Capítulo IX: Cargaré tu alma

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En el capítulo anterior de "En otra vida":

Alexander y Laurens tuvieron que esperar más de dos siglos para volver a estar juntos, pero lo lograron.

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(Narra Lafayette)

Era un día especial, sin más escapadas de las clases para ir a visitarlo a su oficina, o sin cerrar los baños para que nadie nos viese. Tomé una bolsa de té negro y la puse en mi mochila, un cambio de ropa, mi cepillo de dientes y un cuaderno de notas.

−¿Qué haces?−.

Giré la cabeza, vi a Mulligan comiendo alguna cosa extraña y para nada nutritiva en un envase de plástico, le encantaba ponerle salsa picante a cualquier cosa. Tartamudeé un poco al mentirle. − Oh, hmm, me quedaré con mis tíos−.

−Ajá−. Dijo no muy convencido.

La recámara olía con frecuencia a perfumes masculinos caros, casi siempre de la misma gama, pero en ese momento por mi nariz invadía un hedor como el del chile con limón. Me levanté de estar semi-arrodillado y puse la mochila tras mi espalda, apoyándola sobre mi hombro.

−Oye, Lafa, si alguna vez quieres hablar sobre algo házmelo saber, te he notado algo extraño, y tú siempre me ayudaste desde que era un niño de... los suburbios, te devolveré el favor, si es que la vida me alcanza−.

Mis ojos se humedecieron, como el hombre sentimental que soy. −Tranquilo−. Me aproximé a abrazarlo y después le dije que les avisara a los demás chicos sobre mi retiro, cada uno estaba con su pareja y no quería interrumpirlos...

"Algún día les diré"

Me fui de la escuela y seguí las indicaciones que mi amante me había enviado por la aplicación Messenger para llegar a su morada. Estuve tentado a pedir un taxi, pero ese día era especial, así que decidí recorrer a pie las calles de Nueva York...

El alma se me cayó a los pies al ver la casa/mansión de mi amante. Estaba toda rodeada de césped grueso y muy verde, sus paredes tenían grandes ventanas, en algunas secciones había arcos y techos circulares, pisos amontonados uno sobre el otro de forma armoniosa y árboles con figuras diversas.

Una reja eléctrica pintada de negro comenzó a abrirse hacia un lado y me dejó entrar. Mientras caminaba vi salir de la puerta principal a mi pareja, me sonrojé, él llevaba una camiseta tipo jacquard con figuras en ella, pantalones negros y lentes, se le veían de maravilla.

−¡Lafayette!−. Corrió hasta mí para abrazarme, me estrujó con fuerza entre sus brazos, elevándome un poco del suelo. −Mi dulce amante−. Después llenó mi rostro y cabeza de un beso tras otro, para algunos podría ser empalagoso, pero "bah", ambos escribimos poesía y cantamos en la ducha. Lo tomé del rostro y le deposité un beso tímido en los labios.

−Oye, amor, ¿Y tus sirvientes?, quiero decir que... nos verán juntos−.

−Dejé que se tomaran el fin de semana libres−. Me tomó de la mano y caminó emocionado rumbo a su pequeño palacio.

Abrió una puerta blanca y pesada para entrar, al ver su sala quedé embobado con todo, y así, me fue mostrando cada rincón de su casa. Los muebles, la piscina, el jardín, y sobre todo la cocina me encantaron, sí, la cocina, con un horno de piedra, herramientas de acero inoxidable, madera fina, decorada de tal manera que recordaba a una taza vintage de chocolate. Mientras me encontraba muy ocupado acariciando la estufa él se acercó por detrás y me abrazó por la cintura. −¿Te gusta?−. Me susurró al oído.

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⏰ Última actualización: Dec 20, 2018 ⏰

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