—Miles...
Una voz, tranquila y admitamos ligeramente cantarina atravesó sus tímpanos despertándole de su ensañamiento, el culpable de sus sueños se hallaba frente a él con una sonrisa adornando sus dulces labios y sus ojos brillantes.
El mencionado se encogió de hombros, escondiendo su rostro entre sus piernas, se encontraba en el suelo de la sala abrazando sus piernas; antes de que llegara el pelinegro él tan solo miraba a la nada sintiéndose el peor ser humano. Sintió unos delgados dedos tomarle del brazo y acariciar sus cabellos.
—Mi, ¿Qué ocurre? —cada que una palabra era abandonada de sus labios esta tomaba un dulce vuelo que danzaba hacia su pecho, le hacía sentir a salvo, como un constante: todo estará bien. Aun si tratara de su último día de vida.
—Nada, no tengo nada. —pudo haber maldecido en voz baja por el timbre que tomo su voz, ligeramente estropeada y gangosa. Los dedos que paseaban por las hebras de cabello se deslizaron por sus mejillas obligándole a levantar el rostro para encontrarse con la mirada cálida de su mejor amigo.
—No digas eso, te conozco extremadamente bien para saber que ha pasado algo. — su voz, sonando determinada era una lenta invitación a desahogarse, incluso podría gritar sobre las mil injurias del mundo.
Pero creía que jamás podría decirle por que se sentía como el peor amigo del mundo.
Paseo su mirada por el delgado cuerpo del pelinegro, deteniéndose justo en sus piernas donde descansaba una caja envuelta en papel de regalo, una mueca adorno sus facciones y el mayor lo noto sin duda alguna.
—Miles... ¿lo olvidaste? —el toque en sus mejillas no desapareció, todo lo contrario se convirtió en una tierna caricia que provocaba corrientes eléctricas por todo su cuerpo, sentía la sangre de sus venas corretear vertiginosamente, como soldados aplastando hojas secas.
Negó lentamente, y suspiro, una, dos, tres veces; mirando atentamente el rió de chocolate que tenía como ojos su compañero y tras su último suspiro finalmente hablo:
—Busque hasta por los rincones pero...pero, no encontré nada. Lo siento tanto, Alex.
Casi se echaba a llorar, más el amable toque que acariciaba sus dedos le mantenía en un nivel más alto que el cielo, le arrastraba a una realidad indefinida donde el aire parecía compuesto por algodón de azúcar.
—Oh, —fue lo único que le escucho decir, a decir verdad se esperaba algo diferente, por lo que lo sorprendió cuando el pelinegro le tomo de la mano suavemente y le atrajo a su lado, ahora ambos sentados frente a frente. —no te preocupes, todo está bien.
Y ahí estaba, esa sonrisa adorable que bañaba sus facciones de inocencia e ilusiones.
Habían construido su día especial, que trataba de nada más que el aniversario de su amistad; y justo aquel día soleado y fresco cumplían 4 años de haberse conocido. No solían regalarse nada, pero cuatro semanas antes acordaron que un detalle como ese sería único y dulce.
Y Miles sentía que lo había arruinado, él de verdad busco por todos lados el regalo perfecto para Alex, pensó en algún instrumento pero un obsequio como ese sería insignificante y repetitivo como todos los que lo han pensado antes.
Él quería regalarle algo tan especial que cuando el pelinegro lo viera, sus ojos se bañarían de alegría y le tendría entre sus brazos en cuestión de minutos mientras guardarían aquel momento por siempre en sus memorias. Sin embargo aquí se hallaba, con sus manos vacías y con el vocalista sonriendo inmutablemente.
—Ábrelo.
Tan solo basto una palabra, su sonrisa donde alcanzaban a verse los costados de sus mejillas formando unos delicados surcos, sus manos extendidas sostenían la pequeña caja que Miles tomo temblorosamente.
Removió el papel adornado con pequeños animales caricaturescos, al encontrarse con la caja, cerró sus ojos y tomando el borde de la tapa la abrió.
Grata fue su sorpresa al encontrar tela oscura casi desbordandose y sacándola con delicadeza la dejo a su lado pues al fondo de esta se encontraba una caja más, miro al pelinegro confundido y este sonrió con ternura entrecerrando sus ojos.
El castaño leyó la carta que acompañaba a la última caja, en esta se leía perfectamente:
De: Miles.
Para: Alex.
Al mirar hacia su compañero se encontró con que el pelinegro extendía sus manos, riendo suavemente.
—Miles, mi regalo.
Y sin más remedio, el susodicho le entrego la pequeña cajita que Alex recibió gustoso, la tierna sonrisa que le acompañaba le hacía ver como un niño abriendo regalos en navidad.
El mayor saco sin prisas su regalo, sacando un cuadro de marco oscuro donde se apreciaba una foto ridículamente adorable, fue de aquellas que guardaron después de haber entrado en una cabina de fotos, Miles ni siquiera había observado su regalo por estar totalmente atento a cada movimiento por parte de su amigo.
En la foto Miles sonreía torpemente hacia la cámara con sus ojos abiertos desmesurados y Alex rodeando su cuello con ambos brazos besaba su mejilla, el castaño no pudo evitar sonreír, Alex parecía tan emocionado, incluso el hecho de que el pelinegro besara la foto y la apretara contra su pecho le resultaba adorable.
— ¿Te gusta?
Asintió suavemente, ¿Qué haría sin Alex? Sin ese chico que parecía solucionar su vida con tan solo una sonrisa, no fue necesario mirar su obsequio y sin medir nada se abalanzo contra el mayor, apretándolo en un abrazo donde se permitió esconder su rostro contra el cuello del pelinegro. Si fuera posible dormiría ahí, apreciando las risitas que derrochaban los labios rosados de aquel chico, sintiendo como sus corazones podían tocarse.
— ¿Cómo sabias que no encontraría nada?
Escucho la risa y observo como la piel del pelinegro se erizaba al sentir su respiración sobre su cuello, sonrió, formando círculos con sus dedos en las caderas contrarias. El pronóstico de que el chico entre sus brazos empezaría a retorcerse por las cosquillas no tardó en llegar.
—No lo sé, solo...fue un presentimiento.
Y como cada mismo día desde hacía cuatro años, el sol y la luna fueron suyos, comieron frituras y vieron malas películas de terror, y claro el dormir en la misma cama no fue su mayor problema.
— ¿Alex? —murmuro en un quedo susurro, desconocía si el pelinegro ya dormía. Sus dudas se disiparon al sentir el cuerpo del mayor removerse a su lado para quedar ambos frente a frente.
— ¿No puedes dormir, Mi? —sin esperar respuesta, Alex lo abrazo recargándose contra su hombro, el castaño rodeo su cintura escondiéndose nuevamente en su cuello, dispuesto a dormir.
—Alex...no tienes idea de lo mucho te quiero.
—Yo también te quiero. —con una adormilada sonrisa le deseo buenas noches con un corto y casto beso en los labios.
Mientras Miles enredaba sus dedos entre los cabellos de Alex tuvo el breve momento para pensar que si aquel beso hubiese sido su regalo no le molestaría en absoluto.
<-Notas->
¿Qué tal? Esperó les haya gustado mi regalo de navidad(?
Muy feliz casi fin de mes, este año fue (en lo personal) un asco, muchas cosas me dejaron emocionalmente horrible, mi salud fue inexistente y mi estrés se rebelo y fue/es incluso más alto que yo.
Sin embargo, espero que a los que nos fue mal este 2019 no nos dejemos gobernar por los malos momentos del año, es difícil superar etapas de la vida que nadie debería sufrir; pero lo haremos, intentaremos despertar día a día y seguir 'sobreviviendo.' Yo estuve casi 2/3 años pasando por cosas que me quitaban las ganas de vivir, cosas que no le deseo a nadie y espero realmente que este mes y el próximo año y futuros años ustedes tengan muchos días de dicha y adorables con los que aman.
Los quiero mucho, aunque no conozco sus rostros o sus vidas. Felices fiestas, felices días y dulces sueños ♥
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[Milex OS]
FanfictionSolo mas one shots de Miles y Alex demostrando su amor... La mayoría de estos escritos son de Ao3 por lo tanto crédito a sus respectivos autores y son fantásticos así que me encargo de traérselos con gusto.
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