DEJAME ATRAPARTE
CAPÍTULO 14 CAN
Apoyado en la pared la veo moverse de un lado al otro, definitivamente estar relajada le sentaba bastante bien. Va de arriba abajo en la amplia cocina, se ríe con Ceycey, escucha atentamente a Guliz y Ayhan con una sonrisa, juega con su cabello sin darse cuenta y su mirada soñadora va y viene cuando cree que nadie la está mirando.
Ninguno de los que estaba a nuestro alrededor se percató que escapo conmigo, era nuestro pequeño e íntimo secreto, todo el mundo estaba enfocado en algo más importante, pero para nosotros nada es más significativo que lo que pasó la noche anterior, por mí que el mundo ardiera en llamas, yo también me sentía mejor. Su mirada se encuentra con la mía, sus mejillas se colorean de un delicioso rojo y todo mi cuerpo despierta en alerta, baja la mirada y sonríe para ocultar su sonrojo.
La puerta suena y todo el mundo vuelve a estar en silencio. La señora Mevkibe se levanta de un salto pasando por enfrente de mi para llegar con el avergonzado visitante.
- ¡¿LEYLA DONDE ESTABAS?! – su grito resuena en toda la casa. Sanem, Guliz y Ceycey se asoman desde la cocina con la mirada preocupada, el cuerpo de Sanem esta tan peligrosamente cerca que como a un animal hambriento tengo la necesidad de darle un mordisco. Cuando Mevkibe jala a Leyla con fuerza del brazo los tres se enderezan como en formación militar casi fundiéndose el uno con el otro.
La señora la empuja a la sala donde Emre y Huma esta sentados, Emre con una expresión incrédula y Huma tan roja de coraje que en cualquier momento le explotaría la cabeza. Con los tres asustados detrás regreso a la sala, me recargo en la pared un poco alejado del drama, Mevikibe avienta a Leyla en el sillón más cercano.
- ¿Dónde estabas Leyla? – pregunta Emre con seriedad encubriendo su coraje. No estaba seguro porque se sentía ofendido, el día de su boda tenía su lengua en la garganta de alguien más; la imagen de esta pobre chica era demasiado triste.
Leyla no contesta, solo se queda con la mirada al frente. Se ve cansada, aturdida y es obvio que estuvo llorando, pero algo en ella no se ve igual a la serena Leyla de siempre, no sé qué es o si es mi imaginación, pero hay algo… extraño… su hermoso vestido está salpicado de lodo, sus ojos están ojerosos y su cabello que antes tenía un complicado tocado ahora estaba suelto en suaves ondas desarregladas y con todo eso no se veía tan enojada o triste como debería, más bien se veía avergonzada.
- ¿Te sientes mal Leyla? – pregunto con calma. Sus ojos se encuentran con los míos, esta pobre muchacha estaba tan deprimida que dolía solo verla, otra vez siento esa extraña sensación. Asiente con una pequeña sonrisa.
- Voy a retirarme – declara con voz plana levantándose con un ligero temblor, pero la señora Huma y su madre prácticamente se avientan sobre ella deteniéndola.
- ¡No muchacha estúpida! – le grita Huma – ¡¿cómo crees que me sentí cuando todos preguntaron por la novia y no estabas?! ¡Te escapaste!
Lo único que se escucha es el suspiro de los tres asustadizos pegados a la pared, Sanem intercambia una mirada conmigo y sus mejillas se colorean de un profundo rojo. Paso mi mano por mi barba tratando de ocultar mi sonrisa.
- Estaba cansada –responde Leyla sin ver a nadie en realidad, como si repitiera un discurso ensayado – volví a casa a dormir, no pensé en cambiarme…
Estaba mintiendo, podía notarlo por como desviaba la mirada y como apretaba sus manos en su vestido mientras intenta contener el temblor de sus piernas.
- ¡NO TE CREO! – le grita Mevkibe e intenta golpearla, antes de que lo haga me lanzo hacia adelante. Yo podía soportar muchas cosas, pero no eso. Detengo su brazo con mi mano antes de que toque su mejilla, Leyla se echa atrás asustada y Sanem grita acercándose rápidamente.
- Señora no va a hacer eso – sus ojos cafés se clavan en los míos, aprieta los labios molesta y cuando siento que su tensión baja la suelto lentamente – entiendo que está enojada, pero no puede culpar a su hija de querer escaparse de una boda como la que tuvo, si ella dice que volvió a casa no hay razón para no creerle. Leyla no es una persona mentirosa, lo sé muy bien, ahora por favor cálmese porque la próxima vez que quiera atentar contra cualquiera de sus hijas voy a expulsarla de la casa. Mantenga el control.
Eso la hace enojar más, pero para su mala suerte no me interesa en los más mínimo. Suspira y se relaja bajando la mano.
- Ceycey pídele a Ayhan que prepare un cuarto aparte para Leyla, se ve cansada – Ceycey asiente con expresión preocupada, pero desaparece en la cocina – ¿comiste algo Leyla?
Niega con la cabeza, la ayudo a levantarse y Sanem de inmediato la ayuda, me da una mirada de agradecimiento y ambas hermanas desaparecen en el pasillo. Le hago una señal a Guliz para que le lleven también algo de comer y esta asiente.
- ¿Como paso esto? – susurra Emre levantándose con las manos en la cintura – todo el mundo se dio cuenta que ella se fue, esto es un insulto…
- No sé porque te enojas, - reclamo enojado. Quizá si amaba a mi hermano, pero las tonterías que hacía me volvían loco – fuiste tú el que provoco esto, estabas más ocupado pensando con la cabeza que tienes entre las piernas…
- ¡CAN! – me grita Huma y la señora Mevkibe se tapa la boca impresionada. Estaba harto de sus estupideces. Emre me clava la mirada.
- Es la verdad, te ibas a casar con Leyla para mejorar tu imagen y mira lo que paso, sometiste a la muchacha y la humillaste, pero ella si fue capaz de ocultar lo que sucedió, aunque la estuviera matando por dentro ¿acaso esperabas que no se derrumbara? ¿crees que es una muñeca que estará a tu conveniencia? ¡ES UN SER HUMANO POR DIOS! El único que debería disculparse eres tú, - me levanto y lo apunto acercándome a donde está parado con una cara furiosa, desafortunadamente para él, echo a perder mi buen humor y ya no estaba para sus juegos – le PROMETISTE a esa chica que estarías con ella, que la amabas “más que a tu vida”, lo que sea que ella haya hecho esta noche no es nada comparado con lo que TU HICISTE…
- ¡Lo hice por la empresa! ¡La que tu hundiste! – me grita enojado. Huma se para a un lado de el para calmarlo, pero es inútil, los dos estábamos al límite – ¡¿y a ti que más te da lo que haga con Leyla?!
- Eres increíble – respondo con sarcasmo sacudiendo la cabeza – ¿dices que yo hundí la empresa? ¿Quién permitió que se perdiera tanto dinero? ¡Se supone que tú debes controlar eso y lo perdiste! ¡TENGO QUE IR TAPANDO LO QUE HACES TODO EL MALDITO TIEMPO! ¡¿acaso crees que no sé qué siempre quisiste mi puesto?! Lo que he hecho, todo lo que está mal lo hice para tapar todo lo que tú y nuestro mal ejemplo de madre hacen y lo vuelves a hacer burlándote de esta chica, ¿ACASO NO LE HAS ECHADO UN VISTAZO A LAS NOTICIAS? ¡TODO TU MALDITO DRAMA ESTA EN PRIMERA PLANA!
- ¡CAN YA BASTA! – me grita Huma interponiéndose entre los dos.
- ¡Lo que faltaba! – levanto los brazos ya enfadado - no me hagas empezar contigo también porque ya estoy cansado de ti. De hecho, de todos ustedes así que les diré que haremos hoy… - me alejo de ambos y me siento antes de ceder a la necesidad de ahorcarlos, la señora Mevkibe solo me observa asombrada, con ella tampoco estaba nada contento – acaba de llegarme un mensaje de un comprador y lo veré mañana para platicar sobre la propuesta que tiene para la casa, la venderé y como ya te había dicho voy a usar el dinero para levantar la empresa otra vez. Aceptare la propuesta de Osman y punto final. Después haremos el cambio de poderes. Pero antes, te disculparas con tu esposa.
- ¡¿No entiendes que la propuesta de Osman no nos conviene?! – insiste Emre. No entendía su actitud, primero no quería a Aylin cerca, luego su propuesta era la mejor, después metía su lengua en su garganta y luego se enojaba por su esposa desaparecida. ¡ARRRRG! Estaba peor que un niño.
- Ya te dije – respondo molesto.
- En cuanto hagas el cambio de poderes tendré más acciones que tú y rechazare la propuesta de Osman… - replica acercándose a donde estoy sentado.
- ¡EMRE! – grita Huma, pero la ignora.
- Haz lo que quieras… - susurro sosteniendo su mirada evitando alentar su actitud infantil. Por el rabillo de ojo veo como Sanem se acerca con paso tímido, va cargando una bolsa grande. Mi corazón se acelera, pero por una razón totalmente distinta.
- Perdón… - susurra muy bajo; Emre se voltea y todos la miramos, se veía tan hermosa con su cara recién lavada, era una exótica belleza infantil, solo al verla mi coraje se esfuma – Leyla ya se acostó, pero quiere que la dejemos, necesita dormir un poco…
- Eso está perfecto, es mejor que permanezcan juntos para que puedan hablar – interviene Huma.
- Y para que te disculpes – agrego. Su mirada enojada se clava en la mía, pero no dice nada.
- Es mejor que nos vayamos – susurra Mevkibe levantándose.
- ¿Su chofer vendrá? – pregunta Huma.
- Yo las llevare… - interrumpo levantándome y quitándole la bolsa a Sanem para cargarla por ella – necesito salir de aquí. Vayan empacando… ultimo aviso…
…
Mientras manejo por las resbalosas carreteras no puedo dejar de voltear a ver a Sanem, antes de salir me prometí que me controlaría en frente de su madre, pero nuestra noche juntos despertó o enloqueció, no sabía que específicamente, algo en mi cabeza que me estaba constando horrores dejar mis manos fuera de su cuerpo o mis ojos fuera de los suyos. Se veía tan linda cuando sonreía. Si por mi fuera la vería siempre con esa bonita sonrisa, mi propósito en la vida era despertar esa sonrisa de felicidad todo el tiempo que pudiera.
Sospechaba que sería difícil, no solo por cuanto dolor llevaba en su hermoso corazón, también por la desgraciada mujer que veía en el espejo retrovisor; no me engañaba, el supuesto cambio que tenía con respecto a Sanem debía tener un trasfondo, nadie cambia de la noche a la mañana, esta mujer tenía algo muy horrible, pero iba a vigilar que nunca volviera a lastimar a mi hermosa Sanem.
- Nos puede dejar aquí… - me ordena la señora Mevkibe. Sonrío acelerando y haciendo caso omiso de su petición, quería que se diera cuenta que no ocultaba tan bien las cosas como ella creía. Lo que llevaba sospechando desde hace tanto era cierto, Sanem me lo confirmo.
- No se preocupe señora, no la dejare llegar bajo esta lluvia que se aproxima, las dejare en la puerta de su casa. Estoy seguro de que ambas están cansadas. – puedo ver por el retrovisor que la idea no le agrada. Al ver a Sanem parece que toda la sangre ha huido de su bello rostro, se veía muy graciosa.
Anoche que Sanem me confeso que mi abuela chantajeo a su mama para que trabajara conmigo fue como acomodar la pieza faltante de uno de los tantos rompecabezas que tenía con respecto a Sanem, todo encajo en su lugar. Estaba enterado de que esta era una de las propiedades que aún conservaba de su padre, ¿Cómo no se me ocurrió? Bueno, a veces se me olvidaba que Remide Divit no era a alguien a quien se le pudiera decir que no y era excelente logrando lo que quería. Sanem va diciéndome donde girar o detenerme, pero lo hago mientras habla, se exactamente a donde voy.
Cuando llegamos la señora Mevkibe baja antes de que pueda abrirle la puerta, me da un frio agradecimiento y entra cerrando de un portazo. Sonriendo abro la puerta para Sanem.
- Gracias – sus hermosos ojos hacen contacto con los míos. Sus mejillas se han vuelto a colorear y su suave cabello en desordenadas ondas enmarca sus lindas facciones. Todo el desdén de su madre valía la pena por esto. Le entrego la carpeta y de inmediato la toma.
- Lee esto cuando estés a solas… quiero que lo revises detalladamente y me des tu opinión – susurro acariciando sus dedos por debajo de la carpeta, quiero acercarme y besarla tal como hice anoche o incluso más, pero sé que su madre está mirando, puedo sentir sus ojos en mi espalda. Asiente con una enorme sonrisa.
- Si, claro… - sonríe sin bajar su mano; podría quedarme de esta forma, solo observándola y acariciando sus dedos sin cansarme, ya la extrañaba y aun no se iba. Desvía su mirada y toda su expresión cambia, baja la mano rápidamente y se esconde – nos vemos mañana señor Can.
- Nos vemos… señorita Sanem – respondo dejándola ir. Camina con pasos lentos sin dejar de verme hasta que llega a la puerta y toca levemente, esta se abre y entra. Suspiro con el corazón acelerado y un cosquilleo que permanece en mi mano.
…
- ¿Ceycey? – llamo manejando de regreso a la casa.
- ¿Señor Can? – responde. El sonido de fondo suena a aceite hirviendo, Ceycey no podía estar lejos de la cocina cuando se encontraba en mi casa.
- Necesito que salgas de esa cocina y te pongas a trabajar en algo… - se atraganta con lo que sea que está tomando y una voz femenina lo regaña.
- ¿Señor Can acaso me tiene vigilado? ¿No puede un hombre tomar sus alimentos en paz? – se queja con la voz rasposa. Ruedo los ojos.
- Llevas comiendo desde hace horas, ¿acaso te piensas comer a mi cocinera y por eso no sales de ahí…? - eso provoca otra tos del otro lado. La voz femenina vuelve a regañarlo, me rio para mis adentros porque sé que di en el blanco.
- Va a acabar conmigo señor, ¿qué puedo hacer por usted? – pregunta más tranquilo.
- Vas a buscarme a ese imbécil de Fabri, no descansaras hasta que lo encuentres… puedes empezar bajo la cama de Huma – sugiero con amargo sarcasmo. Estaba más allá de enojado con ese idiota. Su obsesión con Sanem me preocupaba, se acostaba con mi madre y quería un pedazo de la empresa. No tenía perdón conmigo, iba a cazarlo como la alimaña que era y después iba a matarlo.
- No creo que a mama le agrade la idea… - susurra con sarcasmo. Ya no se escucha ruido de fondo por lo que sé que toma mi petición en serio.
- No me interesa, vas a llevarlo al lugar de siempre, yo me ocupare del resto… - susurro.
- ¿Quiere que lo prepare para usted? – pregunta. Ceycey tenía unas tendencias bastante… sádicas, si, no había otra manera de llamarlas, pero a veces se le pasaba la mano y quería al bastardo solo para mí.
- No quiero que exageres… - lo condiciono - ese imbécil es mío…
Después del largo trayecto llego a la casa y me estaciono frente a las puertas, apago el motor, pero no me bajo. Con todo el drama familiar no había procesado lo que sucedió; Sanem fue hacia mí, ahora agradecía el haber detenido a Polen en el último segundo y haber salido de la casa al único refugio que me quedaba, ella estaba esperándome, ella me amaba. Estaba emocionado y por primera vez en mucho tiempo, feliz.
Aun podía sentir la suavidad de esos regordetes labios y el brillo de sus ojos, el calor de su cuerpo aun vibraba en mi piel, si cerraba los ojos aun podía sentirla moverse sobre mí, ¿Quién fue esa chica? Sin poder evitarlo paso una mano por mis labios; la tímida, dulce, asustadiza y evasiva Sanem se convirtió en esta sirena sexual que solo perseguía un propósito… fue mágico como esos dulces ojos de chocolate cambiaron al rojo vivo cuando empujo mi abdomen y se posiciono sobre mí. Eso quería de ella, que se sintiera libre, aunque nunca imagine que fuera tan rápido. A veces era tan asustadiza… pero esa Sanem y la Sanem que casi me hizo venirme eran dos mujeres completamente opuestas, paso mis manos sobre mi cara recordando su suspiro de placer cuando llego al tan añorado orgasmo, estaba seguro que ni siquiera supo que paso y aun así disfrutó de cada segundo de ello. Mi traviesa chica uso mi cuerpo para darse el placer que tanto necesitaba, y no solo una, sino dos veces.
Sentía una enorme bomba en el corazón, algo grande que se inflamaba con solo pensarla, bueno, eran dos bombas, pero estaba seguro que la que estaba en mi pecho era sin duda la más importante. Mi corazón se sentía vivo, latía con fuerza y felicidad, era tanto su vigor que me explotaría fuera en cualquier momento. No me importaba, por ella cortaría cada pedazo de lo que me quedaba y se lo entregaría sin dudar. No solo era la mujer más hermosa, perfecta y brillante que había conocido en mi vida, también era el dulce complemento que estaba buscando, todo en ella encajaba conmigo como la luz en la oscuridad, solo me bastaba pensar en su dulce y cristalina mirada para sentirme a salvo, en casa.
Solo por eso no permitiría que nadie volviera a tocar un solo cabello de su cabeza, su piel era mía y nadie más que yo la tocaría… aún no estaba seguro de cómo proceder con su madre, pero con el imbécil si, cada mal rato que hizo pasar a mi inocente Sanem lo pagaría con dolor hasta que rogara por la muerte solo para salvarse.
Entro a la casa y esta silenciosa, no se ve nadie y todo está en su lugar, mama y Emre ignoraron mi advertencia de desalojo, bien, si no era a la buena…
Salgo al jardín donde escucho un suave murmullo. Al asomarme reconozco a Leyla sentada en el regazo de Emre que la abraza con cariño, sacudo la cabeza algo triste por su situación, como le dije a Sanem, Leyla nunca entendería. Cuando salgo ambos se separan y Leyla se colorea de rojo, se baja de las piernas de Emre pero se queda a su lado, mi hermano sonríe ampliamente, como si nada.
- Hermano… - me saluda Emre. Sonrío a ambos y me siento frente a ellos.
- Señor Can, lo siento, nosotros… - empieza Leyla pero levanto una palma para detenerla.
- No tienes nada que explicar Leyla, - tampoco tenía sentido, la única razón por la que salí en su defensa fue porque era lo correcto, porque sé cuánto le dolía a Sanem que abusaran de la inocencia de su hermana y porque Emre era un idiota – ¿estas mejor?
- Mucho – responde con una sonrisa apoyándose en el hombro de Emre.
- Me alegro – respondo con una sonrisa apretada – bueno, no quiero interrumpirlos más, pero creo que es importante que se aseguren de tener un lugar donde vivir a partir de mañana. El comprador está deseoso de cerrar el trato cuanto antes y eso sucederá mañana por la mañana así que les sugiero que vayan buscando porque tendremos como máximo una semana para desalojar…
- Can – me interrumpe Emre – no puedes hablar en serio…
- No sé porque pensaste que no lo haría… - el par de ojos azules mortificados se miran entre sí.
- Señor Can… - interviene Leyla con voz dulce.
- Can – la interrumpo. Ahora Emre usaría a su dulce mujer para convencerme, increíble, no tenía escrúpulos.
- Can, - sonríe, pero sus nervios son evidentes – creo que deberías pensarlo. He revisado la información y las propuestas con Emre, entiendo porque no quieres aceptar la del señor Fabri, no es conveniente pero la de… Aylin… es la mejor. Si quieres te puedo mostrar las hojas otra vez.
- No es necesario Leyla – las ganas de rodar los ojos explotaban mi mente, ¿cómo la convenció de hacer trato con su amante? Quería vomitar… - ya está tomada la decisión, además como te dije Emre, el cambio de poderes lo haremos después. Podrás gozar de tu 45% de la empresa después de que haya vendido la casa. Así que otra vez, les sugiero que empaquen…
Me levanto y me voy dejándolos a ambos. Siento una delicada pero fría mano tocar mi hombro por un segundo así que me detengo.
- Señor, perdón… Can, gracias… por lo de antes – sonríe con un poco de mortificación. En sus ojos llenos de agradecimiento y tristeza puedo ver lo que el haber entrado a esta familia le hizo a su alma, estaba lastimada pero aun con la decisión de seguir adelante.
Eso solo era el inicio, desgraciadamente empeoraría y sería más pesado para ella continuar porque Emre no se detendría, tal vez haría una pausa, pero sé que volverá con Aylin y eso seguirá lastimándola, mama la usaría para sus perversos planes, eso si no se enteraba que su consuegra la había engañado también. La desgracia de esta familia se tragaría a Leyla y cuando hubiera niños… no quería pensarlo, pero por lo que veía en esa mirada, ella continuaría, porque de alguna forma ella vio en mi hermano algo que merecía la pena.
¿También le pasaría a Sanem? ¿Ella vio en mi algo que merecía la pena salvar y seguiría adelante? ¿Terminaría con el alma más destrozada por mi culpa? De pronto los ojos frente a mí no son azules, ahora son de un rico tono oscuro y achocolatado, la piel blanca ahora esta caramelizada y su aroma cambia de ser refrescante a dulce, el cabello ya no es luminoso y rubio, ahora es oscuro y sedoso y esa expresión cambia a una brillante sonrisa de labios llenos. No, Leyla ya no está aquí… un helado miedo estalla en mi pecho, no sé cómo procesarlo, pocas veces lo he sentido.
Si yo seguía por este camino Sanem también y la pregunta que gritaba mi conciencia una y otra vez era la misma: ¿Cuál sería el precio?
- No fue nada… - respondo dándome la vuelta y dejándola atrás. Podría soportar lo que fuera por Sanem, de inmediato daría mi vida para salvarla, pero… ¿cómo la salvaba de mí? ¿Como la salvaba de alguien que quisiera perjudicarla por mi culpa? Ya sucedió una vez y como con Leyla, no haría más que empeorar sin fin…
Con los puños apretados y con el corazón partido camino lentamente de regreso, mi Sanem no podría soportar más tormento a su espíritu, mente y corazón, ya la lastimaron lo suficiente y yo lo único que quería era ayudarla a sanar, pero ¿cómo? ¿Como hacerlo cuando yo también podría ser la causa de sus sufrimientos? ¿Como curaba su alma si apenas tenía ápices de una?
Ella era un ángel que el mundo corrompió, yo era un demonio que buscaba la redención.
…
7: 40 … ella aun no llegaba; prestaba atención a cada sonido fuera de la oficina, el taconeo de Deren, el sonido de la cafetera, dos personas platicando que pasaban por ahí, alguien que, hacia el esfuerzo de cargar una caja, un celular sonando… y ella aun no llegaba.
7:45 … tamborileo los dedos en la mesa; Deren regañando a Guliz porque no llegaba a tiempo, la cafetera otra vez, sonido de vasos y tazas, una cuchara que se cae, alguien pasa corriendo frente a mi oficina, el viento golpeando contra mi ventana y los árboles agitados… y ella aun no llegaba.
7:50 … juego con las piedras en mi mano; Ceycey gritando a Guliz, Deren regañándolo por alzar la voz en un edificio vacío y luego su taconeo, Emre cierra de un portazo su oficina sin saludarme, Leyla me saluda y yo contesto, Deren entra para ofrecerme café, pero me niego, el sonido del viento otra vez acompañado de una bocina que se escucha a lo lejos… y ella aun no llegaba.
7:52 … aprieto las piedras y mis dedos no pueden estar quietos, mi perna empieza a moverse por si sola y necesito cerrar mis ojos para no salir disparado a buscarla; el sonido de un carro se escucha derrapar afuera, un taconeo suave pasa frente a mi oficina seguido de voces a las que no prestó atención, una risa y un grito se escuchan en el fondo, una engrapadora, un celular que toma una foto y la suave música que Deren siempre escucha, mi pesada respiración… Emre habla por teléfono, mi pesada respiración… y ella… aun no… llegaba…
7: 56 … mi cuerpo ya no responde, se mueve por si solo preso de la ansiedad, yo que era una persona tan calmada ahora era como un volcán que estaba a punto de estallar; la cacofonía de ruidos a mi alrededor ya no importa, los aromas de distintos perfumes y café ya no se sienten… todo está eclipsado por esta horrible sensación de ansiedad… y ella… aun no… LLEGABA…
7:57 … ¿me vería muy obsesivo si solo me paraba a buscarla? ¿Tal vez podría ir a la entrada y fingir que hacia otra cosa…? ¿porque no llegaba? Tal vez le paso algo y yo estaba aquí perdiendo el tiempo… solo debería ir y asegurarme que está bien… aunque eso sería precipitado, pero… ELLA NO LLEGABA…
- Buenos días – por estar tan sumido en mis cavilaciones no escucho cuando alguien se acerca a mi puerta. Levanto la vista y ahí esta… sus ojos brillan y sus labios también, el suéter morado que usa acentúa el color caramelo de su piel, su cabello está perfectamente liso y cubierto por una gorra gris, su falda parece un nudo extraño, pero deja ver sus perfectas piernas, no usaba zapato alto… por eso no la escuche…
- Buenos días… - respondo sin aliento. Me sonríe y sé que he tenido suficiente, me levanto a por ella que me espera con un brillo de curiosidad en sus ojos, la jalo dentro de la oficina sin dejarla hablar y cierro de un portazo, la recargo en la puerta, tomo sus manos en las mías y me acerco a su boca que de inmediato cierra el espacio.
Aaaaaah… esto era la gloria, moriría en este momento solo disfrutando de sus carnosos labios, responde a mi beso con timidez, no, no quería la timidez, quería a la Sanem desatada. Tomo de su barbilla y asalto su boca cuando entreabre los labios en un suspiro, de inmediato invado disfrutando de ese dulce sabor que siempre estoy anhelando. Hace pequeños sonidos ante mi asalto y pasa sus manos calientes a mi espalda para sostenerse, acerco mi cuerpo al de ella y rodeo su pequeña cintura para sostenerla en pie, iba a besarla por cada maldito minuto en que estuvimos separados. Estaba decidido, desde ahora la amarraría a mi pie para que no se fuera, no volvería a torturarme a mí mismo.
Cuando al fin nos separamos para respirar, apoyo mi frente en su pequeño hombro inhalando con fuerza, me sentía muy débil y necesitado ante ella.
- Vaya… mmm… ¿estás bien? – pregunta sin aliento. Beso su hombro cubierto por el suéter y luego me sumerjo en su cuello apenas apoyándome en la puerta.
- No… tardaste mucho… - susurro como un niño pequeño. Aunque lo que sentía nada tenía que ver con ser un niño. Siento su sonrisa y un casto beso en mi mejilla.
- Lo siento, increíblemente me quede dormida… - su cantarina risa me emociona. Levanto la cabeza, su sonrisa sigue ahí, brillante y perfecta.
- ¿Dormiste bien? – pregunto arreglando su cabello. Estaba seguro que traía puesta una gorra.
- Muy bien – sonrío de vuelta y vuelvo a besarla en sus labios. Cuando nos separamos aún está sonriendo.
- Entonces te perdono – se ríe mientras agita la cabeza. Me separo de ella para levantar su bolsa y la gorra que en algún momento de mi asalto cayeron al piso.
- ¿Ya no me vas a castigar? – pregunta tomando las cosas.
- Claro que sí, eso aun no lo he perdonado, pero no te preocupes… te gustara - levanta su ceja de una forma curiosa. Es tan inocente que no tiene idea de que estoy hablando. Regreso a mi silla y me siento mientras deja sus cosas en su lugar habitual… si no dejaba de verla comenzaría a babear porque esa bendita falda resaltaba todas sus curvas por debajo de la cintura y yo bueno, estaba enloqueciendo.
- ¿Y esa falda? – mi voz se encuentra más ronca de lo normal, distraídamente llevo mi mano a mi hombro, una punzada de dolor me estaba molestando.
- Me la regalo la señora Remide, dijo que se me vería bien y la tela es muy suave… - mi mente no puede evitar irse en picada a todo lo “suave” que yo podía encontrar para ella, la observo fijamente y por varios segundos nos quedamos en silencio. Si, mi Sanem era suave pero la idea de dar color a esa suavidad estaba tronando mis sentidos. Cuando un sonrojo llega a sus mejillas sé que sabe en lo que estoy pensando.
- Mmm bueno… iré por su te… señor Can – sonríe y pestañea de forma traviesa e inocente mientras se aleja para salir de mi oficina y mis ojos la siguen hasta que desaparece. Tal vez no debería usar pantalón por un largo tiempo, algo holgado era mejor o esto sería muy incómodo… iba a terminar con un severo caso de calentura o de torticolis.
Si todo el día iba a estar así de encendido por su cercanía quizá no era tan buena idea que estuviéramos cerca, pero alejarla no era una opción. Me sentía como un adolescente enamorado, un adolescente caliente y enamorado.
- Can… ¿puedo pasar? – la voz de Deren me saca de mis pensamientos. Solo con eso ya me sentía mejor.
- Pasa – le indico más tranquilo.
- Llego la propuesta del abogado, el señor que quiere comprar la casa quiere que lo verifiques cuanto antes. Llamo y dijo que su avión se retrasara un poco, pero si todo está en orden quiere firmar cuanto antes.
- Está bien, déjala aquí, Sanem y yo la revisaremos, ¿puedes llamar a Metin para que venga? Necesito que me ayude con esto y con el cambio de acciones… - Deren asiente sin inmutarse. Hace mucho del obvio interés de Metin por Deren pero esta mujer era más dura que una piedra y más fría que el hielo en lo que a él se refería.
- ¿Cuál es el plan jefe? – sonrío.
- Bueno, lo primero es vender la casa. Sabía que este hombre la compraría porque ha estado tras ella hace mucho tiempo, es un viejo conocido de papa. Usaremos el dinero junto con la inversión de Osman y a partir de ahí comenzaremos… disfruta de tu última semana de descanso porque a partir de la próxima tendrás mucho trabajo – se ríe mientras apila todos los papeles.
- Sabes que no me gusta estar sin hacer nada – toma a su taza de café con una mirada divertida. Deren es lo que alguien experto calificaría como “adicta al trabajo”, necesitaba más en su vida que eso, pero la mujer era terca, siempre era la primera en llegar y la última en irse.
- ¿Porque no te vas de vacaciones unos días? Para que despejes la mente, va por mi cuenta… - la verdad es que quería a Deren, era como una pequeña y pelirroja hermana pequeña y aunque me molestaba que tratara mal a Sanem sabía que parte de eso se debía a lo perfeccionista que era, su mente cuadrada y su tendencia a controlarlo todo. Tener a alguien que ella veía como “inestable” no era algo que la hiciera sentir cómoda.
- Can sabes que no tienes que hacer eso, mi jefe me paga muy bien… – me rio de su comentario.
- Créeme que lo sé – respondo defendiéndome – pero me gustaría que te dieras unos días, déjame a mi organizar todo lo tedioso y cuando llegues estarás lista para ponerte toda autoritaria.
- ¿Acaso quieres deshacerte de mí? – pregunta con tono de broma, pero alcanzo a ver un destello de tristeza.
- Quiero darte vacaciones, no me hagas obligarte por favor… – le pido en tono de broma tratando de no salirnos del tema principal.
- Supongo que unos días no estarán mal… - susurra levantándose.
- Así es, solo antes de que te vayas necesito que llames al personal, solo los más esenciales, aunque si ya tienen un mejor trabajo no insistas. Haremos esto posible con el mínimo – guiño un ojo y sus mejillas se tiñen ligeramente de rojo. Se voltea incomoda y quita una pelusa inexistente de su blusa blanca de un hombro, era hora de terminar esta conversación.
- Te ves muy seguro – sonríe otra vez.
- Haremos esto posible Deren y sabes que cuando me propongo algo…
- Vas tras el… - termina por mi – me alegro que vuelvas a ser tú mismo, siempre supe que podrías hacerlo…
- No soy yo mismo Deren y eso es lo que hará que todo funcione…
Asiente con una media sonrisa y una mirada soñadora, con tranquilidad se despide de mí y sale.
Había varias razones por las que no quería que Deren estuviera, la primera es que de verdad estaba preocupado por su salud mental, desde su ataque hace meses se negó a tomar vacaciones, falto un día y siguió trabajando. Segunda razón, como sabia de su obvio interés, el que nos viera a Sanem y a mi juntos la iba a lastimar, no quería que sucediera y se le fuera encima, tenía que proteger a Sanem de que le clavara sus largas uñas. Necesitaba prepararnos para eso.
Sanem y yo teníamos muchas cosas que aclarar y esta semana sin gente rodeándonos sería buena para esclarecer nuestra relación y lo que haríamos, no éramos como todas las parejas, los obstáculos entre los dos eran enormes. Y hablando de ella… camina tranquilamente con la bandeja en su mano, le hago una seña para que cierre la puerta.
- Perdóname… Ceycey me distrajo con algo de unos zapatos perdidos… - no entiendo nada de lo que dice, pero sonrío cuando me entrega él té.
- ¿Cambiaste el juego? – pregunto distinguiendo que los vasos son distintos. Los de antes eran más simples.
- Se fueron perdiendo desde hace unos días… no sé cómo paso, pero cuando me di cuenta ya se habían ido, tal vez fue todo el movimiento. Guliz me enseño las maravillas de comprar por internet, estos eran para mi casa, pero he decidido usarlos aquí – me explica mientras me sirve.
- No quiero que te molestes, si me hubieras dicho yo mismo los hubiera comprado… - pruebo el té y sabe tan magnifico como siempre. Niega con una sonrisa.
- No me importa, me gusta compartir – sonríe tomando su vaso – y si es contigo me gusta más…
Sus mejillas se colorean de rojo; me levanto de inmediato para abrazarla, cuando decía esas cosas no me podía resistir.
- Me siento muy afortunado – susurro en su cabello inhalando – pero solo puedes compartir conmigo…
- Solo contigo – responde abrazándome. Lo que daría por quedarnos así toda la vida…
- Necesito que me ayudes a verificar una propuesta, venderé la casa y no quiero pasar ningún detalle por alto, ¿está bien? – asiente y ambos nos separamos. Era físicamente doloroso.
Le enseño el papel y con confianza se acerca a mi lado para leerlo, se inclina y revisa con un gesto de concentración, su cabello cae y oculta su perfil así que lo recojo para observarla mejor. Me sonríe, pero sigue en su trabajo.
Otra vez mi cuerpo se siente muy caliente, esa falda me deja ver sus bien formadas piernas, parecían un par de caramelos frente a mí. Mis manos pican por tocarla, tal vez solo un poco… me acerco con cuidado a su lado y paso mi mano por detrás de su rodilla en una ligera caricia, brinca de inmediato y se incorpora, pero le pido que continúe con su trabajo, con una mirada confundida se vuelve a inclinar para revisar el documento. Vuelvo a pasar mi mano por detrás de sus piernas, solo ligeras caricias hasta llegar al dobladillo de su falda y bajar otra vez, en consecuencia, aprieta las piernas y cierra los ojos ignorando por completo las hojas frente a ella.
- Abre los ojos… - susurro muy cerca de su oído – tienes trabajo…
- No puedo hacerlo cuando me tocas así… - responde en un susurro mortificado.
- ¿Se siente mal? – pregunto sin dejar de acariciarla. Niega con la cabeza así que continuo con una sonrisa, me acerco a su cuello caliente e inhalo con fuerza – ¿quieres que siga?
- Aaa… ja… - su voz es temblorosa.
- Dilo – le ordeno deteniéndome en la parte posterior de sus muslos. Suspira con fuerza, abre los ojos y voltea a verme.
- Qui… quiero que sigas… - sonrío emocionado y beso su mejilla.
- No lo hare – retiro mi mano y me acomodo sobre el respaldo de mi silla con tranquilidad. Levanta una ceja molesta.
- No te entiendo – declara incorporándose y se cruza de brazos. Mi Sanem estaba enojada.
- ¿Estas frustrada? – asiente haciendo un mohín con sus rellenos labios.
- Así me siento yo cuando me mientes y me ocultas cosas… muy frustrado – su cara se llena de un fuerte sonrojo, está a punto de reclamarme, pero Deren abre la puerta cortándola de sus acusaciones. El comprador ha llegado.
La reunión es bastante simple y corta, para él y para mi claro porque no deje en paz a Sanem en todo el rato, cada vez que tenía que moverme procuraba rozar alguna parte de su piel, aunque estuviera cubierta por ese grueso suéter y si nuestras miradas se encontraban, sus ojos se clavaban en mi como si quisiera subirse en mis hombros y golpear mi cabeza. Después de un tiempo el trato estuvo hecho, esa despampanante casa ya no era nuestra. Con orgullo le entregue las llaves.
Apenas el hombre se fue, Sanem salió detrás de el sin devolverme la mirada. Después de una hora sin verla la llamo, podía seguir con su berrinche, pero sería en donde pudiera verla.
- ¿Dónde estás?
- En todos lados, ¡¿qué quiere?!
- Que vengas a aquí…
- ¡¿Para qué?!
- ¿Como que para qué? ¿Tengo que recordarte que eres mi asistente? Osman vendrá a firmar y hay mucho que hacer antes…
- ¿Tengo que recordarle que casi es su hora de comer y como no hay comedor tengo que salir a comprar su comida?
- ¿Tengo que recordarte que mi comida la puedes pedir por la aplicación que te di?
- ¿Acaso cree que es el único que come?
- ¿Acaso crees que no sé qué comes lo mismo que yo?
- ¡Ash! ¡Déjeme!
- Sanem si no vienes iré por ti y no va a gustarte…
- ¡Quiero ver que lo intente!
- Sabes que lo hare…
- ¡Off! ¡Usted me explota! ¡No puedo hacer todo al mismo tiempo!
- ¿Porque estas tan enojada?
- ¡No estoy enojada!
- Estas enojada…
- ¡QUE NO!
- Tienes 20 minutos Sanem…
Cuelgo. Nunca me hubiera imaginado que una Sanem frustrada fuera tan divertida; antes de que se cumpla el plazo entra con una mirada fría, deja la bandeja de comida aun dentro de la bolsa y va directo a la puerta otra vez, antes de que se vaya me lanzo por ella.
- Eeeh… ¿a dónde vas? – pregunto dando un vistazo afuera. De las pocas personas que había en el edificio no se ve a nadie.
- Lejos, me haces enojar… - me rio y la empujo de la cintura hasta el sillón grande pateando la puerta para cerrarla.
- Me di cuenta, ¿porque te hice enojar? – me ve como si no pudiera creer que dije eso. Paso mi mano por mi hombro, ya me dolía otra vez.
- Odio los castigos – me rio otra vez y empiezo a abrir la comida. En la bolsa esta también su porción, era tan divertida como inteligente.
- No te creo… - respondo guiñándole un ojo. Se cruza de brazos y mira al frente pretendiendo ignorarme, tomo una fresa del recipiente y la paso por sus labios para después darle un suave beso.
- Está bien, tengo hambre… - susurra. Abre la boca y pongo la fresa en su boca. Sonríe mientras mastica.
- No voy a dejar que mi novia se quede sin comer, aunque está enojada… - saco todos los recipientes esperando su respuesta, pero no dice nada. Cuando volteo a verla tiene las mejillas rojas y los ojos muy abiertos.
- ¿Soy tu novia? – pregunta con un tartamudeo.
- Así es – parpadea de una forma muy linda, pongo una uva en su boca y la mastica desviando su vista como si le estuviera hablando en otro idioma – ¿no estás de acuerdo?
- ¡Si! … pero… - tartamudea otra vez y sus ojos se llenan de preocupación – he estado pensando que… bueno, yo no nunca he tenido un novio así que no sé cómo ser una novia…
- Lo estás haciendo bastante bien – no sonríe a mi broma, solo pasa un mechón de cabello detrás de su oreja y desvía la vista. Eso no estaba bien, tomo su mejilla con cuidado y la acaricio para llamar su atención – espero también estarlo haciendo bien porque eres la primera de la que estoy enamorado… ¿qué pasa?
- Es que, bueno, sé que tu si has tenido… - su cara se colorea de rojo – y yo no quiero hacerlo mal…
- No creo que pudieras hacer nada mal, - susurro acercándome a ella y acariciando ambas de sus mejillas hasta que vuelve a mirarme; iba a omitir el comentario de las otras mujeres, en este momento no podía recordar a ninguna – solo haz lo que sientas… no te frenes conmigo… ¿qué clase novio quieres tu?
- No tengo ninguna referencia – responde aún muy sonrojada.
- Claro que sí, estoy casi seguro que eres una chica Darcy… - de inmediato recupera la sonrisa y sus ojos lanzan chispas de alegría.
- ¡¿Has leído orgullo y prejuicio?! – pregunta emocionada.
- Lo he leído y por lo que he observado eres una chica romántica… - baja la mirada a nuestras manos unidas. Otra vez ese cosquilleo brota en mi corazón alejando el miedo a lastimarla, cuando estábamos así me sentía feliz, relajado e incluso soñaba con el futuro, uno donde ella y yo pudiéramos vivir tranquilos y en paz.
Un futuro donde mi ángel resplandeciera con alas nuevas y yo purgara mis pecados.
…
- Les pido una disculpa, mi abogado ha tenido unos asuntos importantes que atender y no puede acompañarnos, pero ha dejados los papeles aquí, perfectamente revisados para que pueda leerlo otra vez si lo cree necesario – Osman me dirige una dura mirada, a mi lado Sanem aprieta las manos en sus piernas incomoda. Lo que ella sospechaba podía saberlo sin necesidad de mirarla, Osman ya no quería hacer esto.
- Está bien – responde fríamente. Él y su abogada se dan una mirada cómplice, pero ninguno de los dos dice nada, solo observan los papeles frente a ellos que ya han sido firmados por mí.
- ¿No estás seguro? – pregunto rompiendo la tensión ante la obviedad de la situación. Su mirada de ojos azules se encuentra con la mía, no necesita contestarme, puedo leerlo en su cara.
- He meditado la situación y no sé si sería beneficioso para mí, es arriesgarme demasiado porque vas a volver a empezar y tengo que fiarme de tu buen juicio – declara con tranquilidad – no quiero perder mi dinero.
- Las inversiones son así, - respondo con tranquilidad – estas arriesgándote a perder, pero puedo asegurarte que volveré a levantar la empresa, ya lo he hecho antes…
- Ese es mi punto – contradice con dureza – ¿cómo puedo confiar en ti si ya te ha pasado esto antes? Llámame paranoico, pero eso no habla muy bien de como manejas los negocios.
- Entiendo tu punto, déjame asegurarte que la primera vez que paso yo no estaba al frente de la empresa, era mi madre y mi hermano. Puedo asumir la responsabilidad de lo que paso esta vez, pero te aseguro que no voy a permitir que pase de nuevo porque no dejare a nadie más que a Sanem y a mi ojo que revisen cada letra y cada decisión. Soy un hombre que aprende de sus errores – algo en su mirada no me gustaba. Su recelo no era profesional, era personal, Osman escondía algo más debajo de esa apariencia tranquila.
- ¿Quién me asegura que tu madre no se involucrara? Por lo que se, tu otro hermano se hará acreedor del 15% de la empresa que le corresponde por su matrimonio y eso lo hace tener más derecho sobre las decisiones que tú, he escuchado que tú y tu madre no tienen buena relación, pero el sí. No me gustaría perder mi dinero por sus malas decisiones – lo observo con cuidado al escuchar sus palabras. De pronto una idea surge en mi cabeza, algo que llevaba molestándome desde que Leyla se fue de la casa ayer por la noche.
- Osman – interviene Sanem con voz suave. La abogada y el de inmediato la miran, yo también pero más que curioso estoy impresionado, nunca imagine que intervendría – sé que estas nervioso y escéptico de la capacidad del señor Can para manejar tu dinero y la empresa, pero quiero que confíes en mi cuando te digo lo siguiente, el señor Can tiene una increíble facilidad para hacer negocios además de que a donde va es como las semillas en la tierra fértil, de inmediato nace algo maravilloso. Lo he visto trabajar y creo que tu dinero estará en buenas manos, es arriesgar demasiado lo sé, pero por favor te pido una oportunidad, solo un poco de confianza y te puedo asegurar que el señor Can no descansara hasta sacarle fruto a tu inversión. Yo misma lo supervisare – la seguridad con la que habla nos deja pasmados a ambos, sin poder evitarlo intercambiamos miradas, se ve totalmente sorprendido de la Sanem que tiene enfrente. Me recargo en mi silla orgulloso de la mujer a mi lado, aunque otra vez la punzada de dolor recorre mi hombro.
- Bueno… - susurra Osman acomodándose en la silla. Sanem me observa con una mirada nerviosa, con confianza y discreción bajo mi mano a su pierna, de inmediato se tensa y la pluma en su mano se le cae, pero por el nerviosismo de la sala nadie presta mucha atención. Con mi mano libre le paso la pluma con una sonrisa.
- Es su decisión señor – interviene la abogada – ya le he dicho los beneficios y las consecuencias.
Sanem y yo otra vez intercambiamos miradas, todo su cuerpo esta tenso, pero no sé si es por la situación o por mi mano, como sea, aprieto su muslo y ella reacciona mordiéndose el labio, suspira y abre ligeramente sus piernas para que mi mano la pueda acariciar mejor.
- Está bien, firmare – accede de Osman. De inmediato la tensión de Sanem se va y se emociona aplaudiendo y sonriendo. Sonrío para ella acariciando su muslo mientras me sonríe bajando su mano y entrelazándola conmigo – solo que me gustaría tener una plática en privado contigo Can, si no es molestia.
- Para nada… - respondo más emocionado por tener la mano de Sanem entre la mía que por su aceptación.
Osman se pasa buen rato firmando las hojas con la guía de su abogada, ella le recuerda términos y condiciones mientras el solo asiente, cuando se inclina ligeramente para ver donde ella le señala algo en su cuello llama mi atención. Cuando termina, la abogada se despide y Sanem se lleva los papeles despidiéndose de el con un abrazo que dura demasiado para mi gusto, pero como se ve tan feliz no me atrevo a decirle nada. Al salir cierra la puerta de la sala de conferencias soplándome un beso del que Osman no es consiente por estar de espaldas.
Regreso mi mirada a él, su expresión dura me hace pensar en la naturaleza de la conversación, no podía ser algo bueno.
- Te agradezco tu confianza – rompo el silencio cuando no dice nada por un buen rato, solo me observa como si yo fuera el causante de todos los males en el mundo.
- No lo hice por ti – responde fríamente.
- Lo es – concuerdo con él. Su actitud lo delataba.
- Solo quiero que sepas que se quien eres y que te estaré vigilando – su amenaza me hace sonreír, ya era hora de que sacara las garras.
- ¿Y quién crees que soy? – pregunto divertido.
- Se lo que tienes con Sanem – declara sorprendiéndome un poco. Lo observo con cuidado, dudaba que Sanem le hubiera dicho algo. Al quedarme en silencio sonríe – deberían tener cuidado, no son tan buenos ocultándolo como creen, sobre todo Sanem, es pésima escondiendo sus emociones.
- Lo tomare en cuenta – respondo tranquilamente. Era divertido que creyera que tenía alguna ventaja sobre mí, pero Sanem no era la única que era mala para ocultar lo que sentía y pensaba – también deberías tener cuidado, si mi hermano se entera de que Leyla se fue contigo podrías meterte en problemas.
- ¿Que? – pregunta con un ligero rubor en su pálida piel.
- No tienes que fingir conmigo, no se lo diré a Sanem o a nadie si eso es lo que te preocupa, no es mi asunto – me recargo en mi silla solo observándolo con cuidado. Él también se echa para atrás, solo la larga mesa nos separaba, pero la tensión era palpable en el aire, ambos estábamos en las manos del otro.
- ¿Como lo supiste? – pregunta más tranquilo.
- El día de la boda, antes de salir por el altercado de que sufrió Sanem pude verte sentado a un lado de ella en la mesa de honor, limpiabas sus lágrimas… desde antes me di cuenta de tu obvio cariño por ella, no estabas nada contento el día que la entregaste y te fuiste enseguida. Lo demás solo fueron detalles, tienes ojeras y la expresión de alguien lleno de rencor y dolor, características obvias del mal de amor; hay una ligera marca de un rasguño que viene desde tu nuca y también un ligero chupetón que se notó cuando te agachaste a firmar y se movió tu camisa- de inmediato mueve su mano a su nuca para tapar las marcas, esta tan sorprendido que su piel se tiñe de rojo – tienes las uñas cortas como casi todos los hombres por lo que no pudiste haber sido tú y por tu ropa impecable no creo que tengas mascotas o tendrías pelo impregnado, la mayoría de las personas que tienen lo llevan encima además, esa zona no es fácil de lastimar por una caída, tiene que ser una agresión de cerca y eres un hombre fuerte por lo que me hace pensar que fue premeditada y para ser sincero no te ves como el tipo de hombre de aventuras de una noche. Ayer que Leyla entro a la casa no se veía precisamente triste por lo que hizo Emre, más bien avergonzada, no era capaz de sostenerle la mirada a nadie y sus pasos eran lentos y temblorosos, más allá de la falta de comida y de sueño me hizo pensar que algo más le sucedía. Además, no mencionaste el nombre de mi hermano en ningún momento porque evidentemente estas enojado con él. Antes de la boda estabas decidido a hacer esto y ahora estabas dudando, algo paso entre Leyla y tu esa noche y por eso estabas indeciso. Me atrevo a suponer que pasaron la noche juntos, pero ella regreso a los brazos de Emre y eso te molesto haciéndote dudar de continuar.
