Sinceridad.

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Haru estaba atónito. Rin lo había escuchado hablar con Makoto, no es como si hubiese dicho cosas que no eran pero su amigo era tan intuitivo que de seguro con aquéllas palabras ya se imaginaba ideas no tan equivocadas.

Sí, su secreto se descubrió solo.

-Yo...

No sabía ni cómo empezar, ¿qué le diría? y no sólo era eso, ¿Cómo lo tomaría?

-Lo que quieras decirme mejor hazlo que tu habitación. Las paredes oyen, sabes.

Comenzaron a caminar rumbo al cuarto, cuando entraron Haru encendió la luz y ambos se sentaron a la orilla de la cama. Las preguntas estaban al aire sin que ninguno de ellos dos se atreviera a formularlas. Pero Rin se cansó del silencio y habló.

-Vamos Haru, al grano. Ya escúpelo.

-No sé que contarte Rin.

-Te daré una idea, empieza con la verdad.

Y entonces sin más remedio, Haru comenzó con la historia. Le platico como lo había conocido, lo que había sentido en ese instante, como su corazón latía sin remedio en su presencia. Le contó de sus nuevos sentimientos pero no le pudo contar las partes personales como lo que hacían en la noche.

-Entonces, ¿cuál fue el problema que escuché?

-El problema aquí Rin, es que él me gusta. No sé que sienta por mí y que ahora se enoje por tonterías de pasar tiempo contigo. Eres mi amigo, ¿Por qué se molestaría?

Rin soltó una risita, Haruka era tan despistado que a veces le provocaba risa. Nanase lo miró extrañado.

-Haru, él está celoso que todo el día de hoy estuvieras conmigo.

-¿Por qué estaría celoso? no somos nada.

-Exacto, por eso mismo está celoso. No son nada, dime, ¿Tú no estarías celoso de que la persona que te gusta esta con alguien más que no conoces?

Haru respondió de mala gana.

-Supongo que sí

Rin solía tener ideas sabias a veces, no por nada era un buen rey. Aunque a veces cometía sus tonterías como cualquier persona.

De pronto se levantó de la cama y se fue directo a la puerta

-Bueno Haru, me tengo que ir. Ya es muy de noche y yo parto por la mañana. Que duermas bien.

Y sin más Rin se fue. Haru se quedó un poco confundido pero no quiso pensar mucho y simplemente apagó la luz y se fue a dormir.

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En la mañana siguiente Haru se levantó temprano y fue a desayunar. Observo que Makoto ya estaba ahí pero no le dirigía la mirada. Sí, lo estaba ignorando. Rin por otra parte aún no estaba en la mesa, no le puso mucha importancia a ese detalle y se fue a su lugar al lado de Makoto.

-Buenos días.-dijo pero no obtuvo respuesta.

Soltó un suspiro y se puso a desayunar su plato de caballa. Como siempre. En ese instante llegó Rin riendo con Mami, los miró curioso. El pelirrojo, Mami y él eran compañeros de juegos de chiquitos por lo tanto se le hizo normal verlos platicar animadamente. A mitad de camino se despidieron y Mami se retiró.

Rin se sentó en frente de él en la mesa.

-Perdón por la tardanza-habló- he querido saludar a Mami antes de irme.

Los reyes le respondieron que tenían problema y al final todos comenzaron a comer.

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La marcha de Rin fue tranquila, todos se despidieron de él. Incluyendo Makoto. Lo que resto del día fue tranquilo. El castaño se había ido a encerrar a su habitación y Haru pensó esperar hasta la noche para hablar tranquilo con el ojiverde.

Cuando dieron las doce, se fue directo a su habitación y toco siete veces. Tardó un poco pero Makoto le abrió la puerta.

-¿Necesitas algo?

Su voz fue tan seca y dura que le dolió el corazón de sólo escucharla.

-Si, necesito que me dejes pasar para hablar contigo.

El más alto ya le iba a cerrar la puerta en la cara otra vez pero golpeó la madera de la que estaba hecha y entro sin permisos, al diablo las palabras si era necesario gritar lo haría. Cerró la puerta de golpe y habló fuerte.

-Makoto entiéndelo, Rin es un amigo. Necesito hablar contigo ahora. Tengo algo importante qué contarte.

Makoto estaba sorprendido, jamás pensó que Haru pudiese hablar con un tono de voz tan demandante que él sin omitir sonido alguno lo dejó pasar.

Una vez dentro Haru tragó seco. Bien, había logrado llegar allí , ¿Ahora qué? pensó detenidamente las palabras que usaría para que Makoto no volviera a imaginar cosas sin sentido. Finalmente decidió comenzar con lo que sentía, era hora de ser sincero.

-Makoto yo quiero que sepas que...

Pero las palabras no fluían, estaban atoradas en su garganta, sentía que el aire le faltaba y que el agua la necesitaba.

-¿Tengo que saber qué Haruka?

Sabía que la paciencia de Makoto era mucha pero no quería echarlo a perder demorando en decir unas simples palabras.

-Yo... - y entonces, se armó de valor- Me gustas.

El castaño lo miraba sorprendido, ¿había escuchado bien? ¿No era otro de sus sueños que tenía hace días? ¿No estaba jugando con sus sentimientos verdad? porque si era así y todo era mentira entonces, su corazón se rompería en mil fragmentos. Tal como el cristal. Porque era la verdad, ansiaba como no tenia idea escuchas al pelinegro pronunciar tales palabras.

Haru bajo la mirada, por fin lo había dicho. Ahora deseaba que el castaño le correspondiera. De pronto sintió una mato tocar su mejilla suavemente. Alzo la miarada y encontró unos ojos verdes cargados de ternura, cariño, comprensión. Estaban llenos de amor.

-También me gustas Haru.

Y ambos no pudieron sentirse más felices. Por fin habían dado el paso, pero ¿Qué seguía ahora? Nanase habló.

-¿Me dejas sentarme en la cama?

-Claro.

Se acomodaron uno al lado de otro y con pena se tomaron de las manos. En ese momento se dieron cuenta de que habían estado tonteando al no decir sus sentimientos. Vaya par que eran.

Makoto decidió aclarar aún más las cosas.

-Supongo que ahora tú y yo somos novios ¿verdad?

Haru se sonrojó al pensar en aquello... "novios"... que lindo se escuchaba. Pero había un problemas.

-Claro que lo somos pero... ¿qué pensará mi madre y padre si se enteran? ¿qué pensarán los tuyos?

El más alto lo miró sorprendido. Eso no había pasado por su mente.

-Pues no lo sé pero... ahora no quiero pensar en problemas futuros, sólo quiero... conocerte más.

Haru le dedico una pequeña sonrisa, Makoto era tan lindo. A final, aceptó la oferta y se quedaron en el cuarto hasta altas horas de la noche, platicando. Durmieron juntos, porque así quisieron. Debían aprovechar el tiempo que tenían antes de que algo malo pudiese pasar y aquella felicidad se desvaneciera.

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Romeo x CinderellaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora