CAPITULO 11 SANEM

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DEJAME ATRAPARTE

CAPITULO 11 SANEM

¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?

Intento controlar el temblor en mis manos, pero es imposible, el edificio que siempre es un hervidero de vida y color que ahora está vacío solo mostrando la energía de todas las expresiones preocupadas y tristes que dejo el mensaje del señor Can a través de la dureza de las palabras de la señora Deren, todo estaba acabado. Con cuidado me acerco a su oficina y me asomo con lentitud, prácticamente nos corrió a todos para dejarlo solo pero no me parecía correcto que nadie lo acompañara en estos duros momentos, la expresión en sus ojos rompía mi corazón en mil pedazos, el señor Can no era precisamente expresivo pero la derrota brillaba en ese par de pozos cafés que yo adoraba, suspiro tratando de no hacer ruido, quería encontrar una forma de ayudarlo.
*¿Cómo vas a ayudarlo si tu misma estas guardando tantos secretos?
Cuando levanta la vista me escondo otra vez rogando porque no me haya descubierto, la puerta está completamente abierta así que tengo que tener cuidado, al no sentir o escuchar ningún movimiento vuelvo a asomarme… su frente está apoyada en sus manos juntas que descansan sobre el escritorio sosteniendo un vaso, se veía tan frustrado y triste que solo quería acercarme y abrazarlo pero no podía, el señor Can estaba muy molesto y no soportaba que se le acercaran… si tan solo yo pudiera hacerlo…

- Hermana, ¿crees que volveremos a trabajar? – pregunto nerviosa. Era el primer día sin asistir y ya siento mis nervios a flor de piel, Leyla igual así que pensamos en reunirnos con Ceycey y Guliz fuera de la casa.
- Es difícil saberlo, no pensé que las cosas estuvieran tan mal, habrá que esperar la próxima semana – responde con la voz ligeramente triste.
- Supongo que si… - susurro observando el mar. Siento su suave toque en mi mano y regreso la vista.
- No te preocupes, recuerda que tenemos mucho que hacer… - sonríe otra vez y sus ojos brillan de emoción. Era increíble como cambiaron las cosas en solo unas semanas, perdí la noción del tiempo por toda la manera de sorpresas que vivía día con día ¿cuánto tiempo paso? ¿Días, semanas, meses? No estaba segura, todo era nuevo para mí. Como esto, ¿alguna vez espere estar sentada en una barcaza con mi hermana y algunos amigos? Ni en sueños y ahora aquí estaba, vistiendo ropa bonita y suave admirando la vista… y aun así no se sentía totalmente correcto, siempre sentía ese frio en mi corazón y una horrible sensación de incomodidad.
Apenas podía creer que estuviera admirando el nublado paisaje sin la restricción de un vidrio, tablas o cortinas, el clima estaba dando un giro brusco tal como lo hacía mi vida, pero tampoco debería sentirme demasiado asombrada porque mama tenía mejores cosas en que pensar que en su hija que no llegaba a dormir y que escuchaba voces en su cabeza, existía algo mucho más importante y eso era la boda de mi hermana. Cuando el señor Emre nos dejó en casa se quedó unos minutos a hablar con mama y compartir las buenas noticias… se casarían antes de la fecha estimada, en dos semanas mi hermana pasaría a ser parte de la familia Divit.
- ¿Sanem? – levanto la vista y un hombre está parado detrás de mi hermana, era el mismo que estaba en la oficina del señor Can y por lo que me dijo Guliz ese día, era capitán de la policía con quien el señor Can tenía una muy mala relación.
- Oh… - susurro sin poder decir nada más. Leyla voltea y se lleva las manos a su boca.
- ¡No lo puedo creer! ¿Yusuf eres tú?! – grita mi hermana levantándose.
- ¡Dios Leyla! ¡estas hermosa! – la halaga el abrazándola con una sonrisa, sus ojos verdes se clavan en los míos, desvió la vista a la mesa sin poder recordar a este hombre que decía conocerme.
- Tu también te ves muy bien, - responde mi hermana con una sonrisa apretando sus manos – no puedo creer que estés aquí, hace tanto tiempo…
- Mucho tiempo – responde con una sonrisa. Se acerca a mi para saludarme, pero no me levanto, solo extiendo mi mano y sonrío. Desde que lo conocí en la oficina se notaba que a este hombre le gustaban los abrazos, no estaba nada lista para hacerlo.
- ¿Sanem no lo recuerdas? Es Yusuf, jugaba con nosotras todo el tiempo… - me explica emocionada. Su mirada cambia después de unos segundos cuando nota mi expresión en blanco – lo siento, no lo recuerdas, ¿verdad?
- No es importante, es bueno volvernos a encontrar… - interviene el señor Yusuf con una sonrisa. Leyla lo invita a sentarse, él le agradece tomando asiento a mi lado, trato de alejarme lo máximo posible, pero es tan grande y corpulento como el señor Can.
- Así que, ¿trabajan para la familia Divit? – pregunta el tras unos segundos de silencio.
- Yo tengo más tiempo, pero Sanem acaba de entrar – explica Leyla con una sonrisa en mi dirección.
- Debe ser emocionante estar juntas… - agrega sonriendo.
- Mucho – respondo a la sonrisa de Leyla.
- Aunque recientemente me he enterado que están pasando por muchos problemas financieros – mi hermana y yo intercambiamos una mirada tensa. Volteo a ver a ver a este hombre, algo en el me daba muchos nervios.
- Hay días buenos y malos – responde Leyla un poco nerviosa.
- Eso sí; cambiando de tema, me encantaría saludar a su mama, ¿creen que podría visitarla? – pregunta. Toda la tensión desaparece.
- Claro que sí, pero en este momento está un poco ocupada porque está ayudándome con los planes de mi boda – Leyla brilla al mencionar su boda de ensueño. La culpa me carcome por dentro cada vez que la veía así de emocionada, si tan solo pudiera decirle…
- ¿Te casas Leyla? muchas felicidades – Leyla se emociona como siempre que alguien mencionaba su boda, parecía una de esas princesas de los cuentos, emocionada por su boda de ensueño y final feliz. Mi estomago se revuelve, ¿a que costo mi hermana haría esto? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿sería capaz de quedarme callada? Como el cielo en este momento, así se sentía mi mente, la tormenta se acercaba y no encontraba la manera de pararla sin lastimar a alguien en el proceso.
- Gracias, estoy muy emocionada… - responde mi hermana con las mejillas rojas. Un momento, ¿si este hombre era policía no se supone que sabe de la boda de mi hermana? Me enteré por Leyla que salió su propuesta en todas las noticias… ¿él no lo sabía?
- ¿Y quién es el afortunado? – pregunta el policía con una sonrisa curiosa, como si estuviera seguro de saber la respuesta. Mi hermana en su emoción no se da cuenta.
- Emre Divit – el policía no se inmuta, solo su mano parece no poder quedarse quieta con la servilleta que sostiene.
- Vaya Leyla, bueno, espero que sean muy felices… - una de sus cejas se levanta de forma burlona – considerando todo…
- Gracias – responde Leyla.
- ¿A qué se refiere con “considerando todo”? – pregunto un poco molesta por sus palabras. Yo tampoco estaba de acuerdo con la boda, pero este hombre tenía algo, su encuentro con nosotras parecía más un interrogatorio planeado que un encuentro casual.
- La familia Divit tiene mucha mala fama Sanem, - me explica girándose hacia mí en la banca, su persona se impone y apenas puedo parpadear bajo el escrutinio de sus ojos verdes – el escándalo y los secretos los persiguen a pesar de que no se ha podido comprobar nada, como si toda la familia estuviera maldecida con un aura oscura y contaminaran a cualquiera que convive con ellos; debes tener cuidado Leyla, ninguno de ellos es de fiar…
- Por favor, no me hables así de mi prometido y mi próxima familia, ellos no han sido más que amables conmigo y me han acogido como una hija más – no esperaba esa reacción de mi hermana. El señor Yusuf gira de nuevo en la banca para que ella este de frente.
- Sabes que tengo razón, - asevera con una expresión seria – como ahora, Can Divit está enfrentando una demanda por negligencia y complicidad en un asesinato además de que está relacionado con otro asesinato ocurrido hace unas semanas. Ambos hombres trabajaban para él, ¿no me vas a decir que eso no es sospechoso?
- Lo que te voy a pedir es respeto, si los insultas a ellos me estas insultando a mi también – responde mi hermana con labios apretados.
- Lo siento Leyla, por favor no lo tomes a mal, solo quiero que tengas cuidado. De un amigo a otro – el señor Yusuf sonríe, pero Leyla no se ve muy convencida, tras un silencio incomodo se despide.
- Fue un placer volver a verlas – sonríe abrazando a mi hermana otra vez, antes de que se acerque alargo la mano, sonríe más tiernamente con sus ojos en los míos y al sostener mi mano muy ligeramente acaricia mis nudillos.

- ¿Regresaras a la empresa? – me pregunta Leyla que camina conmigo entrando a nuestra calle.
- Si, el señor Can me lo ha pedido – respondo si poder contener la emoción en mi voz o la sonrisa en mi cara.
- Está bien, pero ten cuidado por favor… - el viento frio revuelve su cabello ocultando su expresión, nos acercamos más para guardar el calor entre las dos con nuestros brazos entrelazados – aun no me has dicho a donde te llevo el señor Can y no quiero que nada te pase, los siento muy cercanos…
- ¡No es así! – me defiendo de inmediato. Me pase un buen rato asegurándole a Ceycey y Guliz que no tenía nada que ver con el señor Can pero Guliz fue severa en sus preguntas y sus burlas, ya la conocía lo suficiente como para saber que solo buscaba un nuevo chisme que contar – solo soy su asistente, es mi trabajo ayudarlo además no pasó nada malo ese día, me llevo a su cabaña, se aseguró de que estuviera bien y escuchamos música… solo eso, al final, me quede dormida y ya no hubo manera de volver hasta el día siguiente.
- ¿No te hizo nada malo verdad? – me pregunta con ojos preocupados.
- ¡No! el señor Can siempre me ha tratado bien… - al contrario de su prometido, pero no le diría eso. Sentía mis mejillas ardiendo, no era muy buena fingiendo, pero tenia que convencerla o de lo contrario… no tenia idea de lo que pasaría…
- Desde que lo conozco nunca lo vi ser tan amable como lo es contigo – declara con firmeza. Leyla no dijo nada cuando Guliz no paro de hacerme bromas con el señor Can, solo me observaba preocupada.
- Sabe de mi situación y al contrario de lo que piensa el resto del mundo, es una persona amable y considerada – respondo defendiéndolo.
- Solo ten cuidado, ¿de acuerdo? El día de la fiesta su novia hizo tal escena que me preocupa que ella vaya a lastimarte por un malentendido – suspiro recordando a la señorita Polen. Cada vez que pensaba en ella sentía una fuerte opresión en el pecho.
- Tendré cuidado – susurro sonriendo, responde con otra sonrisa, se detiene y me abraza.
- Estoy tan contenta de que sonrías tanto – susurra sin soltarme. Antes de que le pueda responder una figura ligeramente encorvada sale de nuestra casa, detrás de él una niña pequeña lo sigue dando brinquitos. Oh no… Leyla nota mi tensión y se separa – ¿qué pasa?
- ¿Has… alguna vez has… visto a ese hombre? – pregunto. Leyla voltea, pero el hombre ya camina de la mano de la niña en dirección opuesta a donde estamos.
- No… la niña es la que cuida la tía Melahat pero nunca había visto a su padre – responde sin dejar de ver al hombre.
- Por cierto, ¿nadie fue a buscar al señor Can en la mañana antes de que yo llegara? – mi corazón late muy rápido dentro de mi pecho.
- Aaah… sí, creo que llego un hombre a buscarlo, un obrero de las minas pero yo no hable con él, solo vi que Emre le hablo por unos minutos y después se fue – responde dando golpecitos a su barbilla; el hombre gira en la esquina desapareciendo de mi vista - la verdad no preste mucha atención y cuando le pregunte a Emre, solo me dijo que aunque el hombre estaba muy apurado de hablar con el señor Can, no era nada importante y le aseguro que le pasaría el mensaje…

*Si no dejas de verlo se te romperá la mandíbula…
Mi propia voz interior me obliga a salir de mi estupor, con una rodilla, sostengo el peso de la caja que estoy cargando. El señor Can me pidió que lo ayudara a limpiar el día en que estaba en la barcaza con todos, ahora, toda la semana hacia eso, ir y venir con cajas, papeles y rollos de más papeles. Casi no hablábamos, pero cuando lo hacíamos el evitaba cualquier tema de conversación referente al trabajo, me preguntaba sobre todo, mi color favorito, que clima prefería o si me gustaba la comida de ese día, después volvía a su oficina y no tardaba en reunirse con alguien.
Cada reunión que tenía era completamente distinta, lo sabía por como cambiaba su expresión cuando entraba y salía, cuando se reunía con la señora Deren o Ceycey salía tranquilo, cuando llegaba el señor Metin o el señor Akif estaba hasta sonriente, una vez los escuche carcajeándose de risa pero cuando venía la señora Huma era otra historia, el señor Can parecía querer golpear algo cuando ella se iba y su energía era tan oscura que era mejor quitarse de su paso aunque él té perecía ayudarlo in poco.
Mi visita favorita era la señora Remide, a pesar de que hablaba con ella seguido y a veces venia por mí con el señor Umut, cuando visitaba al señor Can era muy divertido, el señor Can parecía un niño pequeño junto a ella y le daba grandes abrazos como si no quisiera que lo dejara…
A los que no soportaba era a mi hermana y a Emre, ellos solo iban de paso porque ni de broma ella se atrevería a arrugar su ropa cargando cajas o a romperse el cuello intentando levantarlas y al mismo tiempo guardar el equilibrio es sus zapatos de aguja, como sea, era incomodo que estuvieran cerca. Cada día que pasaba quería decirle la verdad, al señor Can o a ella, pero no me atrevía, me daba pánico que el señor Can se enojara y lastimara a mi hermana o que, al decirle la verdad a ella sobre su prometido, sufriera y aun así siguiera adelante.
*¿A quién engañas? Ambas sabemos que te da miedo decirle la verdad al señor Can porque te estas protegiendo…
- Yo no me estoy protegiendo – susurro molesta moviendo la caja a un lado de mí. Rompo más papeles con fuerza y los dejo caer en la bolsa; los papeles que me dio Mete estaban a salvo en mi casa, pero cada día que los veía me sentía más culpable, no sabía qué hacer.
*Claro que sí, temes que él te desprecie…
- No es cierto – respondo más molesta que antes, aunque en mi corazón sentía una fuerte opresión. No quería que me odiara, era verdad, si se enteraba me sacaría de su vida y la anisada libertad con la que soñaba se iría porque para mí la libertad no era irme de mi casa a un mundo desconocido, la libertad era él. ¿Qué me pasaba? Lo que hacia estaba muy mal pero no quería decir la verdad… mi hermana, el señor Can, el señor Emre… todos pesaban tanto en mi pecho.
*No niegues lo que está escrito en tus ojos, bueno si hasta babeas cada vez que lo tienes cerca…
¿Era mi culpa que el archivo estuviera tapizado con las fotos de la empresa donde estaba él repetidas veces? Era mi martirio y mi gusto personal.
- ¿Qué cosa? Yo no tengo nada en los ojos, ¿qué te pasa? – reclamo.
- Difiero, creo que tus ojos son hermosos… - las palabras me sacan de mi batalla mental con mi yo interno y los papeles salen volando de mi mano. El señor Can sonríe y se agacha para levantarlos – tienen cierto brillo…
- Gracias – toma mi mano y deja los papeles en ella. No sé si le agradecía por el cumplido o por levantar el tiradero que hacía cada vez que estaba cerca.
- No hay de que, evitemos que salgan volando y lastimen a alguien… - sonríe ampliamente. Su tono de broma me hace pensar que habla de mis ojos y no de los papeles, aunque una vez me sorprendió tanto su cercanía que tire un poco de té sobre él, fue horrible, aunque sonrío ante su buen humor.
- Tiene razón – bajo la mirada y dejo los papeles en la bolsa.
- ¿Falta mucho? – pregunta sentándose en la mesa junto a mí. Como estaba sola me tome la libertad de sentarme en el escritorio y vaciar todo, mis pies quedaban colgando.
- Si, pero terminare, no se preocupe – sonrío y el me regresa la sonrisa, pasa un mechón de mi cabello detrás de mi oreja provocando cosquillas en mi piel. De repente tenía mucho calor porque tener una foto de él frente a mí era una situación muy diferente a que él en persona estuviera a lado mío, mi cerebro se apagaba completamente.
- Perdóname por hacerte venir – susurra pasando sus piedras de una mano a otra. Siempre tenía mucha curiosidad de preguntarle para que eran o de dónde venían, pero me daba mucha vergüenza, no quería molestarlo.
- Prefiero estar aquí que en casa – susurro jugando con mis dedos. Estaba tan cerca que no podía estar quieta.
- Lo entiendo… - volteo a verlo y hay preocupación en sus ojos, me gustaba más cuando sonreía.
- Oh no, - le aclaro con las palmas al frente – no se trata de eso, mi madre y Leyla están volviéndome loca por la boda. Es demasiado.
- Eso me hace entenderte más – sus labios se estiran y el sonido más relajante sale de ellos. Su risa grave y suave a la vez provoca cosquillas en mi piel, era una sensación extraña y agradable a la vez, pero el sonido se graba en mi corazón acelerándolo de dicha. De repente me sentía muy feliz. Bajo mis manos, pero antes de que pueda hacerlo entrelaza las suyas, mi corazón late tan rápido que pareciera que va a salirse de mi pecho, levanto la mirada, pero el observa mis manos.
- Tienes unas manos muy lindas, son pequeñas… - sonríe otra vez y unos hoyuelos aparecen en sus mejillas, ocultos por la barba claro, pero como estábamos tan cerca podía distinguirlos. Aprieta mis manos como si estuviera consolándome y se pone serio otra vez – no solo vine a admirar tus manos y tus ojos, vine a avisarte que la junta va a empezar…
- Está bien – respondo con el poco aire que me queda. ¿Junta? ¿Qué junta? Solo podía pensar en que estaba demasiado cerca de mí y su piel caliente en contacto con la mía.
- Y no importa lo que diga allá arriba, no voy a dejarte desprotegida, lo prometo… - aprieta mis manos una vez más y las suelta para levantarse, luego estira sus manos para ayudarme… y sonríe de nuevo.
La empresa tiene un auditorio para juntas o presentaciones que eran muy importantes o que requerían gran número de gente, era amplio aunque algo oscuro con paneles de madera en la parte inferior y ventanas sobre ellos con gruesas cortinas; cuando entramos, Ceycey se encargó de abrir cada una de ellas para dejar entrar la luz, en el escenario estaba una gran pantalla blanca lo que explicaba la oscuridad y las cortinas, los ventiladores fueron encendidos y todas las personas buscaron un lugar dejando los asientos de enfrente para los jefes. La señora Huma y la señora Remide también estaban aquí.
El último en entrar fue el señor Can y yo lo seguí como su sombra, fuera a lo que me esperaba, se detuvo para saludar a todos los obreros que estaban en la parte de atrás, la mayoría parados y estos devolvieron el saludo con agrado, aunque algo cabizbajos… toda esa gente se quedaría sin trabajo…
- ¡Buenas tardes! – saluda el señor Can, contrario al protocolo, se sienta en el escenario dejando sus pies colgando y apoya una mano en su pierna – esta no es una junta formal así que nos olvidaremos de la etiqueta, sé que están preocupados y yo también. Seré breve y conciso porque no quiero quitarles su tiempo y porque esto es tan doloroso para ustedes como para mí, soy directo, la empresa… nuestra empresa “Çelik yumruk Divit” ha caido, no es culpa de ustedes sino mia que esto haya sucedido, era mi respondabilidad y desgraciadamente no pude cumplirla... jamas tendre manera de agradecerles todo lo que han hecho, pero ha terminado.
Se oyen susurros por todos lados, todo el mundo se mira con horror y preocupación, los únicos que se mantienen tranquilos son la señora Huma, la señora Remide, la señora Deren y el señor Emre, ellos ya lo sabían.
- Por favor amigos, tranquilos – habla el señor Can sin gritar, tras unos momentos todo el mundo guarda silencio, así de fuerte era su influencia – no los dejaremos desamparados así que no se preocupen, los que trabajan por contrato lo terminaran y se les liquidara y los que no, saben que se les liquidara por su tiempo trabajado, tengo algunos contactos y quien lo desee puedo ayudarle a colocarlo en otro lado. El plan será el siguiente, después de la boda de mi hermano, se hará el cambio de acciones por respeto al testamento de mi padre y todos los socios venderemos nuestra parte para liquidar y nadie se vaya sin nada. Gracias a todos por su compañía, su esfuerzo y por ser la roca que mantuvo esta empresa, siempre tendrán mi más profundo agradecimiento y cariño.
Todo el mundo se levanta aplaudiendo con lágrimas en los ojos, pero antes de eso, el señor Emre tapa su boca con sus dedos ocultando una sonrisa… si él se casaba con mi hermana… ¡claro! La señora Huma tendría que cederle su parte y eso lo dejaría con el 45% de la empresa, la señora Remide me dijo en una ocasión que quien tuviera la mayor parte mandaba así que el tomaría las decisiones, el señor Can tenía la intención de vender y con eso pagar a sus empleados y yo había escuchado que no dejaría desamparada a su abuela por lo que estaba segura de que el sería el primero en vender su parte pero, ¿y el señor Emre? Algo en todo esto estaba muy mal.

- Hermana… - la detengo antes de salir.
- ¿Qué pasa? – me pregunta. Estaba sorprendentemente calmada por la noticia, muchos empleados se fueron llorando, incluso Ceycey y Mete lloraron como niños abrazados al señor Can que no sabía cómo quitárselos de encima, pero la serenidad de mi hermana era extraña. Se detiene y ajusta su bolso.
- Este… - titubeo acobardándome. Estaba demasiado confundida, esto era muy real y no sabía qué hacer.
- Sanem dime, - me insiste – Emre me espera, iremos a elegir las flores…
- Hermana, ¿tu conoces a NIDYA LELAY? – pregunto prestando atención a su reacción. Sus rasgos se llenan de confusión.
- No me suena ese nombre, ¿es alguien extranjero? – pregunta. Sus mejillas no se tiñen de rojo, no desvía la vista y su cuerpo estaba relajado. Una vez leí un libro sobre todos los gestos que hacemos las personas ante cada emoción, naturalmente no era lo mismo leerlo que verlo, la mayoría pasaban en un instante y era necesario prestar atención, dada mi poca experiencia con las personas aun me costaba, pero con mi hermana tenía la suficiente confianza. No estaba mintiendo.
- No, ¿segura? – insisto.
- Si, ¿por qué? ¿debería saber quién es? – pregunta. Era mi momento, podía decirle aquí y ahora todo lo que descubrí, insistirle en que cancelara su compromiso y eso me permitiera ser sincera con el señor Can… pero…
- Hermana, ¿de verdad quieres casarte con el señor Emre? Está a punto de perderlo todo… - sus ojos se abren con indignación y da un paso hacia atrás.
- Sanem, ¡¿estas insinuando que quiero casarme con Emre por su dinero?! ¿Como es eso posible? Yo AMO a Emre Sanem, es el amor de mi vida y con o sin dinero me casaría con el – estaba molesta. Bajo la mirada arrepentida y a punto de llorar. Escucho como suspira y siento sus manos en mis hombros.
- Está bien – susurro cuando una solitaria lagrima baja por mi mejilla. Estaba en un punto en que sentía que debía sacrificar a alguien…
- Sanem, sé que mama quiere que me case con Emre para salir de nuestra precaria situación, - levanto la vista sorprendida – sí, lo se Sanem pero eso es lo menos importante para mí. Es cierto, tiene sus ventajas casarme con él y el apellido Divit siempre me protegerá, pero YO AMO A EMRE a pesar de todo y nada me convencerá NO casarme con el…
- Como digas, no volveré a mencionarlo – me sentía derrotada ante su declaración. El brillo en sus hermosos ojos azules me hace creer en sus palabras, mi hermana estaba muy enamorada y ¿porque no pensar en que el señor Emre cambiaria? ¿Que sabía yo de él?
- Además, Emre siempre tiene un plan – acaricia mi cabello y voltea a su alrededor para asegurarse de que nadie nos escuche – me dijo que cuando nos casemos, el 45% de las acciones serán de él y después de que el señor Can venda una parte de las suyas y asegure a la abuela Remide le cederá el resto y se ira; Emre podrá levantar la compañía de nuevo después de que el señor Can se vaya…
*Te dije que no tenía caso…
Mientras cargo el montón de papeles detrás del señor Can que lleva las pesadas cajas no puedo dejar de atormentarme, era una tonta. Quería proteger a mi hermana de su cruel futuro y ella estaba aferrada al señor Emre, cualquiera diría que le había lavado el cerebro y ahora la manipulaba a su antojo. El señor Can se detiene de golpe y casi tiro todos los papeles que llevaba en los brazos.
- Sanem no camines detrás de mí que me pones nervioso, además eres una mujer, las mujeres siempre van adelante – lo observo un poco perdida. Cuando soltaba uno de los mechones de su cabello solo pensaba en las ganas que tenia de acomodarlo tal como el hacía conmigo.
- Aja… - susurro caminando con piernas temblorosas.
- Solo no vayas a huir de mi… - susurra cuando empiezo a caminar. De inmediato un sonrojo sube desde mis pies hasta mis mejillas. Me sentía como una tonta después de haberme alejado de él después de nuestra noche en la cabaña, pero fue algo tan atrevido que cada vez que lo pensaba no podía dejar de sentirme culpable; en la fiesta del señor Fabri anunciaron su compromiso con otra mujer y horas después casi brinque sobre él para inhalar el extraño aroma de su cuello cuando lo que quería era morderlo, besarlo o… era mejor que pensara en otra cosa.
*¿Qué te parece en el problema de tu hermana? No sé tú, pero para mí eso es más importante…
- Es demasiado – susurro agachando la cabeza sintiendo un revuelo en mi estómago. No solo cargaba con un secreto, también me volvía loca todo lo que el señor Can provocaba en mí. Tal vez solo debería decir la verdad a todo el mundo y dejarme de problemas.
*Nah, ¿cómo crees? Mejor regresemos a pensar en que quieres morder su cuello, solo no te quejes si tiras ese montón de papeles…
Con dificultad logro llegar al estacionamiento entera, no estaba segura de sí era mi imaginación o su intensa mirada estaba quemando mi espalda, como fuera, era todo un logro llegar si tirar nada. El gusto no me duro demasiado, justo cuando menciono algo sobre ir a comer perdí totalmente la concentración y dejé caer un montón, clásico. Y para mi suerte, el viento los estaba volando por todos lados, clásico también.
Se declaración sobre la relación de Ayhan y Ceycey me sorprende, ya sospechaba que eran parientes y que ambos sentían algo el uno por el otro, pero su relación era la típica de una novela de amor imposible que solo acabaría en tragedia, levanto la vista sosteniendo el papel en mis manos… un amor que acabaría en tragedia…
El viento sopla más fuerte y un estruendoso ruido corta la calma del momento, se escucha el acelerar de un motor al mismo tiempo que mi corazón siente una opresión…
La oscuridad no siempre llega en forma de pesadillas con manos sangrientas y ojos inyectados de maldad, no siempre es un bestia de dientes afilados o un monstruo de bata blanca con ojos azules inyectados en sangre… a veces, llega después del disparo de un cañón o la pérdida del alma que ya se encuentra cansada y corrupta, la mía, no llego como esperaba, no era un escape de emociones que no podía manejar o una nebulosa oscura que secuestraba mi realidad dejándome varada en un punto muerto, esta vez llego con un sonido chirriante, manos maliciosas y un olor que nubla la mente y mata los sentidos.

¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?

- Pero quién lo diría, el temible Can Divit tiene un punto débil… un punto débil bastante hermoso. ¿No es así, cariño? Encantaste a Can Divit con esta locura tuya…
- Ja… jajajaja…
- De verdad estas loca… una cara muy hermosa con una mente retorcida, ¿no es lo que nos encanta a los hombres? Aunque aún no lo comprendo muy bien, la otra no esta tan mal…
- Jajajaja…
- ¿De qué te ríes pequeña belleza? Déjame acariciar esta piel y saborearla… ese aroma es único… y con esos labios, estoy seguro de que solo le sirves para una cosa…
- ¿Aroma?
- Si, debiste embrujarlo con ese perfume tan adictivo… déjame acercarme a tu cuello para ¡AAAAAH PERRA! ¡aaaaaaah SUELTAME! ¡Me mordiste!
- Jajajajajaja…
- De verdad que estas loca maldita perra, ¡CALLATE!

El aroma a humedad invade mis sentidos, podía escuchar la torrencial lluvia y sentir un poco de aire frio revolotear en mis piernas y brazos, trato de abrir los ojos, pero el mundo más allá de la barrera de mis parpados no parece quedarse quieto, todo se mueve mareándome… quería vomitar…
Mi mente se siente nublada a pesar del mareo, quiere estar a salvo de lo que sea que esta allá afuera, no quería enfrentarme a la realidad porque estaba segura de que era algo horrible, paso algo muy malo y el miedo era lo único que tenía para protegerme, no otra vez… no…
- ¿Como te llamas? – susurra una voz cálida y grave. Se siente como un abrazo a mi alma, brazos fuertes que me atrapan en la oscuridad de la que estoy cayendo.
- Sanem – susurro con voz ronca. Mi garganta se sentía extrañamente irritada y mi mandíbula dolía del lado derecho ¿mama me había golpeado otra vez?
- ¿Sabes quién soy? – pregunta la voz y otra vez una ligera caricia reconforta mi piel.
- Si – era una voz que reconocería en donde fuera, era la voz más hermosa y potente, la voz de la salvación.
- Di mi nombre Sanem – susurra acariciando por debajo del hueco de mi oreja, casi podía sentir el cosquilleo de sus labios en mi piel – di mi nombre y vuelve a mi…
- Can – digo su nombre como si de un bálsamo se tratara, de inmediato abro los ojos y su hermoso rostro esta frente a mí. Luce preocupado, aunque sonríe acariciando mi mejilla que no está lastimada.
De inmediato intento moverme, pero no puedo, mis manos están fuertemente atadas a una silla por detrás de mi espalda, mis piernas también están atadas y en la cintura siento como si algo me tuviera fija en mi lugar, el pánico se apodera de mí y empiezo a moverme desesperada por escapar.
- Sh sh sh sh… - el señor Can acerca su frente a la mía y me sostiene la mirada para que lo escuche. Mi respiración se acelera, algo estaba muy mal.
- Voy a sacarte de aquí, solo cálmate, ¿lo harás por mí? – no deja ir mis ojos hasta que asiento. Sonríe ligeramente, con lentitud se quita un collar de su cuello y lo coloca en el mío para después meterlo por debajo de mi blusa, con cuidado toma mi barbilla y me da un rápido beso en los labios. Mi respiración se atasca en mi garganta y una imagen parpadea en mi mente…
- ¡Suficiente! – grita un hombre. Se para detrás del señor Can y coloca una mano en su hombro, el señor Can se levanta y da varios pasos hacia atrás.
Cuatro hombres enormes y vestidos de negro lo rodean, apenas puedo distinguir sus rasgos porque el lugar está demasiado oscuro; presa del pánico doy varias miradas a mi alrededor, era un lugar amplio que evidentemente fue abandonado hace mucho, las ventanas altas y pequeñas tenían polvo ya pegado al vidrio y estaban algo rotas, la maleza se había apropiado del lugar y el aroma a abandono y tierra era muy fuerte. Varios hombres grandes y fornidos están detrás de mí en una formación horizontal y frente a mi cuatro rodean al señor Can tan cerca como si quisieran protegerlo de algo o evitar que se mueva. Después de unos segundos donde nadie dice nada se escucha un fuerte estruendo, la pequeña puerta al fondo se abre y una figura pequeña entra escoltada por cuatro hombres.
Sus pasos son seguros y resuenan en el recinto, apenas se puede notar su sombra por la oscuridad, pero cuando está cerca del señor Can puedo ver de quien se trata… señor Fabri.
- ¡Pero miren quien despertó! – aplaude y se acerca a mí con una sonrisa burlona. Me toma de la barbilla lastimando un poco mi mandíbula - esos ojos inocentes ahora no me engañan, hace un rato estabas mucho más divertida… - lo observo sin comprender de que está hablando, forcejeo en la silla, pero no puedo liberarme. Cuando regreso mi vista a la del señor Can puedo notar que aprieta su mandíbula con fuerza.
- ¿Que? – susurro sin entender. Quiero quietar sus manos, pero mi cuerpo esta tan sujeto a la silla que cualquier movimiento es intensamente doloroso.
- Aaaah ¿no lo recuerdas? – pregunta con burla aventando mi barbilla, siseo por el dolor sintiendo lágrimas en mis ojos – hace un rato me mordiste…
Regreso mi mirada a él sin entender nada de lo que dice y apretando los dientes para no llorar. El señor Can me observa con una mirada fría, pero lo conocía demasiado bien, sus ojos, aun ocultos por la oscuridad, brillaban de coraje.
- ¿Que estoy haciendo aquí? – pregunto con labios temblorosos. Cada vez me dolía más la mandíbula y el frio aire que entraba por las ventanas hacia contraste con mi acalorada piel, no estaba segura de sí titiritaba de frio o de miedo.
- Ay belleza… tu solo eres el medio para el fin, ¿no es así señor Can? – me da la espalda y empieza a pasearse frente al señor Can, hace un ademan con la mano y los hombres se separan del señor Can solo a un paso de distancia.
- Ya me tienes aquí que es lo que querías, ahora déjala ir – le ordena con voz grave. Presa del miedo intento soltarme, pero estoy tan amarrada que lo que sea que me tiene sujeta empieza a cortar mi piel provocándome mucho dolor. Un líquido empieza a correr por mis muñecas provocando que las lágrimas caigan por mis mejillas, estaba demasiado asustada.
- ¿Y perderme el espectáculo? No señor Can… - el señor Fabri camina delante de él moviendo un dedo y haciendo un chasquido con los dientes – le dije que no sabía con quien se metía…
- Terminemos con esto entonces – responde el señor Can. La tensión bulle en el aire, algo estaba a punto de pasar, algo malo.
- Pero dime, ¿que tiene esta chica que te atrae tanto? Es bonita pero no debe ser muy buena para cogggh… - antes de que pueda continuar el señor Can se separa del grupo y suelta un golpe en su mandíbula tirándolo al suelo, uno de los hombres va de inmediato tras el e intenta golpearlo, pero el señor Can lo esquiva hasta que otros dos logran detenerlo y llevarlo a donde estaba, por todo el movimiento un mechón se suelta tapando su cara. El señor Fabri se levanta tosiendo y sacudiendo su traje.
- Jamás hables así de ella – declara el señor Can con voz enojada y respirando agitadamente.
- Con esto me demuestras que de verdad tienes un punto débil… - su voz es algo entrecortada todavía. Vuelvo la mirada al señor Can, pero su expresión es fría, ¿yo su punto débil? No entendía nada.
- Eso no te importa – contesta.
- No no no… no demerites lo que acaba de pasar, es obvio que es importante para ti – suspira y se acerca a mi haciendo un ademan a un hombre detrás, siento como alguien se acerca y le pasa algo, hace un sonido con la cosa que sostiene en su mano y luego a apunta a mi… un arma… un arma apuntaba hacia mi… el cañón estaba frente a mis ojos…
¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?
- ¡Aléjate de ella imbécil! – grita el señor Can, pero no puedo ver lo que hace, mis ojos están fijos en el cañón frente a mi… un cañón… mi respiración se acelera y mi mente se nubla… un cañón… un cañón estaba apuntándome… y no era la primera vez…
¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?
¿Qué paso esa noche?
- Vaya, está loca. Vean muchachos… su expresión acaba de cambiar totalmente – susurra el señor Fabri, pero tampoco puedo verlo, mis ojos están enfocados en el cañón que esta delante de mis ojos.
¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?
¿Qué paso esa noche? Esa noche yo…
- ¡Sanem! ¡Tus ojos en mí! – me grita el señor Can. De inmediato mi vista se dirige a él y todo a mi alrededor es estable otra vez. Gruesas lagrimas se acumulan en mis ojos y caen por mis mejillas.
- No se preocupe señor Can, no soy cruel y no me atrevería a dejarlo sin su pequeña perra, es un arma poderosa. Pero eso sí, aclararemos nuestro pequeño desacuerdo… dejaremos al azar decidir; en esta pistola solo hay una bala, será una ruleta rusa, si dispara el castigo será para usted y si no será para su pequeña belleza, ¿listo? – en ese momento todos los hombres atrás de mi se acercan colocándose a mis lados y atrás como si me enjaularan, hacen lo mismo que el señor Fabri y me apuntan con varios cañones, mi corazón se dispara al mil por hora y las lágrimas empiezan a caer con más fuerza por mis mejillas. Otra vez mi visión empieza a oscurecerse… no otra vez…
¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?
Aprieto los ojos y los abro otra vez en un intento de mantenerme enfocada. Alcanzo a distinguir como le entrega la pistola al señor Can, este la carga de inmediato y dispara dos veces hacia arriba, a lo lejos se escucha cuando algo de cristal truena.
- Vaya… - susurra el señor Fabri después de todo el estruendo. Todos los hombres a mi alrededor guardan su arma y se colocan atrás otra vez; el señor Can tira la pistola al suelo.
- Reconozco una trampa cuando la veo, ¿crees que soy idiota? – su voz es fría, pero me da una mirada rápida. No puedo dejar de llorar, quería irme de aquí – solo acaba de una buena vez.
- Los turcos no tienen sentido del humor – se queja el señor Fabri con un suspiro dando la espalada al señor Can y observando a algún punto sobre mi cabeza, con rapidez voltea y da un golpe al estómago del señor Can, por instinto me aviento hacia adelante, pero las cuerdas no me dejan moverme. Apenas se encoje. El señor Can era al menos una cabeza mas alto que el señor Fabri y a simple vista más fuerte, no parecía haberlo lastimado demasiado.
- ¿Eso es todo? – susurra el señor Can con una mueca de burla.
- Apenas vamos empezando… - en ese momento los cuatro hombres que lo rodean se voltean y empiezan a golpearlo.
- ¡No! – grito cuando uno de ellos lo tumba al suelo.
Es una masacre, todos lo golpean por todas partes y el no hace nada para defenderse, solo deja que maltraten su cuerpo una y otra vez, las lágrimas caen de mis ojos con fuerza y mis gritos escapan con frenesí de mi garganta, quería que se detuvieran, quería que lo dejaran, pero no lo hicieron. La furia con la que lo golpeaban era demasiada, querían matarlo destrozándolo parte por parte mientras el señor Fabri solo observaba con una mueca burlona en sus ojos.
No puedo dejar de gritar, las lágrimas nublan la visión de cada angustioso momento, pero tampoco puedo cerrar los ojos… no no no no… ¡NO!
- ¡CAN! – grito con fuerza agitándome en la silla tratando de liberarme mientras uno de los hombres lo levanta del suelo y golpea sus costillas para tirarlo de nuevo, otro hombre lo patea en su espalda y le escupe para que otro lo voltee, se agache y golpee en su mandíbula - ¡NO POR FAVOR! ¡NO! ¡DETENGANSE! ¡NO LO HAGAN! ¡NOOOOOO!
Nadie me hace caso, al contrario, el señor Fabri me hace una señal para que guarde silencio y un hombre llega detrás de mí para taparme la boca con una tela, me vuelvo loca de estrés y desesperación y me sacudo por todos lados queriendo liberarme para salvarlo, pero no puedo… nadie puede parar la marea de golpes que le están dando… nadie puede salvarlo…
El señor Fabri aplaude dos veces y los hombres se detienen respirando pesadamente, lo voltean… está lleno de sangre, apenas puedo distinguir sus facciones… un hombre saca una pistola y se la entrega, es en ese momento que mi desesperación llega a su límite, me balanceo con fuerza en la silla pero alguien la detiene detrás de mí, grito pero mi voz suena amortiguada, las lágrimas no dejan de caer cuando el señor Fabri prepara el arma y sin ningún reparo dispara.

- Que tenga una buena noche, ¡señor Can! – avientan su cuerpo inconsciente por la puerta al lluvioso exterior. Después, al hombre que me mantenía quieta me avienta por el asiento hasta que otro me jala y me avienta por la puerta al asfalto mojado, mi cabeza se salva de golpearse porque caído justo en un pecho empapado. La puerta se cierra y la camioneta se va.
Con manos temblorosas logro incorporarme lo más rápido que pude, no quería lastimarlo más de lo que ya estaba, me arrastro a un lado de su cuerpo, la lluvia lava la sangre y la suciedad que cubre su precioso rostro, lloro sin cesar, estaba tan lastimado…
- Can… - susurro tapándolo de la lluvia con mi cuerpo, no era suficiente, estaba deshecho – abre los ojos por favor….
Para mi desesperación no lo hace, está totalmente inmóvil. Lo acaricio apenas tocando su piel lastimada… ¡el disparo! Me asomo a su costado, pero la lluvia y la oscuridad de la noche no me permite distinguir muy bien, quito rápidamente la bandana de mi cintura y la presiono donde alcanzo a ver la tela chamuscada. Tenía que conseguir ayuda.
- ¡AUXILIO! – grito volteando a todos lados, pero no logro ver nada. No tenía idea de donde estaba o si había gente cerca, la lluvia cae con fuerza y apenas puedo distinguir algo. Cerca de mi brazo siento un movimiento.
- ¿Can? ¿Señor Can? – susurro. Sus labios apenas se mueven, como si quisiera hablar, me acerco a el ignorando mi propio dolor.
- El… collar… aprieta… el collar – sus palabras apenas las puedo escuchar por la fuerza de la tormenta. Saco el collar con mis manos temblorosas y lo aprieto con fuerza, nada pasa al principio y luego una luz se enciende en el pecho del albatros de alas abiertas.
- Señor Can no se vaya… - susurro muy cerca de su cara lastimada, su ojo derecho está muy hinchado y tenía cortes por todos lados, sostenía con fuerza mi bandana en su herida en un intento de hacer algo por él, pero con el agua empapándonos mi miedo y desesperación solo crecía – no se vaya… no me deje… no me deje sola…
Sigo pidiendo auxilio, pero no funciona, le ruego a su oído que no me deje, pero él no vuelve a moverse, esto era pero que mis pesadillas, era la horrible realidad. Después de unos minutos unos faros alumbran el camino, al principio no logro distinguir nada hasta que la enorme camioneta se para a un lado de nosotros… oh no…
Para mi sorpresa, baja de la camioneta el señor Metin y Ceycey, ambos llevan un gesto serio y peligroso, de la parte de atrás baja un señor ya mayor con un maletín. La lluvia los empapa a ambos, el señor va directamente con el señor Can, pero el señor Metin va conmigo.
- ¡¿Estas lastimada Sanem?! – grita por encima de la lluvia. Niego con la cabeza volteado a ver al señor Can y al señor que se agacha a un lado de él, me sentía muy aprensiva por dejarlo – ¡voy a levantarte!
Apenas puedo comprender sus palabras cuando me levanta en vilo del suelo, le grito que me baje, pero me ignora y me mete en la camioneta, me cubre con una enorme toalla y se baja. Apenas puedo procesar lo que acaba de pasar… instantes después los tres hombres llevan al señor Can dentro de la camioneta, lo acuestan en los asientos de enfrente y cierran la puerta.
- Necesito revisar la herida – susurra el señor que se agacha a su lado. Corta el ajustado jersey negro mientras el señor Metin prende la luz de la camionera, puedo ver claramente la herida… brota sangre negra y roja…
- No… no no no no… - susurro, pero apenas soy consciente de todo lo que me rodea, los bordes de mi visión tiemblan y se oscurecen – no puede ser no… no no no no no ¿por qué? No…
- ¿Sanem? – susurra el señor, pero apenas puedo escucharlo porque un zumbido estalla en mis oídos y no puedo respirar bien; una bala estaba en su cuerpo, una bala… una bala iba a matarlo una bala… no no no no no… - Sanem… necesito que te tranquilices…
- No… no puede irse… él me dijo que… que que que no… no puede irse… - apenas soy consciente de mi voz. Todo a mi alrededor se reduce a esa herida, sentía que me asfixiaba…
- Sanem estas entrando en pánico, cálmate… - la voz suena lejana. Solo puedo sentir mi cuerpo temblar de frio y mi corazón acelerarse, el zumbido en mis oídos se transforma en disparo, una explosión que resuena una y otra vez mientras frente a mi aparece un cañón… un cañón… no… no… no…
- ¡NO! – grito, pero mi voz ya no me pertenece. Un par de brazos me sujetan e intento liberarme, pero el movimiento hace que me golpee la cabeza contra algo muy duro, después siento un piquete, no me importa, sigo forcejeando una y otra vez para intentar huir de esa horrible oscuridad hasta que esta me atrapa y mi visión ya es totalmente oscura, sombría, viciada … mi voz se siente distante, como si fuera de alguien más, y mi cuerpo se congela por el horrible recuerdo que explota y sale libre con esa voz que no deja de susurrar…
¿Como llegue aquí? ¿Que estaba haciendo antes de que todo sucediera? ¿Acaso lastime a alguien? ¿O era algo más? ¿Mi mente guardaba un horrible secreto lleno de sangre y lágrimas que no quería enseñarme? … ¿cómo llegue aquí? ¿al fin me convertí en un monstruo?

- “¡No por favor! ¡NO! ¡Nooooooo!
Abro mis ojos con la respiración agitada y no se escucha ningún ruido más allá del eco de mi grito que aun resuena en mis oídos, siento mi frente algo perlada por el sudor y las manos temblorosas, con cuidado me levanto y observo todo a mi alrededor, la misma cama desgastada, los mismos libros y revistas apilados por todas partes y la misma soledad acompañándome…
Paso mis manos por mi cabello mientras las lágrimas llenan mis ojos, otra vez el monstruo de ojos azules… ¿Cuándo podría dormir bien? ¿Cuándo podría exorcizarlo de mis sueños? Las lágrimas caen un buen rato hasta que solo mis sollozos se pueden escuchar… ya estaba cansada de todo esto… tanto silencio y gritos apagados… ¿silencio?
Todo está sorprendentemente silencioso… ¿Dónde estaban mama y Leyla? me asomo por una de las rendijas de mi ventana resguardad con tablas, aun había claridad afuera pero seguro anochecería tarde o temprano, entonces mi hermana no estaría en casa… ¿y mama?
Me levanto un poco mareada y acerco mi oído a la puerta, nada… solo silencio.
*Es nuestra oportunidad…
- No creo que sea buena idea… - susurro apretando los puños. En una ocasión escuche que mama tenía un lugar donde guardaba “sus cosas más preciadas” le dijo a Leyla que ahí estaban todos los documentos importantes y los últimos recuerdos de papa. Ese día, mama le regalo unos hermosos pendientes.
*Si ahí guarda documentos importantes, seguro ahí están los papeles de tu ingreso…
- Puede ser… - susurro. La curiosidad corría por mis venas, el impulso de saber quién era el monstruo o al menos tener alguna idea de si era real o una invención de mi retorcida imaginación era demasiado fuerte para ignorarlo.
Rápidamente busco los pasadores que escondía y los uso para abrir la puerta, no me cuesta porque ya lo hice antes muchas veces. Abro la puerta centímetro a centímetro evitando que haga ruido, pero en la casa no se escucha nada, solo grita el gran vacío.
Paso a paso me cercioro de que la casa siga tan silenciosa como siempre, había muchas posibilidades de que mama estuviera en su habitación y si me descubría, los golpes eran seguros. Cuando atravieso el pasillo y llego a su habitación me detengo para escuchar, no se escuchan respiraciones o susurros, giro la perilla con cuidado, pero esta chirria y me detengo, ¡Off!... para mi sorpresa, nada sucede, abro la puerta para ver por una pequeña rendija… está vacía.
Sin prestar mucha atención a mi entorno me dirijo al ropero donde vi la misteriosa caja, estaba a la vista sobre un montón de telas, con torpeza la bajo y la abro, esta al tope llena de carpetas y papeles. Observo cada papel que pasa por mis manos, pero tiene información extraña para mí, recibos, actas de nacimiento y más papeles con muchos números y nombres, cuando saco una carpeta azul una pequeña foto se cae, me agacho para levantarla y mi corazón se detiene…
- Papa… - susurro. No lo recordaba como tal, pero esta era la cara que veía en mis pocos sueños buenos, me abrazaba y me sonreía con los ojos chispeantes llenos de bondad y felicidad. Acaricio la malgastada foto, estaba segura que era el – es igual al papa de mis sueños…
*¡Date prisa!
Salgo un poco de mi estupor y empiezo a buscar en las hojas, todas tienen en la esquina la misma marca “Çelik yumruk Divit” y otra vez un monton de informaciion que no tenia sentido en mi cabeza, mas abajo una curiosa forma llama mi atencion, pero el nombre es todavia mas impresionante, ¿papa era abogado?
- !Sanem! – me levanto de golpe y la carpeta sale de mis manos. Mama me observa con furia, aprieto la foto en mi mano, su mirada baja a los papeles y a la caja – ¡¿qué hiciste Sanem?! ¡¿Qué haces fuera?!
- ¿Él es papa? – pregunto cuando entra a levantar todo.
- ¡Dame eso! – intenta quitármela, pero muevo mi brazo y salgo de su agarre.
- ¡¿Es este papa?! ¡¿Porque no puedo saberlo?! – le grito desesperada.
- ¡Cállate Sanem! – me grita totalmente enfurecida – no es asunto tuyo, ¡ya está muerto entiendes! ¡Está muerto!
- ¡Es mi padre! – grito – ¡tengo derecho a saber que paso!
- ¡Murió! – me grita de regreso acercándose a mí con lágrimas en los ojos – ¿quieres saber? Bueno, murió, lo balearon ¡POR TU CULPA! ¡POR TU CULPA MURIO! ¡AHORA DAMELA!
Las lágrimas corren de mis ojos ante su declaración, pero antes de que pueda quitarme la foto la aviento con fuerza, se golpea contra la esquina de la cama y cae al suelo. Su respiración esta tan acelerada como la mía, todo mi cuerpo tiembla y un sudor frio recorre mi columna. Se gira a verme y puedo ver el miedo en sus ojos… antes de que se incorpore salgo corriendo.
Bajo las escaleras con rapidez y entro a la cocina para abrir la pequeña ventana, sin detenerme a pensarlo demasiado me cruzo y salgo a la calle… ya está oscureciendo. Corro sintiendo como me persigue la culpa, avente a mi madre y la lastimé… pude haberle hecho algo peor. Sigo corriendo hasta que mis pulmones se sienten a punto de explotar y las lágrimas no me dejan ver…
*Relájate Sanem…
- No… no puedo… - sosteniéndome de la pared trato de relajar mi respiración, la noche ha caído al fin y no tengo idea de donde estoy o hacia dónde voy, por lo que está a mi alrededor parecía un callejón.
Camino cerca de la pared adentrándome en el callejón, la casa a un lado se veía abandonada por lo que esperaba que nadie se diera cuenta que yo estaba ahí, me oculto entre las sombras y recargo mi cabeza. Suspiro y saco la fotografía para verla otra vez, mi padre tenía unos lindos ojos azules como los de Leyla, despedían bondad y confianza, su sonrisa era simpática, como alguien que estaba acostumbrado a sonreír y era feliz con la vida que llevaba. ¿Por qué no estaba aquí? ¿Qué hice yo para que el muriera? Mama dijo que era culpa mía, ¿Cómo podía ser mi culpa? No entendía nada otra vez…
Largo rato solo estoy ahí, no sé cuánto tiempo paso, pudieron ser minutos o tal vez horas, pero ver las estrellas en el cielo me clama bastante, merecía la pena cualquier castigo que me esperara en casa por sentir el aire correr por mis mejillas, aunque en este caso el olor era algo desagradable, tal vez estaba en un lugar cerca de la basura…
Cierro mis ojos dándole vueltas a todo lo que descubrí y a todo lo que vivía ¿tenía algún sentido continuar? Unos pasos llaman mi atención, me asomo un poco desde mi rincón, pero apenas alcanzo a distinguir como dos hombres altos entran a la casa, son sigilosos y no parecen tener problemas para abrir la puerta… como si vivieran ahí…
Se escuchan movimientos en la casa, cosas que caen y voces ahogadas con un tono grave, me escondo en mi rincón asustada sobre lo que pueda pasar, nunca estaba fuera de la casa y me aterraba no saber cómo reaccionar ante las personas que no sabían que yo existía. Un exabrupto me asusta, tapo inmediatamente mi boca y me asomo un poco… dos sombras salen de la puerta mientras se acercan a alguien que está en el suelo, la sombra más pequeña y delgada se va encima del que esta tirado, se escuchan ruidos horribles de carne siendo golpeada. Tapo mis idos y aprieto mis ojos con fuerza mientras el pánico empieza a apoderarse de mi mente…
Después de unos minutos los ruidos se detienen… bajo mis manos y me asomo otra vez con la esperanza de que no esté nadie y pueda salir, no sucede, la sombra que esta sobre la persona lo sostiene muy cerca.
- ¡¿A quién le vendiste los planos?! – grita con la respiración agitada. Vuelo a cerrar mis ojos, no quería ver la violencia que estaba punto de pasar
- Vas a arrepentirte… - responde el otro con burla, ¿acaso su cara estaba llena de sangre?
- Ustedes van a arrepentirse, - susurra con voz ahogada – su imperio caerá. No importa lo que hagan.
El hombre sobre el empieza a golpearlo otra vez, tapo mis oídos y aprieto mis labios en un intento de no hacer ningún ruido; me asomo un poco otra vez, la sombra que está detrás de ellos no se mueve en lo absoluto, solo esta recargada en una pared como si estuviera cuidando que esta horrible escena sucediera. Con tranquilidad, se separa de la pared y detiene al golpeador, las nubes se mueven en el cielo y la luz de la luna se refleja en su rostro… era como un hermoso ángel…
- Mira amigo, no me gusta perder el tiempo así que te la pongo simple, hay dos opciones: o hablas o te mato. Así de sencillo. Te lo preguntare una vez mas ¿a quién le vendiste los planos?
- Que Dios maldiga a tu familia Can Divit, el diablo se los tragara enteros…
- Ay mi amigo, que poco informado estas, mi familia ya está maldita y los ojos que ves ahora, son los del Diablo en persona.
Sin preámbulos, el ángel dispara rompiendo la noche…
No faltaba mucho para que yo me perdiera en la oscuridad de mi mente, era cuestión de tiempo, y ya la sentía venir detrás de mí como una gran niebla negra que me envolvía. Era una emoción, una imagen, un sentimiento o palabras que mi frágil alma no podían manejar y que mi mente se negaba a procesar, todo se resumía en eso, como ahora mismo… el zumbido que tronaba mis oídos, la visión nublada, la respiración que empieza a agitarse y el temblor que recorría mi cuerpo…
Con la última gota de conciencia que me quedaba, me acerco de rodillas para observar el cuerpo inerte… ¿pronto seria yo así? ¿Alguien sin alma? Su cara y su pecho están llenos de sangre, la expresión de furia y terror en sus ojos aún puede atisbarse, pero todo lo que alguna vez fue se ha ido, algo en su mano llama mi atención, un papel… con una marca que ya vi antes, pero no importaba… nada importaba ahora porque yo ya era nada otra vez y lo último que llevaba conmigo era la mirada profunda de aquel que robo una vida y condeno la mía… "

Abro los ojos de golpe y la luz me irrita de inmediato, sentía el cuerpo pesado y lleno de algodón, era una sensación extraña. Me ardían mis muñecas y mi mandíbula dolía horrible, pestañeo varias veces para tratar de enfocarme, pero la luz es intensa y amarilla.
- Veo que ya despertaste… - susurra una voz muy cerca de mí. Se escuchan unos pasos, trato de buscar de donde viene la voz, pero no es necesario porque una sombra me tapa la luz y una mano se coloca en mi frente – tuviste temperatura, pero ya estas mejor, imagino que debe dolerte la cabeza…
Apenas lo menciona un dolor estalla en mis sienes, gimo cuando se quita de encima mío y deja pasar otra vez la luz amarilla, siento sus dedos en mis muñecas, de inmediato quito la mano y me incorporo… pero todo mi mundo se mueve…
- Tranquila, solo quiero checar tu pulso – pestañeo para enfocar a la persona que está frente a mí, es un señor de cabello blanco y mirada amable. Sonríe, me hace pensar en abuelos risueños que dan regalos.
- Tengo sed… - susurro con la voz rasposa.
- Espera – se levanta apoyándose en una pierna y me sirve un vaso de agua, observo todo a mi alrededor, conocía ese lugar… cuando volteo a mi derecha casi me caigo de donde estoy sentada.
- ¿Se… señor can? – susurro. Su pecho esta desnudo y tiene una venda que pasa por su hombro y cintura, su brazo también está en una especie de cabestrillo casero y su cara está marcada de golpes y cortaduras, uno de sus ojos esta tan morado que se ve negro. Las lágrimas explotan en mis ojos. Intento acercarme, pero el señor me detiene con suavidad…
- No lo hagas Sanem – me ordena entregándome el agua. No creía poder tomarla, la opresión en mi pecho era demasiado dolorosa – toma el agua y cálmate, el estará bien…
- ¿Qué le hicieron? – sollozo sin dejar de observarlo.
- Lo más grave es el brazo roto y el disparo, pero ya me he encargado. Esta anestesiado así que no despertara en un par de horas. ¿Como te sientes? – un sollozo más fuerte escapa de mis labios, el dolor era insoportable, sentía su dolor como si fuera mío y solo quería abrazarlo para que no sufriera.
- Esta muy lastimado, es mi culpa… lo golpearon por mi culpa – sollozo.
- No fue tu culpa, sabía lo que sucedería. Por cierto, soy el señor Rifat, médico de este muchacho – estira su mano hacia mí y me sonríe, algo en el me hace relajarme, me insiste en tomarme el agua y lo hago, pero las lágrimas no se detienen – quiero revisar tus heridas, ¿si te parece bien?
Asiento, apenas soy consciente de como toma mis muñecas y tobillos, levanta las vendas y unta algo en ellos que arde un poco pero no me importa, nada me interesaba, toda mi atención estaba en la persona que dormía con tranquilidad a mi lado. Lloro sintiendo todo su dolor y recordando como permitió que lo lastimaran tanto, llevo mis manos a mi cara tratando de acallar los sollozos…
- Necesito que te recuestes Sanem, tu cintura esta algo magullada también – obedezco sin rechistar y me acuesto, levanta mi blusa y unta la misma crema, el olor me es familiar.
- ¿Estará bien? – susurro entre lágrimas.
- Si, el estará bien – responde con una sonrisa entregándome un pañuelo. Sonrío, pero mi sonrisa cae cuando se levanta y se acerca a la pequeña nevera en la esquina. Ahora era consiente de todo, estábamos en la cabaña en las montañas del señor Can, donde estábamos acostados era el sillón donde hace poco nosotros… el dolor se hace más fuerte al traer a mi mente la última vez que estuve aquí… - ponte esto en tu mandíbula, bajara la hinchazón, tienes un fuerte golpe ahí y a Can no le va a gustar verte así cuando despierte. Estaba realmente preocupado por ti.
- ¿Qué paso? – pregunto obedeciendo. El frio me quema, pero se sentía bien en mi piel.
- Pues Can fue por ti, solo eso – responde dándome la espalda, al parecer estaba calentando algo.
- ¿Puede explicarme? No me asustare de nuevo… - me da una rápida mirada, no sabía cómo interpretar eso, pero me quedo callada esperando.
- Bueno, por lo que se fuiste secuestrada y de inmediato Can puso manos a la obra, tu hermana y Emre llamaron a la policía, pero las cosas se ralentizaron y Can no quiso esperar. Recibió una llamada y fue tras de ti… - era una explicación demasiado vaga, pero sospechaba que este hombre era una persona muy leal que hasta le tenía cariño, podía respetar eso.
- ¿Hace cuánto fue eso? – pregunto temblando.
- Poco más de un día… - responde. Por la pequeña ventana alcanzo a ver el cielo oscuro, ¡eso significaba que perdí todo un día! – eran como las tres de la mañana de ayer cuando recibimos la alarma que mandaste, ahorita es media noche…
- Oh Dios… - limpio mis lágrimas y trato de incorporarme – debo llamar a mi hermana y…
- ¡No te levantes! – se acerca a mí y me sostiene cuando todo mi mundo parece girar otra vez, me ayuda a acostarme y sonríe como si estuviera lidiando con una niña terca – te puse un tranquilizante muy fuerte y eso te ha ayudado bastante pero ahora estas sufriendo los efectos, debes darle tiempo a tu cuerpo…
- Está bien – respondo. Me giro sobre mi costado para observar al señor Can, lo tenía tan cerca y no podía tocarlo… ya quería llorar otra vez…
- Debes gustarle mucho – su voz interrumpe mis sombríos pensamientos. Se acerca a la esquina del sillón y se sienta con un vaso de té.
- ¿Como? – pregunto limpiando mis lágrimas.
- Jamás lo vi hacer lo que hozo por ti, esto es más común de lo que crees, pero ceder ante el “enemigo” jamás lo hizo… - volteo a ver todas sus heridas, no merecía la pena.
- ¿Quiere decir que esto pasa frecuentemente? – pregunto perdiendo el control – ¡¿que se llevan gente y se lastiman?!
- Algo así – responde con una tranquilidad inquietante – en su mundo, cuando hay una ofensa se atentan de esta manera, sé que suena estúpido, pero así es. Supongo que es un asunto de orgullo, pero a Can le ha pasado ya varias veces con Emre, la señora Huma y Ceycey… Can jamás cedió, aunque con Ceycey no fue necesario porque él fue capaz de salvarse solo, no cedió hasta ti. Todos le advirtieron lo que le iba a pasar, pero creo que no escucho nada en absoluto, solo salió de la casa y fue en tu busca, directo a la boca del lobo – mientras escucho las lagrima vuelven a salir. Era increíble que el hubiera permitido todo esto de forma consiente.
- No es justo – susurro acercando mi mano a su cara, no lo tocaría, pero el solo sentirlo cerca era suficiente.
- No, no lo es… - responde mirando a Can con un brillo especial, como un padre ve a un hijo.
- ¿Hace mucho que lo conoce? – pregunto acomodándome en la almohada y acercándome con cuidado a su cuerpo, solo sentir su calor era suficiente.
- Si, desde niño, su padre y yo éramos amigos… puse las primeras vacunas ambos – responde con voz tranquila.
- ¿Sabe que le paso a su padre? – era algo que siempre me daba curiosidad.
- Estoy seguro de que él te lo contara pronto – responde. Empezaba a frustrarme, justo cuando creía que no me contaría nada me soltaba cosas como “el nunca ha hecho esto por nadie” y solo así volvía a cerrarse, tanta curiosidad iba a matarme – pero lo que si puedo decirte es que lo vi crecer, ha tenido una vida difícil, pero esta última vez parecía otro y me da gusto, no puede pasarse toda la vida sufriendo, no es lo que Aziz querría …
Y solo con eso me quedo callada observando el cuerpo a mi lado, toda la fortaleza y seguridad que siempre parecía llevar como una armadura ahora estaba totalmente desvanecida, se veía tan vulnerable y solo que me daban ganas de llorar otra vez, pero antes de que pueda hacerlo me duermo rezando por él.

Abro los ojos con cuidado, no me moví para nada de cómo me quede dormida así que estoy algo entumida, aún estaba muy cerca de su cuerpo como si necesitara su protección. Observo con cuidado las vendas luchando por sacar de mi mente ese horrible recuerdo, ¿Cómo era posible que yo hubiera sido testigo de algo tan espantoso? ¿de verdad sucedió? Era una pregunta que no tenia caso pensar, fue real, cada parte, cada sonido y cada palabra… el señor Can le arrebato la vida a alguien. Tenia sentido que ese hombre estuviera en la agencia, seria inocente pensar que el señor Can no me estuviera buscando o no siguiera mi rastro, sin saberlo estaba justo aun lado de la persona que lo vio todo.
¿Firme mi condena al presenciar algo tan horrible al igual que lo hizo mi hermana? ¿me apuntaría con un cañón a mi también? Y aun así eso no me preocupaba, parece que todas esas preocupaciones se evaporaban cuando sus dulces ojos aparecían frente a mi y me daba ese dulce beso, aun podía sentirlo en mis labios… antes de toda la masacre. ¿Cómo alguien que permitió que lo lastimaran tanto fue capaz de quitarle la vida a otra persona? Lo vi tantas veces no ser nada mas que amable y compasivo que no podía creerlo, pero la imagen de él detrás de ese cañón me dolía más que nada, ¿acaso era un monstruo disfrazado de héroe? No quería creerlo, quería aferrarme a la idea de que existía una muy buena razón para los horrores que conocía, rezaba por así fuera…
*¿Por qué lloras tanto por él?
No tenia idea, los horrores de mi mente le dieron paso en algún momento desde que lo conocí, cuando pensaba en el sentía una suave calidez en mi pecho y un abrazo consolador, me sentía tan protegida que hacia lo posible porque estuviera siempre junto a mí, aunque fuera solo su mirada pero ahora… guardaba tantos secretos que cada uno pesaba en mi alma, ¿Qué solución podía darle a todo esto? No quería que me odiara, no quería que se fuera… no quería que nada le pasara, aunque tuviera que parame frente a el para protegerlo, si, hizo algo horrible, pero en mi poca sensatez no me importaba.
Un gemido me saca de mis oscuros pensamientos, me incorporo para observarlo, su ojo sano parpadea varias veces y todo su cuerpo se tensa como si quisiera moverse. Busco al doctor en la pequeña cabaña, pero no está por ningún lado, afuera aun esta oscuro y caen finas gotas de lluvia. Me levanto de la cama con rapidez y me acomodo a su lado tomando su mano sana entre las mías, de inmediato la sostiene y se calma un poco.
- Señor Can no se mueva… - le pido acercándome. Vuelve a gemir y suspira varias veces hasta que puede abrir un único ojo.
- ¿Estás bien? – su voz es demasiado ronca y cansada.
- Bien, estoy bien gracias a usted… - respondo con culpa – usted me salvo…
- No… si no estuviera junto a ti nunca habrías pasado por esto – su mano me aprieta y sostiene mi mirada. Lagrimas llenan mis ojos y se derraman escapando de mi control, no recordaba la ultima vez que llore tanto frente a alguien.
- No piense eso – le pido quitando su cabello de su cara – siempre está cuidándome, aunque no lo merezco, siempre esta conmigo y ahora por mi culpa mire lo que le hicieron, esta todo lastimado y yo no…
- Te pediría… - susurra con voz grave, siento su barba contra mi sien mientras mi frente se recarga en su brazo, no quería llorar frente a él, pero me era imposible – que dejaras de llorar, pero tus lagrimas son preciosas para mí, eres tan libre cuando lloras… así te quiero siempre, libre, sin esconderte de mí y no importa lo que pase, yo siempre iré por ti y te traeré de regreso de la oscuridad…
- No lo merezco, no merezco que se sacrifique por mi – lloro levantándome para observarlo; sus labios se estiran en una media sonrisa y no puedo mas que contestársela, sonrió porque el aun esta junto mí.
- Voy a ahuyentar a todos los monstruos que te lastiman…
No puedo contra eso, lloro en su brazo y puedo sentir la fina caricia de su barba cerca de mí, me suelta y levanta su mano para acariciar mi mejilla y limpiar mis lágrimas, enreda su mano en mi cabello y me acerca a él… mi corazón explota de emoción ante su cercanía, estamos demasiado cerca… inhala profundamente una y otra vez sin dejar de acariciarme y justo ahí sé que estoy segura.

El señor Can insistió en que me fuera, mama y Leyla estaban muy preocupadas y el señor Emre ya no sabía cómo tranquilizarlas o al menos eso fue lo que le dijo el señor Metin al señor Can, quería quedarme con el pero no me lo permitieron, yo también tenia que descansar. Ahora estaba de regreso observando la lluvia caer tras la ventana, mi único consuelo era el aroma de la ropa del señor Can que tome para no volver a usar mi ropa llena de sangre y humedad, no quería volver, algo me gritaba que cometía un error.
Al llegar mama y Leyla me abrazaron con los ojos llenos de lágrimas, era el primer abrazo que sentía de mi mama en mucho tiempo… eso fue todo, llore con mucho dolor por como todo se complico en unas semanas, como todo esto tenia que pasar para que mi madre recordara que yo también la necesitaba, no me soltó otra vez.
Ya en casa fue toda atenciones conmigo, me llevo de comer a mi habitación y estuvo mucho tiempo solo ahí, cuidándome y consolándome, intentando sanar una herida que llevaba sangrando mucho tiempo. Cuando volví a quedarme dormida se despidió de mi con un beso en la frente.
- Sanem, hermanita… - siento la mano de Leyla en mi frente, volteo a verla y me sonríe – ¿estás bien?
- Mejor – respondo. Hace mucho que desperté, pero no quería moverme, el peso de mi corazón era demasiado para mi frágil cuerpo.
- ¿Quieres hablar? – pregunta entregándome un vaso de té. Niego con la cabeza tomando el vaso – no es sano que estés así, necesitas despejarte un poco…
- Leyla me siento muy mal… - susurro tratando de que las lagrimas no salgan. Se sube a la cama conmigo y me abraza con suavidad.
- Se que debió ser horrible lo que te hicieron, pero nadie volverá a lastimarte tanto… - me consuela.
- No es por eso – la contradigo, volteo a verla y en sus ojos brilla la preocupación; no soportaba el peso en mi corazón, cada hora que pasaba era peor, quería que alguien me ayudara y solo una persona aparecía en mi mente, al final del día mi hermana era lo único que tenía – yo… recuerdas, ¿recuerdas esa vez que me encontraste llena de sangre?
Todo su cuerpo se tensa y sus ojos se abren con sorpresa.
- Sanem, dijimos que no diríamos nada… - su voz es dura y llena de miedo. Tomo sus manos entre las mías.
- No es lo que estas pensando, - le aclaro; respiro profundo y continuo – ese día, mama y yo tuvimos una pelea muy fuerte, salí corriendo y no se como fue que llegue a un callejón, ahí me quede mucho tiempo y cuando me di cuenta ya era de noche. Leyla, llegaron dos hombres a la casa frente a la que yo estaba y uno de ellos mato al que vivía adentro…
- ¡Oh no Sanem! – tapa su boca y me observa con una mirada aprensiva. Las lagrimas caen en nuestras manos unidas.
- Se quien lo hizo… - susurro entre sollozos. Levanto la mirada y sus ojos azules están rojos mientras las lagrimas se acumulan en ellos.
- ¿Quien? – pregunta.
- Vi como… - sollozo con las palabras atascándose en mi garganta y destruyendo mi corazón - el señor Can le disparo…
- No Sanem… debe ser un error – susurra con las manos aun sobre su boca. Niego con la cabeza, la suelo y tapo mis ojos queriendo dejar el dolor guardado en mi cuerpo, borrar de alguna manera lo que paso.
- No… yo lo vi…
No duramos mucho tiempo en esa discusión, Leyla no pudo soportarlo y nos saco a ambas de la casa con el pretexto de que yo necesitaba aire fresco, a mama no le importo, dijo que lo que necesitara para sentirme mejor y me abrazo. Ese fue el mejor consuelo.
Caminamos hasta las rocas y nos sentamos largo rato sin decir nada, solo observamos con el agua golpeaba a la doncella una y otra vez. Me dolía tanto la cabeza que sentía que en cualquier momento me desmayaría… volteo a ver a mi hermana y esta nerviosa, no deja de mover el celular en sus manos mientras muerde sus labios, quizá me equivoque en decirle la verdad, pero necesitaba una guía, alguien que me ayudara en esto y ella era la única persona en quien podía confiar en este momento.
Se escucha un carro estacionándose detrás de nosotras, cuando volteo a ver quién es el corazón se me cae al suelo. Leyla se levanta de inmediato y va a recibirlo, él da un casto beso en su mejilla mientras ella lo abraza, ¿Por qué siempre la besaba en la mejilla? No era momento para eso, con horror y coraje regreso mi vista al mar.
- Sanem… - me saluda sentándose a mi lado.
- Te lo dijo… - susurro enojada.
- Sanem era necesario, Emre nos puede ayudar, es su hermano… - no volteo a ver a mi hermana, estaba demasiado enojada. ¿si no podías confiar en tu familia entonces en quién?
- Es cierto Sanem, mi hermano es muy impórtate – agrega con voz cálida. Aprieto los puños sin dirigirle la mirada, era tan fácil para el hablar y decir palabras lindas y cariñosas - Leyla porque no traes algo caliente para Sanem, está temblando de frio…
Mi hermana como buena chica se levanta y obedece dando un beso en mi frente, me contengo de gritarle, ahora tenia que lidiar con esto.
- Leyla me lo conto todo – interrumpe mis pensamientos, no me vuelvo a mirarlo; mi hermana debió llamarlo cuando subió por su abrigo y me dejo hablando con mama… no lo podía creer – no vas a decir nada.
- Claro… - susurro con sarcasmo. Toma mis hombros y me gira hacia él.
- Escucha Sanem, - aprieta mis hombros para llamar mi atención - si le dices a Can que fuiste tu la que lo vio asesinar a ese hombre no tendrá compasión ¿Por qué lo haría? Can no te tiene ninguna estima especial así que sácate eso de la cabeza, la única razón por la que fue por ti fue por lo que Fabri le hizo a nuestra madre y porque eres la hermana enferma de Leyla, estamos por perderlo todo y no necesitamos mas problemas. Si le dices a Can quien eres yo le diré que Leyla robo dinero de la empresa…
- ¡Ella no lo hizo! – enfatizo con dientes apretados.
- ¿Tienes manera de comprobarlo? No, ¿vas a arriesgar a tu hermana? No lo creo… lo único que puedes hacer es alejarte Sanem, ¡aléjate de mi hermano! – su mirada luce desperada y enojada, ¿Qué mas callaba el señor Emre a su hermano?
- ¡No puedo alejarme de él! – respondo con frustración intentando zafarme de su agarre. Se burla de mi con una risa fría.
- ¿Acaso crees que mi hermano guarda algún sentimiento por ti? Por favor Sanem… lo que sea que esa cabecita tuya se ha inventado mas vale que lo elimines de inmediato – me suelto de su agarre y me levanto tratando de alejarme de él, me persigue y vuelve a girarme para que lo mire - ¡aléjate de mi hermano!
- ¡No! – grito intentando zafarme, sus brazos me sostienen por mis muñecas y una punzada de dolor me recorre.
- ¿En serio? – pregunta levantando una ceja – bien, no quería tener que hacer esto, pero lo hare. Si tu le dices que lo viste yo lo llevare a las autoridades por asesinato en tu nombre, la policía ya lo está monitoreando y no sara difícil involucrarte, además, tu bien sabes que tipo de futuro te espera cuando Leyla y yo nos casemos, ¿verdad?
Todas mis emociones se congelan al escuchar sus palabras, observo sus ojos con atención, este hombre era mucho más allá de lo que aparentaba, no era para nada ese estático, cordial, sonriente y siempre bien vestido “señor Emre”, dentro de este hombre había algo mas oscuro y retorcido, capaz de lastimar a los suyos con la única intención de obtener lo que quería. Pero la pregunta era, ¿Qué es lo que quería?

Aprieto la caja en mi regazo con lagrimas en mis ojos, ¿cuánto he llorado por él? Estaba segura que lo volvería a hacer, pero sentía que era lo suficiente para vaciar mi alma; parecía una burla cruel de la vida porque justo cuando pensé que podía vivir fuera de las barreras oscuras de mi mente, la realidad me golpeaba. Admiro su hermoso perfil, ya no esta tan lastimado a como lo vi la ultima vez, de hecho, se ve bastante recuperado, esta relajado admirando el mar junto a mi con una sonrisa en sus labios y una mirada soñadora.
No podía creer que lo encontré al fin, todo lo que estaba buscando al fin estaba frente a mi y tenia que dejarlo ir… por mi hermana, por mi madre, por el señor Emre y lo más importante por él…
No iba a dejar que su hermano lo lastimara, si era capaz de hacer todo lo que hizo era capaz de cosas peores, ¿y si lo hería otra vez? No lo iba a permitir… tendría que dejarlo ir…
- Me preocupa cuando te quedas callada, siento que te pierdes en tus pensamientos y te alejas de mí. No quiero eso – toma mi mano que esta sobre la caja, miro nuestras manos unidas y grabo la imagen en mi mente, era lo mas hermoso.
- Sigo aquí… - sonrío tratando de contener mis emociones; sus ojos se enfocan en los míos y ladea la cabeza como su quisiera admirarme mejor.
- ¿Qué pasa? – pregunta con una sonrisa curiosa – siento que necesitas decirme algo y no puedes…
- Lo que pasa es… - susurro apretando mis manos en puños, cierro los ojos un momento y los abro… como siempre, todo lo que veo es a él – quiero que se aleje de mí, por favor…
- ¿Como? – pregunta con tranquilidad. No se enoja y tampoco me suelta, solo me da esa mirada de “estas haciendo cosas extrañas” y espera mi respuesta.
- ¡No quiero que se me acerque nunca más! – me zafo de su agarre y me levanto – quiero que se vaya de mi vida, me han hecho cosas horribles por su culpa y ya no puedo más, me he cansado de esta vida. ¡Déjeme!
- No te entiendo Sanem… - sacude la cabeza y se levanta. Su brazo aún sigue lastimado, pero ya no se ve vulnerable como antes, al contrario, parece listo para luchar - hace un rato te aferraste a mi como si no hubiera mañana y ahora me dices esto, ¿qué está pasando?
- ¡Usted ha malinterpretado todo! ¡Váyase y déjeme en paz! No quiero volver a verlo nunca, no lo quiero cerca de mi ¡y tampoco quiero que me vuelva a tocar! ¡Déjeme! – grito con las lágrimas recorriendo mis mejillas. Sus ojos me observan como si le hubiera arrancado el corazón y en un acto de crueldad lo destrozara frente a él, no quería que sufriera pero tampoco podía ponerlo en el filo de la caída, entre el y yo siempre lo escogería a él aunque eso me regresara a esa vida vacía y sin sentido, no importaba mientras estuviera a salvo, él siempre iba primero.
Siempre él.

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