CAPÍTULO 3 SANEM

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- ¿Qué es lo que te dije Sanem? - inhalo y exhalo para evitar que se me corte la voz. Si lloraba, sería peor.
- Que no hablara con nadie… - respondo con voz suave.
- ¡MAMA DEJAME ENTRAR! – grita Leyla desde el otro lado de la puerta forcejando con la perilla; no sabía porque seguía intentando, veo la intención y la furia hervir en los ojos de mi madre, sus manos aprietan fuertemente la vara – ¡NO TE ATREVAS A HACERLO OTRA VEZ!
- ¿Me obedeciste? – pregunta. Escondo mis ojos otra vez, solo observo mis palmas que están una sobre la otra.
- No – respondo con firmeza. Eran este tipo de situaciones en donde me gustaba que pasaran los episodios, a veces funcionaba… pero hoy, me sentía más despierta que nunca.
- ¡MAMA! – grita otra vez Leyla sacudiendo la perilla – ¡NO FUE SU CULPA! ¡EMRE NO SABIA!
- No solo te escapaste, además, hablaste con alguien mas cuando no debes hacerlo. Estas enferma Sanem, podrías herir a alguien ¡siempre tienes que estar junto a mí! ¡¿ENTIENDES?!
- Si madre… - respondo sin levantar la vista. Leyla no deja de forcejear con la puerta, pero es inútil, el momento se acercaba y nadie podría frenarlo.
*Pierdete Sanem…
Cierro mis ojos al sentir el doloroso contacto de la vara contra mi brazo, quema y astilla de una forma tan dolorosa que mi cuerpo se retuerce internamente de dolor, pero por fuera me mantengo tranquila esperando a que la oscuridad llegue y se lleve ese momento. No sucede. Estoy muy consiente del dolor y los golpes que reciben mis brazos por la mano de mi madre, una mano que siempre era dura y pesada conmigo. 1… dolor 2… dolor 3… dolor 4… dolor 5… dolor 6… dolor 7… dolor 8… dolor…
- Esto es por tu bien, mi niña. Tienes que aprender. -  me dice con voz dulce cuando acaba de pegarme, su respiración es agitada; por primera vez, antes de que pase su mano por mi mejilla en un gesto de consuelo, levanto la mirada.
El cruce entre nuestros ojos se siente como si dos fuerzas opuestas se estrellaran, sintió el latigazo de mi mirada porque se echa hacia atrás y pasa su mano por su cabello mientras lame sus labios, por un segundo vi miedo en sus ojos; era la primera vez había sentido conscientemente cada doloroso golpe, mi mente me había dejado en la realidad de cada varazo y no solo con el dolor del momento perdido, además, algo caliente y punzante bullía en mi estomago y golpeaba mi mente, un sentimiento desconocido que me hacia apretar mis manos con fuerza. Por primera vez estaba enojada.
A veces me preguntaba porque siempre cuando me castigaba me perdía en un episodio, la oscuridad aplastante parecía nublar mi realidad y cuando era consiente otra vez, estaba echada en mi cama con Leyla llorando y curándome. Si ella no me hubiera dicho que mama me castigaba de esta forma probablemente nunca hubiera sabido como es que llegaban estas marcas a mis brazos… hasta ahora. Quería gritar todas las palabras que se acumulaban en mi garganta y que solo salían como una respiración entrecortada, quería que mis manos se estrellaran contra algo para sacar toda la furiosa energía que parecía hervir mi sangre y quería llorar de frustración por que no podía hacer ninguna de esas cosas. Solo podía quedarme así, en silencio.
- ¿Estás aquí, Sanem? – pregunta intentando acariciarme otra vez, pero algo en mis ojos le dice que no me toque asi que su mano se queda congelada y por la sorpresa en sus ojos sé que se ha dado cuenta de que por primera vez no estoy perdida en la nebulosa de mi mente. Baja el brazo y da un suspiro frustrado. – esto es cada vez es peor…
Se aleja de mi y abre la puerta, Leyla entra de inmediato pasando a un lado de ella con un gesto preocupado, coloca ambas palmas en mis mejillas para que la mire. La veo muy claramente.
- Sanem, ¿estás bien? – me pregunta. ¿Qué podía decirle? – ¡ay por Dios! Mama, ¡¿qué has hecho?! Esta sangrando… ¡¿porque le pegaste?! ¡TE DIJE QUE NO FUE SU CULPA!
- ¡Es la única manera de que entienda! – grita mama de vuelta aun con la vara en su mano.
- ¿Qué querías que entendiera? Ya te expliqué que no fue su culpa, tú la dejaste ahí y Emre la encontró. Él no sabe que Sanem no debe hablar con nadie… - responde Leyla frustrada con voz temblorosa. Cuando se enojaba de inmediato empezaba a llorar.
- Se esta saliendo de control, se ha escapado tres veces en la ultima semana. ¿Y si le sucede algo? ¿Y si lastima a alguien como…? Ya no podemos controlarla… - responde mi madre sacudiendo la cabeza para luego cruzarse de brazos. El recuerdo de mis manos cubiertas de sangre regresa a mi mente, bajo la mirada y me encuentro con los grandes ojos azules de mi hermana, leo claramente el mensaje: NO DIGAS NADA.
- Esta no es la forma… - susurra Leyla levantándose – mañana es el desayuno de la señora Huma, ¿la vas a dejar aquí encerrada? ¿Qué crees que pasara? Ya tapaste las ventanas, ya la encerraste y siempre busca la manera. La has golpeado tantas veces y sigue sucediendo, se pierde en su cabeza y continua… si un día escapa y no la encontramos será peor. ¿Qué vas a hacer?
Mama no hace más que observar entera una y otra, no le devuelvo la mirada y mas bien me concentro en el cosquilleo doloroso que siento en ambos brazos, volteo a observar uno de ellos, una larga gota de sangre hace su recorrido hasta llegar a mi codo.
- Nos concentraremos en mañana, - mama suspira – la llevaremos con nosotros y le prestaras algo de ropa. Después de tu boda, tomare una decisión.
Vuelve a suspirar y sale de la habitación, Leyla sale tras ella; no dejo de observar la finísima gota de sangre que baja, yo había estado cubierta de ella la noche anterior, mama tenia razón, yo era un peligro. Pero no quería regresar a ese horrible hospital, sabía lo que pasaría el día en que me encerraran ahí, perdería la mente bajo esas horribles pastillas y mi cuerpo ya no será solo mío. Aprieto los ojos para contener las lágrimas.
*¿Qué fue lo que paso?
- No lo sé… - respondo agitando la cabeza. – tal vez si estoy empeorando…
*No lo creo, debe ser algo más. Tal vez estas mejorando…
- Esto no es mejorar, sabes lo que pensé. Quise… quise… - ni siquiera me atrevía a formular las palabras. Era horroroso solo pensarlo. – necesito tomar las pastillas otra vez…
*¡No Sanem! Si lo haces ya no me escucharas…
- Ella me encerrara en ese hospital, lo se… - susurro agitando la cabeza, aprieto los labios, pero una lagrima baja por mi mejilla.
- Eso no va a pasar… - abro los ojos y me encuentro con la mirada de Leyla, cierra la puerta con cuidado y se agacha delante de mi limpiando la lagrima que acababa de escaparse. – no llores, arruinaras el maquillaje y te ves muy hermosa…
Contrario a lo que me pide, ella tiene lagrimas acumuladas en sus ojos. Para la fiesta, me había comprado un vestido largo, oscuro y con finísimos brillos el cual tenía mangas para tapar las marcas en mis brazos, me había quedado perfecto. Se había encargado de peinarme, levantando todo mi cabello para dejar solo finos mechones a mi alrededor y que me servían de protección, mama no la dejo usar tanto maquillaje, así que solo había puesto brillo a mis labios y mejillas y un poco en mis ojos para levantar mis pestañas. Frente al espejo parecía otra persona.
- Tal vez… - susurro pasando saliva por mi garganta – tal vez… si lastime a alguien…
- ¡No Sanem! – susurra Leyla con firmeza. Levanta la vista a la puerta y regresa a verme. – no hiciste eso…
- Pero… - susurro con voz temblorosa.
- ¡No! – reafirma; toma mis manos frías con las de ella y suelta un suspiro – dijimos que no hablaríamos de ello. Voy a curarte, normalmente estas… ah, bueno, indispuesta cuando lo hago, así que ahora probablemente si sientas dolor.
Su advertencia me hace sentir peor. ¿Cómo era posible que después de que mama me pegara no sintiera y mucho menos cuando Leyla me curaba? Ahora me ardía tanto lo que fuera que me estaba poniendo que no podía dejar de temblar y hacer siseos con los dientes, me sentía muy mal. Observo cada uno de sus movimientos, limpia la herida, coloca algo en un algodón y lo presiona contra mi piel lastimada, sopla y me da una sonrisa de disculpa cuando hago una mueca de dolor, después esparce algo grasoso sobre los moretones que se formaron por los golpes… tenia un olor fuerte pero relajante. Al final, coloca algo blanco con unas finas cintas de donde salió la gota de sangre y tapando la crema grasosa.
- Te ayudare a quitarte el vestido… - me dice animándome a levantarme.
- ¡No! – respondo abrazándome para impedírselo. Sus ojos se llenan de confusión.
- Pero… - su mano se quita de mis hombros.
- Es que… - respondo temblando, pero avergonzada de haberla detenido. Sus ojos brillan y una cálida sonrisa cruza su cara. Se sienta a un lado mío, toma mis mejillas con sus suaves manos y gira mi cabeza para que la mire.
- Se que no hablamos de esto muy seguido, pero quiero decírtelo ahora, Sanem, eres muy hermosa. No importa lo que sea o lo que pase, eres tan hermosa que me mata ver esos ojos tan tristes. – me abraza, pero soy incapaz de devolverle el abrazo – me alegro mucho de que fueras con nosotras y conocieras al gran amor de mi vida Sanem. Estoy tan feliz, no te imaginas. Pero no te preocupes, me encargare de convencer a Emre para que mama no pueda meterte a un hospital. Ya se me ocurrirá algo, ¿está bien?
Asiento, me da una sonrisa y sale de la habitación.
No me dejo engañar, no había manera de parar lo que estaba pasando, aunque yo quisiera tener una vida normal era imposible. Cuando Leyla se fuera, mi madre no querría cargar más conmigo y me entregaría a ese lugar, y aunque no lo hiciera, estaría encerrada en estas cuatro paredes solo fantaseando el poder escapar y refugiada en mis libros. Ya no podía continuar esperando, quería acabar con todo.
Con cuidado, me pongo de rodillas a buscar entre la pila de libros hasta que encuentro el que busco; había leído en un libro de medicina que, si tomaba un exceso de mi medicación podría ser catastrófico para mi cuerpo, había tenido mucho cuidado en ir guardando cada una de las pastillas que tomaba, dos semanas ocultándolas y al fin el día había llegado. Lagrimas resbalan de mis mejillas cuando vacío las pastillas del libro, después saco la última del medallón de mi cuello. Era hora.
¿Qué sentido tenía existir solo aquí encerrada entre los muros de mi mente y de mi casa? No sentía mas que dolor y tristeza, siempre perdida entre ambos mundos que ya a veces no estaba segura de si estaba imaginando cosas o de verdad las estaba viendo frente a mí. El recuerdo de la mujer bañada en sangre que había visto en el espejo regresa con fuerza, ¿y si de verdad yo era esa mujer? Con las pastillas en un puño aprieto mi cabeza con desesperación, odiaba tener tantos vacíos en mi mente, odiaba no saber que era lo que sucedía o porque no hacia las cosas, odiaba mi vida.
Al bajar los brazos el punzante dolor de mi castigo hace que se me escape un siseo de los labios, ¿Por qué había olvidado esto también? Dolía demasiado y cuando sucedía, me lo perdía, hasta que reaccionaba otra vez en mi cama, pero para esto ya habían pasado horas o hasta días. Me recargo en el colchón suspirando, estaba a solo una decisión, o me mantenía en este letargo o acababa al fin con todo.
*Estoy contigo Sanem, pero piénsalo bien. ¿Por qué sigues cuerda?
- No lo sé…  nunca se nada – respondo con los dientes apretados y niego con la cabeza. Después de que el señor Emre me encontró, ella había estado muy enojada, no me importo porque yo estaba flotando por lo que acababa de suceder. Era cierto, había pasado algo inesperado. Un hombre me había besado.
Si cerraba los ojos muy fuerte aún podía recordar sus suaves labios, las cosquillas que me había hecho su bigote y su barba, el fuerte calor de su cuerpo, su sabor mentolado y su aroma tan particular, inhalo y exhalo tratando de evocar su recuerdo mas nítidamente. Por primera vez mi corazón había latido con fuerza, todo mi cuerpo había reaccionado llenándose de flamas y la electricidad había escapado por cada poro, y como una adicta quería volver a sentirlo.
*Fue hermoso… ¿Quién crees que sea?
- Es difícil saberlo, yo no conocía a nadie ahí y no le vi la cara… - susurro tratando de repasar mi recuerdo una y otra vez buscando un indicio que me llevara a él. Solo recordaba unos zapatos.
*¿No te da curiosidad saber quien es?
Bajo la mirada a las pastillas, era ahora o nunca… y por primera vez vuelvo a sonreír, el poster frente a mí me recuerda todos mis sueños y anhelos, todos los sentimientos que alguna vez quise sentir y ahora estaba aquí frente a mí; suspiro tomando una decisión. Había encontrado a mi ALBATROS.

Ajusto la blusa y los pantalones de Leyla a mi cuerpo, pero pareciera que estoy usando un guante, volteo a ver a Leyla y esta me sonríe con labios apretados.
- Te ves muy bien… - susurra. Mi madre le había dicho que tenia que prestarme ropa para el desayuno, nada exagerado pero que me hiciera ver decente. Leyla era alta con una figura de modelo, así que su ropa me hacia ver rara. Me ajustaba demasiado de las caderas, aunque de la cintura estaba un poco suelta…
- Esto es raro – respondo no muy segura de voltear al enorme espejo de su habitación. La última vez me había asustado demasiado.
- Te daré un suéter para que te pongas encima… - me dice levantándose de su cama para sacar un largo y holgado suéter de punto gris de su closet – ¡ponte este! Así no te sentirás incomoda…
- Gracias – susurro colocándomelo. Veo hacia abajo la ropa que traigo puesta, no iba a mirarme en el espejo otra vez, le tenía demasiado miedo.
- Sanem, te ves hermosa. Nunca lo dudes. – me dice con una amable sonrisa. Solo bajo la mirada otra vez. Se levanta y coloca otra vez iluminador en ciertos puntos en mi cara y brillo en mis labios. – ame maquillarte ayer fue muy divertido. Lo haremos otra vez, pero muy ligero para que mama no diga nada.
Después de guiñarme un ojo salgo de su habitación para esperar a que se cambie; tenía que admitirlo, mama estaba empezándome a dar más libertad, si exceptuaba el castigo de ayer. Tal vez si era capaz de hacer esto y demostrarle que podía mantener a raya mis episodios no sería tan autoritaria y podría dejarme salir mas a menudo, me daba pánico pensar en que Leyla se fuera. Abriendo y cerrando los puños bajo con cuidado la escalera, no estaba muy acostumbrada a usar botas o alguna clase de tacón, la frialdad me recibe y no se escucha ningún sonido. Me acerco a la pequeña cocina, pero mama no está, paso a la sala y tampoco.
Sabia que no debía hacerlo, pero mi curiosidad era grande, si no había nadie observando, talvez yo podía echar una mirada. Con mucho cuidado, muevo la desgastada y oscura cortina apenas dejando un mínimo espacio para ver por una ranura, la calle esta vacía, no hay niños jugando ni mujeres barriendo, había demasiado silencio.
- ¡Déjame decírtelo Mevkibe, es horrible! ¡Sencillamente espantoso! ¡¿Como esto pudo ocurrir?! Aun no me lo creo… - la estruendosa voz rompe el silencio espantándome y alejándome de la ventana de un salto, rápidamente cierro la cortina. Me separo de la ventana para correr a las escaleras, pero el tacón de las botas me hace tropezar, apenas alcanzo a sostenerme de la pared.
- Ese chico ya estaba en muy malos pasos – responde mi madre del otro lado de la puerta.
- Pero, ¿quién le hace algo así a alguien tan joven? La pobre Mazide esta rota de dolor, una madre a la que le matan a su hijo… ¿qué se puede esperar? – solloza la mujer. Ambas se quedan del otro lado de la puerta, pero yo ya no podía moverme, sentía los pies atrapados contra él suelo.
- No puedo imaginarme su dolor, ¿y como lo encontraron? – pregunta mama.
- Ya vez que te dije ayer en la mañana que había sangre fuera de su casa, la pobre se imagino lo peor. Pero ayer por la noche lo encontraron en el contenedor de basura que esta del otro lado del callejón que le da vuelta a su casa. Fue horrible. – mi corazón se acelera mientras me recargo en la puerta absorbiendo las palabras de la mujer.
- ¿Tienen idea de quién o qué fue lo que lo mato? – bajo la vista a mis manos temblorosas.
- Aun no lo sé… - solloza con voz entrecortada – ¿pero de que sirve saber? Bastante fue para la pobre encontrarse con el charco de sangre…
- Debemos ser precavidas Melahat, es muy peligroso salir de noche – responde mama con voz dura.
- Lo único que se es que se encontró un camino de sangre que se perdió unas casas mas adelante. Según creo, también encontraron sangre en las rocas cerca del parque, pero no saben si es la misma. Mi cabeza esta tan revuelta que ya no se ni lo que digo… – mi corazón se acelera ante sus palabras. Siento como el estomago se me resuelve y toda la sangre baja a mis pies, sin dejar de ver mis manos puedo sentir otra vez como el aire frio pica mis mejillas y la humedad las cubre. ¿Qué había hecho?
- ¡Ay este muchacho! Siempre fue un rebelde y un desconsiderado con su madre enferma, recuerdo como le decía: “Tarik no te vayas” “Tarik eso no es bueno para ti” pero el muchacho nunca escucho… - se queja mama, pero me es difícil oír por el zumbido que se dispara en mis oídos, apenas soy consciente de como empiezo a resbalar por la puerta hasta caer al suelo. ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho?
- Tienes que cuidar a tus hijas Mevkibe – le advierte Melahat. El zumbido se hace mas intenso, mis respiraciones más rápidas y mi visión ya era muy borrosa, ni siquiera puedo controlar mis manos o piernas, todo mi cuerpo se entumece.
- Están bien cuidadas, Leyla, como te platique, está a punto de casarse y Sanem… - cada vez me costaba mas trabajo mantenerme en la realidad, los colores perdían su brillo desdibujándose y lo que me rodeaba parecía perderse en la negrura que invadía mi realidad. – bueno, después de la boda. Ya no podré mantenerla más aquí…
Como un vaso que se estrella contra el piso, algo dentro de mi mente se rompe…

- “No abras los ojos, no importa lo que pase. Quédate aquí y tapa tus oídos. Te amo. – las palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza mientras aprieto mis ojos, mis dientes se aprietan con fuerza unos contra otros, estaba a punto de ahogarme. Tapo mis oídos con mis manos. Papi me había escondido, papi quería que estuviera bien. Tenía mucho miedo.
Se escucha como alguien entra a la habitación con el sonido de sus zapatos retumbando, tac… tac… tac…, me asusto mas y el olor a humedad me golpea cuando intento atrapar el sollozo dentro de mis labios atrapados. Quería ir con mi papi, quería salir de aquí. Antes de que pueda hacer nada se escucha una explosión que me hace abrir mis ojos… frente a mi papi cae… papi me observa hasta que el brillo de sus ojos azules se va.
Alguien que sale de las sombras se acerca a él… "

*¿Cuál es tu nombre?
Algo incomodo molesta mi espalada mientras la oscuridad desaparece, detrás de mi cabeza alcanzo a sentir las palpitaciones de un corazón y un olor a alcohol con hierbas me molesta en mi nariz, quito la cara pero una mano muy seca me detiene y provoca que lo vuelva a oler. Cuando la imagen se limpia unos ojos cafés muy familiares me observan con molestia.
Lagrimas resbalan por mis mejillas. Otra vez sucedió.
- ¿Cuál es tu nombre? – pregunta con voz seca.
- Mi nombre… - aprieto los dientes presionando a mi cerebro para que traiga los recuerdos y memorias otra vez. Caen más lágrimas, pero unos dedos suaves las limpian.
- Haz un esfuerzo… - susurra una voz dulce detrás de mi acariciando mi cabello y limpiando las lágrimas que parecen no detenerse - ¿Cuál es tu nombre?
- Sa… Sanem… - susurro con voz temblorosa. Los ojos fríos delante de mi se suavizan un poco.
- ¿Cuántos años tienes? – pregunta. Inhalo y exhalo mientras la mano suave acaricia mis sienes.
- 25, tengo 25 años – respondo asustada de esa mirada fría. Tenía la intuición de que no debía hacerla enojar.
- ¿Dónde vives? – pregunta atrapando mi mirada. No podía escapar.
- Vivo en un barrio cerca de la costa, - recuerdo con rapidez, asustada – vivo con mi hermana Leyla y mi madre… tu eres mi madre.
- ¿De que color son los ojos de Leyla? – pregunta con una cara aburrida.
- Aaaah… - inhalo y exhalo pasando la lengua por mis labios – ver… no azules, son azules…
Mi madre intercambia una mirada con quien está detrás de mí, esta me deja incorporarme cuando me empiezo a zafar de sus brazos, es Leyla que me mira con ojos tristes. Esta sentada sobre el primer escalón, volteo a ver a mi madre que cierra la botella con decisión y se incorpora sacudiendo el polvo de sus rodillas, pero no me dirige ni una mirada otra vez, sus labios son apretados.
- Ya que reacciono, levántala. Nos iremos en unos minutos. – se da la media vuelta y empieza a sortear a Leyla para subir las escaleras. Volteo a ver a Leyla quitándome el cabello de la cara.
- No deberíamos ir… - susurra Leyla incorporándose también, me da la mano y me ayuda a levantarme. Mis piernas están temblorosas. Mama se detiene y voltea a verla con voz fría y mirada dura.
- Iremos, no daremos marcha atrás. Ya reacciono así que continuaremos, te casaras con Emre y nadie lo impedirá; si alguien pregunta sobre nuestra tardanza le diremos que tu hermana estaba indispuesta. Punto. – se gira y sigue subiendo con paso firme.
No tenia caso que pensara en lo que había hecho antes del episodio o como llegue a la entrada de la casa, eso solo me haría sentir peor y a Leyla también, que ya se le veía bastante molesta.
Todo el camino en taxi fue en silencio, igual que ayer, con la diferencia de que a mama se le veía como si fuera a lanzar el pequeño bolso que sostiene en sus manos contra cualquiera que tuviera enfrente. El día en que tuviera episodios sin Leyla me llevaría al hospital, seguro.
Admirando toda la ciudad me quedo fascinada por el bullicio, ayer había estado lleno de luces, pero hoy había muchas personas y carros por donde quiera, el movimiento se veía catastrófico y armonioso al mismo tiempo. A nuestro lado se detiene un carro cuando al frente una luz roja se prende, un niño se asoma por la ventana, me sonríe y yo le sonrió de vuelta. Me saluda con su pequeña mano y yo hago lo mismo hasta que mama me baja la mano.
No sabía a donde íbamos pero parecía que mi mente grababa cada vuelta con absoluta fascinación, podría jurar que nos estábamos alejando hasta que llegamos a un lugar que se veía absolutamente elegante y no tenía casas, ese término parecía pequeño porque lo que yo llamaba casa no era para nada como que estaba viendo, eran un montón de castillos o como si alguien hubiera tomado esas casa de muñecas de colección y las hubiera hecho en tamaño real. Tenía la furiosa sensación de querer entrar a todas.
El taxi da vuelta y se detiene ante una hermosa casa de color blanco y lila con techos de dos aguas y un sinfín de ventanas, en la parte central tiene un gran balcón con muchas flores adornándolo y en las ventanas de la segunda planta tiene balcones mas pequeños, todos son blancos. Al entrar, una enorme fuente salpica por el ligero aire que hace, me siento hipnotizada como cae el agua. Un hombre de traje nos llama y nos reconoce, mama toma mi mano de inmediato mientras este nos escolta hasta la enorme puerta que esta al final de unas elegantes y amplias escaleras, la puerta se abre.
- Baja la mirada Sanem… - aprieto los labios molesta. Quería ver quien era.
- ¡Queridas! Me da gusto que llegaran… - escucho la chillona voz. La reconozco como la mama de Emre, esta se acerca usando unos afilados zapatos de tacón. Después de saludar a mama, me ignora, no se si a señal de mama o porque no quiere perder el tiempo en mí.
Mientras entramos apenas puedo ver todo lo que me rodea, la frustración me hace apretar más los labios, quería ver todo y moría de curiosidad; las tres mujeres se ponen a platicar de los detalles de la boda, de lo hermosa que es Leyla y lo afortunados que son al encontrar el amor el uno en el otro. Solo podía ver la delicada y brillante tela del sillón donde estaba sentada y apreciar mi reflejo en el liso y pulcro piso.
Después de un rato, la señora Huma nos lleva a lo que asumo es la parte trasera de la casa, cuando menciona su jardín y siento el olor de la hierba fresca recién regada y el dulzor de las flores levanta la cabeza.
- ¿Flores? – pregunto en un susurro apresurado atrayendo la mirada de todas hacia mí. La señora Huma coloca una mano en su pecho ante la sorpresa de escucharme hablar.
- Si, flores… querida. ¿Te gustaría verlas? – me pregunta con un tono como si tuviera 5 años. Hago caso omiso de ello, de verdad quería ver las flores. Asiento liberándome de mama, pero ella aprieta mi mano.
- No creo que pueda hacerlo… - susurra mama nerviosa.
- No hay problema querida, la propiedad esta cerrada y no podrá perderse. Tal vez el aire fresco y las plantas la hagan sentir mejor – sonríe la señora Huma. Ahora que la veía bien podía estudiarla mejor, al estar tan alejada de las personas, tena una obsesiva fascinación por observar a las expresiones de los demás, cuando rara vez podía, cada detalle era algo espectacular. La señora Huma tenia un corto cabello muy rizado que le llegaba a la barbilla, un mentón obstinado que se levantaba como si estuviera acostumbrada a ser escuchada, sus finos labios hacen un mohín autoritario y sus oscuros ojos azules destellan con agudeza. Su vestido rojo sin mangas y fino cinturón solo la hacen ver más elegante.
- Esta bien… - mama suelta mi mano y empiezo a caminar.
El jardín se veía inmenso, antes de llegar una pequeña fuente llama mi atención, regreso la mirada a las tres mujeres en la entrada, pero estas están distraídas platicando y riendo. Con cuidado, acerco mi mano a la cristalina agua, se siente muy fría, pero es de alguna manera reconfortante, me doy la vuelta y sigo caminando por entre las jardineras. Al parecer a la señora Huma le gustaba lo pomposo y complicado porque las jardineras formaban una especie de laberinto, emocionada me adentro en por los pasillos cubiertos de una enredadera de flores moradas que cuelga de cada muro verde, era bellísimo y no eran muy altos, apenas a la altura de mis ojos.
No sabía cuánto había caminado, pero me sentía como si estuviera en un lugar al que pertenecía, el olor a naturaleza era fascinante y la brisa no hacia mas que elevar el delicioso aroma, tal vez si seguía caminando encontraría todas las flores de las que había hablado la señora Huma. Al dar la vuelta escucho unas voces y me detengo de golpe agachándome…
- Bésame otra vez… te extraño tanto… - susurra una voz femenina que me sonaba vagamente familiar. Me congelo en mi lugar sin moverme. Por unos segundos se escuchan extraños sonidos, me asomo con cuidado, pero lo único que alcanzo a ver es una cabeza de cabello oscuro. Una mujer. – no quiero estar nunca separada de ti. Odio tener que hacer esto… que fingir…
- Haría lo que fuera por ti… dime que quieres y te lo daré - susurra una voz masculina. Conocía esa voz. – pero tenemos que dejar esto en secreto, nadie puede enterarse de lo que hicimos de lo que hacemos…
Camino hacia atrás con la mano en la boca, ese era… ese era… los susurros se hacen mas entrecortados y las respiraciones más agitadas, por un momento se escuchan gemidos cortos. Camino más hacia atrás golpeando una de las jardineras y soltando un jadeo de sorpresa, los susurros y gemidos se detienen. Oh no.
Salgo corriendo de ahí soltando las flores que había cortado a lo largo del camino, no sabía a donde iba, pero tenía que salir de ahí, tenia correr. ¿Había alucinado? ¿era real lo que había visto y escuchado? Ya no sabía, la locura de mi mente siempre me hacia sentir insegura. No estaba acostumbrada a correr así que el frio viento empieza a cortar mis pulmones conforme intento jalar mas aire… tenia… que salir…
*¿Tienes idea de a donde vas? ¿O solo estas corriendo sin sentido? Off Sanem…
- Tengo que correr… - me aseguró a mi misma con la respiración agitada. Cuando doy la vuelta me estrello con un duro pecho que me hace caer hacia atrás. Cierro los ojos absorbiendo el fuerte impacto del dolor.
- ¿Sanem? – desde el suelo abro los ojos encontrándome con unos destellantes ojos azules. – estas bien? Déjame ayudarte…
- Gra… gracias… - me levanta con cuidado y me sostiene de la cintura. Tengo la fuerte necesidad de empujarlo lejos.
- ¿Te has lastimado? – pregunta con voz calmada. Niego con la cabeza soltándome de su agarre. – ¿qué haces aquí?
- Vine, pues… - tartamudeo pasando mi lengua por mis labios – quería flores, pero no sé cómo encontrarlas…
- Para eso tienes que atravesar este espantoso revoltijo Sanem, - se ríe haciendo que su cabello rubio brille con la luz del sol – apenas estas entrando…
- Pero… - intento impedir que me toque otra vez, pero su brazo se pasa por mis hombros y tras dar una vuelta estamos como al inicio. Suspiro.
- ¿Quieres que te lleve a ver las flores o prefieres tomar un te para relajarte? – me pregunta. No quería estar a solas con él, asumí que si ibamos por el tendríamos que estar de vuelta en casa con todas las demás.
Después de aclararle que prefería él te, con mucha naturalidad bajo su mano a mi espalda para guiarme de vuelta a la casa. Podía jurar que era el a quien había escuchado detrás de la jardinera con otra mujer, pero viéndolo ahora, se veía tan fresco y relajado como si acabara de dar un paseo solo por diversión. Leyla tenía razón, Emre era perfecto para ella en el sentido de buscar un igual, tenia un estilo bastante moderno de vestir, pero a la vez elegante, la pulcra y veraniega camisa azul acentuaba su tez blanca y sus sorprendentes ojos azules, el pantalón blanco hablaba de alguien que estaba muy seguro de que no se mancharía y sus zapatos cafés estaban perfectamente limpios. Todo el gritaba finura.
Ya en la casa, en lugar de entrar por donde había salido con la señora Huma, mama y Leyla, me dirigen a la derecha pasando por unas lindas y acolchadas sillas de jardín, seguimos de largo como si fuéramos a rodear la casa hasta que nos detenemos en unas puertas dobles de cristal templado. Era una puerta alterna a la cocina.
Abre la puerta y una chica joven, bajita y algo llenita lo saluda.
- Señor Emre, ¡buenas tardes! ¿Se le ofrece algo? – pregunta con una sonrisa cortes.
- Gracias Ayhan, - responde Emre quitando al fin su mano de mi espalda; me muevo hacia un lado para evitar su cercanía y la chica ataviada con una falda azul, una blusa blanca y un enorme moño en el cuello me mira con curiosidad – sin querer, espante a mi cuñada, Sanem, y le he dado un buen susto. ¿Podrías prepararle un te? Le ayudara a relajarse…
- ¡Pero claro señor! – responde emocionada la chica girándose en la espaciosa cocina. En la cocina de nuestra casa, que solo abarcaba una pared, apenas y cabían dos personas, pero aquí… fácilmente podría tirarme en el piso con las manos y las piernas extendidas y sobraría espacio.
- Siéntate cuñada – me dice Emre señalando un banco que da la espalda a la entrada, me siento un poco nerviosa; la chica no deja de sonreírme y darme esa mirada de curiosidad – después del té, Leyla y yo te mostraremos las flores. Apuesto que también le encantaran…
Asiento bajando la mirada, antes de que pueda agregar algo suena una extraña canción y Emre se disculpa saliendo de la cocina con el teléfono en el oído, lo observo hasta que desaparece tras las puertas de cristal fuera de la casa; la misma pregunta golpea mi mente: ¿de verdad había escuchado que estaba con otra mujer o lo había alucinado?
- ¿Te gusta muy caliente el te? – me pregunta Ayhan colocando la tetera en la estufa.
- No demasiado… - respondo. ¿Qué clase de pregunta era esa? El té por lógica era caliente…
- Lo siento, - me da una sonrisa de disculpa – te pregunto porque el señor Can siempre se queja de su te, que si está muy frio o muy caliente, que si esta rojo o naranja, que si esta desabrido o muy cargado… nunca se sabe con el…
- ¿Y porque no se lo hace el mismo? – pregunto. No sabia que me pasaba con esta Ayhan, pero me hacia sentir cómoda, su energía era tan liviana que no me sentía intimidada. Suelta una carcajada como si le hubiera contado algo muy divertido.
- Querida eso no es posible, - responde con diversión quitando la tetera de la estufa y apagándola; la había dejado muy poco tiempo – para eso estamos nosotras…
- ¿Acaso es un niño? – pregunto otra vez mientras sirve, estaba colocando más agua que te. Se echa a reír otra vez.
- ¿Acaso no lo conoces? Es el hermano mayor del señor Emre… - coloca el te frente a mi y se recarga en la barra del otro lado mío. Recordaba que mama me había impedido saludar al otro hijo de la señora Huma. Vagamente recordaba su voz.
- Entonces no es un niño - respondo algo molesta mientras bebo del té que esta desabrido; él lo tenía todo para hacer lo que quisiera y no lo aprovechaba, al contrario, mandaba a alguien más y después lo reprendía. ¿Dónde estaba la coherencia en eso?
*Mira quien lo dice…
- No, pero es el patrón. Si el lo manda, lo hacemos… - responde encogiéndose de hombros.
- Eso no tiene sentido, - me quejo bajando el vaso de té, no creía que pudiera acabármelo; por primera vez me sentía con la libertad de hablar con alguien sin tartamudear o trabarme, esta chica era tan natural que simplemente ya no podía parar – si algo no te gusta vas y lo cambias, no puedes culpar a los demás por qué no lo hacen como te gusta si nunca les has enseñado como. ¿Qué tipo de jefe es ese? El debe ser un líder que enseña, no alguien que somete y mantiene aprisionados a sus trabajadores. No es un niño y evidentemente no trabaja con niños, las posibilidades están a su alcance. Es peor estar encerrada en una prisión sin posibilidades de nada…
Algo golpea mi espalda deteniendo mis palabras, no era algo físico, era otra cosa… como cuando sabes que algo horrible está a punto de suceder. Levanto la mirada a Ayhan, esta tiene los labios apretados y la mirada puesta en mi pero la expresión de su rostro esta llena de alarma. El aire se atora en mis pulmones, por mi columna sube un cosquilleo y mi corazón se detiene un segundo y luego reanuda su marcha a toda velocidad…
Escucho pasos detrás de mi que se acercan, por e sonido y otra cosa que no logro identificar puedo suponer que es alguien grande, seguro de si mismo, pero con una energía tan potente que me mantenía congelada en mi asiento. Acercándose desde atrás de mí, invade todo mi escenario y el aliento se me va, con cuidado apoya su cadera en la encimera, su codo sobre ella y su barbilla en el dorso de su mano. Su mirada me atraviesa…
Era la persona más perfecta que había visto, su hermano a su lado era una broma en comparación, era esa clase de persona que invadía las fantasías o existía solo en los libros, era la simetría que tanto busco Leonardo da Vinci y que, por alguna razón, ahora se paraba frente a mí. Su cabello es una combinación entre oscuro y rubio ¿mechas tal vez? Y lo tenia largo porque se le veía amarrado en una simple coleta baja; su piel bronceada era perfectamente pareja a excepción de una marca de nacimiento que apenas se alcanzaba a notar por la tupida barba y bigote, no podía ver sus labios porque estaban tapados por sus dedos, pero seguramente eran tan hermosos como el resto de él. Me picaban las manos por tocarlo, ¿tal vez era alucinación mía?
Y luego estaba esa mirada, de inmediato sentí como me atravesaba y me dejaba expuesta, tenia la necesidad de taparme. Me sentía desnuda frente a él, esos ojos profundos que parecían dos estanques de chocolate llenos de misterios me mantenían en mi lugar. Estaba segura que estaba analizando mi alma. Casi no podía respirar ante su escrutinio…
De pronto, los bordes de mi visión empiezan a desdibujarse mientras un fuerte zumbido truena en mis oídos, no no no no… pienso incapaz de moverme, pero sintiendo como dentro de mi cuerpo pierdo el control; la garganta se me seca, quiero zafarme de su mirada profunda, pero estoy ahogándome en ella, me tiene atrapada. Cosquillas zumban por todo mi cuerpo y mi mente empieza a oscurecer mi entorno hasta que solo puedo ver su hermoso rostro y su mirada penetrante, ¿ya sabia que estaba loca? ¿sabía lo que había pasado en las rocas? ¿sabia quien era yo? Preguntas martillean a través del zumbido, pero no logran controlarlo… estaba a punto de perderme otra vez…
- ¿Como te llamas? – pregunta con voz ronca y arrastrada. Sus palabras me jalan nuevamente a la realidad, como si me hubiera encontrado al filo de caer en el abismo y él me hubiera jalado para sacarme del mismo. Toda mi visión se acomoda y mi realidad permanece. Estoy tan aturdida que no pienso la respuesta, solo escapa de mis labios.
- Sanem… - respondo. aun estaba viendo algo borroso, pero dudaba que fuera por un episodio.
- Sanem… - responde acariciando mi nombre como si probara cada letra y la degustara. Una extraña electricidad baja por toda mi columna.
- Mi nombre es Sanem… - repito emocionada pero aun con la voz temblorosa. No podía creer aun que el episodio no hubiera sucedido y ahora estuviera tan anclada a la realidad, solo tenía la sensación de que había pasado por este momento antes, que, en algún momento de nuestras vidas, este hombre y yo, habíamos cruzado miradas. Pero eso era imposible.
- Sanem… - responde y una sonrisa se asoma detrás de su mano marcando sus hoyuelos dándole un aire infantil que no parecía encajar con su fuerte personalidad. – así que, ¿crees que puedes hacerlo mejor Sanem?
- No… - respondo en un susurro. Toma mi vaso de te con la mano libre y lo prueba dejándome totalmente estupefacta, hace una mueca de disgusto con un sonidito en sus labios, anuqué no se le ve molesto. Deja ir mis ojos para ver a Ayhan, ahora que me ha liberado respiro profundamente.
- Aun no das el toque Ayhan… - le dice con una nota de diversión en los labios, ella solo le da una sonrisa de disculpa con las mejillas sonrojadas – bueno, dado que acabas de decir que se le debe enseñar a los demás a hacer las cosas como nos gustan, y se que no te gusto el té, ¿porque no le enseñas a Ayhan como se hace?
Me reta sin moverse de su posición, estoy a punto de negarme para salir corriendo de ahí pero su mirada es retadora y me observa de una manera tan abrazadora que por alguna enferma y retorcida razón quiero hacer lo que el me pide. Bajo despacio del banco y me acerco a la estufa donde Ayhan me deja todo lo necesario; en todo el proceso su mirada me quema como si le estuviera prendiendo fuego a las capas de mi ropa para descubrir lo que hay debajo, estoy demasiado nerviosa, mis manos tiemblan y en mi estrés dejo caer varias cosas, el té, la cuchara, un trapo que estaba cerca y el agua, era una tortura.
Cuando me doy la vuelta para mirarlo, sigue en la misma posición, pero ahora de frente, sus ojos no se alejan de mi como si no quisiera dejarlos ir. Con pánico de derramar el te caliente encima de él, lo coloco con cuidado frente a su brazo aun apoyado en la encimera. No sabia de que estaba mas sorprendida, si era porque con una sola pregunta había impedido que entrara en un episodio, por su belleza o porque había hecho te para el sin rechistar.
Con lentitud, pero sin soltar mi mirada toma el pequeño vaso de te y lo prueba, de inmediato sonríe y por alguna razón siento algo suave aletear en mi corazón.

¿Porque no deja de verme? Sabía que lo estaba haciendo, después de nuestro encuentro en la cocina mi madre me había encontrado y se había apresurado a llevarme con ella a la sala pidiendo disculpas a todo el mundo. Llevaba aquí sentada cuanto, ¿20, tal vez 30 minutos? Y no era tiempo de que su mirada se despegara de mí, todo mi cuerpo bullía de nervios. Yo no había levantado la mirada en todo ese tiempo, me había concentrado en el vaso de te frente a mi y en los patrones de la ostentosa alfombra, pero un podía sentir la quemadura de su mirada.
Todas reían, hablaban y gritaban sin cesar, tal vez Emre dijera uno que otro comentario, que su madre y la mía ignoraban y que Leyla parecía animar siempre, pero continuamente se levantaba para contestarle a quien fuera quien le llamaba por el celular. Pero él, estaba sin hablar en absoluto y firmemente sentado en su silla, no se había movido ni una vez a pesar de que llevaba tres vasos de té.
*No sé tú, pero yo estoy a punto de desmayarme…
Juego con mis dedos tratando de respirar pausadamente, aunque cada vez era mas difícil. No podía soltarme, aunque apretara los ojos con fuerza, mi mente estaba clara y perfectamente anclada a realidad.
- Hermano, - interrumpe Emre con un susurro – ¿puedes venir?
Simplemente se levanta y se va, dejo salir un suspiro de alivio, pero la incomodidad un persisitia en mi cuerpo como una pequeña descarga de electricidad que no dejaba de revolotear y sacar chispas. Me inclino hacía donde están las tres mujeres hablando.
- Señora Huma, ¿puedo pasar a su baño? – pregunto con la voz mas tranquila que puedo disimular. Esta se queda estupefacta, su mirada parece rebotar de mama hacia mi unas tres veces. Mama me voltea a ver con los labios apretados y los ojos muy abiertos. Había desobedecido otra vez.
- Claro querida… - responde en esa aguda voz que estaba empezando a molestarme. Sonaba… falsa. – en el pasillo después de la cocina, la última puerta.
Hago una pequeña sonrisa de agradecimiento y me levanto como un resorte. Tenia que salir de ahí.
Camino en la dirección que me indico, pero antes de que pueda abrir la puerta se escucha a alguien del otro lado hablando por teléfono. No quería escuchar, mucho menos que me descubrieran escuchando, ya tenia los pensamientos bastante enredados por lo que había oído hacia un rato en las jardineras.
Doy la vuelta hasta llegar a una escalera y la subo, no se veía nadie, pero como iba a ser así si esta casa era enorme. Después de pasar varias puertas que parecían iguales y una pequeña sala con un gran ventanal que daba aun balcón alcanzo a percibir el sonido de música. Me acerco a donde viene el sonido, la puerta esta entreabierta por lo que me asomo un poco.
No lo podía creer, frente a mi estaba la pintura más bonita que había visto. Toda la pared del fondo era una obra de arte; el atardecer perfectamente plasmado parecía real, los colores azul, rojo, amarillo, naranja, rosa y blanco reflejan la perfecta armonía mostrando la luminosidad de un día que se acaba. El mar tenia reflejos cristalinos donde el artista había jugado con los colores reflejando la profundidad y lo mas hermoso, dos sombras de hermosos pájaros atravesaban el paisaje con sus grandes alas como si estuvieran disfrutando de la majestuosidad del momento y empapándose de ella.
Estaba tan perdida por lo que estaba viendo que no era consciente de que había empezado a adentrarme en la habitación; solo quería tocarla para saber que no estaba fantaseando otra vez.
- Otra vez, te atrape… - susurra un grave y arrastrada voz cerca de mi oido paralizándome de la sorpresa. Cuando volteo, dos pozos oscuros color chocolate me congelan la visión y envían una potente descarga a mi corazón.

DEJAME ATRAPARTE Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora