Problemas En Oscorp

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Spider-Man: Voy a tomar un atajo... —murmuré entre dientes, sintiendo la presión en la pierna herida.

La telaraña improvisada que había usado para sellar la herida seguía firme, pero el dolor latía con cada movimiento. Abajo, el caos reinaba: patrullas bloqueaban las calles, helicópteros zumbaban sobre los techos y una voz distorsionada por megáfonos ordenaba evacuar todo el sur de la calle 54.

Desde esta altura, Nueva York parecía al borde del colapso. Las luces de emergencia teñían las avenidas de rojo y azul, como si la ciudad estuviera sangrando.

El viento nocturno me golpeó con fuerza. Frío, cortante. Pero no me detuvo.

Disparé dos líneas de telaraña hacia una estructura lateral de la torre Oscorp

Disparé dos líneas de telaraña hacia una estructura lateral de la torre Oscorp

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Y me impulsé con todo lo que me quedaba. La tensión me recorrió el cuerpo, especialmente en la pierna, que gritó de dolor. No importaba.

El aire me cortó la cara. Subí en una parábola perfecta. Un latido. Un segundo. Un salto de fe.

Y entonces...

 lo vi.

Allí estaba... él.

El Lagarto.

Su silueta monstruosa se recortaba contra las luces verdes y pulsantes del dispositivo Ganali, que ya comenzaba a activarse, vibrando con una energía que no comprendía del todo... pero que olía a catástrofe.

Tengo que detenerlo. No hay tiempo para pensar, para analizar, para tener miedo.
Solo actuar.

Máquina: Iniciando aparato Gánali. Detonación en T menos dos minutos.

Un pitido agudo acompañó la cuenta regresiva. Luces verdes comenzaron a encenderse en secuencia, mientras el aire alrededor del dispositivo vibraba con una energía inquietante. La antena empezó a extenderse hacia el cielo como una lanza, lista para liberar la toxina.

Spider-Man: ¡Ay no...! —murmuré, jadeando, mientras veía cómo el Lagarto manipulaba la consola con sus enormes garras. Estaba ocurriendo. De verdad iba a hacerlo.

La ciudad entera... todos... iban a terminar como él. Monstruos.

Spider-Man: Tengo que moverme rápido...

Sin pensarlo, lancé una telaraña hacia la antena gigante de la torre y me impulsé con toda la fuerza que me permitía la pierna herida. El dolor fue insoportable, pero lo ignoré. En pleno vuelo, levanté la pierna buena y le lancé una patada directa al Lagarto, que no me había visto venir.

Spider-Man: ¡No dejaré que lo hagas!

Spider-Man: ¡No dejaré que lo hagas!

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