- Impresionante – susurra sosteniéndome la mirada y bajando lentamente su mano para entrelazar sus dedos sobre la mesa – supongo que estamos atados…
- Mira Osman, creo que tus intenciones son buenas y la verdad yo tampoco apoyo el matrimonio de Leyla y Emre, - levanta una ceja en señal de escepticismo – lo sé, no lo parece, pero yo también pienso que el idiota de mi hermano no la merece. Como sea, volviendo al tema central, solo quiero que sepas que voy a cuidar de Sanem, esto no es un juego para mí, ella lo es todo. Punto.
- Can yo no sé qué pretenden tu familia y tu para embaucar a Sanem y Leyla otra vez con ustedes… - eso me hace reaccionar.
- Espera, ¿a qué te refieres? – sonríe sarcásticamente y sacude la cabeza.
- Creo que lo sabes, no finjas. Tu familia ya les ha hecho suficiente daño, Sanem termino en un hospital. ¿Qué más quieren que no hayan tomado ya? – no entendía nada de lo que decía, pero por su tono de voz sé que está seguro de lo que habla.
- No entiendo… - susurro realmente confundido. Responde con una risa falsa y se levanta con indignación apoyando sus palmas en la mesa.
- Mira Can, pareces un hombre listo así que te lo diré directamente, voy a vigilarte. No me gusta la relación que tienes con Sanem y mucho menos la que tu despreciable hermano tiene con Leyla así que los estaré cuidando, no permitiré que les hagan más daño, hare lo imposible para alejarlas de ustedes… – su amenaza es totalmente real. Mi cuerpo se tensa de coraje y desesperación, una sensación totalmente nueva porque no había persona en el mundo que me hiciera sentir tan así, pero Osman no estaba jugando o balbuceando, su odio hacia mí y mi familia no era fingido.
- ¿Que hicimos para que estés tan enojado? – pregunto con serenidad. Sus dedos se tensan en la mesa, sus ojos se entrecierran y todo su cuerpo parece estallar. Si, era una pregunta estúpida, pero necesitaba saber con detalle, su resentimiento era demasiado personal.
- Tu bien sabes que tu familia es la culpable de lo que le paso al padre de Sanem…
Y solo con eso mi mundo se detiene y se oscurece otra vez.
…
- ¿Que salió mal? – susurro con los ojos cerrados y mi cabeza recargada en la pared. El hombre en el piso a un lado de mi balbucea algo inentendible y se da la vuelta, su olor es demasiado, el pobre sujeto era más alcohol que persona.
Todo estaba bien y todo estaba mal, caminaba por un océano oscuro lleno de todo lo que no podía controlar, algo se me estaba escapando otra vez, una neblina ocultaba lo que estaba deshaciendo mi tranquilidad desde el día en que los malditos planos fueron robados y el dinero empezó a desaparecer. Aprieto los puños con fuerza tratando de reprimir la frustración, yo al fin estaba bien, un descanso en medio de la tormenta y lo peor es que esta vez se tragó a mi inocente Sanem.
“Camino con decisión a mi oficina, las palabras de Osman aun truenan en mis oídos, la razón por la que Sanem tenía el alma tan rota es por lo que le paso a su papa y ahora me enteraba que fue nuestra culpa, ¿cómo? ¿En qué momento ese hombre coincidió con nosotros?, ¿quién cometió tal atrocidad? Estaba seguro de que yo no fui, cada persona a quien le arrebaté la vida tenía su cara en mi mente, nadie me parecía ni remotamente relacionado con el padre de Sanem.
Suspiro con apuro llegando a mi silenciosa oficina, si no estaba ahí tendría que buscarla, pero no podía estar lejos de ella en este momento, sentía que me estaba ahogando. Cuando entro la veo parada de espaldas a la puerta, tararea una alegre canción mientras ordena las repisas detrás de mi escritorio, está contenta. No puedo frenar el impulso tan fuerte que tengo por rodearla entre mis brazos, estábamos demasiado separados, cierro la puerta con seguro y antes de que voltee la abrazo con fuerza por su cintura sumergiendo mi nariz en la curvatura de su cuello, solo así mi corazón parece calmarse un poco.
- Señor Can, ¿qué pasa? – pregunta tomando mis manos en su vientre.
- ¿Porque estas usando este suéter? No puedo llegar a tu cuello… - me quejo ignorando su pregunta, la desesperación estaba tomando todo mi autocontrol.
- Ayer me di cuenta que tenía una marca roja, mama estaba tan molesta por Leyla que no se dio cuenta, pero hoy estaba más tranquila y quise evitar… una discusión – susurra entrecortadamente relajando su pequeño cuerpo contra el mío.
- ¿Te lastime bebe? – pregunto besando su mandíbula y ajustándola más cerca. Me estaba congelando por dentro y solo tenerla cerca ayudaba.
- No – responde de inmediato – estoy bien. ¿Como te fue con Osman?
- Quiere alejarme de ti… - la abrazo mas fuerte y ella se tensa. Se gira en mis brazos y me observa fijamente.
- No entiendo – pestañea de esa forma curiosa que tiene cuando esta confundida.
- No importa, - la giro otra vez bajando ligeramente el cuello de su suéter – solo bésame.
No la dejo responderme, solo muevo su cabeza ligeramente hacia atrás y empiezo a besarla con fuerza, de inmediato invado su boca y me deleito escuchando esos soniditos de placer que parecen estallar mi piel. Mientras la tuviera entre mis brazos me bastaba, no me importaba lo demás, nada era tan brillante y hermoso para mí como ella. Solo con sentirla ya me sentía mucho mejor, sus besos me dan paz, vida, refrescan el miedo en mi pecho, pero calienta mi helado cuerpo.
Con cuidado camino hasta mi silla donde la siento en mis piernas, nos separamos, su espalda esta contra mi pecho y su respiración agitada resuena en toda la oficina; muerdo el lóbulo de su oreja y su suspiro recorre cada centímetro de mi sangre. Bajo mis manos de su cintura a sus piernas, su intricada falda me da acceso a poder acariciarla con libertad.
- Ahora sí, ¿en que estábamos? – susurro acariciando sus muslos con una tranquilidad que no siento, su pequeña cabeza cae en mi hombro, tiro su gorra al piso para poder admirar su perfil. Sus ojos están cerrados con fuerza y muerde su regordete labio para contener los gemidos que sé que quiere dejar ir – cierto, iba a castigarte por mentirme…
- Aaaaaah… - su temblor hace que todo mi cuerpo se vuelva loco, ella sola lo está haciendo, su mente y su cuerpo han perdido la batalla, se mandan por sí solos. Empuja suavemente contra mis caderas, bajo su cuello para poder tener acceso a su piel chupando y besando mientras suspira y gime moviéndose sobre mí. Abro un poco más las piernas para darle acceso y al mismo tiempo siento como su respiración se detiene.
- ¿Qué haces usando estas faldas? – susurro para provocarla, la Sanem desatada estaba saliendo a la superficie – te dije que tus piernas me vuelven loco, ¿lo haces para tentarme?
No contesta y solo se mueve sobre mi… justo ahí todo se fue al infierno”.
Recordar la cara asustada de Sanem cuando Yusuf entro iba a perseguirme por el resto de mis días, ese imbécil se había acercado a ella y ahora la lastimaba y el muy idiota la usaba para atraparme, ahora eran claras sus intenciones. Todos mis pensamientos coherentes se apagaron, en mi cerebro solo ardía la furia y la necesidad de proteger a Sanem, mi hermoso ángel, y la palabra asesinato definitivamente apago toda mi humanidad dejando salir a esa parte oscura y siniestra con la que luchaba todos los días y para cuando fui consiente de lo que hacía ya había estrellado mi puño contra su cara y lo había tirado al suelo. Solo las pequeñas y cálidas manos de Sanem fueron capaces de calmarme.
Y ahora ambos estábamos aquí, ella por asesinar a un hombre que yo mate y yo por agredir a un policía que bien se merecía algo peor que eso. Ella me vio, estuvo ahí ese día… la persona que Mustafa había visto era ella y la otra mujer de ojos azules estaba seguro era Leyla; Metin dijo que su pista más importante era una fotografía, no se necesitaba mucho cerebro para saber quién dejo la fotografía en ese lugar lo que quería decir que Sanem era el fantasma que había estado buscando. Sanem SI era mi PUNTO DÉBIL.
Abro los ojos cuando escucho pasos acercarse, la oficial la lleva del brazo, sus manos están esposadas detrás de su espalda y su cara esta desprovista de toda emoción, eso no era bueno. Me levanto de golpe para acercarme a su celda, pero ella camina tranquilamente hasta sentarse y se queda con la mirada fija al frente.
- Sanem mi amor, ¿estás bien? – pregunto cuando la oficial se va. No voltea, no parpadea y no muestra ninguna reacción. Estaba totalmente perdida – Sanem, ¡mírame! Déjame ver tu cara…
No me hace caso, solo se queda ahí como una muñeca rota. Ese maldito oficial seguro la acribillo con preguntas asustándola y en su pánico ella se perdió en su mente, parecía una muñeca rota, como si su alma se hubiera salido de su cuerpo. Por un buen rato solo observo su perfil pálido, no hace ningún movimiento más allá de su respiración, ¿era posible quedarse así de quieta? No intento llamarla otra vez porque ni el nauseabundo sonido del borracho logra alterarla, al menos ella estaba en una celda vacía.
- ¡DIVIT! – entra Yusuf. Me acerco con decisión al frente de la celda.
- ¡¿Que le hiciste?! – pregunto fuera de mis casillas sosteniendo los barrotes con fuerza. Un oficial de uniforme entra tras él y abre mi celda. Yusuf sonríe, pero no contesta, el oficial me hace salir de la celda y me saca de ahí jalándome del brazo y empujando por mi espalda lastimando mi hombro en el proceso, doy una última mirada a Sanem pero como un ángel que ha roto sus alas, está totalmente perdida en este mundo gris y cruel.
No era mi primera vez en una sala de interrogatorio, pero era la primera vez que estaba nervioso, no me importaba lo que me pasara, pero la acusación contra Sanem era la que me volvía loco. No sabía cómo sacarla de esto.
- Muy bien Can, dime, ¿reconoces a este hombre? – me enseña una pequeña foto antigua y maltratada de un hombre sonriente.
- No – respondo – ¿vas a hacerme preguntas por golpearte? No pensé que fueras tan sensible…
- Debería ser un monstruo como tú, ¿no tienes piedad por la pobre chica que se encuentra aquí? – pregunta respondiendo a mi sarcasmo.
- No fui yo quien la detuvo acusándola de un asesinato – sostengo su mirada con fuerza, para mi sorpresa, el muy imbécil se ríe.
- Sabes que está aquí por ti – declara acomodándose en la silla.
- Insisto, yo no fui quien llego acusándola. Dime, ¿tu plan era ganarte la confianza de su familia para luego torturarla? ¿No es eso un poco bajo para un detective de la policía? – sonríe apretadamente.
- Solo me guio por los hechos y los hechos son que esta fotografía se encontró atrapada en las ropas del muchacho al que le dispararon y este individuo está relacionado con Sanem y su familia, casualmente su casa está cerca de la casa de su madre de la víctima. Son demasiadas similitudes, o dime, ¿se te ocurre otra teoría? – pregunta en tono de burla. Sabía lo que quería hacer, era un clásico movimiento, hacerme hablar para que dijera algo, cualquier detalle y usarlo en mi contra.
- Tu eres el detective, ¿acaso también quieres que haga tu trabajo? – aprieta los labios tratando de suprimir su rabia. Sonrío – y aunque me encantaría hacerlo porque la verdad eres un poco mediocre, no es mi rama, lo que me parece cruel es que lances acusaciones sin investigar, que te hace pensar que fue Sanem y no su madre o su hermana, eso me hace pensar que es personal detective y eso es muy poco ético para ti.
- Sanem tiene un historial de violencia – declara de forma uniforme. Sostengo su mirada verde y fría, estaba empezando a pensar que más allá de ser personal, Yusuf era estúpido.
- ¿Has visto a la chica? ¿Crees que sería capaz de matar? En la oficina no fue capaz de matar una araña cuando estuvo limpiando y mucho menos puede someter a un hombre… no tiene la fuerza para ello – me observa por un momento, parecemos hablar más en nuestro intercambio de miradas que con palabras.
- Lo que yo crea no importa – refuta apoyando los brazos en la mesa.
- Lo dudo – respondo con sarcasmo otra vez.
- Es evidente que Sanem te importa, ¿porque no le haces un favor y me dices la verdad? – nuestro debate entre miradas comienza otra vez, pero desafortunadamente para mí él estaba ganando. El hecho de que usara a Sanem en mi contra me dejaba en desventaja, haría lo que fuera por ella, pero solo pensar en estar lejos justo cuando al fin se acercó a mí me destrozaba y aun así no importaba cuanto sufriera por ella mientras estuviera bien.
Estaba cansado otra vez, cansado de esta vida de oscuridad, cansado de cargar con secretos que no me correspondían y pagar por ellos con un pedazo de mi alma, solo debería aceptarlo y dejarla ir. Todo el mundo tenía razón, yo no le convenia, sufriría mucho más si estaba a mi lado y lo más inteligente que podía hacer era alejarme. El pensamiento me destroza como si me arrancaran pedazos de piel, me desangraría y moriría, pero por ella tal vez lo valía. La puerta abriéndose interrumpe mis pensamientos.
- ¡Can no digas nada más! – Metin entra con un oficial detrás de el – si no le importa detective, necesito hablar con mi cliente.
Yusuf suspira y asiente tomando la evidencia y un vaso de té. Todos salimos del pequeño y gris cuarto a los pasillos donde hay demasiada gente, a lo lejos veo como Sanem es abrazada por su madre y por Leyla, Emre está parado un poco más lejos, intercambiamos una mirada, asiente en mi dirección y desvía la vista.
- Usted no puede retener a mi cliente por nada más, - me cruzo de brazos dejando que Metin haga su trabajo, estaba más preocupado por Sanem que no parece reaccionar a los abrazos y sollozos de su familia. La ansiedad de saber que le pasaba me estaba matando – se ha pagado la fianza así que si no le importa me los llevare a ambos.
Las tres mujeres avanzan con Sanem en medio, Emre va detrás de ellas con un policía que los escolta.
- ¡Sanem! – grito atravesando la estación para llegar a ellos, todo el mundo voltea a verme, pero la única persona que me importa no se inmuta en lo absoluto, cuando estoy a punto de llegar siento como alguien me agarra del brazo deteniéndome y su madre de inmediato se para frente a ella – ¡Sanem! ¡Mírame!
No voltea o se inmuta para nada, la desesperación crece en mi interior ante su indiferencia y es tanta mi necesidad de saber que está bien que realmente no me importa quien este mirado. Emre se coloca a mi lado deteniéndome con un agarre suave.
- ¡Aléjese! – me grita su madre con voz dura. La ignoro totalmente, necesitaba sostener su mano y saber que estaba bien.
- ¡Sanem mírame por favor! – Leyla la abraza de sus hombros, pero Sanem no se mueve para nada, solo mira al frente sin ninguna expresión, era un cuerpo vacío. Trato de acercarme, pero todos a mi alrededor me lo impiden – ¡Sanem!
- ¡Aléjese de mi hija! – me grita otra vez, pero apenas le doy una mirada. Emre, Metin y varios oficiales me empujan hacia atrás mientras las tres mujeres desaparecen en el pasillo de salida.
- No creo que sea el mejor momento hermano, yo las llevare a casa – cruzo mirada con Emre. Trato de relajar mi cuerpo, pero es casi imposible, solo quiero salir disparado a buscarla.
- Es mejor Can además tu y yo tenemos que hablar – trato de relajarme cuando desaparece de mi vista, aunque mi corazón sigue acelerado. Emre se aleja y Metin me empuja suavemente a un lado, un oficial toma mis manos, había olvidado que aun llevaba las esposas puestas.
Cuando me suelta Metin de inmediato me empuja a la salida, antes de que pueda irme una sonrisa que ilumina unos ojos verdes aparece en mi campo de visión despertando alarmas de advertencia. No sería la última vez.
…
- ¿Quieres hablar ya? – pregunta Metin en el asiento del conductor de su convertible. Mi frente descansaba en mi mano, no tenía idea de a donde íbamos, pero por lo que podía deducir estábamos en las afueras de la ciudad.
- ¡AAAAARRRRGGGG! – gruño frustrado tapándome la cara con las manos y recostándome en el respaldo del asiento de piel. Este carro era demasiado pequeño, me sentía como una bestia enjaulada. Abro la puerta para respirar y la azoto tratando de sacar mi frustración – ¡¿dónde estabas?! ¡Quien sabe que le hizo ese idiota a Sanem!
- Hermano sé que estas enojado, pero no te desquites conmigo o mi auto, es de colección ¿sabes? – camino por todos lados ignorando su broma. Miles de pensamientos zumbaban en mi cabeza, estos iban desde si Sanem fue lastimada en el interrogatorio hasta el hecho de que ella era la persona que tanto había buscado y todo lo que le estaba pasando por mi culpa. Quería moler el árbol frente a mí a golpes.
- ¡Todo es un maldito desastre! – grito tapándome la cara con las manos tratando de sacar fuera la frustración. Este no sería el último intento de la policía por atraparme, en los ojos de Yusuf pude ver que lo intentaría una y otra vez y no le importaría el medio, el fin era meterme en la cárcel y era capaz de cualquier cosa.
- Si… lo es… pero creo que ya tenemos una parte cubierta – volteo a mirarlo. Como siempre, esta relajado recargado en su coche con los brazos cruzados y la expresión más clamada del mundo.
- ¿Puedes explicarte? – lo incito parándome a un lado de él y masajeándome las sienes.
- Primero, felicidades por dar el paso con Sanem, pensé que nunca lo harías – me palmea el hombro y sonríe.
- Ella dio el primer paso – le aclaro recordando el bello momento… uno que quizá no se volviera a repetir.
- Que valiente, bien por la chica. ¿Cuándo lo hizo? – ya estábamos con la plática de chicas otra vez.
- Después de la boda de Emre – me observa por un segundo para que continúe, pero no digo más. Lo que paso solo nos pertenecía a Sanem y a mí.
- Ceycey me dijo que se armó un buen drama – ruedo los ojos suspirando.
- ¿Puedes ir al punto por favor? – se ríe sacudiendo la cabeza. Ya hablaríamos de los chismes de la boda después.
- Solo quiero que te relajes porque si vuelves a azotar la puerta yo haré lo mismo contigo contra ese árbol – me amenaza con una reluciente sonrisa.
- Quiero verte intentarlo – lo reto sin moverme de mi lugar.
- Quizá otro día; ahora que ya puedes formular más palabras que gruñidos podemos hablar bien. Hay una razón por la cual no llegue alcancé a llegar en la mañana, tuve información de mi contacto aquí en la policía y antes de que pudiera avisarte todo estaba pasando. Creo que tenemos una vía escape para que te zafes de esto, además estuve preparando algo que la abuela Remide quiso que hiciera para ti, pero vámonos por partes. Hoy me enteré que el capitán tiene tus huellas en la escena del crimen… - me pongo tieso en mi lugar.
- Eso es imposible… – me quejo enojándome otra vez.
- Lo sé, mi contacto me dijo que el caso que tiene el capitán es insuficiente para arrestarte a ti o a Sanem asi que busco más “evidencia” que fue proporcionada por una tercera persona. Cuando me entere de eso le pedí a Mete que se pusiera a hurgar un poco… - sonrío sacudiendo la cabeza.
- ¿Hackeaste el sistema de la policía? – pregunto con burla.
- Primero, lo hizo Mete y segundo, tienen tantas brechas en su seguridad que lo hizo en tres segundos. No fue nada para él, como sea, el punto es que usamos las cámaras de seguridad y nos encontramos una conversación muy interesante que tuvo nuestro capitán con la tercera persona, acuerdan verse en algún punto y al día siguiente sorpresivamente tus huellas están en la evidencia, es decir, la foto que tienen contra ti – lo observo por unos segundos sin poder creerlo.
- ¿Crees que está manipulando evidencia? – pregunto tratando de entender.
- No lo creo, lo sé – responde en tono grave – no menciono nada de eso hoy ¿verdad?
- No – respondo secamente – solo me llevo porque le di un derechazo.
- Exacto, por cierto, ¿porque hiciste eso? – suspiro.
- No iba a dejar a Sanem sola, estaba muy asustada… aunque al final no sirvió de nada – desvío la vista recordando la mirada perdida de Sanem.
- Aaaaaw hermano, eres como un gatito enamorado – ruedo los ojos dejando que continúe – está bien, continuo, no me veas así. Mandaron la foto al laboratorio para revisar si había huellas, aunque ya lo habían hecho pero el detective pidió que se hiciera la prueba una vez más, se atraviesa la boda de Leyla y Emre y nuestro buen amigo no hace nada más que acercarse a la familia de Sanem, hoy llega con una orden porque el hombre de la foto es al parecer el padre...
- ¡¿Como?! – pregunto interrumpiéndolo. Me separo del coche recordando la cara del hombre. ¿Lo había visto antes? No estaba seguro.
- Así es, lo que nos lleva a que… - su insinuación me queda clara de inmediato.
- Sanem era la persona que estábamos buscando, si, lo deduje hace rato – suspiro pensando en las implicaciones de eso, el pensamiento que estuve evitando golpea en mi cerebro como un enorme anuncio brillante – Sanem me vio asesinar a ese hombre.
- Si – afirma sosteniéndome la mirada – lo que queda por saber es si ella lo sabe. Antes de que salieras escuche hablar a un par de oficiales sobre el interrogatorio de Sanem antes de que llegara su madre, ella no dijo una sola palabra. Por más que le preguntaron ella no abrió los labios, solo miraba al frente y eso llamo mucho la atención de todas las personas que estaban ahí, no se inmuto cuando vio la fotografía y mucho menos le preguntaron que estuvo haciendo esa noche. Nunca dijo nada – las veces que había visto a Sanem caer en un episodio ella solo se desvanecía, sus ojos se oscurecían y sus facciones se ponían pálidas además de que todo su cuerpo se tensaba, como si entrara directamente en una pesadilla. No tomaba la medicación, entonces la posibilidad de otro episodio era alta, pero lo estaba haciendo ben, hace mucho que no le pasaba. Algo no encajaba en todo esto.
- ¿Como la dejaron ir? – pregunto reflexionando toda la información.
- Su madre y su hermana tenían una coartada para ella, Sanem está declarada mentalmente inestable y es dependiente de su madre, su madre y su hermana aseguran que ese día estuvo en casa ya que no tiene permitido salir. Después le preguntaron porque ahora trabaja para ti y ellas dijeron que desde que se anunció el compromiso de Emre pudieron llevarla con mejores médicos, lo más seguro es que llamen a tu abuela y a una tal Melahat que vive con ellas para cerciorarse, pero no tienen más contra ella porque la fotografía que encontraron, para su tristeza y desesperación estaba húmeda y por lo tanto…
- No tenía huellas hasta que Yusuf las implanto – concluyo por él.
- Exacto, es ahí donde entra su desesperación. ¿El problema es saber cómo las obtuvo? Alguien debió dárselas… - obtener huellas no era sencillo, se necesitaba una superficie donde se quedarán plantadas y no hubiera posibilidad de que se alterarán… con eso una idea llega a mi mente.
- Sanem me dijo hoy que los vasos de té han estado desapareciendo – externo mi pensamiento, rápidamente voltea a verme.
- ¿Quién pudo haberlos tomado? – pregunta con una ceja levantada.
- Los únicos que están en la empresa ahora son los guardias de seguridad, Leyla, Emre, Ceycey, Guliz y Deren ocasionalmente y por supuesto, Sanem y yo. Con el cierre del comedor solo se quedaron los vasos de té porque soy el único que lo toma además de Sanem y la utilería de la cafetería – era como buscar una aguja en un pajar.
- ¿Crees que Sanem…?
- No – lo corto antes de que termine la pregunta.
- ¿Seguro? – pregunta con cautela.
- Si – respondo en el mismo tono de antes.
- Está bien, si quitamos a Ceycey ya serian tres menos en la lista – deduce.
- No creo que Deren o Leyla se atrevieran – razono. Leyla era demasiado ética exceptuando su reciente desliz con Osman, que tampoco la culpaba y Deren no quería nada que ver con la policía.
- Solo nos quedan tu hermano y Guliz que no sé qué conexión podría tener con Yusuf – suspiro adolorido de mi cabeza, era demasiado para procesar - le diré a Mete y a Ceycey que investiguen un poco…
- Ceycey está ocupado con algo – aun no tenía noticias de Fabri y eso también me ponía nervioso.
- No estarás pensando en hacer algo estúpido, ¿verdad?
Estúpido no, ¿justo?…
…
Otra vez la ansiedad me estaba matando, estaba seguro de que mis piedras se estaban encogiendo de tanto que las estaba apretando. Antes de conocer a Sanem difícilmente me desesperaba, pero ahora, vivía en el filo de mis nervios y eso estaba destrozándome el hombro de dolor.
Ella no regreso. Sature su celular de llamadas, pero jamás me contesto, mande mil mensajes que jamás llegaron y le preguntaba a Leyla día tras día, pero solo contestaba: “necesita tiempo, por favor no la abrume, es mucho para ella”. Odiaba esa maldita frase, aunque en mi interior algo me decía que Leyla sabia mi secreto, pero ya no me interesaba como se enteró o si haría algo al respecto, solo quería a mi Sanem de vuelta, saber si estaba bien, si quería volver conmigo. Esto era demasiado doloroso.
Los días pasaban y cada vez era más duro, sentía como si me faltara algo esencial para vivir como el aire o el agua, todo lo veía gris y aburrido, nada me emocionada y me daban igual muchas cosas. No me importo cuando Emre adquirió el 45% de las acciones, no me importo que Osman me mirara con desconfianza por lo que le paso a Sanem, tampoco cuando Emre quiso tomar mi oficina y cuando lo saque a patadas, solo quería que me dejaran solo. La sorpresa de mi abuela debió haberme animado, pero no lo hizo, me cedió el porcentaje de sus acciones para que yo volviera al juego, pero no me hacía ilusión, solo le agradecí y continué con mi vida ahora gris y vacía.
Polen volvió en forma de incesantes llamadas, pero no tenía ganas de lidiar con ella, afortunadamente no iba a la empresa y eso era un alivio, después de nuestra incomoda despedida supe que se fue de la casa a la de una amiga, porque no iba a la de su madre o sus problemas financieros la verdad no me importaba. Y para hacer mis días más miserables, Ceycey no podía dar con Fabri, el maldito gusano se escondió en el agujero más pequeño que pudo encontrar para no ser detectado así que no podía desahogar mis frustraciones con él, cuando Ceycey me dijo que posiblemente se fue del país no lo creí, el imbécil era demasiado orgulloso para dejar esto pasar así que se me ocurrió llamar a la única persona cercana a el que conocía, Arzu. Nuestra llamada dio frutos, después de hablarle en tono suave pude descubrir que su jefe seguía en el país, solo necesitaba saber dónde.
Cada día que planee pasar con Sanem lo pase sin ella, nunca volvió y no se me permitía acercarme a la casa, bien me lo dijo Emre, Mevkibe estaba furiosa y no quería verlo ni siquiera a él. A Leyla ya le urgía que se mudaran porque solo pasaba por ella y la regresaba, sus momentos juntos solo podían ser en el trabajo… para mi mala suerte.
- Voy a volverme loco… - susurro para mí mismo cuando el agua de la regadera cae por todo mi cuerpo. No había un solo minuto del día en que no pensara en ella, mi dolor era tan grande que todos los días paseaba por donde vivía con la esperanza de verla, aunque fuera un atisbo, pero nunca sucedió.
Salgo de la regadera cuando mi celular suena, esperaba que fuera Ceycey con buenas noticias. Cuando veo el mensaje el corazón se me para. Sanem.
》Ojalá… las rocas 2:30…
El tiempo se me hizo eterno hasta ese momento, Dios sabe que la espere desde horas antes, no estaba seguro de porque quería verme a esa hora, pero no la dejaría caminar sola desde su casa hasta allá, no me arriesgaría a que le pasara algo y bueno, tenía que aceptar que era un loco obsesionado. Quince minutos antes de la hora acordada veo salir a una pequeña figura por el callejón oscuro a un lado de su casa, va vestida toda de negro con una blusa de cuello color claro por debajo, todo su hermoso cabello está recogido dejando su cara completamente libre y fresca. La dejo llegar antes, pero manteniendo la distancia. Cuando llega se sienta en las rocas frente al mar, solo se queda ahí inmóvil y expuesta cualquiera que quiera lastimarla, eso no estaba bien y aunque esto entre nosotros no saliera como quería iba a advertirle de sus viajes en solitario, sospechaba que no era la primera vez.
Un temblor en sus hombros me hace acercarme un poco más, sus manos van de la roca a su cara cuando un sollozo rompe por encima del sonido del viento y el mar. Estaba llorando. Camino lentamente acercándome con cuidado para no asustarla, es el momento exacto en que me siente cerca porque sus hombros se tensan.
- Soy yo – le aviso. Voltea a verme, sus hermosos ojos están llenos de lágrimas y algo hinchados, aun así, es la mujer más hermosa que he visto. Me siento a su lado y durante un largo rato no dice nada.
- Leyla me dijo que estabas buscándome – susurra abrazando sus rodillas. Estaba helando donde estábamos, me quito mi gruesa chamarra y la acomodo sobre sus hombros. Me agradece pasando sus delados brazos dentro de ella.
- ¿Vas a dejarme? – pregunto sin verla, si lo iba a hacer no quería ver el rechazo en sus ojos, simplemente era demasiado. Se endereza un poco para sacar un pedazo de papel de su sudadera.
- Tú me diste esto… - tomo el papel que me tiende. Es el dibujo que le di cuando las traje a ella y a su madre a casa.
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DEJAME ATRAPARTE
FanficSanem vive atrapada en la irrealidad de su mente, una oscuridad la ha perseguido desde que tiene memoria y que ha obligado a su familia a encerrarla en su propia casa. Sus únicos compañeros son sus libros y la voz que tiene en su cabeza. Un día su...
