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Larisa, Tesalia

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Larisa, Tesalia

Nueve años atrás


Oscuridad.

Eso era lo único que Medusa podía presenciar en los mismos instantes en los que sentía como unas manos firmes y fuertes la llevaban a rastras a quien sabe dónde y a hacerle que sabe qué. Cuatro años atrás temía por su propia vida, ahora ya poco le podía importar. Después de todo... ¿quién podría entenderla?

Al principio no dejaba de ver los rostros de las personas, tanto mujeres como hombres, que morían al verla. Incluso niños llegaron a mirarla, dejando más dolor en su pobre corazón. Puede que sea un monstruo, pero hasta las más monstruosas bestias también tienen el derecho de llorar. O dioses, no había día en el que ella no llorará.

Ya sean pesadillas o turbas de hombres furiosos, la tristeza siempre estaba presente junto a sus intentos por mantenerse con vida. ¿Debería abandonar la vida?

Luego de ser arrastrada por varios minutos siente que la arrojan al suelo, chocando violentamente. Podía sentir que el piso era muy liso, casi podía ver el brillo que esta emanaba de no ser por la negra prenda que nublaba su vista. Llego a levantarse poco a poco. El cansancio era demasiado por soportar, pero de nada ganaba con estar en el suelo.

Estando de rodillas escucho una voz fuerte, de un hombre.

―Ciudadanos de Larisa, hemos logrado capturar la temible bestia de las tierras del sur.―dijo con orgullo―Un monstruo creado desde lo más profundo del Hades. Un ser que con solo mirarlo, puede convertir a un batallón entero en piedra.

Se escucharon vítores alrededor de ella. La abrumaban, la trataban como un mísero animal.

― ¡Maten al monstruo!―dijeron a su izquierda

― ¡Llévenla al Tártaro!―dijeron a su derecha.

De repente los aplausos e insultos cesaron.

―Esta criatura sin lugar a dudas merece más que la misma muerte, pero no aún―dijo una voz al costado de ella ganándose como resultado abucheos― ¡Escúchenme! Esta cosa tiene un poder que nadie jamás ha visto. ¿Y si ese poder fuese nuestro?

Todos se quedaron mudos ante aquella declaración.

―Consejo de Larisa, tenemos ante nosotros al arma definitiva. Si la usamos en la guerra, la diosa Nike nos bendecirá con mil victorias. Salvaríamos miles de vidas de valientes soldados. Gente de Tesalia estará en nuestro dominio, nadie olvidara nuestro nombre ni nos pasarán por alto. Levanto una votación para encarcelarla.―sentenció aquella voz ambiciosa.

Horas y horas pasaron mientras escuchaba las opiniones de las personas que dictaban si sería ejecutada o usada como una simple herramienta. La espera era agonizante, nadie podía imaginar lo que estaba ella sintiendo en estos momentos más tensos. Si moría, al menos esperaba que le dieran una muerte rápida. Sin embargo había algo que la aterraba más que nada.

JUSTICIA: Perseo y MedusaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora