Epílogo

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El frío en los primeros días de enero para muchos es catalogado como insoportable, para Grace era todo lo contrario. En ese mes, ella cumplía años y también era el aniversario de bodas de su mejor amigo junto a su esposa que conoció cuando vivió por un periodo en Austria. Por eso último es que Grace, ahora de treinta años recién cumplidos, se encontraba en Ripley, condado de Surrey. Habían pasado diez años desde que visitó la ciudad, notó los cambios en ella, pero siempre le pareció un lugar acogedor.

Con una bolsa de regalo negra sujetada de una mano y con la otra acomodándose la bufanda que con el viento se movía sin parar, Grace caminaba por las calles de Ripley de manera apresurada, ya que no quería ser la última en llegar al desayuno sorpresa organizado por los amigos de los novios.

Para poder llegar más rápido a la nueva casa de Ed, Grace recordó que si quería pasar a visitarlo, este le había sugerido cortar camino por un parque cercano. Uno que si lo juntabas resultaba inmenso, ya que tenía una división de un carril para automóviles y ciclistas. Con ello en mente, la muchacha continuó su recorrido y mientras lo hacía, veía las casitas. Todas iguales, decoradas con adornos navideños o incluso con decorativos del nuevo año 2002. Gracias al frío, muchos preferían quedarse en casa o viajar a países caribeños, donde el invierno no arruinaba sus festividades. Por eso, el caminar mañanero en Inglaterra en las primeras semanas del mes del año, era una de las cosas preferidas de Grace, porque al no encontrar gran cantidad de personas por los parques o zonas generalmente concurridas, se hallaba más paz.

Cruzó la pista corriendo y llegó a la primera mitad del parque, que carecía de color, pero que las ramas y hojas secas le daban cierta belleza. Mientras caminaba vio que al frente, en la otra calle, una señora caminaba con su hijita de unos doce o trece años y a su mente le vino el recuerdo de su difunta madre, que murió de un paro cardíaco en el noventa y nueve. Apartó la vista y vio a otra persona, este era un hombre que iba en dirección contraria a la señora que acababa de ver y como alguien más, desapareció al entrar al parque de al lado. Grace continuó con su camino por la vereda pegada a la pista y veía la entrada de la otra mitad, por donde el anterior señor había desaparecido. Notó los troncos, lo claro que lucía por fuera, pero que por dentro, cubierto de nieve, lo hacía ver tenebroso. Volvió a concentrarse en su camino, pero la agujeta de sus botas se desató. Se agachó, dejó la bolsa de lado, lo volvió a atar, sujetó de nuevo la bolsa y se quitó los lentes, porque estaban resbalando. A veces quería cambiar la montura, pero tenían un significado especial, pues eran los mismos de 1992.

Mientras se ponía de pie y sacudía sus rodillas bien abrigadas, vio más o menos borroso como un hombre cruzaba la pista desde la otra mitad del parque, para colocarse en la misma vereda que ella y continuar con su camino. Grace pensó que era el mismo hombre de hace minutos, pero al colocarse los lentes, notó que no lo era. Se dio cuenta que en la pista había una billetera, así que supuso que era de este último. Como no habían autos, Grace corrió, la recogió y fue tras él hombre de gruesa casaca azul, pantalones holgados color crema, zapatillas deportivas y cabellos castaños cortos, que sujetaba una bolsa blanca. Al acercarse, le tocó el hombro y alzó la billetera, para que pudiera saber la razón de la interrupción.

—Disculpe, su bille...

No terminó de hablar. Ninguno dijo nada. Podrá haber pasado diez años, cada uno podrá tener su propia nueva vida, pero lo que vivieron nunca lo olvidaron, ni olvidarán.

—¿Grace?

Ella no lo podía creer. Pasó años buscándolo, llamando su atención en sus columnas de opinión en los periódicos, para que de un día a otro lo encontrara en una mañana de invierno. Pero no en una cualquiera, era la mañana del dieciséis de enero, misma fecha en la que se conocieron, pero esta vez era el año 2002.

My Father's Eyes «Eric Clapton»Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora