Capitulo XXIII: Condecorados

8 3 0
                                    

Mis ojos se abrieron y la melancolía me superó. Me habían conseguido una habitación de hospital, en el mismo hospital que estaba Siux. Un lugar solo para mí. Jota había ordenado hacer una ceremonia esa noche, para agradecer por sus cuidados, para conmemorar a los caídos, y premiar a los sobrevivientes. Entre ellos, yo. Y a decir verdad en ese momento de mí vida sentía  no debía ser premiado. Sentía que tanta gente había sido asesinada por mí culpa, tantos nombres, tantas familias arruinadas, y entre ellas estaba la mía. Mí padre me dolió, mí madre me dolió, mí hermano me dolió. Huérfano en un mundo desconocido para mí. Mis fuerzas para seguir disminuían con el tiempo, y mí motivación se dispersaba. La gran explosión había acabado con todo lo conocido para mí, con todo lo que significaba amor y felicidad. A partir de ese día solo conocí el dolor y la muerte, o eso crei en ese momento.
Me levanté de mí cama de hospital muy lentamente, mis brazos ya no dolían, mis heridas físicas sanaban. Tenía un desayuno sobre la mesa que estaba al lado de mí cama, pero estaba bastante frío. Había un reloj al lado de el que marcaban las 2 de la tarde. Aún tenía varias horas para ponerme al tanto de todo, y prepararme.
Vi hacía un costado, y sobre la silla observé algunas ropas limpias. Una camisa blanca, un pantalón oscuro, y unos zapatos negros. Me los coloque con cuidado, y decidí salir hasta el pasillo. Estaba completamente desolado, a excepción de un enfermero que pasaba por allí.
-¿Como paso la noche?- Dijo, venía caminando hacia mí, con un cuaderno en su mano. Tenía un ambo puesto, algo sucio en verdad. Era joven, quizá no tenía más de 40 años. Le sonreí y dije
- Mejor de lo que creí, no pude probar el desayuno, lo siento, buscaré algo para comer
-Esta bien, mandaré a que avisen al chef así le traen algo caliente, ¿Necesita algo más?
Dude por unos instantes, había algo que quería hacer, pero no sabía si debía.
-¿No sabes dónde puedo conseguir una máquina para cortar Cabello?
Insinue, esperando una negativa.
El enfermero vasilo unos instantes, pero comenzó a caminar por la dirección en la que iba.
-Creo que vi una en la sala de cirujía de este piso.
Lo seguí hasta allí, y efectivamente, ahí estaba. Luego de una amable charla, siguió con su rutina, y aviso para que me trajeran el almuerzo, mientras tanto me dirigí a mí habitación. Fui hasta el baño, y una vez allí, quite mí camisa, dejando mí torso desnudo. Mí barba había crecido mucho este tiempo, mis cabellos también. Ya se volvían algo molesto. Puse la numeración de la máquina en 1 y comencé a pasarla por mí rostro y mí cabeza. Luego de unos minutos, el pelo fue totalmente removido de mí. Lave mí rostro y mí cabeza, y observé una vez más a través del espejo.
Aquel niño que hacía dos meses pensaba solo en exámenes, hoy era un asesino. Porque eso es lo que me consideraba, un asesino. Dos meses. Ese día en el calendario era 11 de junio. Y la memoria de esa mañana me atormentaba cada día de mí vida.
-Ya no podré decirte Barbas.
Una voz al otro lado de la habitación hizo que mí piel se erizada. Me quedé congelado en mí lugar, apoye las manos en el lavabo en el que estaba y dije
-La última vez que te vi, volabas por los aires en Brasil, y tenias un gran golpe en tu cabeza.
Me di vuelta y allí estaba. Su cabello oscuro con rulos, y sus ojos, su boca, su nariz, allí estaba aquel rostro que tanto extrañaba. Lentamente me acerque, pero al final los dos sabíamos que haríamos. Ese beso fue lo que más necesitaba.
-No sabes lo que te he extrañado, Joanna.
Ella sonrió, tocó lentamente mis brazos, y me miró a los ojos.
-Todos en estas calles hablan de tus hazañas, de como corriste a través de los bosques en una moto contra 4 naves Lumis. Y yo recuerdo como aquella tarde pudiste con 6 de ellos. No pensé que volvería a verte jamás.
Fuimos hacia la cama de la habitación, nos sentamos, y nos quedamos allí tomados de la mano. Ella paso su mano por mí corta cabellera, y la analizó profundamente.
-Necesitabas un cambio.
Asentí en silencio, solo me quedé allí, observándola.
-Tenemos mucho de que hablar, tengo tantas preguntas que hacerte, Tomás.
Y mientras ella hablaba, el enfermero que me había dado la máquina, entro junto a un mozo, que me traían algo de alimento.
-Aqui tiene señor. Lo siento, no sabía que tendría compañía, traeré más si es necesario.
Negué con la cabeza, y me levanté de donde estaba. Me dirigí hacia el baño, tome la máquina y se la devolví.
-Veo que ha funcionado- Dijo el enfermero mirando de re ojo el cambio que había hecho- El presidente comento que usted quería ver a un niño, anotado como Hércules. Tengo que informarle que está aquí, en la sala de cuidados infantiles. Unas enfermeras lo cuidan. Si quiere tiene permiso de pasar luego a verlo.
Asentí con mucha calma, y solté un gracias susurrando. Todo se acomodaba a mí nueva vida. Y mí calma repentina era mí mejor medicina.
-Si quieres te acompaño luego Tomás, en verdad estuve ayer con Hércules, pero ese niño si que se lo extraña.
El enfermero asintió, y junto con el mozo, se retiraron de la habitación.
Nos quedamos hablando con Joanna. Ella me contó que la brigada fantasma había llegado a un acuerdo con doble, al que jota accedió, en el cual los declaraba como un ente privado, el cual se hacía cargo del ejército, la salud, la construcción y reparación, y la tecnología, aunque todo debía pasar por la aprobación de jota y el consejo de los Mayores. Marie y Ted estaban en la salud, Johnny se encargaba de la reparación y construcción de propiedades. A él le habían encargado la construcción de un muro que rodearán la ciudad. El tiempo estimado era de 3 semanas, y ya habían puesto primera marcha. Bebí, quien había firmado como presidente de la brigada, se encargaba de los avances y los encargos tecnológicos, así también como el armamento y las defensas. Joanna estaba encargada de la milicia, el reclutamiento y la formación, y luego a ella se iba a unir Jack. Todo cada vez tomaba más forma.
Luego de escucharla, y que ella me escuchará sobre mis aventuras, decidimos dejar la habitación para ir al sector infantil.
-El era lo único que me hacía pensar en ti- Dijo Joanna refiriéndose a Hércules, mientras caminábamos por los pasillos blancos de aquel hospital- Siempre recuerdo aquella mañana en la que los vimos en el puerto. Ahora está más grande, ya comienza a aprender a caminar y dice algunas palabras. Las enfermeras lo cuidan muy bien, hay una, llamada Mayh, la cual lo ha adoptado. Ella pasa sus 24hs junto a el. Yo estuve la última semana yendo dos veces por días a verlo. Lo alimento, lo acuno, le hablo. Pedí que revisaran en tus pertenencias para ver si había una foto tuya, pero no encontré nada. Quería que él no te olvidará
Asentí en silencio, mientras más nos acercábamos. En verdad quería ver a Hércules, fue lo primero que vi cuando todo comenzó. Fue quien apareció en mis sueños, fue quien me dio fuerzas desde el principio.
Bajamos dos pisos por escalera, algo largo en verdad. El hospital era muy grande, y mí habitación estaba muy arriba. Faltando algunos metros, comenzamos a oír unos llantos, provenientes de una habitación cercana. Nos acercamos a ver qué pasaba, y en el medio de aquella habitación había una enfermera, parada, con un niño en sus brazos.
-No se que sucede Joan, desde anoche que no deja de llorar. Sus signos están bien, ya comió, durmió, e hizo sus necesidades. No sé qué hacer
Joanna miró algo confusa la situación, y se acercó estirando los brazos.
-Tranquila Mayh, seguro es porque le están saliendo los dientes, no debe ser nada grave
Una sonrisa apareció en mí rostro justo después de que Joanna tomara a Hércules en sus brazos. Mayh me miró y dijo
-Asi que tú eres el famoso Tomás Protor. Todo el mundo habla de ti por aquí.
Algo halagado me sonroje, y estire mí mano en forma de saludo. Hércules no paraba de llorar, y Joanna ya se ponía incómoda.
-Me dejas tomarlo- Dije estirando mis brazos, había esperado este momento por dias. Y ahora que no tenía a nadie, Hércules era lo más cercano a una familia para mí. Joanna accedió, y estiró el bebé hacia mí. Estaba envuelto en un manto blanco. Tenía un body color celeste, y un gorro que combinaba. Su rostro estaba algo colorado por el llanto. Lo tome, y comencé a acurrucar. El se movió en mí, se acomodó, y lentamente cesó su llanto.
-Se valiente pequeño, que esto recién empieza.
Susurré mientras el se dormía en mis brazos. La enfermera no podía creerlo, y Joanna sonreía en forma de admiración.
-¿que es lo que le has dicho?
Dijo Mayh mientras acomodaba sus ropas, y se dirigía a un escritorio a un costado de la habitación.
-No es nada, fueron las primeras palabras que dije cuando lo rescate, y nos arriesgamos. ¿Crees que pueda salir a caminar con el?
-Si, pero que esté aquí en 2 horas. Tiene horarios estrictos para comer, y si se desordena causará problemas. Allí en la esquina hay un cochecito para que sea más cómodo.
Asentí y le hice un ademan a Joanna para que me ayudara a colocarlo. Estaba profundamente dormido, y se veía.
Lentamente, tome el coche, y comenzamos a caminar hacia afuera.
- Mi tío está aquí a pocas cuadras entrenando con el nuevo régimen de soldados, quizá podríamos ir a saludarlo.
Asentí, y salimos por la puerta principal del hospital. El sol brillaba arriba, y los problemas quedaban atrás.

¿Hay Mañana?// INCOMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora