Capítulo XI

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Capítulo XI


En una habitación extraña llena de polvo

—Esperen aquí, guardianes. Voy a avisar al Señor Dragón de que llegaron.—¿Qué lugar más feo?

—Se nota que necesita una buena limpieza, Alpha.

—Seguro los dragones no vienen mucho por este lugar.

—Mario, mira esto.

—Sabes que cuando era joven toqué algunos instrumentos.

—¿No me digas que eras músico?

—Así como me ves, yo tocaba y hasta cantaba.—¡Mario, eras un rockstar!

—No es para tanto, Delta —rio Mario con timidez—, no es para tanto.Delta dio una mirada alrededor y luego dijo en voz alta:

—¿Por qué no tocas un poquito? Solo un par de notas. Anda, Mario, toca algo para mí.

—No, ¿y si ellos se enojan?

—Ni se van a enterar de lo que hagamos aquí. Este lugar es inmenso, seguro nadie nos escuchará. Anda, toca algo, Alpha.

—Está bien, si mi público lo pide... —rio de buena gana—. Será algo sencillo, ya que estoy fuera de práctica.


En un Lugar oculto donde Lilith inicia el sacrificio

—¿Si no es la madre de los demonios en persona?

—Oh, ¿acaso no son el par de súper arcángeles más poderosos del Paraíso? ¡Vaya sorpresa!

—¡Entréganos al elegido!

—Darvelion, dile a estos señores que la madre de los demonios no les entregará al mocoso, y que si se acercan o hacen un movimiento, le sacaré el corazón mucho antes de que puedan hacer algo, así que más vale que se queden quietos —exclamó Lilith con una mirada triunfante y una sonrisa burlona.

—Ya escucharon a mi ama, pueden observar pero no pueden atacarnos —se mofó Darvelion a carcajadas.

—Lilith, te lo advierto, si le tocas un pelo a ese chico, yo...

—¿Tú qué, Miguel? ¿Qué harás? Los tengo en mis manos. No puedes hacer un movimiento estúpido, sabes bien que las puertas del cielo y el Infierno se abrirán si desangro al chico. ¿Acaso quieres ser el culpable del caos?

—¡Maldita! —dijo Gabriel.

Miguel le dio una mirada cómplice a Gabriel. Este sujetó con fuerza su espada y, en cuestión de segundos, se plantó al lado del elegido para cortarle el cuello a Darvelion. La cabeza del sirviente rodó hacia los pies de Lilith, quien alcanzó a moverse hacia el lado izquierdo por un pelo; de lo contrario, la espada de Gabriel habría atravesado también su cuerpo.

Por otro lado, Miguel alzó su espada y unas luces cegadoras dejaron a más de la mitad de los demonios en el suelo, heridos de muerte.

—Esta batalla la perdiste, Lilith —dijo Gabriel con una leve sonrisa, mientras tomaba al elegido entre sus brazos.

—No lo creo, Gabriel —se escuchó responder a una voz ronca y estruendosa desde las sombras.

—Astaroth...

—El mismo. Esto recién comienza, Gabriel; deja al elegido y lucha conmigo.

—¡El que luchará contigo seré yo! —dijo Miguel.

—Miren nada más: el líder del ejército de Dios en persona —profirió Astaroth en tono sarcástico.

—Yo te enfrentaré a ti, afeminado —vociferó Paimon.

El aroma a azufre se volvió más intenso. Lilith, al ver aquel nuevo panorama, aprovechó para escabullirse entre las sombras y observar, con el fin de tomar ventaja de cualquiera de ellos más adelante.


 Y en otro lado  los guardianes.

—¿Te gusta el jazz, Viki?

—Lo he oído un par de veces.

—Escucha.

—¿Vas a tocar esa trompeta?

—Así es. Espero recordar las notas.


En un Lugar oculto un enfrentamiento estaba a punto de iniciarse.

—Paimon, si tanto deseas acabar con tu existencia, te mandaré al Infierno sin retorno; no te quedarán ganas ni deseos de volver a salir de allí.

—Se burló Paimon a carcajadas—. El arcángel Gabriel sí que tiene buen humor. Mejor así; cuando corte tus preciosas alas y beba de tu sangre sagrada, suplicarás clemencia, pero será tarde, porque nosotros, los demonios, disfrutamos al matar y ver el sufrimiento ajeno.


Y en ese mismo momento  en el templo del dragón dorado los guardianes 

—¡Ay! ¿Qué fue eso? ¡Qué horrible suena!

—Perdón, perdón, es que la trompeta está un poco desafinada. Mejor probaré con las otras —dijo Mario, mientras tomaba aire y soplaba con mucha fuerza otra vez.


Miguel y Gabriel listos para enfrentarse a los demonios


—¿Qué fue ese sonido?

—Las trompetas del Apocalipsis —susurró Miguel.

Paimon y Astaroth se quedaron inmóviles; ellos también habían reconocido ese sonido.—Es la hora. Al fin Dios ha decidido terminar con la humanidad.

—Eso no es cierto, Dios... —Miguel no pudo terminar la frase cuando volvió a sonar una segunda trompeta.

—La segunda trompeta acaba de sonar —replicó Paimon, quien estaba confundido por lo que sucedía.

—Miguel, debemos ir con... —Gabriel no pudo terminar de hablar cuando la tercera trompeta también sonó, fuerte y clara.

—La tercera trompeta del Apocalipsis, no hay duda. Dios nos está incentivando a que iniciemos la lucha; ustedes saben lo que se viene. Vámonos, Paimon, nuestro amo debe haber despertado también. Y ustedes dos, llévense al elegido y disfruten el poco tiempo que les queda de paz. Cuando los demonios se marchaban, sonó la cuarta trompeta, luego la quinta y la sexta.

—Hermano, hay que irnos, Dios se volvió loco —dijo Miguel—. Estoy seguro de que debe haber salido de las aguas del tiempo.


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