Cada paso que la joven bruja dio le pareció rejuvenecer y llenar de alegría su cuerpo. Cada paso la acercaba a Jaskier y él corría hacia ella con la misma determinación, con el mismo anhelo, que la obligaba a adelantarse hacia él. Los dos corrían para volver a tenerse uno encima del otro, pero sin sueños de por medio, porque esta vez eran ellos, en carne y huesos, en un mundo diferente, pero ellos dos. Como habían estado en la Isla de Thanedd, de donde ella había sido arrancada de sus besos. Y aquellos recuerdos, a Ciri le parecían ya, de otra vida.
La joven bruja sintió, a medida que se acercaba, cómo su vientre se estremecía por la incertidumbre de volver a verlo. Ya sentía que sus emociones la iban desbordando poco a poco, intentaba contenerse, pero la mezcla que le generaba tenerlo de nuevo con ella era demasiado intensa como para controlarlo.
Los pasos de él se acercaron, los de ella aún más y de golpe se tuvieron frente a frente de verdad, agitados, sorprendidos pero alegres de tenerse en cuerpo y alma, carne y hueso. Se miraron, expectantes, sin acabar de comprender que realmente eran ellos dos, de nuevo, uno frente al otro. Ambos respiraban con dificultad, estaban paralizados, embargados por la perplejidad de volver a tenerse, una vez más.
- Ciri...
- Jaskier...
Ciri sonrió y saltó sobre él, se prendió alrededor de su cuello. - ¡Eres tú, maldito poeta! - dijo, riendo como loca y enrollándolo con sus piernas, lo apretó sobre su cuerpo con fuerzas, y percibió el suspiro de alivio de Jaskier al abrazarla, sostenerla y las carcajadas del poeta cuando volvió a estar con ella. - ¡Eres tú, bruja endemoniada! - bromearon los dos, como lo habían hecho en Thanedd, cuando aún intentaban ocultar sus sentimientos. Ella sintió que él la apretó sobre su pecho y rompió en llanto, sin ser capaz de contenerse por la dicha de volver a estar a su lado, así que ella, tampoco pudo ocultar su emoción (ni quiso hacerlo) y en sus brazos, entre risas y suspiró, comenzó a llorar. - Te he extrañado tanto, bruja endemoniada. - dijo el maldito poeta y le dio un beso sobre su cuello y volvió a abrazarla. - Te he extrañado tanto, cariño. Pero tanto, que no tienes idea... - y siguió llorando. La bruja endemoniada no podía ni siquiera hablar. Ciri había soñado con su recuerdo cada noche, con sus sonrisas, con aquellos ojos, con sus besos, con sus caricias...
Ciri quiso hablar, pero no salieron las palabras. Quería decirle que estaba feliz de volver a tenerlo, quería decirle que, gracias a él, ella había comprendido que valía más que lo que su sangre determinaba, quería decirle que él era su fortaleza. Quería decirle muchas cosas, pero simplemente no podía hablar. Solo lloraba, audiblemente, como había llorado cuando había compartido por primera vez aquel triste evento de su huida de Cintra, en el interior de aquella caverna, sobre los brazos del mismo hombre que la sostenía en aquellos momentos.
Pero ella también lloraba por otras cosas. Lloraba porque estaba rota, porque su alma sangraba... A sus 17 años habían abusado de ella, demasiadas veces y de diferentes formas.
Las imágenes de las torturas golpearon a Ciri, recordó los palazos, las patadas, los insultos. Abrazó con más fuerzas al poeta y lloró, aterrada, destrozada, pero esperanzada, porque estaba de nuevo él. Porque era Jaskier quien la sostenía. Dolía, dolía la cicatriz sobre su mejilla, dolía cada hueso que había soportado un golpazo, dolían sus manos, sus uñas que habían crecido a base de magia. Dolía su cuello, al que le habían puesto collar, como a una perra. Las piernas de Ciri se debilitaron alrededor de él, porque recordó cada golpe, cada abuso, cada maltrato e insulto, y los recuerdos parecieron robarse sus fuerzas, todas aquellas que ya había consumido en el pasado para seguir con vida y atravesar aquellos horribles eventos. Él la sostuvo con más impulso, Jaskier la acomodó sobre su cuerpo, llevó sus manos sobre los muslos de ella, la adecuó a él en un pequeño salto, ella contrajo sus piernas y, finalmente la sostuvo desde sus glúteos, respirando agitado, desesperado por el dolor que percibía en ella. Porque a Ciri ciertamente le dolía su alma, porque querían poseerla, querían domarla, querían que se cumpliera el destino, pero se olvidaban de que ella era una persona y que también anhelaba su condición a la libertad. Era su derecho.
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The Witcher: Lanza una moneda a tus brujos
FanfictionHISTORIA COMPLETA (¡¡Spoilers de los libros!!) Empecé esta historia con ganas de simplemente escribir... Pero a medida que lo fui haciendo me he dado cuenta que la historia que quiero contar es la de Jaskier... y Ciri. Sería algo así como seguir el...
