5.

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Viernes; 2:34 a.m.

Caímos rendidos en la cama, ella sobre mi pecho.

Acariciaba lentamente su cintura hasta que oí su suave respiración, junto con sus ojos cerrados.

Se había dormido.

Miré al techo, preguntándome por la hora.

¿Y si Zu tenía razón?

Agité mi cabeza levemente. Teniendo lo que quería: a Bea a mi lado; ¿tenía que pasar ella por mi mente?

Volví a mirar hacia abajo, comprobando que Bea no se había despertado, para intentar salir de su agarre. Estos últimos días estaba intentando dejar de fumar por ella, pero era imposible, así que alguno caía de vez en cuando. Como esa noche.

[...]

3:30 a.m.

—¿No te parece tóxico?— preguntó ella, pateando una piedra y mandandola lejos.

—¿Mi...— me callé. No era nada con Bea. —... cosa con Bea?— pregunté, aunque yo mismo sabía que solo era un polvo.

—No.— respondió, guardando sus manos en los bolsillos.

Suspiró y balbuceó un poco.

—Nuestra amistad.— sentenció, alejando rápidamente su mirada de mi.

—¿Lo nuestro?

—Sí, nuestra amistad.— repitió otra vez.

Amistad.

Me mantuve en silencio. Aprecié que sacó el familiar paquete.

—No, ¿por?— pregunté, pidiendo una calada que ella aceptó.

—Siempre pasa lo mismo. Me mandas a la mierda pero yo vuelvo.— se calló. — Para que me vuelvas a mandar al garete. ¿No te parece tóxico?— preguntó soltando el humo.

No lo había pensado.

—Bueno, tengo mis motivos.— intenté defenderme.

Nunca pensé que fuera tóxico.

—¿Bea son "tus motivos"?— hizo comillas. —Te doy consejos sobre ella, pero si no son lo que quieres escuchar me tratas como la mierda.—

—Entiéndelo, me gusta.— justifiqué.

—Ya, estoy en las mismas.— respondió, y sentí cómo mi estómago se revolvió.

Preferiría que esta vez ella me hubiera mandado a la mierda para no escuchar eso.

—Igualmente, ya paso de hablar de ella, no avanzamos nada. Y sinceramente tampoco me importa.— añadió después, mientras pasábamos por delante de tiendas cerradas.

—Vale.—

[...]

5:01 a.m.

—Tengo sueño.— murmuré, refregándome los ojos.

—Qué suerte.— fumó su último cigarro.

—Deberías dejar de fumar.— la aconsejé. Yo ya lo hice, más o menos, y ella debería.

—Debería, pero me he enganchado. Me ha pasado tantas veces que ya no duele. — se encogió de hombros.

¿Cuántos la habían machacado tanto?








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✿𝓜𝓸𝓸𝓷𝓯𝓵𝓸𝔀𝓮𝓻✿ 《✔️》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora