Capítulo 11

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Si creyeron que Grace iba a regresar con una respuesta para Eric, pues se equivocaron. Al día siguiente, que fue un miércoles, trató de concentrarse en retomar su vida normal, pero la idea de haber terminado una amistad que pudo durar, la seguía atormentando. Apenas podía concentrarse en su trabajo, pero el recuerdo de él, de su presencia, su aroma, todo, volvía a ella.

Los días siguientes, que fueron jueves y viernes, Eric la llamó, quería saber cómo estaba, pero Grace no contestó, solo escuchaba el buzón de voz. El mensaje decía que la esperaría, que estaba en todo su derecho de dudar, pero no quería que todo quedara en blanco, como si nada hubiese pasado. Eric tenía razón en pedir una conclusión a esa breve historia, la cual sacudió a ambos. En esos días Grace volvió a repasar todo, si tapó su atracción con la excusa de la búsqueda de guía paterna, o si la atracción inició al verlo tocar en el recital, o cuando fue a devolverle la billetera.
Quería saber si la excusa de ayudarlo a poder superar poco a poco la pérdida de su hijo fue real en algún momento y al mismo tiempo quería saber si aquellas historias fantasiosas de amores a primera vista, o almas gemelas eran reales.

El sábado, Eric volvió a dejar un mensaje que daba a entender que esperaba otra vez que se encontrara bien y que por favor le devolviera la llamada. Concluyendo que no la volvería a fastidiar. Grace eliminó su número ese día y junto a ello, botó el papel en el cual lo había anotado.

El domingo no dejó un mensaje, hecho que preocupó a Grace. Ese detalle la hizo comprender que sentía una incomodidad en ella, en su pecho, como si se sintiera acorralada. Quería saber de él y ese día, por más que quería llamarlo, no lo hizo. Solo se dio la tarea de ordenar sus emociones. El lunes Eric tampoco llamó. Grace miraba constantemente el teléfono, se comunicó con la operadora para pedirle el favor de obtener el número proveniente de sus últimos mensajes del buzón de voz, pero esta le dijo que era uno privado y que no podía hacer nada. Preocupada, bajó las escaleras de su casa, y sin dudarlo decidió ir a verlo al hotel. En el camino supo que extrañaba su presencia. Extrañaba escucharlo, verlo, sentirlo. Entendió por fin que le gustó. Tal vez no fue a partir de esa noche, en la que terminaron acostados uno al lado del otro. Quizá fue antes, quizá fue cuando le dijo que los lentes le quedaban bien, o cuando le dijo que era buena con las palabras. Sea el momento en el cual a ella le haya iniciado a gustar, solo entendió que de un día para otro simplemente él ya tenía un lugar en su corazón.

No tuvo tiempo de estacionarse en el parqueo cercano, así que puso las luces de precaución, se estacionó delante de un taxi frente al hotel, en plena vía pública y por poco dejaba la puerta abierta de su Chevrolet. Corrió y encontró a la misma recepcionista que le había atendido seis días atrás. Grace sin dudarlo preguntó por Eric, pero la rubia (que también la reconoció y sospechó el motivo de su regreso), respondió que el músico se había ido esa misma mañana.

Fue decepción lo primero que sintió, seguido de tristeza. Maldijo la hora en haber sido tan indecisa. Maldijo por no haber apreciado cada momento que tuvo con él. La recepcionista notó lo perdida que Grace estaba, e intentó decirle alguna palabra de ánimo, pero la joven se retiró. "Él dijo que esperaría", pensó Grace, pero lo que ella no sabía era que Eric lo hizo. Se mantuvo una semana en el hotel sin salir, solo si en caso ella cambiara de opinión y quisiera darle el veredicto final. Su estadía que vencía el treinta y uno de enero, la tuvo que postergar para dos días más. Retrasó sus viajes, sus conferencias y todo por esperarla. Perdió una oportunidad de ser feliz por su inmadurez. Solo tuvo que decirle "sí" o "no".

Pasaron los días, las semanas y los meses. Grace continuó trabajando en el pequeño McDonald's y a la vez se preparaba para una entrevista universitaria, ya que decidió concentrarse en su futuro. Periodismo fue lo que eligió.
Intentó olvidar a Clapton por un mes y medio, y supuso que no sabría de él en un buen tiempo, pues no era de escuchar su música y no se consideraba una fanática. Sin embargo, ella nunca imaginó que iban a ser ocho, las veces en las que él volvería a su vida.

My Father's Eyes «Eric Clapton»Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora