Megan cerró la última carta, las lágrimas no paraban de salir de su rostro. Puso las estampillas y las direcciones correspondientes para cada uno, no sin antes besar cada sobre, como si fuera una forma de despedirse.
Agarró su mochila previamente preparada y solamente le agregó las cartas antes de salir hasta el ascensor de su departamento. Una vez abajo, fue hasta su bicicleta y simplemente comenzó con el camino que tantos años había hecho en esta época del año. Sus padres no llegarían hasta mañana por la mañana, cuando ya sería demasiado tarde para poder despertarla. Pero, antes de salir de la ciudad, hizo una pequeña parada en el edificio de correos. Dejó todas las cartas y siguió su camino, sin lamentarlo.
Media hora después Megan ya estaba en la casa de campo de su familia lista para finalmente acabar con su vida. Sacó los dos frascos llenos de pastillas que había consiguió ilegalmente y respiró lentamente. Pensó en todo lo que pasó y en cómo pudo haber llegado tan lejos. ¿Sería esta la opción correcta? No, ya lo había pensado mucho y sabía que esta era la opción correcta. Sus amigas preferían a Fiona antes que a ella, su exnovio prefirió a su ex mejor amiga que a ella, Megan nunca fue la primera opción de nadie.
Ella no era atractiva, no era inteligente, no era especial, no sabía tocar ningún instrumento, no sabía dibujar ni cantar ni bailar ni actuar. No sabía hacer nada bien, sinceramente, no entendía que hacía allí evaluando sus opciones cuando no tenía otra opción. En lo único que era buena era en escribir, pero eso no era suficiente para ella.
Sin seguir pensando, agarró las pastillas y una botella de vodka del estante de su padre e ingirió ambas cosas. Se sentó en el comedor y sacó una hoja y su lápiz y comenzó a dibujar. Hizo su último horrible dibujo, después escuchó música y cantó y bailó espantosamente por última vez. Por último, escribió unas palabras del otro lado de su dibujo. Comenzó a sentirse mareada, sabiendo que su hora finalmente había llegado. Se acostó en el suelo, no quería caer y terminar con algún moretón o algo por el estilo. Entonces, se permitió llorar por última vez. Por último, sintió como sus ojos rogaban que los cierre, así que les hizo caso y se dejó llevar. Sintió como el alma le dejaba el cuerpo y sonrió, porque sabía que esto era lo que estaba esperando.
