Capítulo Cuatro

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Agarró con firmeza las carpetas y el computador para así al subir las escaleras aquellos objetos no se cayeran

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Agarró con firmeza las carpetas y el computador para así al subir las escaleras aquellos objetos no se cayeran. Su otra mano se introdujo en el bolsillo de su pantalón con el fin de sacar su teléfono.

— Rayos... —soltó al darse cuenta de la hora que marcaba su pequeño aparato— nueve con cincuenta y tres minutos.

Otra vez metió su palma en el bolsillo y después la condujo para arreglar sus mechones desordenados.

Al llegar al piso seis y después a la puerta de la sala de reuniones, lentamente agarró la manilla de metal y antes de abrir el objeto de madera oscura, respiró profundamente.

— Todo va a salir bien... —se dijo a sí mismo— sólo tienes que disculparte por esta pequeña falta y nuca más volver a cometerla.

Decidido movió el picaporte y abrió la puerta de madera negra. Sólo con abrirla un poco se escucharon las voces de sus colegas.

Sí, los presentes estaban discutiendo sobre la obra que esta en proseso, el proyecto de la familia Grayson.

Al entrar, un silencio se presentó, y sí, esa incómoda situación la había provocado con su llegada.

— ¡Oh! ¡si el arquitecto Jones por fin a llegado!

Al escuchar la voz burlesca y chillona de la mujer, suspiro disimuladamente y cerró el objeto. Vio el extremo izquierdo de la mesa de reuniones dónde la rubia se encontraba.

— Le prometo que esto no volverá a suceder, señorita Alisson.

La mujer soltó una carcajada, movió la pequeña cuchara que se encontraba en su tasa y después de beber del líquido se decidió a ver al recién llegado.

— Eso espero, ya que sino, la puerta está ahí, y vaya que es muy amplia.

Pues claro, aquel comentario le provocó un escalofrío, ya que, sabía claramente a lo que se refería esa mujer, porque al ser su jefa y una de las cabezas de esta empresa, tiene el derecho de despedirlo en cualquier momento.

Su mirada esta vez se desvío con el fin de evitar la maldita vergüenza que le había provocado esa rubia, sin embargo, esa desagradable emoción se desvaneció con sólo ver a la persona que se encontraba sentado al otro extremo del objeto rectangular.

— Disculpe a mi hermana —habló el hombre— siempre dice comentarios innecesarios.

Trago saliva. ¿Cómo puede ser el extraño de anoche? aquel con el cual paso una velada sexual... ¡Imposible!

— Oh, ¿aún no se conocían? —dijo uno de los integrantes con el fin de hacer olvidar las palabras de la de ojos turquesa—.

— El señor Dorian se encontraba en el extranjero cuando Nathan se integro a la empresa —comentó Andrea—.

— Es verdad... —respondió Dorian levantándose del asiento con el fin de dirigirse a saludar al recién llegado— Había escuchado sobre usted, y por lo que tengo entendido, gracias a su ayuda la empresa consiguió un premio de diseño este año. Es un gusto conocerlo, Nathan Jones.

Esa mano. Esa tan exquisita y a la vez tan cálida que sintió anteriormente en su... ¡No! ¡no puede tener aquellos pensamientos!

Correspondió aquel apretón y expresó: — Igualmente, Director Danforth.

«Él actúa como si no me conociera... Bueno no puedo negarlo, sería vergonzoso decir ¡Hey contigo me acosté hace unas horas!» se dijo a sí mismo en sus pensamiento para luego sacudir su cabeza mentalmente.

Sí, está claro que Dorian no quiere dar indicios de lo sucedido hace horas porque eso los puede afectar laboralmente y mucho más la imagen pública que posee.

«Es verdad no podemos expresar sobre nuestra noche, y mucho más cuando él es el jefe de dónde trabajo».

— ¿Podemos comenzar? —preguntó Alisson irritada mostrando su celular con la hora—.

La rubia no podía discutir ni expresar su enojo a Nathan, porque sí, es todo por culpa de la presencia de Dorian.

Oh, como le molestaba.

Nathan de inmediato se dirigió a su puesto para ordenar los documentos y encender su computador, mientras que los demás comenzaban a hablar sobre el tema.

— Te tardaste mucho —susurró su amiga acercándose a él— incluso pensé que te había pasado algo porque tú nunca llegas tarde.

— Tráfico... —contestó mientras escribía en el teclado—.

— ¿En serio? ¿o no será que se te fue la hora con esa persona? Esa con la que me abandonaste en el club ¿eh~?

Vio a Andrea con un signo de interrogación.

¿Acaso no se había marchado del lugar? y... ¿no reconoció a Dorian?

— Voy a tocador por unos minutos y después cuando vuelvo, te desapareces con un hombre. Eres cruel, Nathan, me dejaste tirada como un trapo viejo, a mí, tu amiga de la infancia —dijo con un tono de tristeza y diciendo cosas falsas con el fin de sonar más triste—.

¡Pero que injusta acusación! él nunca imagino que esa pelirroja fue al baño, sino todo lo contrario, ¡pensó que se había marchado del lugar!

Antes de contestar a las palabras de su amiga, algo lo incómodo, sentía una mirada penetrante en él. Observó disimuladamente con el propósito de encontrar al dueño de esos ojos, y sí, no es más ni menos que aquel de cabello oscuro y ojos oliva, el hombre con el cual se había acostado y ahora se enteró que es el dueño de la mayor empresa de arquitectos de la ciudad.

Sus ojos se movieron otra vez para enfocarse en la carpeta de presentación, y al encontrarla, rapidamente se levantó de la silla y camino hasta un proyector: — Ahora les daré a conocer sobre la obra... —expresó proyectando las diapositivas—.

Sentía pura incomodidad cuando comenzó y mucho más cuando se encontraba a la vista aquellos olivas que lo perseguían con cada acción que hacía.

Pero... ¿por qué se siente así? será porque su jefe es aquel desconocido con quien la paso bien anoche o, ¿por qué aquel vio esa fachada lasciva la cual nadie pensaría que posee a simple vista?

Oh, ¡qué vergüenza le puede sentir en estos instantes!

Oh, ¡qué vergüenza le puede sentir en estos instantes!

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Actualizado 27/11/23

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