Capítulo 3

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Grace limpiaba la luna de sus lentes con la basta de su sweater azul, no solía usarlos en público ya que creía que no le hacía ver tan agraciada, pero en ese preciso instante, sí los necesitaba. La pobre sufría de miopía y necesitaba ver a Eric llegar en el punto de encuentro que habían acordado la noche anterior. Luego, se colocó los lentes y sentada en la banca de un parque, miraba de un lado a otro, para ver si la figura paterna con la que ahora catalogaba a Eric, se acercaba. Al no ver ninguna señal por su parte, se puso de pie, abrochó la casaca que traía y caminó hacia la entrada del parque, se cruzó de brazos, se quitó las gafas y con su pie derecho golpeando la vereda, veía los autos pasar y tras ellos, las personas detenerse ante el semáforo para peatones que indicaba detenerse. De un momento a otro, Grace notó que un auto rojo, Mercedes Benz, de lunas polarizadas, bajaba la velocidad y se detuvo en plena avenida.

Se escuchó una bocina del auto que se encontraba tras el Mercedes Benz que se había detenido y Grace asustada no sabía cómo reaccionar. Acaso, esa persona ¿iba a preguntar por una calle? Y si era así, pues detenerse en ese lugar no era la mejor opción. La luna bajó, dejando ver el rostro de Clapton, este señaló el asiento del copiloto con su cabeza y de inmediato volvió a subir la luna. Grace corrió hacia la pista, abrió la puerta del auto y entró.

—¡Me asustaste! —dijo la muchacha asustada al cerrar la puerta.

—Lo siento —rio él mientras manejaba.

—Pensé que vendrías a pie.

—No, a donde vamos es un poco lejos.

—¿Poco? —lo miró preocupada.

—Tranquila, no haré nada malo —dijo con una voz calmada—. Solo iremos a Surrey.

—¿¡Surrey!? —gritó.

Eric frenó al ver la luz roja y se giró hacia ella.

—Si tienes algo que hacer, juro que regreso y te dejo de vuelta en el parque —la miró.

El músico tenía la mala manía de llevar a todas sus conquistas a lugares lejanos, casas de campo, hoteles, restaurantes, entre otros sitios para pasarla, según él, "bien", pero siempre sin consultarles. Se le había hecho una mala costumbre, ya que con todas con las que él paraba solo querían lo mismo: terminar entre las sábanas.

Pero, se le había olvidado una vez más que su nueva amiga e interés, no era de esa manera.

—Escucha —continuó hablando él—. Sé que estuvo mal no decirte ayer a dónde íbamos, pero, tampoco es que Surrey esté tan lejos... —él dejó de hablar cuando vio la mirada seria de la joven. De inmediato volvió a ver el semáforo y al notar la luz verde, solo avanzó—. Lo siento —su voz era un poco baja—, aún tengo malas manías. Con ellas nunca importaba a donde iba.

Grace lo miró y luego volvió a ver las calles.

—Tienes que cambiar eso —su tono de voz era uno serio.

—Lo sé.

—Surrey no está tan lejos lo sé, solo son veinte minutos pero, siento que debiste decírmelo. Qué seas un artista no te da derecho a que...

—Lo sé —volvió a parar el auto—, no me da derecho a hacer lo que sea sin consultar —tragó saliva y volvió a hablar—. Solo te conozco hace unos días, pero he aprendido. Eres la primera que no me quiere entre sus piernas.

—¡Eric! —le gritó.

—Hey, sé que suena feo, pero es la verdad. En estos dos días y me he sentido más libre que en los últimos veinte años.

Grace vio como los ojos de Eric estaban clavados en ella y desvió la mirada.

—Solo quería que conocieras a alguien —continuó hablando él.

My Father's Eyes «Eric Clapton»Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora