Capitulo 4

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-¡No! ¡No porqué a mí!-gritó la que al parecer se llamaba Elizabeth

Elizabeth tambien tenía cerca de 16 años y tenia los cabellos casí de color naranja y unos ojos negros.

-Que mala suerte la nuestra-dijo Marian lamentandose

-¿Cuál es la diferencia de ser un juguete de nobles ó uno del Rey?-preguntó Krimhild sin entender

-¿Acaso no lo sábes?-preguntó sarcasticamente Elizabeth- Tendrá el derecho de matarnos si así lo quiere

¿matarnos? No quiero morir

-Ya salgan de ahí-dijo la señora aún en la puerta- Vamos a llevarlas al palacio

...

Al llegar a su destino, las tres mujeres destinadas a ser juguetes se quedarón asombradas al ver la hermosura del palacio.

La grandeza de los jardines y de los edificios era increíble. Habían rosas blancas plantadas en todos los jardines.

Pensar que todo esto simplemente es la parte más falsa del imperio-pensó Krimhild

-Siganme porfavor-dijo al parecer una de las empleadas

Las tres la siguierón hasta llegar a una de las tantas puertas, pintada de blanco. Al abrir la puerta pudierón ver una habitación grande con tres camas, un par de muebles y una gran ventana.

-Aquí se quedarán hasta que las llamen-dijo la empleada- Hasta luego- se despidió y se fué

-No importa qué tán bonito sea está habitación-dijo Elizabeth- Iguál moriremos

-No seas pésimista-le regañó Marian

-Pareces tan tranquila-dijó Krimhild

-Es cierto-dijó Elizabeth- ¿No temes por tu vida?

-Yo no estoy tranquila-dijo Marian mientras bajaba la cabeza- Estoy aterrada...¿pero de qué me servira estar así?-continuó ella- No me ayudará en nada llorar

-Tal vez tienes razón-la apoyó Krimhild

-Admiro ese tipo de pensamiento-dijo Elizabeth mientras se acercaba a la ventana- Pero yo tenia una vida totalmente planeada ¿Porque tiene que pasarnos cosas tan desdichadas?

-Pues si que tenemos mala suerte-dijo Marian- Pero que se le va a hacer

...

La primera noche en aquel lugar no fue tán mala como esperaban. Estuvierón hablando toda la noche sobre sus vidas, sus familias y otras cosas. Llorarón, rierón y sin darse cuenta se volvierón amigas.

-Buenos Días!-saludo Elizabeth

-Hoy estás más tranquila-dijo Krimhild mientras tendía su cama

-Es que anoche me despoje de todos mis miedos-dijo Elizabeth con una sonrisa en los labios- ¿Oye dónde está Marian?

-Es verdad...no la he visto-dijo Krimhild recién dandose cuenta

-Voy a buscarla!-dijo Elizabeth y salió del cuarto corriendo

-Eh espera-dijo Krimhild y la siguió

Krimhild empezó a seguir a Elizabeth cuando ella paró de correr.

-¿Qué pasa?-preguntó Krimhild preocupada

-Marian...ya es la primera-dijo Elizabeth- Mira-continuó ella y señalo la ventana

Al ver por la ventana vierón a Marian sentada en una banca juntó a un hombre. Desde lejos no podían identificar quíen era ya que unos arboles tapaban todo. Al parecer los dos conversaban. Hasta que el se paró y ella támbien y caminarón hasta una pequeña laguna artificial donde vierón como Marian se lanzaba al agua y el hombre simplemente miraba como sé ahogaba.

-Tenemos que ayudarla!-gritó Elizabeth desesperada y empezó a correr

-Espera Elizabeth! No podemos hacer nada!-le dijo Krimhil mientras la agarraba del brazo evitando que corra

-¡Es nuestra amiga! ¡No podemos dejar que le pase nada malo! ¿Acaso no estas preocupada?-le grito

-Claro que estoy preocupada, pero no vas a poder llegar a tiempo!-le dijo Krimhild

-No voy a poder llegar a tiempo si me sigues agarrando!-grito Elizabeth mientras se soltaba y seguia corriendo

La muñeca del ReyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora