Capítulo dos.

317 21 4
                                    

Llamó a la puerta y la abrió. Cuando entramos, todos nos miraban. Había al menos 20 personas en aquella clase, sentados en mesas individuales.

 -Tarde. -Dijo el profesor.

-Lo sentimos, no volverá a pasar. -Dijo aquella chica mientras me soltaba la mano.

Se acercó a un grupo de chicos, saludó a sus amigos y se sentó en su mesa. Yo, en silencio, me acerqué a una mesa que habia en el fondo, junto a la ventana, sin nadie sentado alrededor, y me senté. A partir de ahora, ese sería mi sitio. Saqué mi libro y mi cuaderno, y la clase continuó, pero yo no atendía. Me gustaba expresar mis pensamientos más profundos en un cuaderno rojo que siempre llevo conmigo, así que empecé a escribir en él.

          <<Aun noto su dulce mano agarrando la mia, mientras me habla con su voz dulce y tranquilizadora. Nunca mis ojos habian visto nada tan precioso, ¿era real? No,

          no podía ser real, era imposible. ¿Esto es un sueño? Si lo es, no me quiero despertar. No puedo quitarle el ojo de encima, no se que tiene, que me encanta. Cuando

          la he visto por primera vez, se me ha parado el mundo. De repente, se me han olvidado todos mis problemas y sufrimientos. No pasaban los segundos, nada se

          movía, solo existíamos ella y yo. Quiero conocerla más, quiero volver a sentir su piel rozando con la mia.>>.

Algo me golpeó en la mano, interrumpiéndome. Era una bolita de papel. La abrí y ví que tenia algo escrito con una letra de color negro, muy bonita.

 -¿Como es tu nombre? -Decía la nota.

Miré a mi alrededor y ví a la chica de antes mirándome, esperando que le responda. Sonreí y volví a coger el bolígrafo.

 -Mi nombre es Arya, ¿y el tuyo? Pd: Gracias por lo de antes. -Escribí.

Doblé el trozo de papel y se lo tiré, procurando que el profesor no me viera. Cuando lo leyó, la ví sonreir. Al momento, me volvió a tirar el papel, y lo abrí ansiosa.

 -Me gusta tu nombre. ¿El mio? Tendrás que adivinarlo. Pd: No ha sido nada.

No pude evitar sonreir. La miré y puse un puchero, pero ella solo se encogió de hombros, con una amplia sonrisa. Quiero saber su nombre, lo necesitaba.

Suicida enamorada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora