Capítulo cinco.

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 -¿Se puede saber que has hecho? -Dijo una voz al entrar en mi casa.

Reconocería aquella voz el cualquier parte, es mi madre. No la miré.

 -Que raro que estés en casa. -Dije mientras soltaba la mochila en el suelo.

 -No me cambies de tema, ¿a quien se le ocurre pegar a una pobre chica? ¡Le has roto la nariz! -Dijo ella gritando.

No pude evitar que se me escapara una pequeña sonrisa. Se lo merecía.

 -¿Me estás oyendo? -Dijo al ver que no contestaba.

-Sí mamá, sí. No vengo a comer, hasta luego. -Dije mientras sacaba mi cuaderno rojo y un bolígrafo de la mochila.

Abrí la puerta y salí de casa sin esperar una respuesta de mi madre.

No paré de dar vueltas, buscando un lugar escondido donde estar sola. Al fín, encontré un bosque en la colina de detrás del instituto. Estaba anocheciendo. Me senté en el cesped, apoyando la espalda en un árbol, y empecé a escribir.

          <<¿Que pensará ahora ella de mi? Pensará que soy una bruta, una matona, una insensible. No quiero que piense eso, pero no puedo decirle que fue por ella. Que vergüenza.

          Pero, ¿que le pasa a la novia? ¿Por que no hace nada? Yo la cuidaría, la curaría y le partiría la cara a la chica esa. No debí pegarle, no era asunto mio, pero no pude

          evitarlo. Creo que me estoy enamorando.>>

Oí como unos pasos pisaban las hojas del suelo. Cerré deprisa el cuaderno y lo escondí bajo mi camiseta.

 -¿Arya? -Dijo una voz. 

Levanté la mirada, y la ví. Era ella. Empecé a sudar y temblar, estaba nerviosa.

 -Y-Yo. Hola. ¿Que haces aqui? -Le dije, con la voz temblorosa.

 -Vengo mucho por aqui, para pensar. -Se sentó a mi lado.

 -Yo no conocía este sitio, pero me gusta.

Ella me miró.

 -¿Por que le pegaste?

Baje la mirada. ¿Que le digo? ¿Que lo hice por ella? La miré a los ojos, le brillaban mucho, como siempre. Pasó su lengua por sus labios, mojándoselos. Me mordí el labio inocéntemente, necesitaba besarla. Ella sonrió.

 -Eh, Arya, ¿que pasa? Contesta.

Suicida enamorada.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora