Screaming down from heaven, ageless, I'm there in your arms.

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Hola, no tuve los ánimos de publicar en meses pero finalmente estoy aquí y bueno... no entiendo que escribí exactamente, pero ojalá les guste. ♥️




-•Mojo Pin•-


Cuando Miles se siente increíblemente solo, desempolva el teléfono rojo y lo pone en su regazo, es de esos teléfonos viejos que tienen un disco de botones y son alámbricos, sin embargo Miles nunca se atreve a escuchar por la bocina, tan solo lo observa y aun sabiendo que probablemente jamás suene espera que lo llamen, nunca lo hacen, no importa cuanto tiempo lo deje al lado de su cama y lo mire como un afligido náufrago ve a la lejanía.

Esta por terminarse el mes de mayo, su calendario marca 5 y sabe que debería darse un baño y salir de casa, porque en realidad es el último día del mes y aun ni siquiera se ha cambiado de ropa, pero no puede, nadie llama y tan solo espera que sus plegarias sean escuchadas y finalmente él lo haga.

Quiere escuchar su voz y sumergirse en el tiempo y que dure una eternidad, al principio no le importaba, y fue de hecho por eso que en un ataque de ira destrozó todas las cosas que le recordaban a él, ahora no tiene nada y este pequeño teléfono rojo es el único que lo mantiene unido a ese otro mundo.

Así que no importa que tanto le llamen sus amigos y le busquen jamás saldrá hasta que el chico de cabellos oscuros, su estrella que sale cuando los días son malos le llame; en alguna ocasión Miles se atrevió a intentar ser el emisor, la respuesta fue obviamente un vacío desolador que destrozó su corazón y le arrulló al llanto.

Es casi de madrugada y Miles no ha dormido bien desde que empezó el mes, así que sus párpados pesan toneladas de arena de sueños hasta que cae rendido sobre el alfombrado suelo de la sala, en el mundo de los sueños no hay imágenes ni besos de consolación, cuando despierta se siente pesado, como si en realidad no hubiera dormido en ningún momento, se arrastra hasta su cama, las sabanas se encuentran tibias y si entrecierra los ojos puede sentir entre sus dedos los cabellos que en contraste con los suyos casi asemejaban al carbón. Sus brazos caen a los lados, con la carne lacerada y sus venas mallugadas, le adornan pequeños moretones y la sangre seca se arremolina en sus codos y en las sábanas que alguna vez fueron blancas.

Está cansado de sentirse incompleto, ruega en silencio por el toque de su amante, por otro lado en su ausencia busca soporte observando el teléfono rojo que alguna vez le perteneció al grácil chico de sus sueños.

Está por buscar con pesadez la jeringa hedionda que ayer se escabulló bajo su cama cuando el teléfono rojo suena desde la lejanía, es como un replicar de una oxidada campana y Miles corre, tropieza y cae sobre sus pies por tratar de alcanzar el teléfono, levanta el auricular con su mano temblorosa, Miles nota que su cuerpo por completo tiembla y escalofríos recorren su columna seguidamente.

"Hola" apenas si puede susurrar, al otro lado de la línea se escucha estática, luego un suspiro.

"Hola, te he echado de menos."

Es la voz más bonita que Miles ha tenido el privilegio de escuchar, suena tranquila y tan dulce que puede compararla con la suavidad de la seda y la transparencia de un cristal.

"Te extraño tanto, tanto... no tienes idea de lo mucho que te necesito Alex."

Pero se rompe y no tiene tiempo de decir todo lo que se prometió decirle, empieza a balbucear y mentalmente se reprende por ser tan débil ante Alex, por algunos varios minutos tan solo exclama lo mucho que lo ama, que lo lamenta y le ruega que vuelva a sus brazos.

Alex al otro lado ríe, no suena a burla, Miles escucha la ternura y el cariño que estalla en esa risa, ojalá pudiera viajar por aquel teléfono y llenar su rostro de besos.

"Mi querido, hermoso Miles," musita Alex con calma maternal, el castaño tiene sus mejillas rosadas y húmedas, probablemente sus párpados estén hinchados por el llanto y su aspecto lánguido y mallugado lo hacen reír con desánimo. "Oh, Miles, te di todo lo que pude darte, todo mi amor y atención. ¿Realmente necesitas más de mi?"

"¡Si, te necesito!" Responde sin titubeos y ahora el llanto es de rabia, quiere sentirse completo o totalmente roto, tan solo quiere sentir algo, desesperanzado y sudoroso, no se ha dado cuenta que necesita de la jeringa para mantenerse a salvo, su mirada busca frenética por ella, hasta que la voz de Alex lo devuelve a la realidad.

"No puedo volver contigo, Miles. Por favor, no te hagas más daño, mi corazón se destroza cuando veo tus brazos con nuevos hematomas. Me prometiste que serias fuerte, que lo dejarías, me lo prometiste Miles."

"Pero te necesito a ti. Vuelve a mi, por favor."

"...Te veré pronto, ¿de acuerdo? Estaré contigo, tiraremos todas esas mierdas en el retrete y estarás bien."

Alex suspira y Miles ya no quiere llorar más por aquel precioso joven, ahora sintiéndose ciego y torturado presiente que no llorará por un largo tiempo.

Un canto resuena a través de la bocina y Miles con su aspecto descuidado y cansado de recuesta en esa mullida y sucia cama escuchando el suave canto de su hermoso chico. ¿Qué diría su precioso chico sobre su recaída? ¿Lo odiaría?
No es así, Alex jamás lo dejaría solo, siempre estuvo ahí, aun después de sus peleas y los eternos 'no volveré,' Alex estuvo a su lado, siempre volviendo a sus brazos y levantándolo como si sostuviera al mundo en sus manos.

El teléfono desconectado y la contestadora encendida es lo único sobre su cama que se mantiene limpio, aun cuando la mitad del año los guarda en su armario, empolvados de recuerdos y amor, los últimos mensajes de Alex retumbando en el silencio de su apartamento como cada noche al final de mayo.

Miles se deja embriagar por los dulces murmullos que grabó de su novio, han pasado tres años de su partida y es aquella preciosa voz la que lo arrulla con el amor y el descaro que caracterizó al pelinegro.

"Buenas noches Mi, no olvides la cita de mañana..."

"Te amo..."

"Te amo, Miles."

"Buenas noches Alex."

[Milex OS]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora