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Tebas, Boecia

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Tebas, Boecia

Trece años atrás


Justo en los largos y cansados caminos que tenían que recorrer los habitantes de Grecia, se encontraba una cansada Medusa. Sus delgadas y ahora escamosas piernas le temblaban sin control, sus ojos letales solo veían hacia el frente y las serpientes que tenía en remplazo de su cabello siseaban desesperadas y asqueadas de ser aplastadas por una pequeña capucha.

Ya habían pasado un par de años desde que había sido descubierta por varias personas en Atenas. Ya sintiéndose más quebrantada por sus muertes, la anterior sacerdotisa huyo al norte autoexiliándose, sin mirar atrás. Los días de viaje fueron desgarradores y costosos. Ni siquiera podía pedir por algún caballo sin tener que enseñar su cara primero, por lo que opto por ir a pie.

Las serpientes sisearon de nuevo, haciendo que ella harta de sus quejas les gritara.

― ¡Malditas serpientes, siempre quejándose!―gritó para sí misma―Si de por mi fuera ya las habría petrificado o por lo menos degollado.

No tenía más remedio que ocultarlas. De las cosas más desagradables que tuvo que soportar de la diosa que alguna vez creyó que la protegería, su cabello fue lo peor. Un enjambre de serpientes como cabello era en sí un caos, era lo más llamativo de su apariencia. Además de las escamas que con cada día se multiplicaban a lo largo de su cuerpo, su piel comenzaba a ganar un color verde pálido que cada vez se hacía más y más vivo.

Justo en esos instantes vio la entrada a la ciudad de Tebas. Tebas no era muy diferente de las demás ciudades estado, sin embargo, debía tener mucho cuidado de no llamar la atención. Por lo que decidió esperar a las afueras de la entrada, a la noche, dónde podría camuflarse mejor en la oscuridad y entrar.

Camino un poco más hasta encontrar una cueva, aislada y segura. O era eso lo que ella creía. Al adentrarse en ella, de la oscuridad emergió un poderoso y gigantesco oso. Aquella bestia rondaba por sus territorios hasta que capto el olor de la intrusa, con un rugido profundo y feroz arremetió en contra de ella.

Medusa apenas y pudo evitar que se sus garras terminaran con su vida. Impulsada por el miedo trato de huir, pero termino tropezándose por una piedra. Cayó boca abajo en el frío suelo, dejando al descubierto a las serpientes que serpenteaban libres mirando al oso. La bestia se acercó a ella, bufó para después rugir nuevamente mientras se parabas en sus patas traseras.

Y justo cuando ya la tenía la batalla aganada, el oso cometió el error de mirarla a los ojos mientras la pobre Medusa volteaba para atrás.

El oso lentamente se congelo en aquella pose de ataque mientras su sucio pero suave pelaje se convertía en piedra sólida. El peligro había pasado, Medusa lentamente se reincorporo y miro a la bestia que casi terminaba con su vida. La tristeza la invadió por unos instantes. "Nadie debería tener este destino, ni siquiera las bestias".

JUSTICIA: Perseo y MedusaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora