CAPÍTULO 5

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Llegué a la universidad después de haber pasado a un starbucks por mi café mañanero, cuando bajé de mi auto noté que estaba un poco desolada, creo que me veo muy nerd llegando puntutal, y más si es el primer día, lo único que me agradaba de todo esto era poder encontrar espacio en el estacionamiento.
Caminé hacia adentro y corrí a ver las listas, la verdad no había revisado nada -ni me interesaba hacerlo- así que no sabía mi horario, ni siquiera mi aula.

Nunca he sido la alumna estrella, aquella que saca las mejores notas, ni mucho menos aquella que es la consentida de los maestros, más bien siempre termino siendo el primer nombre de las listas negras de todo el personal estudiantil, pero eso y nada me importaba, no es ni será mi sueño estudiar, ni siquiera sé porque lo hago, tengo una buena posición económica, no tengo porque estudiar, cuando las personas que se hacen llamar mis padres mueran, me heredarán todo, así que con eso ya tendría mi vida resuelta, solo debía cuidarme de algún caza fortunas, nunca faltan.

-¡Lena! -gritaron tras de mi, mientras hincaban mis costillas.

Salté del susto, casi creo que el contenido ardiente que sostenía entre mis manos iba a caer sobre mi, creo que mi alma se desprendió de mi cuerpo, perdí color, mi aliento se evaporó, mis pupilas se dilataron, mi corazón se fraccionó un segundo, y después volví en sí. Odio jodidamente que me asusten y ella lo sabe.

-Maldita escoria inmunda -le grité a Luna, mientras giraba para ver sus perfectas y largas pestañas abanicándose hacia mi.
-Lena, jamás cambies -susurró conteniendo una carcajada.
-¿Pragmática? -le pregunté arqueando mi ceja, así decía en el horario del grupo 104, el cual era el que nos correspondía a ambas.
-Si, en el aula 122 -dijo emocionada, mientras releía sus horarios.

Vamos Lena, a empezar tu primer día de clases.

Genial, creo que compartiremos casi el noventa por ciento del horario, al menos mi estancia será menos desagradable. Ambas caminamos hacia el aula, Luna era más organizada que yo, había impreso un mapa de la escuela, con eso nos guiamos para encontrar el salón y ubicar de una buena vez algunos lugares de interés para cuando simplemente no me plazca entrar.
Al entrar al aula mis ojos la recorrieron con total descaro, de arriba a abajo, no era gran cosa lucía más bien simple, paredes blancas y bancos un tanto desgastados, la pizarra blanca al frente tenía residuos de marcador que había sido imposible de borrar, en la misma ya había algunos alumnos, asunto que no me inmutó, ni siquiera me mortifiqué en saludar o esbozar alguna una sonrisa, cosa que, a mi "animosa" amiga le pareció grosera, nos sentamos en los bancos de la esquina izquierda junto a la ventana, al fondo por su puesto, desde aquí se veía perfectamente a los deportistas practicar en el campo. Y no era que me importara observar hombres sudados, pero si pensaba distraerme con algo de las aburridas clases, al menos que fuera algo decente para la vista.
Pocos minutos después entró un maestro alto, calvo y con unos lentes de fondo de botella inmensos, vestía a cuadros y traía unos pantalones color café un tanto relavados, zapatos del año de la inquisición, y un maletín bastante desgastado.

¿No se supone que le pagan casi lo mismo que al presidente?, ¿Porqué viste así?

-Buenos días, soy el profesor Lawrence -dijo con su chillona voz lo cual se sumaba a la lista de lo motivos de porque debía odiar a este hombre, demonios no sé si lo soportaré todas las mañanas.
-Saquen su libro de pragmática. -lo saqué, fue el que Zayn me dió ayer por la tarde. "La literatura relacionada a la pragmática"

Escribió su nombre en cursiva y con gis en la pizarra verdosa a la derecha del gran pizarrón blanco y después comenzó a llenarla con escritos poco entendibles y aburridos, teorías, leyes, y bases filosóficas. Genial, mi día mejoraba cada vez más. ¿No se supone que debemos presentarnos y perder el tiempo?

Eres lo único que quiero (Niall Horan)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora