Recordé que había estado jugando Super Mario 64 y había estado estirando la cara de Mario del menú durante horas. Me acordé, además, de que aún tenía mi vieja Nintendo 64. Como no tenía el Super Mario 64, me dirigí a mi computador y lo busqué en Amazon. Encontré un cartucho a cinco dólares en buen estado y en su caja, no dudé y lo compré.
Tras dos semanas de haber esperado, llegó. Por el agotamiento debido a las clases, prendí mi Nintendo y empecé una nueva partida. En el contador, había ciento veinte estrellas: el juego debía de haber sido pasado. En el menú, sin embargo, no había ninguna: el cartucho debía de ser de segunda mano.
Jugué con tranquilidad, me dirigí al cuarto de las bob-bombas. La misión era «Sal de aquí». El personaje obtuvo la apariencia de Luigi: debía de ser un fallo de texturas o de programación. Aunque estuve buscando enemigos, no había ninguno más que Chomp Cadenas. Me dejé matar, Mario apareció en su boca y su cabeza explotó.
Cuando estuve por salir del mundo, se cortó la luz. Pero el juego siguió funcionando. Apareció Mario y dijo: «Presiona Inicio para jugar». Cuando hubo terminado de decir la frase, salió la escena final del juego.
Apagué la consola y devolví el juego.
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