Capítulo diez.

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-¿Te he despertado? -Dijo.

-No, tranquila, estaba leyendo. ¿Pasa algo? -Mentí. Prefería no contarle que me he cortado.

-No, solo que..

Dejó de hablar. Oí unos sollozos flojos de fondo, lo que me hizo suponer que estaba llorando.

-Eh, Shilley, ¿que pasa? No llores, por favor.
-Necesito un abrazo.. -Dijo ella.

-¿Dónde vives?
Mientras Shilley me decía su dirección, me peine un poco con los dedos, y salí corriendo de casa.
-No te preocupes, ya estoy de camino. -Dije mientras corría.
-¿Qué? No, no quiero molestar, por favor.

Llegué a su casa en un momento. Estaba cerca.
-¿Bajas o duermo en la puerta de tu casa?

Shilley me colgó, ¿le habría molestado que fuese? Me acerqué al escalón de la puerta de su casa, y me senté. Tenía la esperanza de que bajase a verme.

Pasaron cinco minutos, y Shilley no daba señales. Pero no pensaba rendirme.

Me levanté y alcé la vista, mirando las ventanas. Solo una tenía luz, ¿sería su habitación? Cogí pequeñas piedras del suelo, y empecé a tirarlas al cristal de la ventana.

Cuando ya había tirado tres, alguien abrió la ventana.

-Intento escaparme de casa, no hagas ruido. -Dijo Shilley mientras sonreía.

La miré sonriendo, ¡va a bajar! Me apoyé en un árbol de al lado de la puerta y esperé a que bajara. Cerré los ojos mientras esperaba, imaginé su preciosa sonrisa. ¿Que se sentiría al besar a aquella chica?

Oí una puerta abrirse despacio, lo que me desconectó de mis pensamientos. Abrí los ojos deprisa y miré la puerta. Ahí estaba ella, volviendo a cerrar la puerta con cuidado para no hacer ruido.

Cuando la cerró, me miró. Tenía los ojos rojos, y forzó un poco la sonrisa. Suspiré.

Me acerqué a ella y, sin decir nada, la abracé fuerte. La acurruqué entre mis brazos, calmándola.
-Estoy aquí, ¿vale? Tranquila. -Susurré mientras le acariciaba el pelo.

Me abrazó por debajo de los brazos, por la cintura. Noté como se acurrucaba más en mi hombro.
-Muchas gracias. -Susurró ella entre mis brazos.

Paré de abrazarla y, sin alejarme, hice que me mirara. Con las mangas de mi sudadera, le quité las lágrimas de las mejillas.
-¿Que ha pasado? -Dije.

Empezamos a andar, hasta llegar al bosque de detrás del instituto. Me senté en el césped, apoyada en un árbol, y ella se sentó sobre mis piernas, dándome la espalda. La abracé por la cintura y, mientras ella me acariciaba las manos, por fin empezó a hablar.
-¿Alguna vez has tenido dudas sobre tus sentimientos? -Dijo.

La verdad es que la pregunta me sorprendió. ¿A qué había venido eso?
-Puede. Eso suele pasar, es normal. ¿Por qué?
-Nadie lo sabe, es que.. Creo que me está empezando a gustar una chica.

Mis ojos se abrieron como platos.

-¿Quién? -Dije.
-Es una chica de un curso más avanzado que el nuestro. Es una chica guapísima, muy lista y cariñosa. Cuando la veo me pongo muy nerviosa, y no se si se da cuenta. -Levantó la mirada, mirando al cielo, y continuó.- Le brillan los ojos, y tiene una sonrisa preciosa. Hace cosas muy especiales por , cosas que nadie hace. Me da miedo emocionarme y pensar que le gusto, igual es así con todo el mundo.

Suspiré. Aquello me dolió bastante. Después de tanto, he ganado tan poco.

-¿Y Cersei? -Dije.

-Cersei es muy diferente. Antes me trataba genial, se preocupaba por , me hacía detalles y pasaba más tiempo conmigo. Pero, después del primer mes, cambió. Aun me gusta, pero poco. Ha cambiado demasiado. No se si dejarla, ¿y si vuelve a ser como al principio? ¿Y si la dejo y la otra chica no quiere nada conmigo?

-Si Cersei no te hace feliz, no tienes por que estar con ella. No importa si la otra chica quiere algo contigo o no. Pero, si la otra chica no quiere nada contigo, es tonta.

Me sonrojé, no debí decir eso último. Shilley se giró, dejándome ver su sonrisa. Se sentó de rodillas, justo en frente mía.
-¿Por qué eres tan buena conmigo? -Me dijo.
-Soy buena con las personas especiales.

Ví como Shilley se sonrojaba, aquello me hizo sonreír.
-Entonces, ¿crees que debería dejar a Cersei y mandarle indirectas a la otra chica?

Punzada en el corazón. Pero la ignoré y asentí con la cabeza.

Shilley sonrió, con sus manos en sus rodillas, y se acercó lentamente a mí. La miré sorprendida, pero no me aparté. Ya notaba su nariz rozando mi nariz. ¿Estaba pasando esto realmente?

Suicida enamorada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora