Yo solía jugar a Grand Theft Auto. Era mi vicio. Jugaba casi a diario y por horas. Un día, como cualquier otro, estaba jugando al GTA S.A.. Realmente, no había nada especial. Como de costumbre, me encontraba haciendo caos —como cualquier otro jugador—. Sin embargo, accidentalmente, terminé en un territorio de los ballas.
Como era lo usual, me iban a intentar matar. No obstante, en vez de portar pistolas y metralletas, llevaban cuchillos, hachas y machetes. Se dirigían hacía mí. Yo disparé. Aunque no les debería haber sacado más que una ínfima porción de vida, cayeron muertos al suelo.
En ese momento, a mi lado, sin darme tiempo de reaccionar, un auto estalló matando a mi personaje, que voló por la explosión. Reaparecí en casa de los ballas, y, como era normal, uno de estos vino por mí. A pesar de que nos golpeábamos mutuamente, ninguno le sacaba vida al otro. Más que extraño, me pareció aburrido. Así que decidí apagar la consola y, como ya era tarde para continuar jugando, me acosté.
A lo que a mi parecer fue un instante, abrí mis ojos para notar que habían pasado horas desde que apagué mi consola. Rascando mis cabellos, me determiné a seguir durmiendo. Sin embargo, no podía continuar descansando, ya había dormido lo suficiente.
Escuché un sonido en el comedor. No podían ser mis padres, pues era muy tarde, y ellos tenían trabajo al día siguiente. Algo extrañado, fui a revisar. Un hombre vistiendo ropas blancas y moradas y una máscara de hockey se hallaba allí.
Ante mi presencia, simplemente alzó su cuchillo y se dirigió a atacarme. Yo no comprendía qué estaba sucediendo. Solamente comencé a correr lo más rápido que pude y únicamente no me atrapó porque, al correr, accidentalmente derramé un balde con gasolina. Él se detuvo y encendió aquel líquido provocando que toda la casa se quemara junto a él.
—¿Esa es toda su descripción? —Me preguntó el oficial de policía
—Sí.
—Te diré algo; hace no mucho realmente, a finales de 2004, poco después del estreno del GTA San Andreas, un criminal hacía varios desastres, quemaba casas y mataba gente. Era caótico. ¿Qué tiene que ver con todo esto? Pues verás. El tipo era fanático de los juegos GTA y se vestía como los ballas y con una mascara de hockey para que no lo reconocieran. Hasta que, un día, tratando de atrapar a una mujer, cayó de espalda a un barranco. Se dice que, desde entonces, su fantasma aparece en casas de todos los que posean un GTA San Andreas.
Luego de esto, me mudé de casa y quemé ese juego.
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