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23. Milagros a Guadalupe

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NATALIA POV

Mentiría si dijese que con María todo mejoró, que todo pasó y que me olvidé de aquella semana que me arruinó la vida, aquella rubia que me destrozó y que parecía imposible arreglarme porque caí en un pozo sin fondo.

María se tenía que ir a Nueva York después de 1 mes en Los Ángeles ya que había venido aquí para ayudar a su tía. Yo me había convertido en una asquerosa carga, comía y bebía pero apenas hablaba y ayudaba, me resumí en polvo de cenizas, cenizas de cigarrillos que me fumaba cada 20 minutos.

María se fue y me dejó con unas palabras «búscate la vida Natalia, yo no puedo ayudarte más» y no le culpo, no supe aprovechar la oportunidad de cuidarme y así estoy ahora.

Noches y noches buscando trabajo pero siempre me decían lo mismo «si no tienes casa ni coche no te queremos» y así acabe durmiendo con un triste cartón durante 1 año entero en el skate park al lado de la playa de Santa Mónica.

Vendí toda la ropa de Alba menos el pijama de gatitos para poder comprarme tabaco y fumar en silencio, el anillo no lo vendí porque nadie se fiaría de una sin techo y encima extranjera además de que no lo haría hasta un caso extremo.

Si tenía suerte conseguía algo de comida para el día o sino tenía que recurrir a la noche e ir pidiendo a otros indigentes que me conocían de sobra.

Cuando no tienes nada que perder una simple moneda te ayuda a tirar para delante aunque yo solo quería morirme por dentro.

Noté agua en la cara y me desperté bruscamente "mira la morenita a quien se habrá tirado esta noche" decían un grupo de chavales que ya conocía de sobra, se dedicaban básicamente a tocarme los ovarios aunque no les faltaba razón alguna. Cuando no tienes nada tienes que recurrir a cosas extremas para poder llevarte algo a la boca.

Me levanté con un fuerte dolor en el pecho que tenía desde hace un par de meses y me moví con mi cartón calle arriba hasta una calle de tiendas.

Me senté encima del cartón y saqué un cigarrillo para fumar, mis pulmones no me funcionaban y apenas podía hablar porque me dolían mucho, pero tampoco tengo dinero para pagar tan siquiera la entrada al Hospital, eso de atenderme sería vender un riñón al mercado negro como mínimo.

Ojalá pudiera volver en el tiempo y no coger a esa rubia que me destrozó la vida, tampoco le culpo pero sino fuese por ella y su hijo no estaría aquí muerta del asco. Muy a mi pesar fue la persona que me enamoré en los últimos 8 años de soledad quien me dejó así en cierta parte.

Levanté la vista a una cafetería y me froté los ojos para ver más nítido. Había una chica rubia que se parecía a Alba con otra chica morena hablando de forma animada.

«No puede ser» pensé para mis adentros ya que al hablar me dolía el pecho muchísimo. Esperé sentada buscando algo que la identificara y me desmostrara que era ella.

Y allí estaba, la chica rubia levantó en sus brazos un bebé y le besó la nariz. "Al.." dije con un pinchazo en mi pecho, era ella... había vuelto. Un rayo de esperanza apareció en mí que me iluminó como el final del túnel que tanto necesitaba.

Vi como se levantaban y salían de la cafetería. Me levanté torpemente y caminé hasta ella tropezando con mis propias piernas "E...y.." grité con dolor acercándome.

Las dos chicas se giraron y me acerqué a Alba cogiéndola del hombro "PERO QUE HACES" gritó la morena alejándome de ella. Busqué sus ojos esperando que me viera bajo esta capa de olor a muerto, penuria y un aspecto muy demacrado.

"Al..." Intenté decir pero un pinchazo en el pecho casi me deja desfallecida. "¿Na..Natalia?" dijo sorprendida mirándome. Le miré y asentí con una lágrima insonora bajando por mis mejillas.

Tormento // Albalia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora