Capítulo 9

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Claire podía sentir los nervios a flor de piel. Hasta entonces no había podido ver el rostro de Valeria en todo su esplendor, pues, en todas sus reuniones Valeria se había mostrado alejada y, aparte de eso, siempre elegía lugares oscuros.

Quería ver a la mujer en la que se había transformado. A sus veintiún años Valeria parecía tan joven como alguien de dieciséis, pero gracias a lo que había vivido últimamente se había transformado.

Sí era cierto que Valeria había cambiado demasiado en el corto periodo de tiempo que Claire llevaba en la ciudad, por eso físicamente también se debía de haber transformado completamente.

Ya habían pasado las dos semanas desde que aquel gordo policía le había entregado el papel con la dirección escrita. No podía evitar sentir miedo, pues, el lugar al que Valeria la había citado estaba dentro del bosque en el que había oído los disparos semanas atrás.

Ese día había sido muy confuso.

Había soñado con Valeria y con su abuela, ambas hablaban, hasta que Claire cayó dormida por causas que ella desconocía. Había podido comprobar que era un sueño gracias a su abuela. La amable mujer le había explicado detalladamente lo que Claire había hecho nada más llegar a su casa.

La anciana vio como Claire entraba con cara de horror a la casa, por razones que ella misma decidió no explicar. Su abuela le dio una pastilla para dormir, para que se calmara; y eso había sido todo.

Se ciñó su chaqueta marrón de cuero y se colocó unos guantes negros y una bufanda del mismo color. El invierno se acercaba y en aquel lugar cada vez hacía más y más frío. Era solo cuestión de días a que comenzaran a caer los primeros copos de nieve.

Caminó por la acera de la casa de su abuela, hasta que llegó a su vehículo. Dentro, tal y como lo había dejado minutos atrás, había una taza de café humeante y un trozo de papel sobre el asiento del copiloto. Subió al asiento y, echándole un vistazo a la nota por última vez, encendió el motor y aceleró.

Mientras manejaba podía sentir un extraño malestar en el estómago. Ante sus ojos pasaban imágenes de su infancia con Valeria, sus antiguas amigas, su madre; todas las cosas y personas con las que había compartido su tiempo. Era extraño, pero, comenzaba a extrañar todo aquello. Sin saber por qué, llamó a su madre. Le dijo unas cuantas cosas, entre ellas le dijo que volvería en alrededor de una semana. Se despidió de ella con un gran te quiero. Ahora más que nunca la quería y extrañaba.

El auto serpenteaba por la carretera del lugar. La niebla distorsionaba la visión de la carretera ante sus ojos, también la de los árboles a sus laterales.

Los bosques de pino se extendían kilómetros y kilómetros. Algunas historias que su madre solía contarle mientras acampaban decían que una vez un hombre, luego de asesinar a su familia, desapareció sin dejar rastro en aquel lugar, y que lo único que encontraron después había sido su cadáver carbonizado. Claire sabía que todo aquello era mentira, todo historias que tenían los adultos para aterrorizar a los chiquillos. Pero, aún así, no logró evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo.

Ya estaba más cerca de la puerta de entrada al gran bosque. Lugar en el que se reuniría en una vieja casucha con su prima Valeria.

El auto comenzó a vibrar cuando se encontró con el sendero de tierra que era la entrada al parque. El aire esa tarde parecía sobrecargado y viciado, incluso más que los otros días; el cielo estaba lleno de cuervos que revoloteaban, chocando sus negras alas con las ramas de los árboles.

Las ramas de los pinos se movían salvajemente, golpeando contra los árboles colindantes.

Claire sabía que la casa estaría a mucha profundidad dentro del bosque, incluso más allá del lago.

ValeriaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora