Pequeño (primera parte)

3.3K 201 14
                                        

5.- Little Space

Odia las corbatas.

Odia las cenas familiares.

Si vamos un poco más profundo, Renjun odia hacer todo aquello que este dentro del círculo de "cosas de adultos" y remueva su ansiedad e inseguridades. Un círculo que, de poder hacerlo literalmente, marcaria con crayón rojo y dibujaría una carita enojada dentro.

No exactamente todo dentro de ese círculo es malo, al menos Renjun se ha encargado de englobar solamente los aspectos desagradables de una vida con responsabilidades laborales, trajes que lo hacen sentir apretado y corbatas que lo hacen sentirse atado. No le gusta sentarse a conversar con personas aburridas e interesantes únicamente en la marca de su reloj, no le gusta ser observado y sentirse indefenso ante una oscura mirada lasciva que no sea de Papi, no le gusta que le llamen "Señor Hwang" (solo pasó una vez y fue muy extraño para él) y lo que más odia, es no ser atendido y cuidado por Papi.

Hay cosas de adultos que a Renjun le gustan, por supuesto que las hay, pero solamente si son con Papi y Renjun solamente quiere hacerlas con Papi. Le gustan los collares porque son bonitos y lo hacen verse más lindo, pero detesta las corbatas, le gusta cenar con su familia, con sus amigos, pero no con gente desconocida y aunque sabe que es necesario y debe ser un niño grande parar quien más ama en el mundo y para Jaemin, no quiere ir a conocer al nuevo esposo de su madre.

-Renjun. –Jaemin lo llama, con suficiente volumen para que el pequeño castaño escuche, sin perder detalle en su tarea de anudarle la corbata. –Mi amor, quita esa carita.

Totalmente enfurruñado, como un gatito al que han mojado, Renjun resopla y se mueve el flequillo de la frente. –No quiero ir.

-Lo sé, pero debes hacerlo. –Jaemin termina el nudo finalmente, tirando de la parte más larga hacia abajo.

Se levanta de su posición anterior sobre sus rodillas y, mirando hacia abajo, puede ver como Renjun forma un puchero considerable tierno, pidiendo clemencia. Jaemin le pica la naricita, causando que el pequeño se encoja en su sitio con un respingo.

-No funcionará.

-¡Pero Paaaaaaaapi! –Renjun patalea, todavía tratando de convencer al mayor que lo mira con media sonrisa en los labios.

-Ven. –Se sienta en el sofá individual que esta esquinado en la habitación, junto al closet y palmea su muslo izquierdo llamando al menor a sentarse, quien pronto obedece sin quitar esa carita de berrinche. -¿Recuerdas lo bueno que fuiste en Tokio? –suavemente, acaricia la mejilla de Renjun.

-Sí...

-Fuiste un niño grande, ¿no es así?

Ceñudo y con toda la intención de soltarse a llorar y fingir dolor de estomago, Renjun asiente en silencio.

-Y todas esas personas dijeron cosas maravillosas de ti ¿lo recuerdas?

-Mhm...

Jaemin lo acuna en brazos, recargado el menor sobre su peño, con las piernas sobre su regazo. –Seguro recuerdas alguna, vamos bebé, dime cuales eran.

-Dijeron que soy muy inteligente... -en voz bajita, Renjun comienza a numerar obteniendo un "mhm" como respuesta. –Y... Y que soy muy educado...

-Eso es, ¿Qué mas, mi cielo?

Sintiendo las caricias de Jaemin en su espalda, Renjun habla un poco más fuerte, más confiado. –Ellos dijeron que soy guapo, que... ¡que era encantador!

Jaemin no puede evitar reír cuando su pequeño pega un brinco, sonriendo tan radiante como lo hace y lo rodea, abrazándolo con fuerza y amor. -¿Y sabes que mas eres? –el menor niega con la cabeza. –Eres mi orgullo, Renjun. Iremos con tu madre, conocerás a su futuro esposo y cuando vuelvas, tendremos una noche de películas ¿suena bien?

-Quiero ver 101 dálmatas.

💖💖💖

La última vez que hablaron, estaban en la casa que fuera el hogar de Renjun durante diecinueve años, mientras bebían de la misma botella de té helado sentados en el pórtico porque su madre olvido las llaves dentro.

Podría tener veintiún años ya, pero para su madre, siempre seria ese chiquillo que se escondía en la alacena para asustarla al llegar del trabajo pero se quedaba dormido dentro. Renjun frecuenta mucho a su madre y se asegura de llamarla todos los días, aunque ella insista que nada sucederá si no lo hace. Recuerda cuando llevo por primera vez a Jaemin para conocerse y su madre quedó encantada con sus modales, su sonrisa y ese efecto peculiar en el. Sentía que le llovería levadura del cielo y se inflaba orgulloso al escuchar a su madre decirle que Jaemin era un buen hombre y definitivamente, quedaba tranquila de que cuidara de su único hijo.

A partir de ahí las visitas se hicieron constantes y aunque su madre no podía saber todo de su relación y Renjun era muy cuidadoso de llamar a Papi por su nombre, Jaemin lo hacía siempre todo más fácil. Cuando su madre le dijo que se casaría de nuevo, Renjun no pudo ser más feliz por ella por supuesto, se postulo como Ayudante Oficial para los preparativos, pero no contaba con que su amada madre organiza una cena que incluye a toda la familia del susodicho en la que, por supuesto, el Ayudante Oficial debe ser partícipe.

-Si sigues moviéndote así vas a hacerle un hoyo al asiento.

Renjun suspira, nervioso, y hace caso omiso a la broma de Jaemin a su lado.

-Siento que voy a vomitar.

Jaemin hace una fingida y exagerada mueca de asco. -¡No quiero ver todos los ositos de goma digeridos! –y logra su cometido, haciendo reír a Renjun.

-¡NO debiste dármelos entonces, Papi!

-Ah, pero fue inevitable no parar a comprarlos. –Jaemin suspira. –Me hiciste los ojitos de cachorro, no puedo decirle que no a esos ojitos, príncipe. –antes de que lo intente, Jaemin pone una barrera entre ambos formada de su dedo índice. –No, no lo intentes.

El pequeño castaño se hunde en su asiento, de brazos cruzados. –Malo Papi.

Cuando finalmente llegan a la casa, Jaemin se asegura de estacionar correctamente antes de abrir la puerta y bajar, para poder abrir la de Renjun quien lo recibe con los brazos estirados, esperando ser cargado. Jaemin no puede negarse y lo toma, tomándose ambos un momento antes de entrar.

-Estaré contigo, ¿de acuerdo? –Renjun asiente. –Lo harás muy bien, mi amor.

El mayor se asegura de bajar a su pequeño con cuidado, acomoda su bonito traje gris y le besa los labios lenta y cariñosamente, tratando de transmitir todo lo que su corazón siente. Renjun está hecho un manojo de nervios y siente su boquita temblando contra sus labios, por lo que se asegura de sujetarlo de la espalda baja y acercarlo a su cuerpo.

Jaemin lo sabe. Sabe perfectamente que su madre es capaz de separarse y cancelar la boda si su prometido no es del agrado total de su hijo, si hay algún roce o si alguien de la familia lo trata mínimamente mal, porque, al final de todo, Renjun siempre será su prioridad. Sabe que su pequeño se deshace de angustia porque odia conocer nuevas personas que pueden juzgarlo y señalarlo, porque debe dar una excelente impresión y hacer sentir orgullosa a su madre y, aunque todos los días se asegura de besar y amar esas fisuras, Renjun no está totalmente reparado. Por ello, está y estará ahí a su lado, recordándole lo valioso y amado que es.

Jaemin se separa apenas lo suficiente para poder articular una palabra, tocando con sus dedos la mejilla del menor.

-Andando. 



💖💖💖




Dejaré esto por aquí y me iré lentamente💞
Mañana la continuación uwu
Gracias por leer ❤❤❤❤

Daddy's Little Boy Donde viven las historias. Descúbrelo ahora