CAPÍTULO 4 CAN

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DEJAME ATRAPARTE

CAPÍTULO 4 CAN

Era gracioso como todo el que me rodeaba se había formado un concepto bastante oscuro de mí, de hecho, ese era el punto, con un reinado tan grande como el que teníamos en la familia necesitaba una imagen que amedrentara a los demás, era una manera de evitarme problemas. Aun así, a veces mis decisiones eran vistas como si yo hubiera perdido la cabeza hace mucho y se me hubieran dado las llaves del mundo para hacer mi voluntad; mi elección de personal “cercano” era una de esas decisiones, para quien viera desde afuera no tenían sentido, pero para mí, Deren, Ceycey y Metin lo eran todo.
Desde las sombras, con los brazos cruzados y recargado en el poste que está cerca de la entrada me mantengo oculto utilizando a mi favor la oscuridad del lugar y el panel de control, observo a Ceycey junto al hombre que habíamos encontrado tirado en la costa. Estaba solo ahí sentado con un comic en la mano y un frappe de moka en el otro, tenía los pies sobre el la pierna del pobre tipo amarrado que temblaba frente a él, de vez en cuando Ceycey reía sobre lo que leía y le hacía comentarios al hombre como si los dos estuvieran en la misma sintonía, sin embargo, el hombre lo miraba con pánico y confusión. Pocos sabían el pasado de Ceycey, solo Metin y yo, o como lo habíamos encontrado… tenía una de estas caras confiables y hasta cómicas, arranques de ansiedad que eran totalmente inesperados, un estilo para vestir que volaba la cabeza de cualquiera y una increíble habilidad sádica cuando se trataba de torturar a alguien. Parecía un duendecillo con las malas intenciones de un demonio.
Vuelve a carcajearse echando la cabeza hacia atrás y cambiando de pie, el hombre lo ve como si se hubiera vuelto loco o el mismo estuviera atrapado en una pesadilla, para su mala suerte sus problemas no habían hecho más que empezar.
- Ceycey… - susurro con paso decidido saliendo de las sombras y acercándome a él. Este se levanta de golpe casi ahogándose con el líquido que acababa de tomar y mira a todos lados si saber que hacer.
- Señor Can, ¡me espanto! – grita girando de un lado al otro sin saber qué hacer con todo lo que trae en sus manos.
- Tienes una conciencia muy intranquila amigo mío, deberías dormir un poco. Anda ve… yo me ocupare desde aquí - le digo despidiéndolo. Asiente sin rechistar y sale de ahí. Como decía, el exterior engañaba fácilmente. Cuando se va, tomo la silla donde estaba sentado, la giro y me siento a horcadas en ella.
- ¿Qué tal la siesta? – le pregunto al tipo estirando la mano para bajar la tela que Ceycey amarro a su boca.
- Señor yo no sé nada, se lo juro… si es por lo del dinero, dígale al señor Yusuf que se lo voy a pagar pronto, lo juro… - me suplica. Ruedo los ojos.
- No tengo idea de quién es ese “señor Yusuf” – le explico deteniendo su palabrería. Abre los ojos como platos y me observa espantado.
- ¿Qué quiere de mi entonces? – pregunta temblando. Al observarlo con atención me doy cuenta que está totalmente empapado, seguro Ceycey lo sometió con agua o siguió mi consejo y se la había aventado para despertarlo. Era difícil saberlo porque a pesar de sus rarezas, a Ceycey no le gustaba ensuciarse.
- Solo necesito hacerte algunas preguntas, sé que me contestaras con la verdad… - le digo con voz calmada – hace frio aquí y no creo que quieras congelarte, teniendo en cuenta lo empapado que estas.
- Si señor, le contestare lo que quiera… - responde desesperado – pero por favor no me mate. Déjeme ir, mi hija está sola en casa y…
- Está bien, está bien… - lo callo antes de que continúe. Estaba empezando a desesperarme – ¿cómo llegaste a las rocas ayer?
- Aaaah… no lo recuerdo – responde bajando la mirada.
- No me mientas – le contradigo acariciando mi barba tratando de mantener la calma.
- Espere hombre, espere… - aprieta los ojos y voltea a todos lados – estaba, estaba con unos amigos en el parque, pero yo me levante y me fui…
- ¿A dónde? – pregunto. Sus pequeños ojos no dejan de evitarme; analizo toda su persona, pero por alguna razón siento que no es a quien estoy buscando, a pesar de su cara marcada y el espantoso olor a sudor, suciedad, alcohol y humedad no tenía ni una sola coincidencia con aquella creatura que yo buscaba. Eso sí, era un adicto, se le notaba en cada detalle, la piel reseca, el olor, la ropa vieja, sucia y desgastada, las ojeras, los incontrolables temblores y que le debía dinero a un tipo al que al parecer le tenía miedo. Era el paquete completo.
- A las rocas… - responde con un temblor. Suspiro, esto era una pérdida de tiempo.
- ¿Cómo te llamas? – pregunto. Aprieta sus labios mugrientos.
- Mustafa, señor – responde.
- Bien Mustafa, ¿puedes decirme que viste en las rocas? – sus ojos se abren como platos y luego enfoca su mirada delante de mí. Por su expresión sé que trata de recordar. – ¿había alguien más contigo?
- No… no señor… - su mirada se desvía, pero regresa a mi rápidamente. Me levanto.
- Bueno, solo te aviso que esta bodega no será utilizada para almacenamiento hasta dentro de dos meses. Disfruta tu tiempo a solas… - me levanto y me alejo.
- ¡Espere! ¡Espere! Si… si había alguien – me detengo sonriendo. Volteo cambiando mi expresión a una mueca de desagrado, él se congela y lágrimas se forman en sus ojos.
- Mas vale que no me mientas… - le amenazo.
- ¡No! Se lo juro… - responde de inmediato lamiéndose los labios – había, había una chica, creo que tenía los ojos azules… ¡pero juro que no le hice nada! ¡Se lo juro señor! ¡Por favor déjeme ir con mi niña! Ya no sé nada más que eso, déjeme ir por favor…
El hombre empieza a llorar desesperado, alejo la mirada reviviendo el momento en que la creatura de ojos vacíos y yo habíamos cruzado miradas. No, no eran ojos azules, esos ojos desprovistos de humanidad eran oscuros y aunque fuera de noche hubiera notado el color azul, cosa que no fue así. Quien fuera que había visto este hombre, no era a quien yo buscaba. Regreso a donde Mustafa está llorando, esto era ridículo.
- Escúchame bien, - le digo acercándome por detrás de él colocando el cañón de la pistola en sus sienes – se dónde vives y puedo encontrarte cuando yo quiera, ¿lo sabes verdad?
- S… i… si – asiente desesperado, temblando y llorando. Recorro el cañón de su cabeza a su cuello y luego de regreso. Lanza un grito lloroso de terror. Sonrío ampliamente.
- Tienes una hija, te dejare ir por ella porque te necesita, aunque seas un miserable. Pero recuerda esto… - me doy la vuelta para que vea en mis ojos la oscura amenaza -te voy a estar vigilando. Si me entero que dejaste tu niña, se va a quedar huérfana muy pronto. ¿Comprendes?
- Si… si… - asiente fervientemente. Saco una navaja, abre los ojos y lanza gruñidos de desesperación y terror así que le cubro la boca con la tela, sostengo su cabeza con mi mano libre mientras le hago un corte sobre su camisa de franela sin dejar que deje de observar mis ojos. – nunca lo olvides… porque el Diablo no lo hará…

“No podía creer lo que acaba de hacer. El peso del cañón en mis manos perece que me jala contra el suelo, mis pensamientos chocan entre sí y de mis ojos resbalan gruesas lágrimas, todo se siente irreal, frio, punzante… acababa de quitarle la vida a un hombre. Caigo en mis rodillas mientras observo como la oscura sangre escapa de su cuerpo empapando su camisa, no se mueve, no hace ningún sonido, ya no tiene vida.
Era un monstruo. Las respiraciones que escapan pausadamente por mi boca parece que intentan alejarse de este cuerpo ya condenado, como si fueran parte de mi alma huyendo del pecado que acababa de cometer; bajo la mirada a mi mano, oscura sangre las empapa recordándome el horror que había cometido, marcándome ante los demás para que a nadie le quedara duda de que yo era un monstruo, un demonio… un asesino.
Un fino aroma llega a mi nariz, volteo de inmediato y una luz blanca me ciega, rápidamente me incorporo mientras esa luz blanca se aleja de mí. Era el aroma más dulce, adictivo y delicioso que había sentido alguna vez… con rapidez trato de alcanzarlo, pero no me deja, se aleja al sentirme cerca. Tal vez era algún ser celestial que había pasado por ahí, o un ángel que venía por mi alma y al no encontrarla había preferido huir, no lo sabía, no me importaba; corro detrás de la luz no queriendo quedarme solo en esta oscuridad que huele a sangre, muerte y humedad, corro desesperado rogando que no me deje, pero esta avanza más rápido dejándome atrás.
- ¡Vuelve! – le grito esturando la mano. Pero no escucha, se va dejándome atrás con el corazón partido y el recuerdo de su aroma dulce.”
Abro los ojos de golpe sintiendo como el aire se escapa de mis pulmones y un sudor frio recorre mi frente y espalda, me incorporo rápidamente tratando de evitar que mis fuertes respiraciones me ahoguen. Toda la habitación se mueve, cierro los ojos e intento calmarme, unos minutos después vuelvo a tirarme en mi cama.
Me había dormido pensando en ella, parecía un tatuaje en mi cerebro a pesar de que no tenía ni idea de quien era, mis labios cosquilleaban por volver a sentirla y mis manos picaban ansiando su regreso. Era ridículo, solo había estado con ella unos segundos y ya era totalmente un adicto. Y hablando de adictos.
Me estiro sobre la mesita a un lado de mi cama para agarrar mi celular y ponerme al día. Veinte llamadas perdidas de Polen y un montón de mensajes, ruedo los ojos, no tenía tiempo para eso. Marco el numero de la persona más neurótica y responsable que trabaja para mí y espero la oleada de gritos…
- Deren… - saludo con una pequeña voz. Yo andaba por ahí asustando gente y otras cosas horribles pero esta mujer sin duda era un asunto serio.
- ¡Can! Hasta que te dignas a contestar, eres el jefe y no estás aquí. Dijiste que firmarías el contrato, tengo los papeles en mi mano, pero tu firma no. ¿Leíste los condicionamientos del contrato? Mas vale que si Can porque no podemos esperar. Ya perdimos los planos de una mina, no podemos dejar que pase otra vez… - cierro los ojos tratando de no enredarme con su griterío.
- Está bien Deren, está bien… - la tranquilizo – mándame el contrato otra vez y lo leeré de inmediato.
- ¡¿No lo has leído?! Can, pero si te lo mande a tu correo, ¡uff Can! Eres el jefe… ¿Quién pasa el día sin ver su correo?
- Si si si, por eso eres la mejor Deren – la halago para que se calme. Acababa de amanecer y esta mujer seguro ya llevaba tres tazas de café encima.
- Claro que si – suspira – llámame cuando lo hayas leído y comenzare todo el proceso.
Tras una rápida despedida, cuelgo.
A pesar del frustrado sueño, me sentía de maravilla, por fin había dormido una noche entera sin molestas interrupciones. Después de un rápido baño, me preparo para leer el contrato… pero mis pensamientos siempre regresan a ella…
¿Quién era? ¿Cómo se llamaba? ¿Sabía quién era yo? ¿Estaba tan prendada de mi como yo de ella? Las preguntas no dejan de acribillarme, era imposible que tratara de concentrarme, tenía que salir o si no me la pasaría pensando en ese ángel al que no podía encontrar.
Tras huir de Huma y asegurarle que “posiblemente” si llegaría a conocer a la familia de Leyla me dispongo a ir a la oficina. Me habían dicho que yo no era un jefe común, tenían razón, muchos del sector a pesar de estar revisando minas y trabajar entre piedras y tierra siempre iban ataviados de trajes y zapatos lustrosos, ¡ugh! Como soportaban el ambiente es algo que nunca entendería.
Consideraba mi estilo más libre, rebelde y salvaje. De playera blanca, pantalón negro y cazadora negra con accesorios en mi cuello y manos era lo que yo definía como mi “ropa para trabajar”; odiaba el estereotipo que se me imponía todo el tiempo, como si yo hubiera elegido esta vida y tuviera que dejar que me consumiera por completo. Como siempre, me rebelaría con todo lo que estuviera a mi alcance.
Entrando a la oficina, puedo escuchar unos pasos apresurados que repiquetean detrás de mí. Era inevitable.
- Buenos días Deren… - la saludo sin voltear entrando a mi oficina.
- Can… - responde entrando antes de que cierre la puerta – dime que lo leíste…
- Lo leí – respondo. Cierra la puerta con el seguro. - ¿Qué pasa?
- Can… - empieza en una voz nerviosa apretando sus manos, le hago una seña para que se siente delante de mi escritorio, sus ojos no hacen más que evitar mi mirada – estuve revisando el balance que dejo Emre de los últimos meses, no va a funcionar. Nos iremos a la ruina a pesar de este nuevo contrato, no es suficiente para salvarnos. El daño que hizo Tarik…
- El ya no es un problema Deren, no pienses en el… - le aseguro recostándome en mi silla con la pierna doblada.
- Pero Can, los clientes se van, el dinero desviado es demasiado, los planos están perdidos y no hay capital de resguardo. Tal vez ya no sea un problema, pero las secuelas que dejo son catastróficas… si no encontramos en qué momento se perdió tanto dinero, donde esta y los planos, la competencia nos va a hundir, por no hablar de las deudas… además, la demanda que nos ha interpuesto la familia del guardia es astronómica. La mala publicidad es demasiada junto con lo de Aylin…
- Deren, Deren… - la detengo antes de que tenga un ataque de pánico – lo resolveré, no te preocupes. Toda esta situación es mi asunto y terminar este contrato es el tuyo, ¿está bien? Solo ocúpate de tu parte que yo haré lo mismo…
- Está bien… - responde con un suspiro desconfiado – el contrato es mi asunto…
Le firmo los papeles y la dejo ir.
Subo las piernas al escritorio y cierro los ojos tratando de encontrar una solución. “Çelik yumruk Divit” era la empresa de la familia, hombres Divit que se esforzaron por levantarla hasta lo que era ahora, recordaba como papa decia que siempre habia que tener un “puño de acero” en lo que se referia al trabajo, luchar con fuerza y resisitiendo hasta encontrar el material precioso. Desafortunadamente el ya no estaba aqui, ahora era yo golpeando una y otra vez para sacar el negocio adelante; Tarik tenia razon, el imperio estaba desmoronandose.
No sabia en que momento todo esto se habia corrompido, que llevo a la empresa a ser la tapadera de todos los desastres familiares y se lleno de ratas que lo corroian todo, empezossiendo una compañia que buscaba material presioso, daba trabajo a miles de personas pero que se pudrio por dentro. Marco el numero de la unica persona en que confiaba ultimamente.
- Señor Can... – escucho su voz apresurada.
- Necesito que busques toda la informacion de balances, contratos, cuentas... TODO lo que tenga que ver con dinero de la empresa. Necesito revisar todo lo del ultimo año. Tambien necesito una lista de todos los invitados a la fiesta, quiero que me especificques quienes tenian reservado un lugar en los balcones y todas las mujeres que iban sin acompañantes. Ademas quiero que busques la casa de Mustafa y le lleves un paquete “especial” que se adapte para una niña, no se la edad pero seguro es menor de 10 años...– le pido con la frente apoyada en mi mano.
- ¿Toda la informacion de un año? ¿No lo revisaron el señor Emre y la señorita Leyla? -me pregunta curioso como siempre. Ruedo los ojos.
- Si, pero quiero hacerlo yo... – respondo. Emre y Leyla se habian pasado una semana comparando y evaluando todo lo que se habia registrado en cuanto a dinero pero no habian encontrado nada. – tambien me vas a imprimir todo lo que esta en el sistema...
- ¡¿TODO?! – grita por el telefono casi dejandome sordo. Me recargo en mi silla otra vez y suspiro.
- Si, todo... tengo que encontrar a donde se fue ese dinero y como, ademas quiero que mandes a uno de los hombres a vigilar a Mustafa... si no trabaja y sigue en el alcohol quiero que me informes. – razono para mi mismo.
- Señor Can me va a volar la cabeza... En cuanto a la lista señor, ¿esta buscando a alguien? – pregunta curioso otra vez.
- Solo quiero revisar algo... – me justifico tratando de no sonar demasiado sospechoso.
Tras asegurarle que le iba a pagar las horas extra que estuviera “sumergido” en el archivo terminamos la llamada. No sabia porque seguia haciendo esto, ni siquiera me importaba. Por mucho tiempo entendi que lo mejor de la vida no viene del dinero, cuando era libre, ahora mi trabajo era cubrir fuego tras fuego... no sabia si podria soportarlo.
...
Ya en casa puedo escuchar a las mujeres hablando animadamente en la sala, no quiero ni imaginarme el sentido de su platica y tampoco queria lidiar con ello. La verdad estaba totalmente en contra de que Emre y Leyla se casaran, ella parecia buena chica pero mi hermano... era otra historia. Desde que podia recordar habia estado encaprichado con Aylin, aun despues de la humillacion publica que lo hizo pasar, sabia que aun se veian pero de pronto esta chica acepto casarse con el. Debi haber sabiado que tenia una especie de flechazo por mi hermano, hasta ahora lo notaba. Todo lo que decia y hacia Emre estaba bien a sus ojos, lo seguia como un cachorrito a donde fuera y se comportaba como el queria. Era horrible.
Me asomo a la sala donde las tres mujeres rien y sonrien por todo, no podia creer que esto estuviera sucediendo pero como a otros aspectos de la familia no podia hacer nada. Un dia Emre estaba sumergido entre las piernas de Aylin y al otro ya estaba comprometido con su inocente asistente, Huma estaba que se volvia loca de emocion.
Sacundiendo la cabeza y alejandome de ahi no puedo ni imaginarme lo que le espera a esta pobre mujer, porque lo unico que estaba haciendo su “futura querida suegra” es usarla como un peon para sus propios fines, segun ella, por el bien de la empresa. No sabia en que beneficiaba eso pero en fin, yo tenia mis propios problemas, como una misteriosa chica perdida. Camino a la cocina esperando desacerme de esos tristes pensamientos cuando una cantarina pero decidida voz me hace detenerme...
- ... si algo no te gusta vas y lo cambias, no puedes culpar a los demás por qué no lo hacen como te gusta si nunca les has enseñado como. – la chica manotea con decisión, la espalda firme y la barbilla levantada… está muy segura de lo que está diciendo. Algo en su silueta se me hace familiar… - ¿Qué tipo de jefe es ese? Él debe ser un líder que enseña, no alguien que somete y mantiene aprisionados a sus trabajadores. No es un niño y evidentemente no trabaja con niños, las posibilidades están a su alcance. Es peor estar encerrada en una prisión sin posibilidades de nada… - de pronto su espalda se pone tensa y se queda completamente paralizada sin decir ni una sola palabra. No estaba seguro de que estuviera respirando si quiera.
Quitándome los lentes, con cuidado, me acerco a ella para colocarme a su lado. Trato de no impresionarme por lo que mis ojos están viendo, totalmente imposible, era la hermana de Leyla pero ahora en todo su esplendor. Apoyo mi cadera en la barra y coloco mi barbilla en el dorso de mi mano para observarla mejor. Sus ojos gritan inocencia en cada parpadeo, sus mejillas se ven deliciosamente ruborizadas y esos regordetes labios se quedan entreabiertos con sorpresa. Ahora entendía porque la ocultaban, era absolutamente PRECIOSA.
Lo mas maravilloso era esos ojos, parecían un espejo achocolatado que reflejaban por completo mi alma, podía verme dentro de ellos y por primera vez, no distinguía la oscuridad que parecía acompañarme a donde fuera, al contrario, en esos ojos yo estaba limpio. Tras un segundo de intercambiar miradas algo ensombrece su expresión, fue cosa de un segundo, pero era como cuando algún aparato electrónico se trababa… por esos pequeños momentos se veía perdida.
- ¿Como te llamas? – pregunto con mi barbilla aun apoyada en el dorso de mi mano. Hace un parpadeo que le regresa el brillo a su mirada y sus mejillas vuelven a colorearse.
- Sanem… - responde en una tímida y baja voz.
- Sanem… - concuerdo con ella. Era un lindo nombre, encajaba con ella de una forma difícil de explicar.
- Mi nombre es Sanem… - repite como si se lo estuviera reafirmando mas a ella misma que a mí. Con deleite observo cada contorno de su rostro. ¡Dios! Esta chica gritaba inocencia, dulzura y pecado por cada poro.
- Sanem… - respondo asegurándole con una sonrisa que me quedo claro, jamás lo olvidaría. Estaba fascinado, sabía que detrás de esa postura “tímida” y “recatada” se escondía algo chispeante; la manera en la que la había escuchado hablar con Ayhan era increíble, había tanta firmeza y decisión en sus palabras que sin darse cuenta había dado en el blanco… podría decirse que yo tenía en mis manos cien mil posibilidades de cambiar las cosas, pero no lo hacía. Bueno, quería ver que tal le salía a ella – así que, ¿crees que puedes hacerlo mejor Sanem?
- No… - responde en un susurro entre decidido y asustado. Tomo su vaso de té, sin dejar de mirarla, y tomo un sorbo… sus ojos se amplían mas por mi atrevimiento, eso era muy divertido. Desgraciadamente él té sabe horrible.
- Aun no das el toque Ayhan… - le reclamo a Ayhan en tono juguetón mientras esta me da una sonrisa de disculpa – bueno, dado que acabas de decir que se le debe enseñar a los demás a hacer las cosas como nos gustan, y sé que no te gusto el té y que obviamente no eres una niña, ¿porque no le enseñas a Ayhan como se hace?
Vuelvo a sonreír, pero sigo tapando mi boca con mi mano como signo de relajación, aunque por dentro, sentía como mi corazón se aceleraba de la emoción; la misma sensación de ayer me vuela los pensamientos, quiero sacudirla para que deje salir esos pensamientos que veo perfectamente escritos en sus ojos, sé que está asustada, pero al mismo tiempo el reto que acabo de arrojarle a la cara la incita a querer hacerlo. No me pierdo ninguno de sus movimientos, sus ojos se entrecierran con molestia, su mirada es dura, sus piernas se aprietan con ansiedad y sus manos no se pueden estar quietas a pesar que las ha juntado. Tras un ultimo parpadeo, lentamente se levanta y se acerca a la estufa, del otro lado, con Ayhan.
Observarla es un placer, el horrible suéter gris que trae puesto tapa mi visión de su cuerpo, pero puedo ver su adorable perfil, sus labios rellenos parecen los de un ángel, su coqueta nariz y sus largas pestañas solo complementan su belleza junto con sus regordetas mejillas que, por alguna retorcida razón, quería morderlas. Un mechón lacio de su brillante cabello baja y tapa mi visión, parece que escucha mi plegaria interna porque lo levanta pasándolo tras el lóbulo de su oreja…  también quería morderlo. ¡Dios! ¿Qué me pasaba con esta chica?
Antes de que pueda ser consiente de mi alrededor se acerca a mí con el té, sé que trata de evitar mi mirada, pero no la dejo, no quería hacerlo. Bajo mi mano y acerco el vaso a mis labios, no esta hirviendo, pero tampoco esta helado, doy un sorbo y mis ojos se abren con sorpresa mirándola. Sabia DELICIOSO… y apuesto que ella también.

No lo podía creer, estaba absolutamente intrigado por esta chica. Era increíble como pasaba de una faceta a otra en cuestión de segundos; todo el tiempo que había permanecido en la misma habitación que ella jamás se digno a levantar la mirada, no dijo una sola palabra, hombre, hasta pareciera que no estaba respirando. Nada había quedado de la mujer que había hecho el té más delicioso que había probado en mis casi treinta años de vida, al contrario, solo se quedó ahí como una muñeca rota esperando a que alguien la desapareciera. Fue exactamente lo que sucedió.
Todas las mujeres la olvidaron completamente, pero para mi era imposible, otra vez la urgencia de sacudirla y pedirle que hablara había martilleado mi cerebro y hormigueado en mis manos, pero no lo hizo; si es que trataba de “complacer” a su madre de verdad lo hacia muy bien, tena uno que ser muy observador o desarrollar una enfermiza tendencia a vigilar sus movimientos para notar su incomodidad, eran pequeños detalles… para empezar, no hacia mas que cruzar los pies una y otra vez, a veces apretaba los puños clavándose las uñas en su palma o el sillón bajo ella, largos suspiros salían de esos henchidos labios y aunque ella trataba de ser lo mas silenciosa posible, sabia que eran de desesperación por mí. Se dio cuenta que no dejaba de observarla.
Necesitaba saber más información sobre la chica, pero de Emre no iba a sacar nada, después de sacarme del salón para preguntarme porque había dejado a Ceycey entrar a todo nuestro sistema de finanzas le había preguntado que sabía de la hermana de Leyla, lo que era igual a nada.
Sanem… era un nombre bastante dulce, me hacia querer saborear algo suave. Sacudo mi cabeza de regreso a mi habitación, últimamente tenia la mente muy al sur de mi cuerpo. Abro la puerta de mi habitación y me detengo de golpe… Sanem está parada frente a mi cama.
Al parecer no es consiente de que la he atrapado en mi habitación, su atención esta fija en el mural de la pared. Sonrío y camino con cuidado acercándome a ella…
- Otra vez, te atrape… - susurro en el hueco que se forma entre su oído y su cuello. Hace un pequeño brinco y se gira hacia mí, un aroma familiar me golpea.
La sostengo por sus brazos mientras sus brillantes ojos asustados me miran y se estremece por el contacto, inhalo profundamente y todo en mi cabeza parece tener sentido otra vez, el recuerdo de la noche mas excitante de mi vida golpea mis sienes como si de el choque de dos estrellas se tratara. Mi corazón colapsa, mi mente explota, mi cuerpo se detiene y todos mis sentidos truenan ante el descubrimiento… era ella.
El ángel estaba justo frente a mí.
- ¿Qué haces aquí? – pregunto mareado por sostenerla en mis brazos. No lo podía creer, la había desaseado y fantaseado con ella cada segundo después de su huida y ahora la sostenía entre mis brazos. Sanem.
- Se.. señor Can… yo… yo lo siento – tartamudea. Inhalo otra vez, miles de cosquillas recorren mi cuerpo alivianando mi sangre. Era ella, estaba seguro. Sus ojos de cervatillo asustado me regresan a la realidad, no quería asustarla. – yo vi esta hermosa pintura y…
- Claro, no te preocupes – respondo bajando la mirada y tratando de alargar el momento. No quería soltarla, pero al fin lo hago. Era evidente que no había entendido mi pregunta.
- ¿Te gusta? – le pregunto tratando de aligerar la tensión; mi corazón latía como loco en mi pecho.
- Mucho… es impresionante y hermoso también… - susurra observando el mural otra vez, sonrío bajando la mirada – me recuerda los paisajes de José Moreno Aparicio…
- ¿Sabes quién es? – pregunto entre curioso y confundido. Mi mente no dejaba de dar vueltas, Sanem estaba en mi habitación, hablando y por si fuera poco era el ángel que tanto había estado buscando. ¡Dios! No sabia si gritar de felicidad o besarla…
- Si, - responde regresando su mirada hacia mi - José Moreno, nació en Bolivia, donde el Amazonas traza una imperceptible línea fronteriza con Brasil, suyos son, desde que abre los ojos, los verdes desbordantes, las lianas, las flores lujuriosas, las hojas brillantes donde la luz inventa prismas insospechados y las aves, la de plumaje colorido y cantos estentóreos. Vacía en grandes lienzos vibrantes de luz y color. Este paisaje es casi igual o incluso más detallado… es HERMOSO.
- ¿Como sabes tanto de él? – pregunto. La manera fluida en que me había contestado era inusual, no se había detenido a pensar o recordar dando información inconexa o errónea, al contrario, parecía como si estuviera leyendo todo de mis ojos.
- Lo leí en un libro… - explica encogiéndose ligeramente de hombros. Sonrío rascándome la barba, estaba obviamente fascinada por la pintura, pero, ¿sabia ella quien era yo? Lo dudaba.
- Pues gracias, - respondo agachándome ligeramente para enfocar sus ojos en mi – yo lo hice…
- ¿De verdad? ¡Es fantástico! – sonrío otra vez bajando la mirada y moviendo mi mano para que continúa, me observa, pero apenas sus ojos se encuentran con los míos desvía la mirada hacia la pintura otra vez.
De esa forma, admirando su perfil no puedo dejar de sonreír de alegría. ¿Acaso era consiente de como se había iluminado todo desde que me di cuenta de que era ella la misteriosa mujer que había sostenido en mis brazos? No lo creía, pero yo lo sabía, no había duda, todo su pequeño y voluptuoso cuerpo encajaba a la perfección. Esos rellenos labios, esas manos pequeñas, el curvilíneo cuerpo que estaba seguro se escondía bajo ese espantado abrigo, esa piel suave y sobre todo ese delicioso y purificante aroma.
Mientras la observo algo pasa, una sombra parece oscurecer sus facciones, ya no hay brillo en sus ojos, sus labios se separan ligeramente dejando entrar y salir fuertes respiraciones, sus manos se aprietan y su columna se tensa, hace unos pequeños pasos hacia atrás…
- Oh no… vienen, vienen hacia mi… - susurra con la voz asustada haciéndose para atrás con fuertes temblores – los moleste y ahora vienen…
- ¿Sanem? – la llamo tomando su mano. De inmediato se detiene y esa sombra se va… parpadea varias veces, baja la mirada como si buscara algo en el piso y pasa la lengua por sus labios – ¿estás bien?
- Si – responde de inmediato soltándome. Aprieto mi mano en un puño para evitar tomarla otra vez. – debo irme…
Se da la media vuelta y pasa a un lado mío para llegar a la puerta…
- ¡Señorita Sanem! ¡¿Esta aquí?! – se escucha un el familiar grito de Ayhan. Se detiene de golpe. Voltea a verme con ojos de pánico, sin pensarlo avanzo atrás de ella haciéndola caminar hasta llegar a la puerta para alcanzar a cerrarla, pero arrinconándola con mi cuerpo.
- Shhhh… - susurro en su oído. Inhalo otra vez ese dulce aroma tratando de mantenerlo en mi cuerpo. Ayhan toca la puerta, Sanem salta, pero no dice nada, vuelvo a inhalarla. Era consiente de que me estaba aprovechando del momento, pero no podía hacer nada por mi mismo, la cercanía me estaba matando.
- ¡¿Señor Can?! – me llama Ayhan otra vez – señor Can, ¡¿está aquí?!
No contesto, no podía, aunque quisiera. Si alguien se daba cuenta que Sanem había estado en mi habitación las consecuencias serían horribles, y más aún en la posición en la que estábamos, solo mi nariz esta cerca del hueco entre su cuello y su oído, pero es suficiente para malinterpretar la situación. Ella no se mueve para nada mientras Ayhan toca la puerta con fuerza, solo suspira y “trata” de controlar los ligeros temblores de su cuerpo. Inhalo otra vez… hasta que Ayhan se va.

Estaba volviéndome loco. Después de lo que había pasado ayer no podía estarme quieto, era como un animal hambriento, la quería de cerca nuevo, necesitaba inhalarla otra vez, sentirla, verla, escucharla… lo que fuera. Iba a destrozarme los nervios.
- Señor Can, - una suave voz interrumpe mis oscuros pensamientos. Abro los ojos, la cabeza de Leyla esta asomada por la puerta – ¿me mandó llamar?
- Si – respondo pidiéndole con una seña de mi mano que cierre la puerta y se acerque. – lo que pasa Leyla es que, ya que vamos a ser familia, me gustaría saber más sobre ti…
- No, no entiendo… - responde abriendo sus grandes ojos azules con sorpresa. Había planeado esto la noche anterior, una noche que no había podido dormir nada. Quería a Sanem cerca (me fascinaba decir su nombre en mi mente) no, más bien la NECESITABA cerca por la razón que fuera, pero primero debía saber que era lo que le pasaba.
- Por favor, no me malinterpretes, - le aclaro – pero como vamos a ser familia me gustaría saber mas sobre ti y si hay algo que necesites. Nuestra cercanía, como hermanos, significaría mucho para Emre…
- Si, claro… - responde asintiendo; baja la mirada y yo sonrío, sabia que con solo mencionar a Emre cedería.
- Bueno, hay algo que me causa curiosidad. Primero quiero aclararte que cuentas conmigo para lo que necesites, pero me di cuenta que tu y tu madre están muy preocupadas por tu hermana… - tanteo un poco el terreno para ver su reacción. No me decepciona, de inmediato se endereza y su mirada es dura.
- ¿Qué quiere saber? – responde cautelosa.
- Solo quiero saber que padece y si hay alguna forma de poder ayudarla… - le aclaro cuando su expresión cambia de ser cautelosa a la completa desconfianza – supongo que si tu familia esta bien, tu estas bien y por lo tanto mi hermano también estará bien…
- Bueno, - su expresión se relaja un poco, junta sus manos en sus piernas y suspira – mi hermana tiene un fuerte problema mental desde que era una niña…
- ¿Qué problema? – pregunto tratando de quedarme en mi posición relajada en la silla y con mi mano jugando con mis pequeñas rocas, de lo contrario, la sacudiría para sacarle toda la información.
- Mi hermana nació con la peculiar habilidad de recordar todo lo que ve, memoria fotográfica le dicen, jamás olvida cualquier cosa en la que se posen sus ojos, es asombroso. Sin embargo, cuando tenía diez años sufrió un trauma emocional muy fuerte y su perfecta memoria no la dejaba olvidarlo, al contrario, lo revivía una y otra vez hasta que el dolor emocional fue demasiado, tuvo una crisis y perdió la noción de realidad. No lo aburriré con los detalles médicos porque yo también era muy joven cuando sucedió; tiempo después se volvió completamente inestable y mi madre la ingreso en una clínica para enfermos mentales. En mi opinión, eso empeoro todo. Ahora, es como si viviera en dos dimensiones distintas, tiene episodios donde dice y hace cosas de las que ya no se acuerda después por lo que tenemos que usar “cierto método” para traerla de vuelta, algo así como una guía de preguntas que la hacen volver a la realidad, tiene continuos delirios y en ocasiones, puede ser agresiva… tiene que estar medicada por su propia seguridad… - su voz tiembla al final de la oración, le paso un pañuelo al ver sus ojos llenos de lágrimas.
Así que esto era, me costaba mucho creerlo. Con excepción de el momento en que se había alejado de mi pintura susurrando que alguien “ya venía” yo la había observado absolutamente normal, bastante reprimida eso sí, pero no era culpa de ella. Por lo que podía deducir, su madre era una enorme influencia opresiva en la vida de ambas hermanas.
- ¿Cuánto tiempo estuvo ingresada? – pregunto después de que se limpia sus lágrimas.
- Un año – responde con un suspiro y con la mirada baja como si recordara algo triste. No lo dudaba.
- ¿Qué medicamento toma? – pregunto reacomodándome en la silla.
- Haldol – responde inmediatamente.
- ¿Solo eso? – pregunto intrigado.
- Si – Me quedo en silencio por un momento asimilando la información, ¿de verdad Sanem podría estar así de grave? ¿Quién le había roto sus alas? … un segundo, si solo tomaba eso, ¿porque dijo Emre que su madre la llevaba a Suiza por tratamientos? Algo no encajaba.
- Perdón Leyla por mi atrevimiento, pero, ¿podrías contarme cual fue el trauma que sufrió?
- pregunto necesitando la respuesta. Quería ayudarla, ahora no me quedaba ninguna duda, pero necesitaba saber la fuente. Leyla suspira con la mirada al frente pero no me está viendo a mí, sus ojos están perdidos en un recuerdo que parece llevarse su serenidad y empaña sus facciones con dolor.
- Mi hermana vio como mataban a mi padre, señor Can. Le dispararon justo frente a ella…

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