¿amienemigos?.
- Amienemigos. -Rió.
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El amor salva vidas
Teen FictionHelena Luuxer, su historia en la que demuestra que el amor puede salvar la vida de otros. Hace un tiempo ella creyó que su vida debía terminar y que ni era valiosa, y que el amor no existía y que los chicos solo querían sexo y nada más que eso. pero...